𝑇ℎ𝑒 𝑆𝑝𝑜𝑟𝑒 𝐶ℎ𝑖𝑙𝑑𝑟𝑒𝑛—𝐻𝑒𝑙𝑙𝑜 𝐴𝑔𝑎𝑖𝑛 | Mushroom Oasis AU. Contexto
Hoy iba a recolectar algunas setas para comer.
Vaya, no recordaba cuando había sido la última vez en la que peparó champiñones fritos, pero eso no importaba, después de todo, era su comida favorita, y Mychael se sentía de muy buen humor ese día, así que decidió que ese sería su almuerzo.
Habían pasado algunos días desde el extraño encuentro con esos niños. Por fortuna, al parecer su plan había funcionado. No los había llevado muy lejos, pero desde que logro distraerlos en ese claro, no volvió a verles el rostro de nuevo.
Y desde luego, no quería siquiera pensar en ellos.
Se las arreglarán por si solos, justo como él lo hizo de joven. Pensandolo bien, ellos tenían algo de ventaja; cinco cabezas piensan mejor que una, ya hubiera querido Mychael haber tenido cuatro compañeros en cuanto lo necesitaba. Pero no los tuvo, y ahí estaba: vivo, sin la ayuda de nadie.
… Ahora, lo único en lo que debería concentrarse es en recolectar setas; setas seguras para comer, por supuesto. No iba a tardar demasiado de todos modos, y después, regresaría a la cabaña directo a cocinar, abosolutamente nada podía salir mal.
Después de la lluvia sale el arcoiris… y los hongos también. Habían sido días lluviosos, lo que permitió que nuevas setas brotaran de la tierra. No había caminado mucho, pero su canasta ya no estaba vacía. Necesitaría más, de todas formas… aunque, lo cierto era que algunas veces se emocionaba un poco y recolectaba más de los que necesitaba, y esta vez no fue la excepción.
Cada cierto tiempo, se agachaba para examinar los hongos que encontraba, comprobando si eran seguros o no, y si los eran, no perdía el tiempo y los metía en la canasta, mientras tarareaba suavemente.
—Parece que tengo suerte hoy—murmuró Mychael para si mismo.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho setas. No estaba mal… pero ya que estaba ahí, podría aprovechar y recoger más.
Y Mychael continuó con su camino tranquilamente con una sonrisa en el rostro. El tiempo pasó rápido, y él estaba bastante entretenido recolectando hongos, dejando que los minutos transcurrieran sin prisa alguna. Pero, en un momento, mientras Mychael observaba detenidamente un hongo cualquiera, detrás de él pudo escucharse el quiebre de una rama. Una de sus orejas se movió ante el repentino sonido antes de que él volteara la cabeza… y se encontró con diez pares de ojos observandolo.
… Ah, justo cuando pensaba que ya se había librado de ellos… ¿cuánto tiempo llevaban ahí? ¿cómo es que no se había dado cuenta de su prescencia?
Los cinco niños simplemente lo observaban, sin moverse mucho. El mediano se puso de puntitas para ver la canasta en la que Mychael guardó los hongos, y el del diente salido hizo lo mismo, mientras sus pupilas empezaban a dilatarse.
Mychael se puso lentamente de pie, sin dejar de observarlos. Era la segunda vez que se topaba con ellos… debió haberlos llevado a un lugar más alejado ese día… al parecer fueron lo suficientemente listos para volver… no, debía ser una coincidencia, ¿por qué volverían con él? … si, una coincidencia, eso debía ser.
Era más fácil simplemente fingir que no estaban ahí. Claro, eso iba a hacer, después de todo, la última vez no hicieron nada más que seguirlo, tal vez ese día sería igual.
Tras eso, el hombre se dió la vuelta y empezó a caminar, y como esperó, los niños empezaron a caminar detrás de él. Ni siquiera necesitaba darse la vuelta, sus pasos eran lo suficientemente ruidosos para confirmarlo. Seguía pensando en cómo no se dió cuenta antes de su presencia…
Minutos después, los pequeños no hacían otra cosa que seguirlo. Eran… sorprendentemente tranquilos, tal vez los había juzgado mal.
Pero, en un momento, uno de ellos se adelantó para alcanzar a Mychael, y tocó el borde de la canasta para mirar dentro de ella, lo cual provocó que se detuviera abruptamente. Parecía ser el mediano de los cinco… y aparentemente era bastante curioso, tanto que ya hasta había agarrado una de las setas dentro de la canasta sin permiso.
—… No—le advirtió Mychael en un tono suave.
El niño levantó la cabeza, mirandolo con una expresión de confusión mientras inconscientemente aflojó el agarre sobre el hongo.
Entonces Mychael recordó que ellos entendían mejor su idioma, así que con unos chasquidos rápidos le hizo entender que lo devolviera. El niño parpadeó un par de veces en respuesta, bajando levemente las orejas y volviendo su mirada hacia el hongo, y a regadientes, lo devolvió a la canasta. Mychael asintió y dijo:
Y siguió caminando. Los niños se quedaron inmoviles aún observandolo. El mediano volteó a ver a los otros cuatro, y ellos solo parpadearon en respuesta. Los esperó antes de continuar siguiendolo. Por lo que pudieron observar, Mychael a veces se detenía para recoger hongos, y tras unos segundos, los echaba a la canasta. No entendían el por qué hacía eso, pero parecía divertido.
Uno de ellos, el del diente sobresalido, pareció encontrar también una seta. Al verla, se agachó para observarla mejor, y tras unos segundos, hizo unos sonidos para llamar la atención de Mychael, y cuando este se volteó, el niño apuntó el hongo con el dedo mientras sonreía.
… No le costó a Mychael darse cuenta de que la seta que el niño había encontrado era una Amanita Muscaria.
