nacida el veintiuno de diciembre del año '99, cuenta con veinticinco años y nació bajo el signo de sagitario. tras graduarse de bellas artes con un minor de teología comenzó a desenvolverse como consultora en gestión de colecciones de arte, también sigue siendo vocera de la congregación 'fuego y gracia' liderada por su padre.
chasquea la lengua al oírla, supuso que pretender que simplemente no existía cuando se encontraron en mismo espacio era más bien ridícula, ahora se pregunta si quizás debió hacer precisamente eso. no puede evitar la ligera sonrisa que tironea de comisuras, incluso si no comprende bien el motivo de propia reacción ; el gesto es sutil, tranquilamente podría pasar desapercibido. “ni una ni la otra, male.” porque tampoco lo considera un trabajo. “es una obligación.” parece sentenciar.
' es magdalena. ' zanja, es repentino, arisco inclusive, no da cabida a familiaridades o a pretensiones amistosas cuando se ha sentido completamente alejada de cualquier vínculo relacionado con el círculo, cuando paciencia se ha agotado y revolea los ojos. ' es un trabajo, es un deber qué tenemos con el círculo, no te confundas. ' no hay una modulación genuina en la voz, sino es indiferencia plana, sensación vaga de incomodidad que siempre le recorre ahora al encontrarse con ex-compañeros. ' eso pasa cuando muerdes la mano de quien te alimenta. '
su primer instinto es escapar apenas reconoce silueta opuesta, de forma inmediata el espacio que segundos atrás se sentía acogedor ahora logra sofocarlo. a pesar de sensación de alarma, se queda ahí, consciente de que se merece cada una de sus palabras y más. necesita escucharlo, sentir el dolor, y utilizarlo como recordatorio la siguiente vez que sienta la necesidad de formar lazos con alguno de ellos. tampoco le devuelve la mirada, se enfoca en un punto específico y se mantiene quieto, todo su cuerpo tensándose. “ suena muy idiota. ” corrige, no hay atisbo de humor tras sus palabras. “ un poco tendrías que habértelo esperado, magdalena. me conoces hace suficiente tiempo. ” se esfuerza de forma desesperada por mostrarse desinteresado, piensa que ha tenido suficiente práctica como para que pretensión sea convincente.
es insólito, no contestación de menor de los grigsby, aquella, inevitablemente era una qué había estado esperando, inevitable, cínica, incomodidad marcada por el hecho de que ya no reconoce la empatía ni la simpatía qué había entretejido un lazo que consideraba especial entre ambos, una cercanía casi filial, el reconocimiento de cariño fraternal que en ese momento se había ido enfriando hasta el punto en el que le ve y solamente observa a la persona de aquella primera noche en la mansión buchanan. ' soy la única persona qué te trata con un poco de fe y me tratas cómo sí fuese un puto juguete desechable. ' lo escupe, no suele ser ella quién reprocha sino más bien quien aprende a cerrar la boca, quien únicamente asiente y asiente hasta que todos han pasado y no se dan cuenta que sigue sosteniendo puerta abierta, pero no lo mira, porque concluye, al final, que no se lo merece. ' y has sido no solamente un amigo de mierda, sino una persona de mierda cuando lo único que he intentado hacer es apoyarte. ' clava las uñas contra las palmas e intenta recordar ejercicios de respiración que en ese momento no tienen mucho sentido, porque ira es avasallante, porque tiene ganas de golpearle de lleno en el rostro. ' así que, al menos me merezco una disculpa. '
no dice nada al principio, tenue rosado en manzanas grita lo que cuerdas callan. no se ofende — no con malena, no con esa forma particular que tienen de conocerse incluso en silencios. sólo asiente, breve, un poco como quien entiende más de lo que expresa. mira teléfono, luego a ella. hay ternura implícita en el gesto, algo que no intenta imponerse, pero se queda. ‘ tiene sentido que le preocupe. yo también me preocuparía si quisieran hacer un circo con el trauma de mi hermano. ’ es honesta sin esfuerzo, como si palabras hubieran vivido entre costillas mucho antes de volverse sonido. ‘ no deberían estar haciendo esto. ’
' no importa, preocupándose o no, la situación va a seguir siendo la misma. ' es pesada, espeso es vocablo cargado de cierta indiferencia cuando no puede evitar la lengua chasqueándose y los hombros subiendo y bajando en el mismo eje, la mirada encontrándose con la ajena y se da el permiso, porque se trata de dueña de hebras encendidas, de sonreír de manera brevísima. ' no, no debería de haber una limpieza de imagen porque otis está muerto y lo están tratando como una novedad. ' ya decir su nombre no duele, no cuando se sabe perfectamente lo que ha sucedido no cuando también es deliberado el ocultar información. ' lo siguen tratando cómo sí fuese ciudadano de segunda clase. '
el nudo en el estómago que ya de por si sentía con el simple pensamiento de acercarse a la castaña, empeora cuando la escucha. toma uno, dos, tres respiros antes de siquiera poder verla. le duele lo ajena que se siente, lo difícil que se vuelve incluso hablarle cuando dos meses atrás sería capaz de contarle cualquier cosa. "lo sé." responde finalmente. "pero— fui a preguntar el orden, no seguimos hasta dentro de unas horas más. malena, ¿crees que podamos hablar?" mira a la persona que está arreglándole el cabello. "cuando terminen, puedo esperar."
