Concierto BSB: ‘Third rule: act as if you were 15′
FADINHA |
¿Qué más puedo decir que no se haya dicho ya sobre el concierto de los Backstreet Boys? Hace 14 años no tuve la oportunidad de ir a verlos al Foro Sol y hace siete, cuando solamente vinieron cuatro (Kevin no vino) no sentí el mismo entusiasmo y energía que viví anoche en su concierto que realizaron por motivo de su vigésimo aniversario. Parece que la banda no puede “funcionar” bien si le falta un integrante, porque en el 2008 se llenó el Auditorio, pero no hubo tantos gritos y fans vueltas locas comprando todo tipo de recuerdos afuera del recinto.
Ayer estuvo tan abarrotado que el estacionamiento principal se llenó un poco antes de las siete de la noche. Tuve que ir al estacionamiento anexo y subirme a los autobuses que te trasladan al Auditorio. Pues bien, hasta los camiones iban hasta el tope. Una vez en el Auditorio, los puestos de recuerdos (gorras floreadas con letras fosforescentes, plumas, playeras, discos, sudaderas, vasos, termos, pósters, sellos, etcétera) no se daban abasto a pesar de que los precios no eran muy económicos (yo sólo me compré una pluma). Y es obvio: el público que vio nacer a esta boy band ya creció, la gran mayoría ya pasa de los 30 años y se puede comprar lo que sea sin permiso de sus padres. Para que se den una idea del volumen de gente que asistió al concierto de anoche, había fila hasta para comprar elotes y para entrar.
Cuando empezó el concierto, alrededor de las 8:40 p.m., algunas chicas se sorprendieron al ver a los Backstreet Boys un poco cambiados físicamente. Yo no porque ya los había visto en el documental de la BBC (Show ’em what you’re made of) el cual no se deben de perder si se consideran unas verdaderas fans (está disponible en Netflix). ¿Cuáles fueron esos cambios? A.J. ya está un poco chubby, Nick ya no tiene una cara tan angelical (pero sigue igual de guapo), Howie prácticamente sigue igual, Brian también y Kevin… bueno, a él ya se le nota un poco más la edad. A pesar de esto, nos demostraron sus grandes habilidades para bailar al recrear las mismas coreografías de sus videos musicales. Esto significa que, a pesar de haber estado ausentes por un buen rato, se siguieron preparando. Además, ellos compusieron las canciones de su nuevo álbum. Tal parece que el paso de los años les ha sentado bien. Hasta Nick lo mencionó: “ahora podemos cantar, bailar y tocar instrumentos”.
Un aspecto que se les agradece a estos lindos chicos es su sentido del humor y su amor hacia las fans. Para mi gusto, Nick fue el más prendido y simpático de la noche, seguido por A.J. Al principio del concierto, el guapo rubio de Florida dijo que habían cinco reglas que teníamos que seguir a lo largo del evento. Sólo recuerdo dos: “Go crazy” y “Act as if you were 15“. Tras escuchar esto, no pude evitar recordar cuando mi prima y yo los escuchábamos y leíamos sus entrevistas en las revistas de moda (Tú, 15a20, Por Ti), mientras veíamos sus videos en MTV y tratábamos de imitar sus coreografías. ¡Yo sólo tenía 11 años cuando me volví fan! Pero intenté actuar como si tuviera 15. A esa edad todavía me gustaban.
El momento emotivo de la noche, para mí, fue cuando interpretaron As long as you love me. Ahora entiendo a mi mamá cuando fue a ver a Emmanuel. Es increíble cómo una sola canción te permite viajar en el tiempo. Lloré de emoción, pues es mi canción favorita de esta banda. (¡Oh, extraño los noventa…!)
Las dos horas que duró el concierto se me fueron como agua. No quería que terminara. La canción de despedida fue genial, incluso llegué a pensar que no la cantarían, pero era obvio que no podía faltar. Se notó que quisieron dejar lo mejor para el final. Y así, alrededor de las 10:45 p.m. se prendieron las luces del Auditorio y todas las fans tuvimos que abandonar el recinto y volver a tener 25, 30 y 35 años, pero todas nos fuimos contentas, eufóricas y felices por haber visto en vivo a estos cinco guapos chicos después de 14 años.
¿A ustedes qué les pareció el concierto? No duden en compartirnos sus experiencias.
Cuando la juventud es una maldición: ‘El secreto de Adaline’
FADINHA |
“Has vivido tantos años, pero nunca has tenido una vida.”
Si quitáramos el romanticismo de El secreto de Adaline (The Age of Adaline), el argumento da para una buena historia de súper héroes como Flash, quien se convirtió en el hombre más rápido del mundo gracias a un rayo. Adaline Bowman “Della” (Blake Lively) es una atractiva chica de 29 años, quien tras recibir el impacto de un rayo cuando estaba a punto de morir, adquiere el poder de “no envejecer”. No obstante, por interesante que pudiera sonar esta trama, la película va por un camino muy diferente.
Este accidente cambia por completo la vida de la protagonista y también la de su hija, Flemming (Ellen Burstyn), ya que a raíz de no poder envejecer, Adaline se ve obligada a renovar su identidad cada diez años para no ser descubierta y ser considerada un fenómeno. ¿Pero acaso ser joven y bella tiene desventajas? ¿Qué no es lo que todo mundo aspira y desea ser? No. Con el paso de los años, Della padece los estragos del tiempo internamente. A sus 107 años, vive sola con un perro y su única amiga es una pianista ciega llamada Regan (Lynda Boyd), quien no necesita ver a su amiga para darse cuenta de que no se trata de una mujer joven; con sólo escuchar la voz de Adaline y su manera de expresarse, sabe que es una persona mayor.
Adaline, ahora identificada como Jennifer Larson, no tiene pareja y la relación con su única hija es distante; en pocas palabras, es una persona solitaria todavía anclada en varios recuerdos del pasado, debido a que hace más de 30 años perdió a su esposo y al amor de su vida. Lo único positivo que le ha traído vivir más de cien años es que prácticamente se ha convertido en una enciclopedia andando, con la experiencia y madurez que toda chica real de 29 años quisiera tener.
Si se hubiera manejado al personaje de Adaline de una manera más atractiva, estoy segura de que ella no hubiese sido solamente una veinteañera prófuga, pues ¿qué sentido tiene poder ser joven eternamente si lo único que haces es huir? Además, si tienes la capacidad mental (porque ella, aunque envejecía, seguía siendo igual de lúcida e inteligente), la salud y un tiempo infinito ¿por qué no aprovecharlo? ¿Por qué no hacer algo productivo como investigar la cura de una enfermedad, escribir libros, hacer filantropía de manera anónima una vez terminada la época del macartismo?
En cuestión de ritmo, la primera hora de la cinta es un poco lenta porque sólo vemos el cortejo entre Ellis (Michiel Huisman), un chico que Adaline conoció en un elevador en año nuevo, y la protagonista. El filme vuelve a despertar interés hasta que inesperadamente, Della se reencuentra con una persona del pasado, pues su secreto se ve en riesgo de ser revelado. Además, es en esta segunda parte donde aparece a cuadro el legendario actor Harrison Ford.
El secreto de Adaline llega en el momento preciso en el que nuestra sociedad está cada vez más obsesionada por encontrar la fuente de la eterna juventud. No olvidemos la diversidad de tratamientos estéticos que actualmente existen para detener el paso del tiempo y las cirugías a las que se somete mucha gente con tal de no verse avejentada. Este filme pudo haber sido una excelente reflexión (o crítica) sobre este tema, pero es evidente que ése no era su objetivo.
El final fue un deus ex machina a su máxima expresión (o una referencia a Frankenstein), pero podríamos interpretarlo también como “la segunda oportunidad” que a veces la vida nos da para renovarnos y volver a empezar. Sin embargo, como ocurre en casi todas las película de amor, Adaline es salvada por el hombre de sus sueños y el amor verdadero triunfa ante la adversidad.
Si les gustan las historias de Nicholas Sparks o John Green, El secreto de Adaline les encantará.
FICHA TÉCNICA
Título original: The Age of Adaline
Año: 2015
Duración: 112 min.
Género: Drama, romance
País: Estados Unidos
Director: Lee Toland Krieger
Reparto: Blake Lively, Michiel Huisman, Ellen Burstyn, Harrison Ford
Hay grandes ideas que pueden salir muy mal. Cuando se tiene un hit entre manos es fácil perderse en la gloria, tratar de emular un nuevo éxito capaz de igualar o superar al primero se convierte en un calvario las más de las veces, sin importar cuán talentoso y creativo se pueda ser, nada garantiza el regreso a la cima.
El artista se conforma con el rol de artesano, suele casarse con la idea que le hizo famoso. El compromiso a un concepto se torna en ocasiones una obligación, una demanda por parte del público al cual se le acostumbra con estándares de calidad y se le ilustra mediante estilos muy definidos.
Claramente el fracaso siempre está al acecho, un ligero tropezón y lo que tardó años en construirse termina en escombros en un chasquido, no son necesarios los guiños a Mili Vanili, Heroes, McCaulay Culkin o Superman Returns, o eso quiero pensar.
Con las series de TV pasa lo mismo a la hora de querer dar continuidad a determinada fórmula, bastan Joey, The Lone Gunmen, The Carrie Diaries o The Cleveland Show, para confirmarlo.
Con Better Call Saul ha ocurrido algo único, no se trata de un aborto de Breaking Bad, ni de su familiar adoptado o menos del Jon Snow de su propio universo y aunque todavía está lejos de gozar del relativo éxito de algunos spin-offs de culto como Futurama o Torchwood, la serie creada por Vince Gilligan ya comienza a perfilarse como favorita para los próximos años.
