A dos años de tu partida, papi. ❤️
Te extraño todos los días, hoy más que nunca vivo con el lema: escribo para recordarme.
Esta va por ti, gordito. Te abrazo desde aquí. Se que estás conmigo en toditas las cosas que hago.
𝑴𝒂𝒓𝒊́𝒂 𝑮𝒂𝒃𝒓𝒊𝒆𝒍𝒂 𝑩𝒓𝒂𝒛𝒐́𝒏 𝑯.
Eran las cinco de la mañana cuando me levanté con dolores de parto. Soñaba que me dolía el vientre y buscaba desesperadamente un baño en el sueño. Me desperté sobresaltada y fui al cuarto donde se estaban quedando mi mamá y mi papá para avisarles que ya había llegado la hora. Era domingo primero de mayo de dos mil cinco.
Mi fecha probable de parto era el cinco de mayo, era evidente que Marcelo ya había decidido nacer ese día. Me apresuré a bañarme y alistarme para preparar mi ida al hospital. Nerviosa como estaba, solo pensaba: Dios, que nazca sano, que tenga todos los dedos completos, que él sea feliz en esta vida.
Mis padres habían llegado desde Venezuela, el viernes anterior. Para esa época vivíamos en Memphis, Tennessee, Estados Unidos. El día anterior habíamos ido al festival de música famoso del lugar: 𝑭𝒆𝒔𝒕 𝒊𝒏 𝑴𝒂𝒚. Estuvimos comiendo y bailando al son del blues en 𝑻𝒉𝒆 𝒃𝒆𝒂𝒍𝒆 𝒔𝒕𝒓𝒆𝒆𝒕. Conocida como la capital del blues y la tierra de 𝑬𝒍𝒗𝒊𝒔 𝑷𝒓𝒆𝒔𝒍𝒆𝒚, el ambiente estaba lleno de música callejera y comida típica. Personas disfrazadas de 𝑬𝒍 𝑹𝒆𝒚 del rock and roll caminaban alegres por la calle. Mi papá y yo entramos al bar de 𝑩.𝑩 𝑲𝒊𝒏𝒈 y estuvimos bailando—yo con mi mega panza de embarazada— contentos y disfrutando de la música.
Mi padre me enseñó a bailar. En la casa siempre había música y mis gustos musicales se los debo a él. El aparato de sonido que estaba en la sala, siempre estaba encendido. Era variado el repertorio. Iba desde salsa con las 𝑬𝒔𝒕𝒓𝒆𝒍𝒍𝒂𝒔 𝒅𝒆 𝑭𝒂𝒏𝒊𝒂, música de los 80’s, música clásica o 𝑩𝒐𝒔𝒔𝒂 𝒏𝒐𝒗𝒂. Especialmente 𝒃𝒐𝒔𝒔𝒂 𝒏𝒐𝒗𝒂. De ahí qué, una canción en especial era de mis favoritas: 𝑫𝒆𝒔𝒂𝒇𝒊𝒏𝒂𝒅𝒐 de Joao Gilberto. Por ello, cuando ya lista, con mi neceser lleno de cosas que había preparado para el parto y con la emoción y el dolor en ciernes, le dije a mi esposo: por favor no se te olvide el CD de los clásicos de Brasil. Ahí estaba mi adorada canción, esa que escuchaba para tranquilizarme antes de dormir. Los últimos días, sólo podía dormir medio sentada con almohadas en la espalda y escuchando música con mis auriculares.
Ahora que escribo esta mini crónica para la asignación del diplomado de escrituras creativas, el corazón se me salta. Lágrimas de emoción y sentimiento me invaden. Una especie de 𝑺𝒂𝒖𝒅𝒂𝒅𝒆 me llena. Hoy mi padre no está físicamente conmigo pero vive en la música que escucho, en los recuerdos lindos como aquel , cuando nació mi hijo.
Veníamos los cuatro en el carro, camino al hospital. Yo con dolores intensos, mis padres atrás contentos, mi esposo manejaba y me tranquilizaba. Sonaba Desafinado y yo venía pensando en la letra. Me puse la mano en la barriga, hablándole mentalmente a Marcelo:
«… No puedes hablar así de amor
Só não poderá falar assim do meu amor
Este es el más grande amor que puedes encontrar, ¿ves?
Este é o maior que você pode encontrar, viu?
Tú con tu música olvidaste lo principal
Você com a sua música esqueceu o principal
Que en el pecho del desafinado
Que no peito dos desafinados
En lo profundo del pecho late en silencio
No fundo do peito bate calado
En el pecho de los desafinados