nunca habría esperado sensación amarga de incomodidad recorriendo la anatomía en el momento que quedarse a solas con dylan, por vez primera en meses se siente como una extrañeza, como bizarra situación qué no debería de ser y simplemente por un momento se queda completamente quieta, observando a estilista abandonar la escena con carraspeo incómodo y ella quedándose paralizada en el mismo sitio, cejas se arquean, labios se entreabren y solamente observa, en primera instancia, con silencio que podría considerarse sepulcral, con dolo todavía demasiado vivo entre las pupilas y brazos tensos contra el pecho. ' bien, di lo que tengas qué decir. ' acota, y la voz es rasposa, acongojada, porque sabe qué podría echarse a llorar, pero no lo hace, porque se siente trabada en una añoranza de volver a lo de antes y no saber cómo hacerlo.
chasquea la lengua de forma lenta, saboreando un momento la ironía de todo el asunto. “ y yo que pensé que me agradecerías por evitar que tu novio terminara en prisión. ” está siendo demasiado generosa consigo misma, porque no hizo lo que hizo por nadie más que aura. “ supongo que no. ” concluye, con fingida decepción.
' después de pasarte meses acusándolo de asesinato. ' zanja, en la inmediatez, le observa de manera fija, cejas levemente arqueadas con el cuidado de vocablos que tampoco atraviesan más allá de canal auditivo femenino. ' no tengo que agradecerte el ser una persona decente, isabel. ' murmura, y es lo máximo a un agradecimiento qué podría brindar, porque reconoce que son pocas las personas qué podrían hacerlo. ' qué te agradezca él. '
' lo siento ' largó de inmediato, su acento resaltando en el proceso. frunció el ceño, echó la cabeza hacia atrás y se preguntó si había hecho algo mal. carraspeó en lo que miraba los vasos de café que sostenía en cada mano. ' solo venía a ofrecerte un vaso —— pero si no lo quieres, me lo llevo. no quiero importunar. '
se suaviza de inmediato, es evidencia en la manera en la que vuelve a mirarle con rapidez y se acerca ignorando ligera advertencia, que le rodea suavemente la muñeca derecha con las trémulas falanges de la zurda y entreabre levemente los labios antes de volver a cerrarlos. ' no me importunas. ' murmura, bajito, mirándole a los ojos, no sabe exactamente qué decir porque ahora siente que irlandés le guarda demasiados secretos y no entiende como puede hacerlo, así que únicamente pausa, por un segundo, antes de cesar todo contacto. ' ¿cómo lo llevas? ' inquiere, finalmente, porque no sabe qué más podría decir.
' no te confundas. ' es árida, impersonal, las palabras se hunden entre la punta de la lengua y la mirada está clavada en interlocutor, se queda completamente quieta mientras hacen los últimos arreglos en cabellera y desestima en un movimiento calculado antes de rebuscar en el bolso el brillo labial. ' esto no es una reunión de amigos, es trabajo. '
" ahórrame tus discursos moralistas. " zanja, no da oportunidad a que tercero en escena inicie conversación, porque es realidad indeleble aquella que indica que, de forma genuina, no le importa en lo absoluto opinión de terceros. " ¿querías algo más? "
' mi discurso moralista te da la razón a ti. ' no se cohíbe en enunciarlo, no le da vergüenza hacerlo tampoco cuando toma asiento a un lado de él, que la sonrisa es más bien cómplice a pesar de la extrañeza que aquello devela al no saber exactamente en qué términos se encuentran y le palmea la rodilla. ' ¿qué opina mi ex-suegra de todo esto? ' timbra con humor las palabras, las cejas revoleando en ápice por vez primera completamente amable.