¿Si no fuera por Breaking Bad, ‘pelaríamos’ a Saul? Quien jamás ha visto Breaking Bad de forma deliberada difícilmente se sentirá atraído por el show, tal como ya escribió Emily Nussbaum en su columna del New Yorker, aunque no sea requisito ver la primera para entenderla.
La vemos porque extrañamos ese mundo ‘heisenbergiano’ (cutre, despiadado y hasta trágico) donde Walter White pasó de ser mártir, a ¿antihéroe?/¿Villano? Por eso también gozamos de las escabrosas manipulaciones de los Underwood, o de los vericuetos de Poniente, donde la supervivencia es directamente proporcional a la malicia, o cuando menos eso nos ha enseñado el mundo creado por George R. R. Martin.
Y por fin hemos caído en cuenta sobre lo poco que conocíamos a Saul Goodman. Separarle de la sombra de Heisenberg nos ha dado una nueva perspectiva sobre su ecosistema, aunque irónicamente, darle una hoja en blanco para escribir su historia no cambiará su destino, pero vamos ¿qué es más ‘gacho’? ¿Morir o terminar de gerente en uno de esos localillos de comida rápida?
A Bob Odenkirk no le cuesta trabajo interpretar a su personaje, no porque no sepa actuar, sino porque lo conoce a fondo, ahora tan sólo está descubriendo facetas nuevas. Puede que no sea el más virtuoso actor, pero sí uno muy versátil, el ADN cómico de SNL y Mr. Show que posee Odenkirk ha sido inyectado en la personalidad de James McGill, cuyas peripecias resuenan a sketch.
El origen de Saul Goodman (“S’all good, Man!“) es una puesta en escena que transita entre lo cómico y lo desalentador, en este sentido tiene el potencial de desarrollarse a la larga más libremente que Breaking Bad. Con todo, Better Call Saul es un animal por entero distinto a su progenitora en tono y grado de tensión.
Se nos presenta la paradoja del huevo y la gallina, Albuquerque antes de Albuquerque, mucho antes de los Pollos Hermanos, las metanfetaminas, la pizza en el techo y el botín en el desierto, menos melodramático y mejor cohesionado (Gilligan aprendió de los errores cometidos durante las primeras temporadas de su magnum opus), aquí en vez de angustia encontramos tristeza, ello vuelve a la historia tan irresistible como plausible, y por momentos, incluso más oscura, no se dejen engañar por la estética “neón”.
La intención de Gilligan al mostrarnos el pasado de Saul en James McGill ha sido más bien monográfica. Lo ha logrado de forma satisfactoria, aunque en sí se trate de una empresa innecesaria. Claro, todos amamos las sutiles referencias a BrBa, la aparición de Tuco o el pasado de Mike donde Jonathan Banks consigue excelentes escenas con artificio, pero para apreciar esta serie debemos tratarla aparte, como biopic de McGill y ya.
Precisamente por ello no nos tiene al borde del asiento ni con el alma en un hilo, carece de aquellos descabellados momentos de profunda angustia o de metas argumentales, pues el objetivo no es mostrarnos qué ocurre con Saul después de verle renunciar a su identidad en “Granite State”, de ninguna manera.
James McGill demuestra ser más que el bufón malandrín inventado por Gilligan en un principio, por más que su personalidad mantenga dichas características. Se trata de un hombre talentoso, aunque la ética profesional no sea lo suyo todo el tiempo, mas lo que le falta de inteligencia, lo compensa con astucia. Durante esta primera temporada le vimos luchando contra sí mismo, renegando de sus mañas y su juventud.
Propenso a la decepción y a la falta de oportunidades para sobresalir como un abogado exitoso por mérito propio, James vive a la sombra de su hermano Chuck. Resulta aún más irónico el juicio de Chuck sobre la mediocridad de James y sus salidas fáciles, cuando él vive en la negación de sus propios trastornos.
Su hermano es la encarnación del progreso y el “deber ser”, y teniéndolo en cuenta, su relación con él se vuelve un catalizador aspiracional al intentar alcanzar dicho ideal moral de acuerdo a su propio entendimiento, un afán de reivindicación bastante común sobre quienes la sociedad ejerce presión al hacerles creer que han malgastado sus vidas. Tras descubrir la verdad, la tóxica dependencia hacia su hermano se torna en una de las causas que le orillan a tomar el camino ya por todos conocido.
Mientras la historia de Walter comenzó con un hombre rico en muchos sentidos, la de Saul/Jimmy va de un hombre miserable, cuya estabilidad pende sobre un acantilado al no encontrar un sostén sólido al cual aferrarse. El embustero Jimmy es víctima de la Schadenfreude, nuestro voyeurista interno disfruta de sus desgracias y equivocaciones ante el constante rondín de la fatalidad, pues mientras Walter alcanzó la grandeza, Saul, como Sísifo, está predestinado a la derrota.
Para este entonces suena riesgoso aseverar que BCS es superior en alguna forma a BrBa, no estamos ante una tragedia contemporánea, y la historia recién encuentra su tono tras probar algunas subtramas inconsistentes con respecto a la trama principal, especialmente el caso de los Kettleman. Tomar en consideración su progresiva genialidad hacia el futuro de la serie (la transición del punto Jimmy al punto Saul) sería condescendiente y hasta miope por ahora, a lo mucho pondría en evidencia que no hemos visto BrBa en un buen rato.
No debemos confundirnos, aunque el génesis de ambas series se halla en la frustración y caen en paralelismos arquetípicos, el ritmo de Saul es en última instancia más parecido al de Mad Men, se vale de una imperante libertad para hacer lo que le venga en gana con la historia sin que BrBa se vuelva una consecuencia directa.
Las precuelas suelen caer en territorio inhóspito y si somos más o menos objetivos sabemos que no todo funcionó durante la primera temporada al asumirla como una entrega singular y aislada, quizá todo tome más forma el siguiente año, aunque no hemos de restarle mérito a su innovación, no existe otra serie de su tipo, mucho menos otro caso de éxito similar.
Better Call Saul es una serie imperdible con la cual nos podemos relacionar fácilmente, una narración sobre la ruta hacia un terreno restringido, representa los descalabros que enfrentamos en nuestro camino por averiguar quiénes queremos llegar a ser, se trata de la historia millenial por excelencia donde la meta no es tan importante como disfrutar el viaje, pues al fin y al cabo, siempre tendremos Albuquerque y de aquella lejana meta lo sabemos ya todo.
Cuando el mundo no basta: ‘House of Cards’, 3ª temporada
DR. JABBERWOCKY |
Recuerdo muy bien que de chavito no tenía tanto interés en los temas de adultos como me ocurre ahora, es bastante lógico. Por aquella época, era común la emisión de spots políticos entre caricatura y caricatura, mismos aparentemente destinados al aburrimiento de los morrillos, quienes, sin más ni más, preferíamos apagar el televisor, vamos, no todos fuimos tan afortunados de tener una consola para distraernos. Hoy las cosas han cambiado, gozamos con los dimes y diretes de la polaca, pero más, de imaginar intrigas.
Ya sea porque somos grilleros sabiondos o porque somos adictos a la tensión, House of Cards siempre ha parecido como uno de los más accesibles dramas que logran captar esa adicción adquirida por el escándalo en las esferas del poder, ¿o qué? ¿Leen Newsweek sólo por enterarse del día al día? Al final el chisme se camufla de noticia.
La serie de Netflix ha dado de qué hablar desde su gestación tanto como Scandal o The Good Wife lo han hecho, y es que en verdad el drama político de hoy es firme heredero del affaire entre Bill Clinton y Monica Lewinski durante los noventa.
Resulta hilarante la imaginación de los guionistas y productores a la hora de ver lo descabellado de las maquinaciones entre los aristócratas norteamericanos y es que para quienes somos ajenos a ese entorno, no podemos sino recrear un tipo de intriga muy similar en nuestras ignorantes cabecitas, pese a cualquier representación exagerada.
Ahora sí, hora de SPOILERS.
En su tercera temporada, los Underwood nos dan moralejas de humildad, no tanto porque la pareja más poderosa del mundo tenga en lo alto tal concepto, su arrogancia nos ha dejado apreciar que hacer política con puño de hierro es una espada de Damocles, y en veces la retribución asesta su golpe por el lado donde el punto ciego es vuelve causante de más de una fatalidad.
Tras superar el cansado “estira y afloja” entre Frank y el empresario Raymond Tusk el año anterior, el ex congresista muestra su lado más humano a la fecha al derrumbarse cuando su ambiciosa iniciativa, America Works, se ve frustrada ante la oposición republicana sumada a la de su propio partido en el momento en que estos retiran su apoyo al plan de reelección a la presidencia.
En su propia versión de “la noche triste”, el POTUS se desmorona entre sollozos ante la impotencia, sin embargo, enfundado desde el berrinche. Claire ha figurado todo este tiempo como la mano derecha del Comandante en jefe, pero si alguno llegó a pensar que Claire era su única y verdadera debilidad, el giro de tuerca hacia el final de la presente temporada da una lección que a más de uno habrá de dejar boquiabierto.
Quizá el personaje más sorprendente continúa siendo Claire, aunque esta vez ha gozado con altibajos en su popularidad entre los espectadores, a diferencia de lo ocurrido entre los votantes, donde ha sido acogida. De alguna forma, el personaje interpretado por Robin Wright comienza a sufrir de los mismos contragolpes que Skyler White en Breaking Bad por ir a contracorriente de su esposo y aunque no estoy del todo de acuerdo con el repentino cambio en Claire y toda la sensiblería casi desbordante que guió sus acciones durante esta temporada, especialmente durante su enfrentamiento con el Presidente Petrov, es innegable que funcionó como un gran game changer.