Negó con la cabeza, lo que hizo confundir al niño. Entonces, apuntó al hongo de nuevo, y al ver que el adulto volvió a negar, preguntó en su idioma:
Mychael suspiró y apuntó al hongo antes de responder:
El niño ladeó la cabeza, y sin dejar de mirarlo, acercó su mano lentamente a la seta, y en cuanto Mychael lo miró con desaprovación, ahora en lugar de su mano, acercó su boca al hongo.
—… ¿Sabes qué? Haz lo que quieras.
Al decir eso, Mychael se dió la vuelta para seguir caminando. El niño lo miró con confusión, pero sonrió y acercó nuevamente su mano, pero antes de rozar siquiera el hongo, recibió un manotazo en la mano por parte del mayor de los cinco, antes de agarrarlo de la mano y obligarlo a seguir caminando. El pequeño siseó en protesta, y luego de unos segundos, se zafó del agarre de su hermano para luego sacarle la lengua, mientras continuaban caminando.
Pasaron algunos minutos. Mychael ya no veía tantos hongos alrededor, tal vez era una señal para volver… pero, ¿qué haría con esos niños?, sabía que lo seguirían hasta la cabaña. Lo de distraerlos había funcionado… de alguna forma, porque seguían detrás de él, pero entonces, ¿cómo podía deshacerse de ellos?
No alcanzó a pensar en alguna solución, ya que sintió como alguien le agarró su manga para llamar su atención, y al voltear, se dió cuenta de que se trataba de más pequeño, el cual sostenía una seta en sus manos con una sonrisa en su rostro. Al notar que ahora tenía su atención, el niño extendió el hongo hacia él con emoción.
Era un hongo azul. Lactarius indigo. Mychael lo miró con sorpresa; en todo el camino, no se había topado con ese hongo, pero a ese niño no le costó encontrarlo, al parecer. El hombre tomó con suavidad la seta, y el pequeño llevó sus manos por detrás de su espalda, mirándolo con una sonrisa nerviosa. Tras unos segundos, Mychael sonrió, regresando su mirada al niño.
Al escuchar su respuesta, la sonrisa del niño se amplió, y su cola empezó a menearse rapidamente de la emoción. Se giró hacia sus hermanos, los cuales sonrieron en respuesta… bueno, excepto el niño de la amanita, él solo ladeó la cabeza.
Después de que Mychael aceptara la seta del más pequeño, los demás también empezaron a buscar, y en cuanto encontraban una, de inmediato iban y se las mostraban a Mychael. Algunas las aceptaba y otras las rechazaba. No entendían por qué, ya que se veían similares, pero si no las aceptaba, simplemente iban a buscar otras. Y así hasta que la canasta se llenó.
… Ni siquiera planeaba llenar la canasta de hongos, pero esos niños ahora lo miraban claramente orgullosos de si mismos. Al menos eran útiles para ayudar.
Mychael regresó su mirada hacia ellos, con una sonrisa en los labios, asintiendo con la cabeza en un gesto de agradecimiento. Entonces, se dio cuenta de que ya debía haber regresado a la cabaña desde hace bastante tiempo. Ni siquiera sabía cuanto tiempo había pasado, pero estaba empezando a sentir hambre.
Los niños no apartaban la mirada de él, como si esperaran algo. Entonces, con un tono suave, Mychael habló:
—… Deben tener hambre, ¿verdad?
Los cinco ahora se veían sorprendidos; no esperaban para nada esa pregunta.
El silencio terminó de confirmarlo. Mychael suspiró para luego buscar en la canasta. Todos los hongos en la canasta eran comestibles, pero él decidió darles los más ricos. Primero le dio uno al más pequeño, el cual lo aceptó con una sonrisa. Luego, le dio otro al de la cicatriz, el cual lo miró con algo de desconfianza antes de tomarlo. El siguiente fue el del diente torcido… cuando Mychael apenas se lo ofreció, no dudó ni un segundo antes de tomar el hongo y llevarselo a la boca. Después de él, le extendió otro al mediano, el cual lo aceptó con más calma, oliendolo un poco antes de morderlo. Y por último, le dió una seta al mayor, y al recibirla, el niño asintió en agradecimiento, justo como él lo había hecho hace un momento.
Los cinco terminaron de comer bastante rápido, mirando fijamente a Mychael nuevamente. Ahora él se miraba algo nervioso; no podía simplemente perderlos como la otra vez, pero ya era momento de que se vaya, y no quería que lo siguieran a la cabaña… entonces, ¿cómo?
Después de un par de minutos, finalmente dijo:
"… Idiota, ¿no se te pudo ocurrir algo mejor?"
No, al parecer no. Y lo que dijo confundió a los niños, provocando que sus sonrisas desaparecieran lentamente. Mychael volvió a hablar:
—… Irse. Lejos… ¿por favor?
Las pequeñas criaturas se miraron entre si, como si quisieran comunicarse con la mirada, hasta que, el mayor les hizo un pequeño gesto con la cabeza, y entonces, sus miradas volvieron hacia Mychael, y asintieron.
… ¿Acaban de… aceptar? ¿Así nada más?
Tras eso, los cinco se giraron y empezaron a caminar, siguiendo al mayor. Caminaban lento, sin prisa, casi sin hacer ruido. Cuando ya estuvieron un poco alejados, el más pequeño se detuvo y miró hacia atrás, encontrando a Mychael todavía ahí. Al verlo, sonrió y se despidió con la mano. Sin esperar respuesta, se volvió a girar y alcanzó a sus hermanos. Después de unos minutos, Mychael los perdió de vista.
… Eso fue… más fácil de lo que pensaba… bueno, es hora de regresar a la cabaña