en un gesto discreto, señala con los ojos detrás de su interlocutor, donde una cámara los tiene en la mira. cuando habla, apenas mueve los labios. ' nos están grabando ahora. ' supone que es un intento de capturar momentos espontáneos entre miembros del círculo para el documental, pero él se tensa por reflejo con un lente apuntándole.
gesto afectuoso de manera repentina se tensa por un segundo, falanges que se deslizan por el interior de abrigo impropio en el momento que gira la cabeza a la derecha para ver en dirección a señalamiento de peter y suspira, de manera nerviosa, tensando la mandíbula y parpadeando un par de veces antes de pasar mano izquierda por el rostro. ' ¿debería de quitármelo? ' inquiere, bajito, señala el dedo anular con cristalinos antes de recargar la frente en pecho ajeno. ' no vamos a dejar que esto sea parte de la limpieza de imagen de un asesinato. ' sentencia, tensa la mandíbula. ' ¿debería decirle qué deje de grabar? '
permanece sentada como si el mundo se hubiese detenido apenas un parpadeo, piernas cruzadas y vaso de cartón ya vacío entre palmas, irises clavados en un punto que no pertenece a nadie. ni inquieta, ni cómoda. simplemente… ahí. es repetición de vocablos lo que la fuerza de vuelta, como si despertara de repente, rizos danzando en una sola negativa. ‘ ———¿ah? ¿dijiste algo? ’
' no estaba hablando contigo dolly, lo siento. ' repetición es tensa de vocablos que se escapan apenas en un carraspeo, en un gesto claramente marcado por la incomodidad en el momento que es evidente qué no quiere estar ahí, que, de una forma u otra, todo es un obligatorio, un deber que no debería siquiera estar sintiendo en un momento como tal. ' es mi hermana. ' explica, señalando el móvil cuando finalmente finaliza la llamada. ' todo esto le preocupa más de la cuenta. ' o quizá no, quizá es exactamente lo qué debería de sentirse en momentos así.
armario es espacioso, al menos lo suficiente para sentarse cómodamente en el suelo mientras permite que minutos corran. está casi seguro que hay un interno apunto de perder el trabajo porque no pueden localizarlo, pero es incapaz de sentir culpa cuando la simple idea de revivir todo frente a las cámaras provoca náuseas. cuando la puerta del armario se abre, sostiene el aliento hasta que facciones familiares se asoman. “ este es mi escondite, consíguete uno propio. ” advierte.
es accidental, porque se ha prometido tanto a sí misma como a su terapeuta no volver a viejos patrones, a mantenerse enfocada, gaspar también le advierte alejarse de todos ellos y aún así, es más o menos un imán, una necesidad apabullante e incómoda de enfrentamientos que no entiende bien de dónde surgen y se aferra al pomo de la puerta, la mandíbula desencajada con tensión acumulada. ' vete a la mierda, theseus grigsby. ' sentencia, cierra la puerta tras de sí, porque no busca tampoco hacer una escena. ' eres un amigo de mierda. ' destaca. ' y no hablo de los demás, ellos un poco qué se lo merecían. ' porque había dado vueltas al asunto, había terminado de concluir qué, aunque no estuviese presente, le habían jodido a ella. se deja caer a un lado, no lo mira, porque no puede hacerlo, se siente incómoda, levemente vulnerable. ' creí qué siempre ibas a estar. ' concluye, finalmente. ' ¿sueno un tanto idiota ahora, eh? '
' ah, mierda —— disculpa. ' ofrece tan pronto repara en presencia ajena. e inmediatamente se gira sobre sus talones, intentando desviar el humo del cigarro hacia la dirección opuesta. ' ¿ya nos están llamando de regreso, o...? pensé que por lo menos podría fumarme uno entero antes de entrar. '
vestigios de incomodidad acaparan mirada ausente, mirada clavada entre falanges trémulas y son, vocablos de su mejor amigo, aquellos que le sacan de ensimismamiento y no sabe con exactitud qué está haciendo, no cuando masca el labio inferior y le mira. ' no, creo que no. ' la voz es tensa, no con él, sino con situación, con despliegue absurdo de limpieza de imagen qué, no considera, ninguno de ellos merezca. ' sustitución de vicios. ' señala, con media sonrisa, las cejas arqueadas, los labios relamiéndose de a poco. ' ¿çómo lo llevas? '
♡. ⠀ ۪ ⠀ task 04 ; 𝑻𝑰𝑴𝑬 𝑺𝑲𝑰𝑷.⠀ ⠀ 𓂃⋆.˚
──────- HICIERON SU MALETA COMO QUIEN HUYE, NO COMO QUIEN VUELVE.