Podrán decir que la Primera Dama ha estado errática últimamente y concuerdo, le he bajado dos rayitas a la mujer fría y despiadada heredera de Maléfica que apreciamos en las temporadas anteriores, aunque ello no signifique necesariamente su conversión al bien más puro, esto es House of Cards, no Touched by an Angel y ello quedó sentado durante el corrosivo encuentro entre ella y el embajador ruso en el sanitario de damas o en su amenazador acercamiento a la embajadora de Israel al tiempo de obligarlos a cooperar por el plan de paz en el Valle del Jordán.
La política es sucia y Claire se ha vuelto casi un mártir de ella pese a demostrar su funcionalidad. En una sola temporada ascendió a embajadora de la ONU; se embolsó a la Secretaria de Estado, Cathy Durant; fue humillada por el presidente ruso; presenciar el suicidio de un activista la llevó a voltear el juego al mismo Petrov y a arruinar los planes de su marido de un tirón; y finalmente, su cabeza fue entregada en bandeja de plata en orden de resolver un conflicto en la frontera de Jordania, poniéndola de vuelta donde empezó.
No quiero alarmar a nadie, es tan sólo mi perspectiva y creo que la serie de Beau Willimon ha perdido un poco su encanto, su agudeza y la elegancia que le distinguió en la primera temporada, aunque no pierda ni de lejos su ambición. Esta ocasión ha optado por presentarnos a varias instancias contrarias al tremendo Frank en diversos frentes en vez de proponer a un contrincante digno.
Si bien el Congreso y la diplomacia rusa le pusieron contra la pared, no lograron medrar su voluntad ni un poco y hacia el final, cuando Heather Dunbar se postuló a la candidatura por la presidencia, todos imaginamos una cacería de brujas encabezada por la susodicha protectora de la Constitución, gran sorpresa nos llevamos al verla caer en la misma cloaca de sus oponentes: más rápido cae un hablador que un cojo.
House of Cards ha preservado su fascinación por sembrar impacto y sorpresa en el espectador, elemento que durante su segunda temporada le resultó un éxito no sin accidentes, habrán de recordar cuando Frank, Claire y Meechum, sostienen relaciones sexuales o más todavía, el homicidio de Zoe Barnes.
Aunque he de confesar que la intriga se ha visto minimizada en favor de una serialización más pulida del conflicto político, tal como en su momento hizo The West Wing, el drama no ha dejado de hacernos salivar de ansiedad en momentos como el debate entre candidatos, donde Jackie Sharp salió a relucir como el bulldog de un dueño malintencionado.
En esta entrega quien no dejó de sorprender fue el presidente ruso Viktor Petrov, interpretado con gracia por Lars Mikkelsen en una alegoría a Vladimir Putin. Más que una crítica a la política interior y exterior de Rusia, la puesta en escena puso en evidencia, más a forma de comentario, la soberbia del mandatario, la cual va muy de la mano con la idiosincrasia existente en aquel país, aunque no haya aportado nada concreto salvo una pincelada bien ejecutada que brilló más por sí misma, que por el cameo insignificante de Pussy Riot. Sí, hizo enfurecer a Frank, pero el contacto con Claire (del beso en Washington a la humillación en Moscú) dio origen a la tormenta perfecta.
Por su parte, Frank siguió dando muestras de cómo su tiranía ha rendido frutos hasta ahora, pero ¿por cuánto tiempo más? Su arrogancia le ha llevado a perder todo aunque su astucia lo ha equilibrado. Con cada vez menos aliados, AmWorks pasó de ser el robo del siglo tras succionar los fondos de FEMA, a ser polvo en cuestión de horas tras la amenaza de un huracán más fuerte que él, un meteoro con trayectoria hacia la Costa Este.
Estuvimos ante un Frank Underwood con temple férreo, como ha sido de esperar y en consecuencia su crecimiento ha sido nimio, mas la notoria apatía sentida hacia él por parte de su gabinete, sus conocidos y los votantes lo han desequilibrado, si ha logrado mantenerse a flote ha sido gracias a la popularidad de Claire.
Esta tercera temporada ha sido por mucho superior a la anterior, pero no todo ha ido viento en popa, las inconsistencias en la trama han sido arrastradas más allá de lo sostenible y como prueba está todo lo relativo a Doug. Pese a la magnífica y siniestra actuación de Michael Kelly, a quien al divisar su silueta en aquel pasillo oscuro la primera vez que contacta a Dunbar no hace sino causar escalofríos, su alcoholismo, la paranoia, sus tratos con el hacker Gavin, la estúpida subtrama de Rachel Possner y sus intentos por recuperar la confianza de los Underwood mediante la manipulación de Heather Dunbar se sintieron forzados, patéticos, innecesarios y torpes, especialmente hacia la conclusión.
House of Cards ha llegado a un punto en el cual su historia se está estirando rumbo al absurdo. El pivote que implicó la inclusión del escritor Tom Yates funcionó como un gran catalizador entre el desplome de Claire y la confesión de Frank, pero a últimas se topó con pared y en el final, los guionistas le restaron lirismo.
Se ha vuelto inconsistente porque no puede voltear a ver consecuencias fuera de lo predecible, comienza a abordar giros muy melodramáticos y sus personajes secundarios están sumidos en la unidimensionalidad ¿o es que alguien va a llorar la renuncia de Remy Danton?
Obtener la Casa Blanca ha resultado sencillo y apresurado, pero esta tercera entrega ha puesto a los Underwood a quebrarse la cabeza por conservar su hegemonía, lo cual les ha venido en forma de retribución y de ruptura, jamás la pareja se había encontrado en tal cisma.
No hace falta que esperen por un adversario digno, ese final de temporada nos lo revela con una poderosa puesta en jaque para toda la administración actual y lo que venga, y nadie lo vio venir, lo cual, a pesar de cualquier intención telenovelesca, se sostiene esencialmente como repercusión de dicho cisma ante el proclive talante del personaje interpretado por Kevin Spacey, quien habrá de menguar su severidad de querer ganar las elecciones el próximo año.
A Frank se le están acabando las cartas, la manipulación sólo puede funcionar como impulso unas cuantas veces porque House of Cards no es Scandal, su ambición pareciera ir en serio pero no lo logra debido a la enorme cantidad de vicios narrativos sobre su espalda.
El más grande problema de esta extraordinaria serie es que el mundo no basta para alcanzar la última satisfacción, en consecuencia, al no tener claro en qué estriba dicha satisfacción, el mundo se mantendrá inalcanzable.
¿Por qué tanto hype? No es la serie vanguardista que nos venden, es evidente, mas con todo sigue siendo en extremo disfrutable al debatirse entre su fantástica beligerancia y la aquiescencia del espectador, dure lo que ésta deba durar.
‘50 sombras de Grey’: No puedes juzgar un libro por su película, ¿o sí?
kerVEROs |
Febrero. Mes el amor. Mes de la bandera. Mes de la Champions League. Y de ahora en adelante, el mes que trajo a la pantalla grande la película basada en el best-seller que ostenta el récord de más copias vendidas en menos tiempo en Inglaterra: 50 Sombras de Grey.
Desde el momento en que su nombre figuró en los titulares, no se dejaron esperar las críticas, parodias, especulaciones y le dieron hasta con la cubeta a una cinta que ni siquiera había sido mostrada. Y ahora que ya se encuentra disponible para verla… ¿Es en verdad tan mala? ¿Es peor que el libro? ¿Será el nuevo chiste que desplazará a Crepúsculo? Permítanme aclarar algunas de estas preguntas…
El argumento central de 50 Sombras es en realidad simple y tan lleno de clichés que desde ahí empezamos mal. Su autora, E.L. James, nos narra la historia de Anastasia Steele, una chica normal y patosa que en un giro del destino tiene la oportunidad de entrevistar al soltero millonario más deseado de Seattle: Christian Grey. Y es en este ambiente tan poco favorecedor, que nuestro apuesto Sr. Grey queda impresionado con Anastasia. Poco a poco, comienza a conquistarla hasta que decide mostrarle sus verdaderas intenciones: hacerla su compañera en un juego sadomasoquista en el que este obseso del control obtendrá los favores sexuales de la chica, quien siendo neófita en el asunto, encuentra en Christian al hombre cautivador e irresistible que no sabía que necesitaba.
Entonces, ¿veredicto de la película? Es difícil. Porque como tantas otras historias basadas en libros o cómics solo hay de dos: o la odias o la amas. Siendo objetivos, podemos decir que la adaptación es bastante buena, se dejaron fuera situaciones y personajes que sobraban en la historia y las escenas sexuales son suficientes tanto en descripción gráfica como en cantidad. El personaje de Christian Grey está bastante retocado y a Anastasia le regalaron unos gramos más de sentido común. ¿Lo mejor? La música. Un soundtrack mezcla de R&B, soul y jazz bastante adhoc al contenido. ¿Lo peor? No se le puede pedir mucho a una historia que es la encarnación de todos los clichés de películas románticas, pero sazonada con escenas subidas de tono.
Hay que tener en cuenta un hecho bien importante de este filme/libro, y es que su autora se basó en un fanfic de Crepúsculo para dar vida a su trilogía. Para los que hemos leído uno, o varios tomos de la saga, son detalles que saltan a la vista inmediatamente. Los personajes son tan similares que casi podríamos llamarlos Edward y Bella, y nadie lo notaría. Por otro lado, el formato en que está escrita la historia es tan sencillo que no se sabe si es un libro simple o un fanfic con buenos correctores de estilo.
