Negligencia médica que terminó devastando su vida.
Edmundo Andrade Estrada con toda la documentación en su cama. Foto: Luis Enrique Granados (Tomada de la página web de Provincia)
“Me he visto pisoteado por todas las instancias a las que he asistido, me han denigrado, perjudicado severamente pues mi matrimonio se disolvió y en mi trabajo no estoy donde realmente siento que sirvo, no tengo dinero y la última ropa nueva que tuve fue el uniforme y las botas de custodio que me dieron en mi trabajo”.
Fueron las primeras palabras que mencionó el señor Edmundo Andrade Estrada, originario de esta ciudad capital, cuando me recibió en la puerta de su casa, un espacio con precariedades, sinónimas de una persona que vive sola, preocupada por su vida y no así por su entorno material.
Todo comenzó a finales del año 2001, menciona Andrade Estrada, cuando le comenzaron a dar fuertes dolores de cabeza. El radicaba en Estados Unidos y quería tratarse médicamente allá, pero le salía muy caro el tratamiento, así que decidió regresar a nuestro país para encontrar ayuda médica que pudiera satisfacer su necesidad de calmar esos dolores.
Le atendió un medico general particular, quien no le resolvió su problema y éste le envió a tratarse con un Neurólogo especialista, quien le realizó dos estudios sumamente caros encontrando que su mal se debía a principios de epilepsia, provocada por una cisticercosis aguda, un mal detectado a tiempo puesto que hasta el momento no había presentado característica alguna de esta enfermedad.
El señor Andrade destaca que en menos de dos meses sus dolores de cabeza desaparecieron y el médico le confirió que siguiera tomando su medicamento por algunos años, dependiendo como se fuera sintiendo.
A principios del 2002, gracias a uno de sus hermanos, tomó un curso en la Academia para Custodios, en la cual salió con las mejores calificaciones en todas las áreas y de ahí se fue a trabajar con su hermano al Cereso Morelia, donde no tenía ningún problema con su enfermedad, hasta que tomó la recomendación que uno de sus compañeros le hizo.
“Yo estaba bastante bien y sin problemas, pero desgraciadamente un día un compañero me dijo que para qué compraba mi medicamento, el cual es controlado y caro, y me recomendó que fuera al Seguro (IMSS) para que me lo dieran gratuitamente, puesto que el trabajo nos tenía afiliados al mismo. Así me decidí a ir y a partir de eso todo cambió”, recuerda perdidamente.
Le recetaron otro medicamento, uno similar al que tomaba, pero sin la misma fórmula y con otra prescripción. Durante dos días se sintió totalmente mareado, al tercer día, cuando salía de la Academia perdió el conocimiento y se desvaneció cayendo al piso, todos pensaban que le había dado un paro o algo por el estilo y lo llevaron al doctor.
Cuando los doctores observaron el medicamento que estaba tomando y su prescripción, inmediatamente informaron a sus familiares y amigos que había sido una sobredosis.
“Tres días estuve en coma, al cuarto día se me iba a desconectar porque no daba señales de vida, se imaginarán todo el dolor que en mi familia sintieron, el daño moral que recibieron todos, un impacto muy fuerte. Pero salí del agujero, no sé cómo desperté, yo solamente pensé en la Virgen, escuché llorar a una persona, me sentía muy fuera de sí y reconocí entre la luz que quien lloraba era mi esposa”.
Posteriormente a la sobredosis, en el Seguro Social lo etiquetaron como un paciente psicópata, esquizofrénico, asociado a la epilepsia, con depresión y ansiedad fuertísimas, y le estuvieron dando como medicamento puro sedante durante aproximadamente 6 años, de los cuales, menciona, no recuerda muchas cosas con exactitud.
“Los últimos seis meses ya me estaba muriendo, quedé muy mal, había perdido más del 50 por ciento de mi pasado, de mi memoria, simplemente no recordaba muchas cosas, era el 2005 cuando me pasó la sobredosis y de repente sentí cómo desperté y ya era el 2010, una sensación muy complicada puesto que sí recuerdo muchas cosas como a mi familia, que trabajaba como custodio en el Cereso y que incluso seguí trabajando así, pero otras no”, mientras comenta esto con la mirada clavada al piso.
Resalta que durante esos seis meses le sucedieron infinidad de situaciones; de su trabajo quisieron desprenderlo, no pudieron con ello y lo fueron cambiando de roles, donde los mismos internos se sorprendían al ver los ataques epilépticos que se le presentaban a cualquier hora.