⤿ ˓ post original ✩ @losavntos ✩ tw. menciones de aborto, culpa religiosa, autolesión y alcoholismo.
“ I have done it again.
One year in every ten
I manage it — ”
⋆。° 𝒐𝒄𝒕𝒖𝒃𝒓𝒆 — 𝒆𝒍 𝒄𝒐𝒓𝒅𝒆𝒓𝒐 𝒔𝒊𝒏 𝒂𝒍𝒕𝒂𝒓.
Tiene la capacidad, finalmente, de sentirse como sí fuese una virgen de yeso: quieta, inmaculada, vacía por dentro. Un cascarón qué abandonó los restos qué todavía no había perdido en una habitación en Edimburgo, en una esterilidad íntima, en retazos de sangre prendados al mármol de una tina que no volvió a tocar; El recuerdo de sangre, espesa, caliente, viscosa entre dactilares, llega en el momento inmediato qué escucha la voz de Vesper confesar y sabe lo qué acarrearía después, la justificación del pecado.
Sangre derramada se siente similar a la que empapa las piernas cuando decisión de interrupción de fruto del vientre, se arriesga, amoratada y adolorida, a presionar las costillas mancilladas, a pinchar la piel endeble, se deja envolver por la sensación de traición que se clava cuál puñal contra la espalda, porque Gideon le hace ver la claridad de un terror acarreado desde la declaración de un amor platónico cincelado entre tragedias: Dejó de pertenecer al no poder comprender.
Durante el vuelo presiona el rosario entre las palmas hasta mancillar, hasta entintar las perlas con resquicios de carmín, la culpa es cuerpo y el cuerpo sangra para purgarse a sí mismo, que cada marca en la piel sea un sacramento de arrepentimiento, está, de todas maneras, cubierta en ellos, senderos y curvas, intrincadas líneas conocidas únicamente por Peter, surcos cicatrizados en el pecado del momento, sabe que su apertura es inevitable, lo sabe desde qué desaparece quince minutos en el diminuto baño del avión y los sollozos solamente se ahogan por la turbulencia, por la crueldad del des tiempo, llora por sí misma, por Otis, por Aura y sobre todo porque es la primera vez que sus amigos se vuelven desconocidos.
Llora hasta que las costillas arden y el corazón se cae al suelo, llora frente al espejo y posteriormente arregla el maquillaje, delinea el moretón del pómulo y empapa los labios de carmín hasta que no hay rastro alguno de violencia, la tristeza se vuelve meritocracia y decide no sentirla.
Se esfuerza por no sentir nada en lo absoluto cuando busca la mano de Peter, entrelaza los dedos y parece qué se adentra en el voto de silencio, porque tiene miedo de qué si comienza a hablar con él, no va a detenerse, va a sentir la sensación de la pérdida, de la falta, se aferra a propio vientre, lo siente más vacío, pareciese un castigo.
‘Magdalena fue perdonada por besar los pies del Hijo. ¿Pero quién perdona a las que deciden no dar a luz?’ Es frase escrita una y otra vez en su diario, la utiliza hasta el desgaste, la emplea en un intrincado movimiento, en una puntuación cuidadosa, cargada de temores que no se acostumbra a tener por debajo de la piel.
No tengo un hijo, no tengo hija.
No tengo nombre para lo que perdí
No quiere volver a Dover, tampoco quiere volver a Nueva York, ambas ciudades le han quitado parte del alma, son fauces abiertas que toman, devoran, desmiembran y regurgitan el resto en un intento de recomponer todo lo que se ha perdido, Saturno devora a sus hijos y ella expulsa a los propios.
Existe un día qué llora con Antígona en brazos, que le pide perdón, por abandonarla, por olvidarse de ella, la responsabilidad se vuelve un terror y el miedo está impreso en las costillas que apenas sanan, después se vuelve un ovillo en brazos de Peter y también le suplica que la perdone.
Pensaba en la higuera y sus frutos. Que cada higo era una vida posible, una versión de ella que no había sido, piensa en que su duelo no tiene cadáver sino una fruta descompuesta, un cuerpo que recuerda lo que no fue.
“Mi higuera dio fruto demasiado pronto.
Tomé uno, tibio aún de sol.
Los demás, aún colgados, me miraron secarse.”
Promete, en voz baja, en las penumbras de un sueño ligero, casi inexistente, en una delicadeza sacra que compartimentar su vida es salvavidas, que felicidad es idílica, está en Rhode Island, está con Peter Landry, pero la tristeza, la culpa, las heridas punzantes están en Nueva York, con sus padres.