En general, las críticas a esta historia que más abundan se reducen a 5 argumentos básicos que me gustaría analizar:
“¿Es porno para mujeres?” No. Si hablamos del libro, estamos hablando de literatura erótica. Si hablamos de la película, aunque las escenas de sexo son bastante gráficas, es el espectador quien pone la última pieza. Y más importante aún, en total solo suman 11 minutos las escenas de sexo de la cinta… 11 minutos de los 125 que dura la película. En esta declaración suele hacerse énfasis en el PARA MUJERES con cierto toque de escándalo; ¿tan malo es que las mujeres tengan pensamientos sexuales? Quizás resulte impresionante ya que en hombres es una actividad más común y puede verse incluso como normal. Puede ser quizás el amanecer de féminas más abiertas al tema.
“¿Incita a las relaciones violentas?” Crédito parcial. Evidentemente cuando se habla de sadomasoquismo pensamos en que alguien va a salir lastimado, sin embargo, en el masoquismo (ya que está narrada desde el punto de vista de Anastasia, la sumisa) siempre hay palabras de seguridad y nada se hace sin el consentimiento del otro. Anastasia siempre tuvo la opción de parar e irse, el no querer hacerlo es diferente. Por otro lado, el perfil de los personajes deja entrever muchas conductas que suele haber en la relaciones de abuso: estrés, intimidación, aislamiento de la pareja y arranques de ira.
“No debería ser tan comercial.” Sí. Lo más peligroso de este tipo de historias es que el criterio no es un requisito para tomar decisiones. Enmascarado en el glamour, el Sr. Grey es en realidad un depredador. Sabe qué hacer, qué decir, cómo tocar, cómo convencer. Debería ser tomado como una advertencia, pero al maquillarlo como romance, cualquier inocente pasaría por alto alertas como éstas. No es coincidencia que el número de accidentes con juguetes sexuales haya aumentado posterior al lanzamiento del primer libro. Y sin embargo… nadie parece recordar el número de niños que cayeron saltando por la ventana al intentar volar como Superman. Criterio señores, criterio y supervisión.
“Sólo el Marqués de Sade tiene literatura erótica de calidad.” Inválido totalmente. Estamos definiendo literatura erótica sin tener en cuenta que el concepto de sexo y sus variantes son algo que está obligado a cambiar con el tiempo; por otro lado, son dos autores de épocas diferentes y cuyo objetivo es diferente. El objetivo de Sade era ridiculizar a la sociedad haciendo evidente que los más puritanos son los más retorcidos. E. L. James por su parte no tiene objetivo mayor que el de entretener y vender. Algún listillo se dio cuenta de que la mayor fuerza consumista la tienen las mujeres y lo aprovechó. Ahora que, si insisten en seguir por la línea clásica, leer algo de Masoch podría resultarles interesante.
“No pierdan su tiempo leyendo esto.” Crédito parcial. A mi parecer, la mejor carta de presentación de este libro está en su contraportada “…tiene a las mujeres de Nueva York leyendo como nunca lo habían hecho…” En su momento Harry Potter hizo leer a los niños, Los Juegos del Hambre a los adolescentes, era cuestión de tiempo para que le llegara su turno a las mujeres. Una historia, por mala que sea, que logre hacerte llegar al final del libro debe estar haciendo algo bien. Que no es lo más brillante que ha llegado al papel, también es cierto. ¿Es mal libro? Depende de lo que veas en él. Aventurarse a leer algo que de primera intención no harías siempre nos deja diversificación cultural.
En resumen, es la típica película que no deberías ver si no eres fan. Como película no aporta mucho, pero como fenómeno cultural, es bastante interesante. Al final las cosas no son en blanco o negro, son en 50 escalas de grises.
FICHA TÉCNICA
Título original: 50 shades of Grey
Año: 2015
Duración: 125 min.
Género: Drama, romance
País: Estados Unidos
Director: Sam Taylor-Johnson
Reparto: Dakota Johnson, Jaime Dornan, Marcia Gay Harden
Tijuana. Sicarios. Guerra. Pobreza. Violencia. Muerte. Son algunas de las imágenes que nos evoca esta ciudad, en la frontera con Estados Unidos y donde todavía la guerra contra el narcotráfico sigue latente. El regreso del muerto es el trabajo de tres años de filmación del cineasta uruguayo Gustavo Gamou, quien nos narra la historia del ex sicario Don Rosendo en sus últimos años de vida. La cámara funciona como una especie de diario-confesionario y como testigo ocular de la decadencia de este personaje.
A nivel técnico, el documental no sale bien librado. Hay algunas partes donde el audio no se escucha y la calidad de imagen no es nítida. Incluso hay tomas mal encuadradas. Sin embargo y a pesar de estas limitantes, la narrativa de la película es clara y directa.
La vida Don Rosendo parece sacada de una película hollywoodense, pero sin un final feliz y sin glamour ni efectos especiales: Rosendo fue un criminal que fingió su muerte para escapar de la ley y ahora se esconde en una casa-hotel paupérrima, acompañado de un señor de la tercera edad, quien es su único amigo y quien vive sus días atado a su cama, como esperando que la muerte se lo lleve en cualquier momento.
La cinta no victimiza a Rosendo; más bien, lo presenta como culpable de sus circunstancias, de sus malas decisiones y de la vida arrebatada que vivió. No se trata de otra película sobre la desgracia de las clases más vulnerable, si no que habla de una persona que encaminó su vida a la desgracia y que ahora no puede salir de ella, pues Don Rosendo tiene aproximadamente sesenta y tantos años, está solo, enfermo y sin rumbo. Por sus tatuajes y su baja escolaridad, no puede encontrar empleo. Cuando va a un bar, intenta ligarse a una de las chicas de la barra y no lo consigue. Le dicen “viejo”, “feo” y lo corren por su mal comportamiento.
Ante la cámara, Rosendo cuenta cómo era su vida de sicario, los crímenes que cometió y cuánto extraña a su familia, en especial, a sus hijos. No obstante, él está consciente de que recuperarlos es imposible y que sólo le quedará el recuerdo y la nostalgia de aquellos años. Y es que por más que lo intenta, Rosendo no puede escapar de su pasado. Bebe para olvidarlo, pero éste sigue viviendo en él. A lo largo del documental, el cual tardó 11 años en terminarse, Rosendo pierde amigos y, lo más importante, su esperanza de seguir viviendo. Lo vemos visitar el altar del patrono de los narcotraficantes, Jesús Malverde, así como la tumba donde supuestamente descansa su cuerpo. ¿Qué tan cruel puede ser la vida, o el destino, para cobrarte todos tus errores y no tenerte misericordia ni siquiera en tus peores momentos?
El regreso del muerto forma parte de la selección oficial del Festival Internacional de Cine de la UNAM a celebrarse del 26 de febrero al 7 de marzo. Para ver detalles del festival, visiten su página.
FICHA TÉCNICA
Título original: El regreso del muerto
Año: 2014
País: México
Director, guión: Gustavo Gamou
Producción: Alejandro Durán, Elisa Miller, Gustavo Gamou
|| DR. JABBERWORCKY || Fue un año de locura para la televisión. Si pensamos que en los dos años anteriores vimos un boom de series en nuestras señales de cable, es indudable que 2014 se lleva el r...
Capturando al asesino: ‘Mr. Mercedes’, de Stephen King
LUX TENEBRIS |
Abril de 2009. Incontables empleos se perdieron tras la recesión económica de 2008, despojando a muchas personas de su sustento. Por eso, una feria del empleo en el Centro Cívico de la ciudad atrajo a miles de postulantes, a tal grado que comenzaron a hacer fila a las afueras del recinto varias horas antes de que éste abriera. Lo que ellos no esperaban… lo que nadie esperaba, era que un lunático conduciendo un Mercedes arremetiera contra la multitud, matando a ocho personas e hiriendo a muchas más.
Así empieza Mr. Mercedes, el más reciente título de Stephen King en salir al mercado latinoamericano. Este libro destaca de entre los del autor por no poseer ningún elemento fantástico o de ciencia ficción; no es el primero en carecer de estas características, pero es raro que King no recurra a dichos elementos.
Lo descrito en el primer párrafo del presente texto es el prólogo para Mr. Mercedes (harto resumido y en palabras de un servidor), cuya trama principal inicia unos meses después con Bill Hodges, un inspector de policía retirado que alberga ciertos remordimientos, causados por su incapacidad de atrapar al culpable de los homicidios —el “asesino del Mercedes”. El ex inspector habría llevado una aburrida vida de retiro de no ser por una carta enviada por el presunto homicida, la cual desencadena un juego del gato y el ratón. Pero siendo el homicida quien ha iniciado el juego, ¿quién es la presa y quién el cazador?
Mr. Mercedes es un libro relativamente corto. Al principio los hechos ocurren lentamente (por ejemplo, cuando pensamos que una escena va a concluir, sucede lo contrario, continúa unas páginas más) pero conforme avanza la historia, su ritmo comienza a agilizarse; el hecho de que solo hayan un protagonista y un antagonista es en parte la razón de que el escrito no sea muy extenso, otra es que la historia tiene lugar en un plazo de unos pocos días. No hay mucho que narrar.
El desarrollo personal que muestran los personajes —Bill y el asesino— es mínimo, no evolucionan a lo largo de la trama porque King ya los tenía definidos desde el momento en que comenzó a escribir; no existen revelaciones que alteren radicalmente su comportamiento, simplemente son. No obstante, eso no quiere decir que los protagonistas sean planos y no tengan chiste, cada uno tiene sus motivaciones para seguir adelante y es interesante adentrarse un poco en sus mentes. Los personajes secundarios la mayor parte del tiempo se mantienen en la periferia de la historia, y cuando adquieren mayor protagonismo, King se enfoca en narrar los sucesos, sus acciones, sin ir más allá.
