𝑇ℎ𝑒 𝑆𝑝𝑜𝑟𝑒 𝐶ℎ𝑖𝑙𝑑𝑟𝑒𝑛—𝑇ℎ𝑒 𝐸𝑛𝑐𝑜𝑢𝑛𝑡𝑒𝑟 | Mushroom Oasis AU. Contexto
Día uno
Era una mañana tranquila en el bosque.
El clima era agradable, los pájaros cantaban con alegría, la suave brisa apenas conseguía mover las ramas de los árboles, y Mychael había decidido que era un buen día para dar un paseo. Uno breve, para despejar un poco su mente antes de regresar a sus tareas diarias.
Habían sido días algo pesados, ni siquiera conseguía recordar cuando fue la última vez que descansó bien. El bosque era una especie de terapia, nunca fallaba para levantarle el ánimo al menos un poco
No se dirigía a un lugar en específico, solo caminaba sin rumbo con la esperanza de que el paseo le ayudara a despejarse, y en un momento, parecía estar funcionando. El hombre se detuvo para apreciar mejor el lugar que lo rodeaba: los árboles, las hierbas, arbustos, flores, y claro, los sonidos de la naturaleza.
De repente, esa sensación de calma desapareció.
Todo su cuerpo se puso en alerta sin razón aparente, estaba tan tenso como un tronco ¿Había peligro cerca? No lo sabía, pero no debía quedarse inmovil por mucho tiempo.
Lentamente, giró la cabeza hacia su derecha, ya con una mano alcanzando su ballesta, esperando encontrar a un animal salvaje o algo parecido.
Pero no.
En su lugar, vio a un niño detrás de un árbol, observandolo. Pero no era un niño humano, Mychael pudo darse cuenta de eso inmediatamente.
Cuatro ojos, piel verde, cuernos pequeños, cola… era uno de su especie.
… Ahí estaba de nuevo, esa sensación desagradable.
Los ojos de Mychael se afilaron y su ceño se frunció en cuanto su mirada se cruzó con la de ese niño. No había tenido encuentros precisamente agradables con otros de su especie, pero no recordaba haber visto alguna vez a un niño.
Mientras lo miraba, pudo notar otra cosa en él… algo que no ayudó a tranquilizarlo.
… ¿Por qué era tan parecido a él?
Piel verde, ojos y cabello dorados… era como si volviera a ver su reflejo cuando él era pequeño.
La cola de Mychael se movía de forma inquieta, mientras ninguno de los dos rompía el contacto visual. El pequeño se miraba confundido, analizando al adulto con sus cuatro grandes ojos. Pareciera que él tampoco esperaba ese encuentro.
La expresión de Mychael poco a poco empezó a relajarse, aún sin bajar la guardia. Ese niño parecía… inofensivo, no lucía como una amenaza, asi que decidió ignorarlo. Si, no valía la pena ponerse agresivo con un simple niño, al final él se marchará solo y nunca más se volverán a ver. Problema resuelto.
Con eso, el hombre siguió su camino sin mirar atrás. Pronto regresará a casa y continuará su día, como si nada hubiera pasado.
… La tranquilidad no duró mucho. En un momento, Mychael escuchó pequeños pasos detrás de él. No tuvo que girarse, ya sabía de quién se trataba. Se detuvo y soltó un breve supiro, y al girarse, no se encontró con uno… sino con cinco de ellos.
. . .
Genial, ahora se estaban multiplicando, esto debía ser una pesadilla…
Cinco. Todos iguales, de la cabeza a los pies, a excepción de unos cuantos rasgos. Uno tenía una cicatriz en la mejilla, otro tenía un diente salido, uno era de estatura un poco más pequeña, otro tenía los ojos más grandes, y el más alto… ese era el niño con el que se había encontrado hace unos minutos.
¿Por qué iban detrás de él? No era un especie de guía… pero de alguna forma, Mychael se convenció de continuar. No podrían seguirlo por bastante tiempo, ¿verdad?
Tras eso, simplemente se dio la vuelta y siguió caminando, intentando con todas sus fuerzas ignorar el sonido de los pasos detrás de él.
Cinco minutos. Diez. Quince… al parecer, esas pequeñas criaturas no tenían planeado irse, ¿acaso no se cansan?
Agotado, casi con la paciencia al limite, suspiró y finalmente se dio la vuelta para encarar a esos niños. Lo miraban con una expresión inocente, como si no vieran nada raro en todo esto.
Con el ceño fruncido, señaló el bosque con un gesto firme, y soltó un breve gruñido.
En su idioma, eso era sinonimo de “váyanse”.
Y sorprendentemente, ellos parecieron entender… algo así. El más grande bajó un poquito la cabeza, el de la cicatriz frunció el ceño, el mediano y el pequeño ladearon la cabeza, y el del diente salido… respondió con otro gruñido, más instintivo.
Mychael relajó los hombros, aún con la mirada sobre ellos. Bueno, parece que no quieren irse… pero él no iba a cuidar niños que ni siquiera eran suyos, ya tenía suficientes problemas para que también tenga que cuidar a cinco críos.
Empezó a pensar en una posible solución… hasta que por fin, luego de unos minutos, se le ocurrió algo que tal vez podría funcionar, como una especie de milagro divino. Sonrió, y se dio la vuelta de nuevo para seguir caminando. Los cinco, por supuesto, lo siguieron sin dudarlo.
Tal vez no era la mejor idea, y quizá no funcione, pero no perdía nada con intentarlo.
Por fortuna, no quedaba muy lejos el lugar al que se dirigían, así que no caminaron mucho hasta que llegaron.
El claro.
Mariposas y flores de nomeolvides por todas partes, ese lugar siempre parecía estar sacado de un cuento de hadas, y parecía atraparte desde el primer momento… pero atraparte de una forma bonita, no como algunos hongos…
Los cinco niños parecieron hipnotizados por el lugar, y por primera vez, se alejaron un poco de Mychael para observar mejor. Nunca antes se habían topado con ese lugar, y se notaba. Al verlos, el hombre sonrió con satisfacción y apuntó hacia el lugar, entonces, habló:
—Ktch.
“Miren”
—… Reikri.
“… Bonito”
Los cinco sonrieron en respuesta, de nuevo, lo habían entendido.
El más pequeño fue el primero en correr hacia el claro, y los otros cuatro se quedaron en sus lugares unos segundos antes de seguirlo. Les había gustado mucho el lugar; uno perseguía mariposas, dos arrancaban flores, y los otros dos simplemente se tumbaron sobre el suelo. Mychael los observó por un rato, alejándose disimuladamente mientras los niños no lo observaban, un paso más… y otro más… y otro… hasta que finalmente ya se había alejado por completo, y ahora caminaba de regreso a la cabaña. El paseo había ayudado… por unos minutos, pero al menos ya no tenía que preocuparse por esos cinco pequeños monstruos, ahora por lo único que tendría que preocuparse era por hacer sus tareas.
Más tarde, cuando llegó, cerró la puerta detrás de él y exhaló con alivio. Por fin, a salvo en su querido hogar… ni siquiera quería pensar en esos niños, simplemente quería relajarse un poco.
… Aunque el paseo había sido precisamente para eso mismo, ahora estaba más inquieto a comparación de cuando salió. Pero bueno, al menos esos niños ya no serán un problema.
… O eso quería creer él.
—… Necesito un té.