Son las cuatro de la mañana cuando marca el número de Ezequiel Almaguer, sabe que él responderá, como lo hace siempre que ella lo necesita. Se confiesa en oído de su padre omitiendo los pecados más reales.
— Me da culpa ser feliz en medio de la tormenta —.
— Mi niña, mi María, siempre fuiste un cordero sin altar —.
No vuelve a llorar, no recuerda la conversación con claridad, le aterra la posibilidad de enunciar sus pecados, de evocar las penitencias de su padre.
Se despierta al alba y comienza a ordenar los libros de Peter en cajas, las apila una tras otra con cuidado, no reconoce sus propios libros en los estantes, ¿Es quién era antes de todo? ¿Es acaso un vestigio de lo que debía ser y no terminó de gestar?
Vuelve a pensar en los higos, en la fruta que se pudre en las entrañas, piensa, por un brevísimo instante en Vesper y en ellos, considera llamarles, pero no lo hace, porque la soledad sería terrible sí no existiese amor, porque recuerda con quién habita.
Se pregunta si Peter lo sabe, qué hay un abismo, que él es el único que está deteniendo su entrada, que no le ha permitido echar raíces, la podredumbre está marcada entre la columna vertebral, se enraíza con las heridas del cilicio, de esa devoción ciega e histérica de la adolescencia, ha encontrado formas más sutiles de penitencia, aunque siempre hay delicada añoranza de su retorno, pero no solo ella habita su cuerpo, senderos no son privados, si no compartidos y decide que no hay una decisión genuina en autodestrucción cuando heridas infligidas se vuelven duales.
⋆。° 𝒏𝒐𝒗𝒊𝒆𝒎𝒃𝒓𝒆 — 𝒆𝒍 𝒃𝒆𝒔𝒐 𝒅𝒆 𝒋𝒖𝒅𝒂𝒔.
El comienzo es paulatino, dos copas al hilo, posteriormente cuatro, la escala es vertiginosa hasta que llega a la botella, a el ansia voraz de entumecer el ruido de propia psique, de la tortura constante, Carmine se encuentra en rehabilitación, está demasiado cansada para insistir con quien no le insiste a ella.
La pérdida es dolorosa, se siente hasta los huesos, llora en silencio mientras el oasis es su relación, estar enamorada es salvación y bálsamo, vierte las horas en soledad a hacerse un hogar, a familiarizarse con rutina de filólogo, a encontrar el tempo silencioso en el que ladridos son único acompañante, se siente invasora y al mismo tiempo jamás había conocido un hogar hasta ese momento, tiene miedo de perderlo y cuando es aquel terror mezclado entre las entrañas bebe, besa el pico de la botella con la premura de la búsqueda del parcial silencio y se pierde en la dulzona ambrosía.
‘Me gusta beber sola. Es como rezar sin esperar respuesta.’
No hay una consciencia real si es que Peter lo sabe o lo ignora, porque la felicidad es genuina, la dicha, la prolongación de la luna de miel, sensación idílica de que merece aquello que los demás le han arrancado, que prevalece y pertenece, bebe y no puede dejar de beber, sin embargo es anestesia, ansiolítico y bálsamo. Murmura sus disculpas a la boca de botella que engulle con delicadeza, con la propiedad de quien ha visto a su madre hacer aquello durante toda una vida, porque la felicidad a veces está entremezclada con la melancolía; Está próxima a cumplir los veintiséis y su vida se ha empapado de las pérdidas, por supuesto que se pierde en la sensación de desesperanza en las noches que pareja está fuera por motivos laborales.
Ella renuncia, no recuerda la última vez que sintió algo por su trabajo, así que decide ya no perseguirlo, se enfoca en subirse a sí misma leyendo fragmentos de su diario, reflexiones acompañadas de video diarios que hace para sí misma, cartas de amor a propia melancolía, a esos vestigios de sí misma que se niega a perder, porque se ha perdido demasiado.
Vuelve a recordar el higo, sus frutos, las vidas paralelas contenidas en las semillas y decide, en ese momento, que puede comenzar con una en ese mismo parpadeo, en ese instante en el cual se encuentra únicamente con la mirada de Antígona a través del pasillo, con un ruego silencioso.
Se posiciona frente a la cámara, lleva uno de los suéteres de Peter, ese que todavía tiene la loción impregnada, que tiene las mangas ligeramente roídas, no tiene maquillaje, pero sí los lentes de lectura que se deslizan de cuando en cuando por el puente de la nariz y simplemente comienza a hablar, con voz cansina, con sonrisa tímida atesorada cuando escucha la puerta de entrada.