Considero que el poco desarrollo de los personajes es la mayor falla en el libro, ya que en ningún momento el lector siente simpatía o apatía por los personajes, no se identifica con sus sentimientos de pérdida o gozo; la escena con mayor peso emocional no logró causarme mayor estrés o desasosiego… aunque tal vez el insensible sea yo.
Nota al margen: Penguin Random House escogió como portada de Mr. Mercedes el arte utilizado para la edición de Reino Unido, la cual, en mi opinión, se ve mucho mejor que la usada en E.U., juzguen ustedes mismos:
Portadas de Mr. Mercedes, izquierda: Estados Unidos; derecha: Reino Unido/España/México.
¿Es Mr. Mercedes de los mejores trabajos de King? No. ¿Es malo? Tampoco. Es un thriller entretenido y disfrutable, el cual se termina de leer en un abrir y cerrar de ojos; a pesar de sus fallas, no decepciona, lo cual es una buena noticia para los seguidores del autor, ya que este libro es el primero de una trilogía:
Ahora solo queda esperar al siguiente libro de Stephen King, el cual desconozco si lo vaya a publicar Random House: Revival.
Bibliografía:
• King, Stephen (2014) Mr. Mercedes. México: Plaza & Janés
Siendo mediados de septiembre, podemos encontrar en los cines del país una cartelera tan variada (o escasa, dependiendo del cristal con que se mire) como nos podamos imaginar. Es el tiempo para que las películas de las que no se tiene certeza de si serán aceptadas o no, surjan. No hay grandes blockbusters y es el momento para que historias alternativas vean la luz. Historias como Lucy.
Esta película nos cuenta las desventuras de Lucy (Scarlett Johansson), una chica universitaria que cae en el engaño de su novio Richard, quien la entrega a una banda de narcotraficantes coreanos. Ellos la convierten en una mula encargada de llevar en sus entrañas una droga muy rara y muy poderosa; en el camino, gracias a un afortunado/desafortunado accidente, la droga comienza a transformar a Lucy dándole la capacidad de cambiar orgánicamente y por tanto, hacer cada vez más eficiente su capacidad cerebral. Lucy debe encontrar al resto de los narcotraficantes si quiere seguir viviendo, y a su vez obtener venganza por lo que le han hecho. En el camino, se encuentra con el Profesor Norman (Morgan Freeman) quien ha estudiado ampliamente el tema de la expansión cerebral y quien le puede guiar en su búsqueda a una gran interrogante: ¿Qué hacer cuando posees todo el conocimiento del universo?
Y aquí fue donde todos caímos redonditos con el tráiler… Escondida en múltiples escenas de acción y violencia, encontramos una historia que pretende ser tremendamente filosófica. Conforme Lucy va ampliando su capacidad de percepción, van surgiendo nuevos descubrimientos sobre el comportamiento humano y pone en duda muchas de las enseñanzas que están tan arraigadas en nuestro pensamiento, que nunca los cuestionamos: ¿y si al universo no lo rigen las matemáticas? ¿Es posible viajar en el tiempo? ¿Puede la materia cambiar a voluntad? ¿Se puede sentir la gravedad? Inclusive, aunque de manera muy burda, se cuestiona el concepto de “dios”. En realidad, la manera de abordar todas estas preguntas termina siendo pretenciosa.
Lo que me pareció más perturbador de esta película no fue tanto el ambiente de thriller o sci-fi, sino que está plagada de errores y detalles que pueden pasar desapercibidos, o mejor dicho, se deben dejar pasar para que la trama tenga sentido. La gran mayoría de las escenas, al analizarlas, son tan poco creíbles como el sabor a limón de una gelatina de hospital.
Por ejemplo, el primer gran error de esta película es que parte del hecho: “el ser humano sólo ocupa un 10% de su capacidad cerebral”. La verdad es que esta cantidad se trata sólo de un estimado o mejor dicho una expresión para darnos a entender el gran potencial que tiene la mente humana. Sin embargo, sólo para cubrir funciones vitales, el porcentaje es mucho más elevado.
La actuación de Scarlett Johansson es bastante mala para tratarse de un personaje principal. Tanto en el papel de víctima de una mafia como en el desarrollo de un poder mental inalcanzable, simplemente no convence; trata de mantener el perfil serio y estoico, pero difícilmente lo consigue. Morgan Freeman por otro lado, bueno… a él podría creerle hasta el papel de un vendedor de Bon Ice y sin embargo, su participación en la cinta es tan corta que pasa casi desapercibida; pudo haber no aparecido y no habría marcado ninguna diferencia.
En resumen, me parece que es una trama bastante forzada. En su mal intento por no ser predecible, mezcla tantos recursos de narrativa que al final no se decide por ninguno. Verla o no verla, he ahí la cuestión. Es difícil de digerir, pero afortunadamente sólo dura poco más de una hora. Tal vez les ayude a ampliar su visión del mundo.
FICHA TÉCNICA
Título original: Lucy
Año: 2014
Duración: 89 min.
Género: Acción, Sci-Fi, Thriller
País: Francia
Director: Luc Besson
Reparto: Scarlett Johansson, Morgan Freeman, Min-sik Choi, Amr Waked
‘Maze Runner: Correr o Morir’ no es otro libro del montón
LUX TENEBRIS |
Últimamente pululan en las librerías varias obras muy similares entre sí que en conjunto tienen poco o nada que ofrecer básicamente porque abordan el mismo tema, aquellas que tratan usualmente de una chica especial que a final de cuentas cambiará el distópico mundo en el que vive, liberando a la sociedad del opresor sistema sociopolítico establecido. Por supuesto, el trasfondo romántico siempre está presente y es parte del desarrollo de la protagonista.
Maze Runner: Correr o Morir, gracias a [inserte el nombre de su deidad favorita], no es uno más del montón. Escrita por James Dashner, la historia se centra en Thomas, un chico que literalmente despierta en una pequeña sociedad poblada sólo por chicos —autodenominados Habitantes— una comunidad hermética que no tiene más opción que sobrevivir o colapsar, donde todos trabajan en relativa armonía para vivir día con día. La cuestión es que todos los muchachos fueron, aparentemente, insertados en esta comunidad en contra de su voluntad, y para agravar las cosas, absolutamente ninguno posee memorias de su vida pasada, lo único que recuerdan es su nombre. La cereza del pastel es el laberinto que rodea el lugar donde viven —o el Área— el cual es acechado por temibles monstruos nocturnos.
James Dashner. / Foto por Maria Wood.
El libro está narrado en tercera persona, siempre enfocándose en Thomas, ese personaje especial que llegó al Área para cambiarlo todo; sé que suena un poco como Los Juegos del Hambre, pero Katniss fue elegida por azar, mientras que Thomas fue escogido por designio. Thomas al principio comparte con los lectores la ignorancia de la situación, pero conforme avanza la historia él toma un rol más activo, pasando de ser espectador a actor; además, también hay una chica que le hace compañía, pero no se confundan, no se trata de una más de esas relaciones románticas que tanto aparecen últimamente en los libros.
La trama de Maze Runner se desarrolla como un thriller de acción, con varios elementos de ciencia ficción que, si bien no son los responsables de darle su empuje a la historia, sí son indispensables para brindarle contexto a la misma, desde la perdida de memoria hasta las bestias que acechan el laberinto. El verdadero aliciente de este libro es la incontable cantidad de pequeños enigmas que conforman el misterio que rodea a nuestros personajes, o mejor dicho, la lenta pero constante revelación de respuestas a las cientos de preguntas que genera el autor al iniciar la historia, aunque muchas respuestas sólo logran crear aún más interrogantes. James Dashner en su momento declaró que era apasionado admirador de Lost, y que esta serie de libros era un intento por evocar la intriga de la serie.
El ritmo en el que se desenvuelve la historia es bastante rápido, los eventos progresan lanzando a los protagonistas a diferentes situaciones cuyo elemento en común es la tensión. Lo anterior mezclado con el hecho de que el libro se enfoca sólo en Thomas, da lugar a poco espacio para el adecuado desarrollo de los demás personajes, a los cuales únicamente vemos a través de los ojos de Tom; aunque eso no impide sentir empatía (o apatía) por estos adolescentes inventados por James Dashner. En general se trata de un buen libro de un mundo pos-apocalíptico de ciencia ficción.
Sobre la edición en español
Al contrario de la brillante portada de la edición en inglés, la publicación en español de Vergara & Riba Editoras tiene una cubierta dibujada por Marcelo Orsi Blanco, diseñador gráfico residente de Argentina; la ilustración muestras un ambiente oscuro, tétrico y con una ligera sensación de claustrofobia, una portada sumamente apropiada para la historia en cuestión.
Sobre la adaptación fílmica
He de admitir que no esperaba que el filme le hiciera justicia al libro, pero me alegra decir que estaba equivocado. La adaptación de la obra de Dashner respetó los puntos esenciales del libro y alteró lo que, en mi humilde opinión, era necesario para ajustar la historia a un film de dos horas. El cambio más notorio es la simplificación de la historia, algo inevitable al momento de trasladar la obra a la pantalla grande, dado que todo transcurre en menos días que en el libro y ciertos eventos fueron abreviados u omitidos; pero la esencia del relato se mantiene, por lo que The Maze Runner nos ofrece algo fresco para los cines. Las actuaciones son decentes, los efectos especiales son buenos y la historia termina abriéndole paso a una secuela, la cual posiblemente vea la luz dependiendo de la recepción de esta primer película.
Maze Runner: Correr o Morir es un libro que no hizo mucho “ruido” cuando salió al mercado, pero cuyas subsecuentes publicaciones tuvieron a los fans impacientes por tenerlas en sus manos, y es probable que se disparen las ventas de estas historias, dependiendo de que la película tenga una buena aceptación. Independientemente de eso, yo recomiendo que lean Maze Runner si quieren pasar un rato entretenidos, ya que su lectura es sencilla y rápida. Les quedo a deber, de momento, mi reseña sobre las secuelas de este libro —Prueba de Fuego y La Cura Mortal— pero les puedo adelantar que no son malas historias. Espero nos leamos pronto.
