Tengo recuerdos plasmados en la mente,
Un caos tortuoso en mi corazón,
Unas pupilas desgastadas de el aroma del mar,
La brisa rompió los esquemas,
Las cuchillas mis muñecas.
El alma sufre un desgaste,
Un golpe duro en el pulmón,
Una herida en el vientre que carcome,
Las esperanzas se desvanecen en el aire,
Todo está muerto.
Esta es la cara de la muerte,
El desfile del silencio,
Una sinfonía que deja gotas de sangre,
Los recuerdos se marcan,
Las cicatrices cada vez son más notorias,
Ella tiene miedo,
Esta expuesta al virus mortal,
¿Entiendes su dolor?
Las dudas abren camino a su boca,
Un aullido de dolor le genera frustración,
No sabe lo que sucede,
Pero todo se apaga.
El funeral de las rosas rojas,
El martes ella desterró una etapa,
El miércoles ella retornó su camino,
Nunca se acercó a ella,
Ella no merecía este mundo.
El niño la observó por la ventana,
El desprecio de los ojos era evidente,
Ella cerró la ventana,
Nadie penetraria de nuevo su mundo,
«Solo existo yo, y mis tres rosas»,
El rosal se marchito junto a su valentia.
—Quedate porfavor, sinfonía de vida. Luz de fuego, eco del mar, esperanza mía. Soplo de universos y constelaciones.
Un martes por la mañana,
La sinfonía hizo eco en la ciudad,
Un día martes los velos negros,
Cubrieron la calle principal,
Las cuatro rosas descansaban,
Bajo el rojo rosal,
La sangre una mancha,
Un recuerdo y un quizás.