“Veían cómo me estaba muriendo, observaban los fuertísimos ataques epilépticos que me daban, me llegaron a tener en una esquina con colchones a los lados porque era una situación ya muy grave en la que me encontraba, pero gracias a mi hermana que es doctora, cirujana y partera que me observó cómo estaba, me dijo que el medicamento de puros sedantes no tenía por qué estarlo tomando y me recomendó dejar eso e ir de nuevo con el médico que me había atendido desde la primera vez”.
Dice que una vez que llegó con el doctor, éste se sorprendió de verlo tal cual como se encontraba física y mentalmente, además del medicamento que estaba tomando. Éste se lo quitó, lo volvió a recetar el que tenía anteriormente y en tres días prácticamente volvió a nacer, momento en el cual se dio cuenta que habían pasado ya casi 6 años de todo este asunto.
Andrade Estrada regresó al medicamento que tomaba antes, pero el daño era ya irreparable, pues las secuelas cerebrales ya le habían quedado y ahora había que incrementar sus dosis con otros medicamentos, por ello, ahora exige al Instituto Mexicano del Seguro Social le pague la negligencia de sus médicos que le trataron, quienes fueron responsables de agravar su situación cuando ésta aún no se expandía.
El señor pide prácticamente que se le repare el daño de cualquier forma, que se le dignifique con una pensión permanente que le ayude con su solvento económico, que se le reembolse todo lo que ha tenido que invertir en medicamento posterior al daño que sufrió después de haber sido atendido en el IMSS, y también pide se le brinde atención especializada en el mismo, puesto que ellos fueron los causantes de este daño tan inhumano que ahora lo tiene al borde del abismo, ya que vive con una depresión enorme que lo ha llevado a intentar suicidarse en dos ocasiones.
“Ya he ido con todas las autoridades del IMSS, el Delegado no me quiere recibir, pero tampoco procede en mi caso, los doctores me dicen una cosa, las secretarias me dicen otras, pregunto por algunos documentos y me dicen que no existen bajo la excusa de que en el 2002 no había computadoras, una tremenda estupidez, puras mentiras”, termina de mencionar con una rabieta en su rostro.
El señor asegura que le han falsificado documentos para dar al traste con su caso, han trastocado fechas y situaciones con documentos, cosa que pudimos corroborar en base a otros papeles y apuntes que Andrade Estrada ha ido conjuntando desde el primer día que supo de su situación.
Papeles firmados por doctores, secretarias y personal del IMSS, documentos de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, de la Procuraduría General de la República con la promesa de atender su caso, otros más de instancias conciliadoras federales, recetas médicas con fechas erróneas, análisis clínicos donde se manifiesta la supuesta situación psicópata de la persona, entre muchas cosas más que constatan su realidad y que las autoridades han hecho caso omiso ante su petición.
“Ya les he dicho muchas cosas, he ido hasta el Distrito Federal ha interponer demandas ante la PGR y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, hay documentos que me han querido negar, y una vez, que les pateé la puerta del Seguro si me llevaron con las autoridades, me encerraron, pero en mi caso no proceden, algo ilógico, después de ello el director me dijo por debajito que él me ayudaría y si me ayudó, me pagó unos estudios y después me compró medicamento, posteriormente supe que lo hacía con su dinero y se lo negué, pues eso no era lo que quería y así no se solucionaría este daño”.
Acusa a los doctores Estrella y Alvarado (dice no recordar sus nombres) de ignorar su situación, son dos personas que lo han hecho dar vuelta tras vuelta y no pasa nada. Ante toda su situación hace unos días ya solicitó una audiencia con el Gobernador Fausto Vallejo Figueroa, pues espera que éste le escuche y le ayude en su caso, pero sabe que será muy complicado, por lo que ya está firme en su idea de que si no pasa nada aquí, se irá al Distrito Federal, no sabe a qué instancia, con quién y cómo le hará, pero de que ya no regresará está muy bien convencido, pues ha sido un atropello enorme el que le han hecho.
“Éste es una caso tan inhumano el que han hecho conmigo, experimentaron, me pisotearon, me denigraron y ahora hasta se burlan de mi, dejemos mi caso personal a un lado, dejemos fuera todos los papeles que tengo como evidencia, dejemos que mi mujer se fue y me dejó y que mi familia ha sufrido tanto, tan solo imaginemos a cuantas personas, niños, mujeres, ancianos, que en estos precisos momentos les está sucediendo algo similar, sin embargo, vemos siempre a las autoridades en la televisión congraciándose de que sus instituciones funcionan muy bien”.
*Texto publicado originalmente en el periódico Provincia, sección Entidad, el día 2 de abril de 2013.