Bibliografía:
• Dashner, James (2010) Maze Runner: Correr o Morir. México: V&R Editoras
De la mano de Dan Brown, uno de los autores más prolíficos y leídos en los últimos años, llegó a nuestros estantes El Símbolo Perdido. Continuando el ambiente de novela policiaca y de suspenso en este tercer libro de cuatro (hasta ahora), nos muestra una aventura que una vez más, pone a temblar a los creyentes, injustificadamente.
Como siempre, nuestro personaje principal es el profesor experto en simbología Robert Langdon, quien en esta ocasión ha sido invitado por su amigo Peter Solomon, un masón de grado 33 y director del Instituto Smithsoniano, a impartir una conferencia por el aniversario del Capitolio de los Estados Unidos. Una vez ahí, Langdon descubre que la invitación no es más que una farsa tramada por un maniático que busca hacerse con el secreto más poderoso de la Orden Masónica. Si Langdon quiere ver vivo de nuevo a Solomon, deberá descifrar una serie de códigos y dar con la localización de la Palabra Sagrada capaz de cambiar el mundo.
Objetivamente, El Símbolo Perdido no ofrece nada nuevo. Cuando has tenido la oportunidad de leer El Código Da Vinci o Ángeles y Demonios, puedes llegar a pensar inclusive que la imaginación de este hombre ya se fue a otro lado. El argumento es idéntico en estos libros: Langdon es la pieza clave para desentramar una serie de simbolismos que siempre se han mantenido ocultos a la vista de todo el mundo; a su lado, una bella e intelectual chica le ayudará a escapar de quienes los persiguen y que por estas u otras razones, están interesados en el caso. Sólo cambian los nombres, los lugares y las referencias históricas.
“Apoteosis de Washington”, fresco que adorna la cúpula del Capitolio y a la cual se hace referencia en El Símbolo Perdido.
Por otro lado, he de confesar que soy un público cautivo de Dan Brown desde El Código Da Vinci. Para mí fue increíble ver la cantidad de gente que asistió no sólo al estreno de la película, sino que había que comprar boleto días antes para asegurar un lugar. ¿Y por qué el furor? Porque se trataba de una historia que ponía en tela de juicio uno de los preceptos más sagrados de la Iglesia cristiana: ¿Jesús tuvo descendientes? En todas sus historias, Dan Brown se apoya del suspicaz personaje de Langdon, quien representa la parte escéptica que tenemos todos los herejes que gustamos de estas historias y conforme avanza la novela, el profesor acaba terminando por abrir su mente a un mundo casi espiritual, el cual no le parece creíble porque no es científicamente comprobable, pero quizás, con las herramientas y la tecnología adecuada pueda serlo.
Otro punto que me parece muy rescatable de este libro, es que si bien crea un universo ficticio a partir de un detalle o un rumor, muchos de los elementos que utiliza sí tienen una base fehaciente, pero han estado a nuestra vista tanto tiempo que nunca los habíamos analizado. Si se toman un segundo para investigar un poco de las referencias artísticas e históricas de las que habla el autor, les abriría los ojos a hechos que desconocían. Tal vez no cambie su manera de ver las cosas, pero sí aportará elementos nuevos para su acervo cultural. Además, es un libro con buen ritmo y fácil de leer, sin mucha paja.
Tom Hanks interpretando al profesor Robert Langdon en una escena de Ángeles y Demonios.
A pesar de que ya se había confirmado la presencia de Tom Hanks para interpretar de nuevo al Profesor Langdon en la adaptación de este libro, la filmación que estaba programada para comenzar inmediatamente después del lanzamiento del mismo en 2010, se detuvo debido a que la trama era muy similar a la de El Tesoro Perdido con Nicolas Cage (National Treasure, 2004) que había aparecido en pantallas 6 años antes. Aunado a esto, el boom que supuso su siguiente libro El Infierno, hizo que las posibilidades de que El Símbolo Perdido llegara al cine se redujeran drásticamente, dando prioridad a una adaptación del cuarto libro en su lugar.
Leer los libros de Dan Brown en orden o desorden no hace ninguna diferencia real, ya que cada libro es una historia autoconclusiva. Sin embargo, el autor suele hacer referencia a uno o dos detalles de libros anteriores, así que si están interesados en no perder cada detalle en la historia, el orden cronológico es: El Código Da Vinci, Ángeles y Demonios, El Símbolo perdido, El Infierno.
El Símbolo Perdido en su primer día vendió más de un millón de copias en Canadá, Estados unidos y el Reino Unido; además de haber alcanzado el récord de 5 millones de ejemplares en su primera edición, la tirada más larga jamás hecha en la historia de su editorial.
Por su lado, Dan Brown fue nombrado por la revista Time en 2005 como una de las personas con mayor influencia en el mundo, ya que se le acredita “mantener la industria editorial a flote, renovar el interés en Leonardo Da Vinci e historia Cristiana; elevar el turismo en París y Roma; elevar el número de adeptos en órdenes secretas; crear una franquicia de películas…” por mencionar algunos.
“Creo que la razón de que mis libros hayan encontrado éxito comercial es que están escritos desde un punto de vista escéptico.” – Dan Brown.
Bibliografía:
• Brown, Dan (2009) El Símbolo Perdido. México: Planeta
Una distopía más llega al mundo literario de parte de otra autora con ganas de contar la historia de una chica que cimbraría los fundamentos de la sociedad de la que es parte, para, aparentemente, encaminarla hacia un “lugar mejor”. Es así como Veronica Roth, una joven escritora con tan solo 25 años, nos trae Divergente, la primera parte de una trilogía literaria.
El mundo que nos muestra Divergente es el resultado del colapso de la sociedad como la conocemos, por lo que se decidieron crear cinco diferentes facciones para evitar un incidente similar en el futuro: Verdad para los que no mienten; Erudición para quienes buscan el conocimiento; Cordialidad para aquellos que aborrecen los conflictos; Osadía para quienes desprecian la cobardía; Abnegación para quienes el egoísmo y el interés personal no tienen significado. Las cinco facciones, en conjunto, hacen funcionar a la sociedad.
La historia del libro se centra en Tris, 16, hija de un par de abnegados que decide, tras una inconclusa prueba que le indica que era “divergente”, abandonar Abnegación y unirse a Osadía, facción donde tiene que aprender a hacer cosas intrépidas todo el tiempo, así como enfrentarse a sus temores para intentar purgarlos de su ser.
Si la autora hubiera escrito e intentado publicar este libro antes de Los Juegos del Hambre, dudo mucho que siquiera hubiera podido pasar del editor. A raíz de la trilogía protagonizada por Katniss Everdeen, muchas editoriales han querido repetir la fórmula de Suzanne Collins y su distopía futurista; uno de esos intentos es el trabajo de Roth, el cual es… simple y aburrido: Los personajes son vagamente interesantes; no existe un enemigo a vencer, no tiene un rostro, solo se trata de un pequeño complot para que una facción gane más poder; la relación amorosa de la protagonista —un tema que ya parece cliché— es más que obvia a partir del momento en que ella y su pareja se conocen… en fin, un libro sin ninguna sorpresa.
La historia de Roth tiene sus puntadas, pero en general no es muy creativa, los razonamientos utilizados en varias partes del libro (e.g., las pruebas de aptitud) son muy sencillos, demasiado simples como para poder tomarlos en serio. Además, a la autora le falta pulir bastante su prosa y aprender a crear momentos de tensión y angustia que realmente afecten al lector; es difícil sentir empatía por varios personajes, por más que uno se esfuerce.
¿Y cómo llegó a publicarse un libro así? Probablemente porque su temática, a grandes rasgos, se parezca a la de Los Juegos del Hambre: Una joven heroína en un mundo distópico que sobresale por ser “única” y que tarde o temprano luchará y vencerá al sistema, sin olvidar mencionar una relación amorosa en medio de todo eso. No es descabellado el hecho de que esta serie tenga muchos admiradores, existen peores obras que por alguna razón han sacudido el mundo de la literatura juvenil (*cof* Twilight *cof*).
Con la reciente moda de adaptar todo libro “exitoso” al cine, el filme de Divergente llegó a la pantalla grande el fin de semana, obteniendo una recepción muy tibia, lo cual no augura nada bueno para esta “saga”. A esto le sumamos que el último libro de la trilogía, Leal, no ha sido recibido con buenos ojos debido a que se ha calificado a su trama como prácticamente inexistente, entonces podemos decir que se acerca un fracaso seguro para la franquicia.
Habiendo tantos libros de distopías futuristas, o por lo menos de ciencia ficción —para los “adultos jóvenes”— muchos de éstos no ofrecen nada innovador o útil al lector, y Divergente está entre ellos. Cuando terminé de leer el libro, no me quedaron ganas de saber más sobre los protagonistas; no pondré mis manos sobre Insurgente o Leal porque simplemente no lo valen. Tal vez con el tiempo Veronica Roth pueda ser mejor escritora, pero en estos momentos no aporta nada al mundo literario.