"Saber que me quieres me da fuerzas para enfrentar mis miedos, para abrir puertas que creí cerradas para siempre. Pero también me paraliza, porque a veces temo no ser suficiente para este amor."
La viralidad le aterra, llega en un parpadeo. Se ha acostumbrado a ser un físico, un ideal estético, jamás había sido ella misma, pero comienza a intentarlo, relata en fragmentos cortos su vida en Rhode Island, la dulzura de esta misma, la sonrisa de Peter en las mañanas que despiertan entrelazados en sábanas de una tienda de segunda mano que ha lavado siete veces en consecutivo antes de decidir usarlas. Graba la manera en la que le besa las mejillas y entrelaza las manos cuando no quiere caminar lejos de él, graba los instantes que pasan entre las risas y la melancolía.
Rhode Island es un sitio seguro, es el oasis que marca el olvido paulatino de las botellas de vino, olvida la necesidad de ahogar una pena que se gesta entre las costillas y en las entrañas. Sin embargo llega la llamada de Carmy, la rehabilitación, la responsabilidad y el recuerdo súbito de crímenes, de pecados ejecutados, de arrepentimientos inexistentes, de vergüenzas y deidades olvidadas; Aprovecha aquella noche de soledad para sacar el cilicio y anudarlo a la pierna derecha, duerme con él, siente la herida agrietar todas las demás, empaparse de un terror marcado, de una culpa, aleja a Antígona porque tolera su propia herida, pero jamás la de ella, la de Peter.
Deja una nota en la mesa de la noche y se va antes de que Peter vuelva. La explicación es breve, un tanto desdibujada, promete volver tan pronto como sea posible, siente que es algo que tiene que hacer sola, todavía siente que cineasta es su responsabilidad, simbiosis no es una qué añore romper aunque esté furioso por las otras pérdidas por lo que siente como demás traiciones. Sabe que la cólera es efervescente, es efímera y no tan sincera como le gustaría, porque tiene excepciones, odiará a Theseus y a Dylan, odiará por encima de todo a Vesper y en ocasiones les odiará a todos por querer cubrirla, pero con Carmine siempre es diferente, siempre va a ser diferente.
Toma el primer vuelo que tiene disponible y apaga el teléfono móvil, duda qué haya alguien que busque llamarle, duda qué sigan existiendo personas a las cuales les importe, considera llamar a Poppy, inferir sí se encuentra en la ciudad, observa su número de contacto y después desecha el pensamiento, es demasiado fugaz, porque ella no es quién cedería a caprichos, no es ella con quien puede develar cada pensamiento lúgubre, cada herida, no puede ser su peor versión. Es allí dónde marca el número de Niall.
El encuentro es extraño, desconectado, porque no se deshace del rencor que ha acarreado por lo que es traición más o menos obligada a superar, también acarrea con un estado de culpa porque es la mera idea de lastimar a Peter, de alimentar los celos, la posesión, aquellas inseguridades marcadas, se pregunta sí es que la debilidad que ve en ella es una proyección de aquello que jamás han conversado. Bebe a nombre de ello hasta el cansancio, ya no es vino sino whisky, arde en la garganta y se desliza empapando las fauces de realidades.
No recuerda la última vez que un llanto silencioso se sintió tan incómodo, no recuerda, tampoco, la última vez que pidió disculpas por sentirse vulnerable. Se despide del irlandés prometiendo mantener el contacto, un secreto entre ambos.
Recuerda los higos, la compartimentación de su propia vida.
Cuando visita a Carmine la pretensión de la felicidad está en las comisuras, las bromas son como antes, la sensación de normalidad recorre los huesos y por vez primera siente envidia. Todos parecen mejorar cuando ella se sigue pudriendo por dentro, recuerda cómo fue el trío qué consideraba inseparable quienes le abandonaron cuando los necesitaba, recuerda el mármol frío del cuarto de baño de aquel hotel.
Bloquea los contactos de Theseus y Dylan cuando sale del centro de rehabilitación, agradece que las visitas sean contadas por qué le cuesta trabajo mirar a Carmine a los ojos y no reclamarle el daño que siente le han hecho los tres. Le envía un mensaje a Peter diciéndole que le extraña, que no tolera estar en Nueva York, que no le deje volver sola, que se arrepiente porque aunque ama a Carmy, le recuerda todo lo demás, porque las alzas de sus amigos finalmente se han convertido en sus bajas.
