mojoonki.
“¡No!” las risas no paran, no cuando ahora tiene que lidiar con el ataque directo del contrario sobre él. Apenas puede moverse porque súbitamente ha sido capturado en posición, su mano siendo forzada lentamente hasta bajar hacia su rostro. Intenta alejarse lo más que puede, pero el ángulo es limitado, por lo que simplemente termina ofreciendo una vista abierta a su mejilla y cuello, sus propios dedos dejando manchas intermitentes por toda la piel. La risa sigue fluyendo de sus labios, con apenas fuerza para deshacerse del agarre del contrario, y solo vuelve a posar los ojos sobre él cuando siente que Mo ya ha cumplido con su cometido. “¿Contento? ¿Ya cumpliste tu venganza? gracias por no manchar el pelo, ya sabes lo difícil que fue sacar pintura de él la última vez,” comenta. Aprovechando la cercanía, no puede resistir el impulso de volver a posar los dedos con pintura en el rostro del otro príncipe. “Ahora estás cubierto de mi color favorito.”
La lucha lo deja sin aliento del esfuerzo que requería ganarle en fuerza, por aunque fuera unos segundos, a Joonki, y el aliento que le queda, lo gasta en risas que corean a las ajenas tan pronto se deja vencer y caer, con uno de sus brazos todavía alrededor de sus hombros. Siente los dedos pasarle por el rostro una vez más, mientras aún está entregado a sus carcajadas, y está a punto de protestar antes de que el último comentario llegue a sus oídos. “¿Con que naranjo es tu color favorito?” cuestiona, con algunos segundos de tardanza, tratando de disimular el efecto de tan simples palabras sobre él. Teme una falta de éxito que a la vez desea; una situación que por completo detesta, simplemente por cuestión de una vulnerabilidad que se hacía cada día más fuerte y más clara. Al menos, en presencia del contrario. “¿Terminaste de adornarme? ¿O todavía te falta? A menos que no quieras bailar conmigo. Detestaría tener que buscarme otro compañero.” A pesar del tono jocoso, y el suspiro dramático que deja escapar de entre sus labios, es cierto. Acaba, entonces, por pintar, de la misma pintura de su propia mejilla, un punto en la punta de la nariz ajena.
