Bibliografía:
• Roth, Veronica (2012) Divergent. Estados Unidos: Katherine Tegen Books
‘La bicicleta verde’, la primer película filmada en Arabia Saudita
ROBER MONKADA |
La rebeldía es un hermoso regalo de la juventud, que se atreve a romper los esquemas ya establecidos por una sociedad rígida en donde tienes que corromper ese status quo para lograr realizar tus sueños a como de lugar. Wadjda, interpretada por Waad Mohammed, es una niña de 10 años que vive en Arabia Saudita y se obsesiona con la idea de comprar una bicicleta verde para poder vencer en a su amigo Abdullah (Abdullrahman al Gohani) en una carrera, pero su madre –interpretada por la famosa actriz saudí, Reem Abdullah– se lo prohíbe por los estrictos valores de la sociedad árabe. Sin dejar que las adversidades convencionales de su cultura la detengan, Wadjda hace lo posible para comprar la bicicleta por su cuenta, pero difícilmente podrá reunir todo el dinero suficiente ella sola, así que participa en un concurso de recitación del Corán, algo muy inusual para una niña que suele meterse en tantos problemas en medio de una comunidad musulmana extremadamente conservadora.
Una película que no sólo refleja la lucha de una niña por conseguir su bicicleta, sino que también es una pionera en la industria cinematográfica de Arabia Saudita, dado que es la primer película filmada en tierras árabes, y por la primer mujer cineasta de esas tierras, Haifaa Al-Mansour, también conocida por su galardonado documental Mujeres sin sombras (Women Without Shadows, 2005). Al-Mansour influenció a una nueva oleada de cineastas saudís y abrió paso a la industria cinematográfica en su país, siendo una plataforma para dar voz a todas aquellas mujeres que necesitan ser escuchadas en una sociedad donde prevalece el machismo, logrando un balance de género por medio del arte y su expresión.
La bicicleta verde es una película que no deben perderse, contiene mucho humor por parte de las ocurrencias de Wadjda, actuando tal y como ella es, con una actitud libre y espontánea, motivo por el cual es considerada una niña problema tanto en la escuela como en la mesurada sociedad en donde habita. Pero no sólo ella tiene una personalidad fuerte, sino también su madre y la directora de la escuela, Mrs. Hussa (Ahd Kamel); ambas son figuras de autoridad para Wadjda, aunque tiene que desobedecerlas si quiere conseguir esa anhelada bicicleta verde.
Me despido con el tráiler de la cinta, para que se animen a verla:
FICHA TÉCNICA
Título original: Wadjda
Año: 2012
Duración: 98 min.
Género: Drama
País: Arabia Saudita, Alemania
Director y escritor: Haifaa Al-Mansour
Reparto: Reem Abdullah, Waad Mohammed, Abdullrahman al Gohani, Ahd Kamel, Sultan Al Assaf, Nouf Saad, Ibrahim Almozael
En el cine recurrentemente se interpreta el fin de la humanidad (o al menos, una parte de ella) originado por diversas razones: fenómenos naturales, bestias de otras dimensiones, seres del espacio exterior o virus mortales. El punto fuerte de estas películas es el impacto que deja en el espectador, no sólo por los efectos especiales que son explotados en ellas, sino porque es inevitable ver alguna película apocalíptica y no imaginarse en esa situación: El caos reina en las calles, tratas de sobrevivir y de ocultarte de sea cual sea la amenaza, pero ¿y si escapar no fuera posible y la tierra sólo tuviera 24 horas de vida?
Imagina que un día cualquiera despiertas y escuchas en las noticias que la radiación de una extraña explosión del señor Sol alcanzará a la Tierra en menos de 24 horas, destruyendo por completo toda la vida en el planeta (y creías que el ‘gasolinazo’ era la noticia más horrible con la que podrías amanecer). Tras reponerte de esa impactante noticia, te das cuenta de que ya no hay tiempo para que cumplas tu sueño de escalar el Everest o de ser portero de la Selección Mexicana; ya no hay tiempo para enamorar al vecino de enfrente o para ver todos esos DVD’s que compraste en el Buen Fin… ¿Desperdiciarías tus últimas horas de vida llorando en posición fetal? ¿Qué harías, a dónde irías, a quién le darías tus últimos minutos de vida?
Los días no vividos, cinta española de 2012 dirigida por Alfonso Cortés-Cavanillas, explora la respuesta a esas interrogantes. La cinta nos muestra el último día de vida de tres amigos, sus familias, parejas y un par de personas, que a pesar de ser desconocidas hasta hace unas horas para los protagonistas, terminan adquiriendo importancia en sus vidas. Esta película sobre el fin del mundo no retrata el problema desde una magnitud global, sino todo lo contrario, nos expone al problema en su más sencillo planteamiento: la historia se desarrolla con calma y reina la “resignación” de los personajes ante el inevitable desenlace, pues no pueden hacer otra cosa más que disfrutar al máximo su último día. En las dos horas que dura la película, el espectador es testigo de una extraña mezcla de emociones que van desde la sorpresa y la rabia hasta la más profunda amistad e inocente amor.
Alfonso Cortés-Cavanillas realizó la cinta con un presupuesto limitado, por lo que no verás sorprendentes efectos especiales ni cientos de extras corriendo por las calles, sin embargo las locaciones son hermosas y las actuaciones convincentes, destacando notablemente el trabajo de Ruth Díaz (Teresa).
Los días no vividos es también el título del tema principal de la película, interpretado por Love of Lesbian. A continuación el video clip de la canción, que tiene como introducción una de las escenas más conmovedoras de la cinta:
Vivimos haciendo planes, pero tras nuestra muerte ¿a dónde se nos van los días no vividos? Mejor hacerlos efectivos hoy, que podemos.
FICHA TÉCNICA
Título original: Los días no vividos
Año: 2012
Duración: 120 min.
Género: Drama, ciencia ficción
País: España
Director: Alfonso Cortés-Cavanillas
Reparto: Javier Godino, Héctor Colomé, Ruth Díaz, Ingrid Rubio, Asier Etxeandia, Mariano Venancio
’12 años esclavo’: Racismo e historia hechos película
kerVEROs |
Siempre hay algo de la entrega de los premios Oscar que me deprime, y eso es que la gran parte de las películas nominadas no las podemos ver con antelación, ya sea porque se estrenan tiempo de después (por lo general, faltando pocos días para la premiación) o porque sencillamente son películas que un simple mortal no se atreve a ver (hay que tener sangre de crítico cinéfilo para pagar un boleto cada semana por ver dramas). Cualquiera sea la razón, después de que la Academia nos da su opinión, muchas veces acabamos viendo las películas que fueron premiadas, pensando que es garantía que veremos algo que vale la pena… y así fue como me animé a ver 12 años esclavo.
Basado en el libro homónimo, esta cinta nos cuenta la historia de Solomon Northup, un violinista afroamericano nacido libre quien es secuestrado y vendido como esclavo en varias plantaciones del sur, siendo espectador o protagonista de tantas injusticias y abusos que la convención de Ginebra sentiría ganas de golpearse contra la pared si las presenciara.
Hay que tener en cuenta el marco histórico en el que ocurre este relato: en los Estados Unidos de 1841, la esclavitud era legal —practicada sobre todo en los estados del Sur— al punto en que una persona de raza negra debía probar que era libre mostrando sus papeles a la autoridad (que sería una especie de equivalente a la actual Visa o ciudadanía americana que deben cargar nuestros colegas latinos), y de no poder comprobarlo, en ese momento te convertías en moneda de cambio, un objeto o propiedad a merced de la voluntad y caprichos del amo.
La primera pregunta que uno se hace al sentarse frente a la pantalla es “¿Por qué ganó el Oscar a mejor película?” Dos horas después, llegué a la conclusión que fue gracias a su temática. El tema de la segregación es tan recurrente entre el club de los ganadores y nominados que raya en lo cliché. Me gusta pensar que el trasfondo es poner en alto la crítica social, pero la verdad es que a todos nos gustan las historias con personajes rechazados, los underdogs del día a día que gracias a la magia de los escritores de Hollywood triunfan al final, poniendo fin a su suplicio y siendo un modelo de superación personal para todos los espectadores. Tampoco hay que dejar de lado el hecho de que los estudiosos del séptimo arte suelen inclinarse a las historias dramáticas, y hay que reconocer que este es un drama particularmente bien logrado.
Entre sus puntos a favor está toda la realización de la película. Desde las impecables interpretaciones dramáticas de los personajes principales, hasta los detalles de escenarios, vestuario, maquillaje; todos elementos muy bien manejados. Podríamos decir que en cuanto a aspectos técnicos, no hay pero que valga.
En contra: es una historia muy densa. Básicamente el argumento no se presta para que la película lleve un buen ritmo, haciendo que pasada la primera hora nos parezca más larga de lo que es. El mood dramático no es fácil de digerir a pesar de que la trama en sí sea sencilla. Consejo: verla con mucha paciencia. Si bien no es un tema nuevo, puede resultar muy educativa la experiencia.
Dato curioso al margen… esta película le dio su primer Oscar a Lupita Nyong’o en su primera nominación como actriz de reparto, y su primer Oscar a Brad Pitt como productor después de haber estado nominado tres veces por actuación (Doce monos, El juego de la fortuna, El curioso caso de Benjamin Button).
FICHA TÉCNICA
Título original: 12 years a slave
Año: 2013
Duración: 134 min.
Género: Drama, biografía, histórico
País: Estados Unidos, Reino Unido
Director: Steve McQueen
Reparto: Chiwetel Ejiofor, Benedict Cumberbatch, Michael Fassbender, Lupita Nyong’o
El temor y la fascinación por los monstruos ha acompañado al hombre desde la prehistoria, representando a grandes rasgos el miedo a lo desconocido, a lo que no es “normal”… o a que algún animal salvaje entre a tu refugio mientras duermes y te mate.