Es demasiado cobarde para enviar el mensaje.
Vuelve a pensar en los higos. ¿Es que todos los que salen de su árbol son semillas que cargan la podredumbre entre ellas? Llega a su antiguo departamento, ahora habitado por su hermana y vuelve a beber, hasta el cansancio, hasta la pérdida de la razón, entre momentos de negrura sabe que ha enviado el mensaje.
Es demasiado cobarde para obtener respuesta alguna, no quiere pensar, no quiere saberse fracasada en otra de sus tareas.
Despierta con resaca y con dos botellas de vino a un costado, Ester no especifica sí aquello fue lo único o solamente el inicio. Sus hermanos siempre le han cuidado de la dureza de un mundo que se niega a perdonar a las personas como ella.
Aplaza el regreso a Rhode Island, a una vida idílica, porque merece la penitencia, el autocastigo. Se coloca el cilicio en herida sin cicatrizar y presiona de cuando en cuando en aquellos momentos que siente pertinentes, porque recuerda todo lo que tiene y como lo que pierde palidece, sin embargo ve fotografías viejas, recuerdos de lo que eran y no pueden volver a ser porque todo se ha podrido, se pasa la tarde bloqueando y desbloqueando a dos personas que lo fueron todo y ahora pareciese que son únicamente rostros de sus pesadillas.
“No es valentía lo que me mantiene en pie. Es miedo. Miedo a caer sin que nadie lo vea, miedo a desaparecer sin dejar huella.”
En cuanto vuelve a Rhode Island antes de encaminarse a casa de Peter pasa por un refugio de animales, es allí donde encuentra a un cachorro con ojos tristes y súplica de búsqueda de un cariño que reconoce en ella, firma el papeleo de adopción y lo lleva a casa. Deja que Peter decida el nombre porque cree que todavía tiene vino entre las venas y lo único qué busca es deshacerse en boca ajena, perderse en la dicha y en el idílico, le suplica que no la deje marcharse, que la próxima vez vayan juntos. Porque cuando Peter no va, sabe que volverá a beber hasta la pérdida, hasta el desconcierto y el desconocimiento.
Esa es la fruta del higo que no quiere cultivar, no de nuevo.
⋆。° 𝒅𝒊𝒄𝒊𝒆𝒎𝒃𝒓𝒆 — 𝒏𝒐𝒔 𝒃𝒂𝒔𝒕𝒂𝒎𝒐𝒔.
Todo es mejor cuando está en Rhode Island. Aprende aquello en el momento que prefiere enterrar los dedos en la arena y saborear la sensación de aire salado, cuando puede reconstruir una imagen en redes sociales y continuar una vida tranquila gracias a ello.
Le pide a Peter ayuda para grabar sus conversaciones, comienza como un pasatiempo, un diario íntimo, es allí donde comienza a revelarle secretos, de uno en uno, de la iglesia, de sus padres, de su conflicto con la fe, de los miedos que tiene al abandono, a la falta de correspondencia.
Es allí donde entiende qué lo ama no porque tenga que hacerlo sino porque a través de las raíces que echan en aquel sitio entiende que el amor no es sacrificio ni penitencia, que no tiene que desprenderse el corazón y ofrecerlo de tributo, que todo tiene más sentido cuando es cálido y tranquilo, porque no piensa en la muerte ni en las traiciones, no piensa en que tiene que encargarse de Boris, en los mensajes enviados en una preocupación pretendida, en la manera calculada que tienen de moverse con el tema como sí enunciarlo fuese a maldecirlo.
Tampoco piensa en la propuesta, en anillo que pesa entre falanges, en la ilusión que no comparte con nadie salvo con Peter, no piensa en qué eventualmente le enviará una invitación a Carmy para que le visite, que en todos los mensajes menciona muebles o decoraciones nuevas, no menciona las ganas que tiene de casarse, pero lo resguardado que lo tiene por miedo a apresurarse y perderlo todo.
Vuelve a pensar en los higos, en sus semillas y en sus ramas.
Porque hay noches de soledad que sigue bebiendo una botella de vino mientras busca entre sus diarios la respuesta y el inicio a los quiebres de su propia psique, porque sabe que hay partes de ella que están podridas, que se pueden ir extendiendo, que a veces las deja entrever cuando pelean, cuando hay disputas marcadas en la ira, en una cólera contenida.
Y el miedo sigue existiendo, porque nunca se va del todo, mucho menos cuando es diciembre y los números corren, no cuando es la vuelta completa al calendario una que se ha mancillado.
Piensa otra vez en los higos, se pregunta sí todas las ramas siempre van a estar torcidas.
no corre, pero no se detiene. bolso cae a un lado, mal cerrado, pinceles sobresaliendo como ramas torcidas. bufanda queda a medio desatar, arrastrando el aire que huele a casa. no hay testigos, sólo el tiempo, detenido como un dios discreto. impacto no duele, pero sabe que se arroja como si algo se hubiese roto por dentro, y dóirín no lo cuestiona. la envuelve sin pensarlo, con la precisión de quien ya ha sostenido ese temblor antes. le permite el mentón en el hombro / el silencio espeso / el latido acelerado. ‘ ——aquí estoy. ’ no hace falta más. se balancea apenas, como si el cuerpo supiera cómo calmar sin invadir, mientras dedos trazan líneas sin intención sobre espalda cubierta. dramatismo no incomoda, no en ella. es parte del lenguaje. la otra palma acaricia hebras con una lentitud casi maternal. y ahí se queda. todo lo que importa está en ese abrazo, todo lo demás puede esperar. ‘ yo también, mo chroí. muchísimo. ’ susurra.
son precisamente aquellos reencuentros los que le llenan de dicha sin poder anticiparlo realmente, porque hay una familiaridad que se siente cálida, demasiado bienvenida y por un momento no puede más que evitar perderse en aquel espacio en el que se siente tan segura que no quiere dejarlo ir en su totalidad, parpadea un par de veces, relamiendo los labios antes de que sonrisa se ensanche y llene las comisuras en su totalidad. ' siento que no te he visto en años. ' confiesa, finalmente, asintiendo un par de veces con la cabeza, intentando grabar cualquier detalle de rostro ajeno como sí fuese una mesura. ' y seguirte por instagram no es suficiente, necesito los detalles a viva voz. ' reclama con una ligereza, con una sonrisa más ancha, extremadamente segura. ' porque creo que he visto qué tienes una vida bastante ajetreada y estoy un poco ofendida de que la última vez que te vi no fui lo suficientemente incisiva para averiguar todos y cada uno de los detalles más minúsculos. '
' oh, no son rumores. no sé cómo decirte esto… ' empieza con un tono que intenta sonar serio, pero la sonrisa que se cuela en sus comisuras lo traiciona de inmediato, y no hay un esfuerzo real por evitarlo. aun así, no está bromeando del todo, no cuando siempre ha sido así entre gideon y él: siempre uno siendo la tercera rueda en la relación del otro. cuando la escucha, se permite reír con libertad. ' bueno, con eso puedo identificarme un poco más, ' concede, aunque solo un poco, porque él no recurre precisamente al xanax para resolver sus crisis existenciales. su sonrisa se agranda con el golpecito en la nariz, pero empieza a desvanecerse de a poco cuando escucha lo siguiente; no porque rechace la idea, sino porque su expresión adquiere una luz más seria. pero hace que se esfume, esbozando una tenue sonrisa enseguida. ' no, supongo que no. ' chasquea la lengua antes de devolverle la mirada. luego añade: ' es decir, yo de seguro no. pero, ¿tú por qué? ' asumía que malena estaba haciendo exactamente lo que se esperaba de ella; no imagina qué más podrían exigirle sus padres.
' sí preferiste besar a gideon antes que a mi, me voy a ofender. ' murmura, jocosa, intentando ahogar la carcajada. ' además, sería incesto o algo. ' aquel último comentario es únicamente una broma ligera, busca molestarle mientras lo observa de soslayo, esperando reacción impropia, mascando labio inferior en el proceso. ríe bajito, revoleando los ojos. ' ¿ves? tenemos más en común de lo que te imaginabas, también una vez fui a un retiro espiritual con hongos, aunque sospecho que no cambió mucho. ' golpetea la barbilla antes de mirarle, la sonrisa se mantiene, porque leon siempre le ha agradado, aunque tenga a gideon como defecto más grande. ' tú sabes qué mi matrimonio es una farsa y mis padres también lo saben. ' confiesa, finalmente, encogiendo los hombros. ' pero esperan qué actúe como sí fuese lo mejor que me ha pasado en la vida y que debo de ponerme de rodillas y agradecerle a dios. ' ríe entre dientes, relame los labios y le observa a los ojos, como sí fuese primera vez que lo dice en voz alta, y en parte fuera de gideon, sí lo es. ' además, el podcast, las redes sociales... ¿has visto esos programas de tlc de las familias mormonas? bueno, más o menos esperaban qué fuera así. '