El monstruo escondido bajo la cama es probablemente de los miedos más recurrentes en la infancia, todos alguna vez llegamos a temerle a esa extraña sombra proyectada en la pared de nuestra habitación. Este miedo —que surge por comentarios de nuestros padres al portarnos mal, por historias que nos contaron, por algún programa de televisión en el que se trató el tema o simplemente porque no entendemos de dónde viene algún escalofriante ruido— está latente en nuestras vidas desde muy temprana edad; al crecer, el absurdo miedo a una sombra en la pared se va, pero entonces llegan los miedos de la adultez acompañados por los fantasmas de las decisiones pasadas y de esos ni como escaparse. Nos persiguen por el resto de nuestros días.
El miedo es precisamente el tema que trata Santi Balmes (famoso por ser vocalista y compositor de la banda española Love of Lesbian) en su primera publicación. La frase “Yo mataré monstruos por ti”, que le da título al cuento, tiene fuerza por sí misma y es que ¿quién no tiene una persona especial (no necesariamente hablando en sentido romántico) por la cual estaría dispuesto a matar monstruos? La frase es también mencionada por la banda en su tema “Un día en el parque”, cursi canción que cualquier padre puede dedicarle a sus hijos.
El cuento trata sobre Martina, una pequeña niña con la no tan descabellada idea de un mundo a revés habitado por monstruos, por lo que vive con miedo a caer de la cama y terminar en esa terrorífica tierra. Mientras tanto en el otro mundo, Anitram, una joven monstruo, tiene un miedo similar al de Martina: caer en el mundo de los humanos es su mayor pesadilla. Tras un sabio consejo de sus padres, ambas se encontrarán y perderán el miedo, demostrando que enfrentar nuestros temores es siempre bueno.
El cuento, como todo texto para niños, es sencillo en su narrativa, pero tiene un poderoso mensaje para chicos y grandes:
El tamaño de los monstruos dependerá del miedo que les tengas. Si te sientes valiente verás el monstruo pequeño y cobarde…
El miedo es elástico, como un chicle. Se hace pequeño, hasta desaparecer, cuando tú te creces.
Los niños podrán encontrar en sus líneas tranquilidad para la hora de dormir, en cambio quienes tengan hijos se sentirán identificados con el padre de Martina, quien es capaz de “matar” monstruos por su hija. Si no eres niño, ni padre, también disfrutarás de este pequeño cuento, de su mensaje que aplica sea cual sea tu edad y de las hermosas ilustraciones de Lyona Ivanova que complementan el cuento a la perfección.
Este libro, altamente codiciado por los fanáticos de Love of Lesbian (banda que se presentará el 28 de Marzo en el Vive Latino) está disponible en dos versiones: en México la versión física puede ser comprada aquí, mientras que la versión interactiva, disponible para iOs y Android ofrece una experiencia diferente pues el cuento es narrado en español por el autor, en inglés por Louise Sansom y en catalán por Lyona; además los lectores pueden interactuar con los escenarios en varias ocasiones e intercambiar a nuestro par de protagonistas por un niño llamado Marc y su compañero monstruo Cram, ayudando a los pequeños a que se identifiquen más fácilmente con los personajes.
Si no sabes qué regarle a un niño, qué cuento leer a tus hijos o simplemente gustas de disfrutar un buen relato, Yo mataré monstruos por ti no te decepcionará.
Bibliografía:
• Balmes, Santi (2011) Yo mataré monstruos por ti. España: Principal de los Libros
‘Jazmín Azul’: Entre el control y el desequilibrio
FADINHA |
Perturbadora y cruel. Así es Jazmín Azul (Blue Jasmine), la película más reciente de Woody Allen nominada al Oscar en las categorías de Mejor Actriz, Mejor Actriz de Reparto y Mejor Guión Original. Esta vez el director neoyorkino nos cuenta la vida de Jeanette “Jasmine” (Cate Blanchett), una mujer de edad madura, con clase para vestir, adicta a los antidepresivos y a la buena vida, quien antes de quedar en bancarrota, vivía en una lujosa mansión en Nueva York, y en cada fiesta que organizaba “tiraba la casa por la ventana”. A Jasmine le gustaba desfilar con vestidos exquisitos y diamantes que su esposo Hal (Alec Baldwin), le regalaba para disfrazar lo que sentía por ella; vivía como una reina, no tenía preocupaciones.
Su cuento de hadas se desmoronó cuando se enteró de que Hal estaba enamorado de otra mujer más joven y que su fortuna era producto de fraudes bancarios. De esta manera, la vida de Jasmine, la muñequita de porcelana, se hizo añicos al perderlo todo: su esposo, su hijo, su dinero y su dignidad.
De vivir con servidumbre en la Quinta Avenida, Jasmine se vio en la necesidad de pedirle asilo a su hermana adoptiva Ginger (Sally Hawkins), en su pequeño departamento ubicado en un modesto barrio de San Francisco, y de trabajar como secretaria para pagarse sus estudios. En esta ciudad, Jasmine pretendió iniciar una nueva etapa de su vida, tratando de regresar al estrato social al que perteneció durante muchos años, sin saber que aun lejos de su nostálgico Nueva York, sus errores la perseguirían.
En Jazmín Azul vemos el lado más retorcido de la clase alta, donde las infidelidades, los intereses, las familias disfuncionales, las apariencias y los engaños son cosa de todos los días. Jasmine vivía en su burbuja, en un sueño. Nunca quiso darse cuenta de los juegos sucios de su marido, prefirió ignorarlo y ver la vida pasar entre yates, ropa de diseñador y joyas.
Su hermana Ginger es su lado opuesto, incluso una es rubia y la otra morena. Ginger es sencilla, trabajadora, auténtica y sin grandes ambiciones. Ella y Jasmine nunca tuvieron una relación estrecha. A Jasmine no le interesaba nadie más que ella y su bienestar. Nunca le llamó a Ginger para saber si se encontraba bien o si necesitaba algo. Su relación se basaba más en intereses.
Por su parte, la frágil Ginger es víctima de las críticas de su hermana por considerarla inferior y por no buscar hombres de mejor perfil. Y en parte tenía razón: Augie (Andrew Dice Clay), el ex marido de Ginger, y Chili (Bobby Cannavale), su prometido, son la vívida imagen de Stanley Kowalski en Un tranvía llamado deseo (A streetcar named desire, Elia Kazan, 1951). Ambos son rudos, primitivos y no tienen modales. Nada que ver con el tipo de hombre que Jasmine deseaba: un millonario con clase y buen gusto… ¿y honesto? Eso no importa.
En cuestión de estilo, casi todas las películas de Allen empiezan con una conversación o un monólogo. En este caso, se trató de Jasmine hablando con una señora que conoció en un vuelo de primera clase rumbo a San Francisco. Jasmine le contó detalles privados de su vida. Después descubrimos que la señora y Jasmine no se conocían, y que la escuchaba por cortesía mas no por estar realmente interesada en su plática. Desde este momento, nos damos cuenta que Jasmine tenía problemas emocionales, lo que le dio un aura de fragilidad a su persona. Hablaba sola y tomaba ansiolíticos cada vez que sentía que la situación se salía de control.
Después de haber filmado en Europa varias películas como Conocerás al hombre de tus sueños (You will meet a dark tall stranger, 2010), Medianoche en París (Midnight in Paris, 2011) y la mal lograda A Roma con Amor (To Rome with love, 2012), Allen regresa al escenario característico de casi toda su filmografía: su natal y amado Nueva York. Esta vez a manera de flashbacks, pues la Gran Manzana representa la felicidad basada en el glamour y la ostentosidad del pasado de Jasmine; mientras que San Francisco, su presente humillante.
Así como otros directores viven a través de sus personajes para reflejar su personalidad y manera de percibir el mundo, Allen hace lo mismo en sus películas. En Así pasa cuando sucede (Whatever Works, 2009) es más que evidente que él es Boris Yellnikoff, un genio científico que se la pasa cuestionando todo y viendo la vida desde el punto de vista más pesimista posible. Es, también, un viejo solitario quien, con suma resistencia, cae ante los encantos de Melodie, una mujer treinta años más joven que él.
En Jazmín Azul, Allen no se parece a ninguno de los personajes, pero a través del guión, escrito por él, vemos una crítica muy dura hacia la élite que él tanto detesta. Es bien sabido que el septuagenario director aborrece las alfombras rojas y las premiaciones. Por eso cuando es nominado en alguna ceremonia de premios, nunca asiste. No le gustan los reflectores.
Probablemente, Allen se inspiró en la vida de Ruth Madoff, una mujer acaudalada que quedó en la ruina después de que averiguó que su esposo le robaba a sus inversores. También vemos una gran similitud con la obra de Tennessee Williams, Un tranvía llamado deseo, ya que en ambas películas la protagonista es una mujer atormentada por su pasado, siempre al borde del desequilibrio y el caos, que se encuentra en un momento difícil de su vida por falta de dinero y por sus malas decisiones. Tanto en la obra de Williams como en Jazmín Azul, el mundo es cruel y la vida no perdona. Sus personajes están condenados al fracaso y a la infelicidad. No existe el perdón ni la misericordia, ni mucho menos la salvación ni las segundas oportunidades. Tanto Jasmine como Blanche Dubois terminan agobiadas, desesperadas, sin rumbo y enloquecidas.
En una sociedad que se maneja por cuentas bancarias, bolsas de inversión, ofertas y demandas, pero a la vez que despilfarra y nunca nada le parece suficiente, es esperado que todo gire en torno a los bienes materiales y que, sin ellos, la vida de mucha gente parezca vacía y sin sentido.
¿La riqueza puede darnos y quitarnos la felicidad? Sólo si basamos nuestra vida en algo tan volátil como el dinero.
FICHA TÉCNICA
Título original: Blue Jasmine
Año: 2013
Duración: 98 min.
Género: Drama
País: Estados Unidos
Director: Woody Allen
Reparto: Cate Blanchett, Alec Baldwin, Bobby Cannavale, Sally Hawkins, Andrew Dice Clay