¡Hola! Mi nombre es Marshall Renington, pero como a mis amigos les gusta frecuentarme mucho, es solo como Marsh o Marshy. Tengo 21 años y resido en Randers Lake. Trabajo en un par de Boutiques en "The Space" y tengo un instintivo amor por el chocolate. Los gatos me persiguen mientras la soltería me come por completo. La verdad es que no tengo muchas cosas que decir, pero el espacio es grande y se ve bonito con muchas letras. ¡Ah! También se me olvidaba, me gusta demasiado salir a pasear por las noches y que me inviten a cosas lujosas, que les hayan costado mucho. Actualmente, estoy ONLINE y dispuesto a rolear todo lo que sea posible. ♥ -M
No soy bueno en el amor, creo que nací con una maldición que hace que todo con referencia a ese tema sea imposible para mí. - Dijo Marshie mientras hacía un puchero e inflaba sus mejillas. -
Le dio un mordisco a la pizza, dispuesto a no pensar en tonterías, y miró al chico mientras él volvía a preguntar. —No. Nunca me ha llamado nadie. Solo somos mi abuela, mi padre y yo—.
Oh, chico. Puedes agregarme a esa lista cuando quieras. - Marshall sonrió de forma sincera, expresando el cariño que había llegar a tener hacia el chico que yacía de forma intacta frente a él.
—De no haber sido por mi padre, mi madre habría abortado—. Le miró seriamente. —No se merece nada de mi además de mi profundo odio—. Murmuró, desviando la mirada hacia ningún lugar en concreto, jugueteando con el trozo de pizza.
- El chico giró la cabeza hacia otro lado, incómodo. - Perdón, entonces creo que si tienes alguna razón para odiarla. - Se acomodó en la silla y tomó un pedazo de pizza más, para no volver a hablar idioteces. - ¿Tu familia materna no ha tenido contacto contigo?
—Claro. Mi madre le dejó destrozado, le rompió el corazón en pedacitos. Si otra mujer lo llegase a reconstruir, obviamente que le apoyaría—. Encogió ambos hombros. —Es su vida y yo quiero que sea feliz—.
No creo que sea correcto que odies a tu madre. No sabes la razón por la cual se fue. A pesar de todo, de lo que le dolió a tu padre. Ella te dio la vida y tienes que estar un poquito agradecido aunque sea por esa razón. - Comentó "sabiondo" -
—Mi padre no se volvió a casar después de eso. Aunque me da mucha pena que no lo hiciese—. Admitió, encogiéndose de hombros. Le dio otro mordisco a la pizza y la observó como si fuera lo más interesante del mundo. —Pero mi abuela está con él—.
¿Lo hubieses apoyado si se casaba con alguna mujer de tu ciudad natal? - Comentó con curiosidad, tratando de hacerle sentir lo más cómodo posible, si se trataba de la intimidad de las respuestas, Marshall prefería que no le contestara a que estuviera incómodo.-
—Los ricos de éstas zonas no malgastan su tiempo viendo a los plebeyos, las cámaras son cortesía de alguien más. Quizá luego hable de él. No seas miedoso, niño. No pasará nada malo.
Cogió un trozo de pizza y se lo llevo a los labios, dándole un mordisco. Se tomó su tiempo para tragar y cuando lo hizo encogió los hombros. —No hay mucho que contar. Mi madre, nos abandonó a mi padre y a mi cuando yo nací, así que no la conocí—. Explicó. —Cuando digo “mi madre”, quiero referirme a mi abuela, que realmente siempre estuvo con mi padre y conmigo desde ese momento y es como una madre para mi—.
Que duro tuvo que ser eso. - Comentó mientras tragaba el pedazo de pizza que le quedaba, terminándose la pieza completa. - ¿Hijo único? ¿No tuviste hermanastros o algo así?
Sonrió al ver que tenía hambre y fue hacia la cocina, sacó de la nevera lo que él había pedido y una coca-cola y volvió al salón. —Toma—. Le dejó ell vaso también en la mesa y se sentó en una de las sillas. —¿Le han echado mucho queso?—. Pregunta, porque él la ama con mucho queso.
Sí, muchísimo. - Dijo mientras le daba otro mordisco a la pieza de pizza que había dejado sobre el cajón, para hablar con comida en la boca. - ¿Que cuentas de tu vida? Ya te conté la mía, te toca. - Comentó con algo de seriedad, mientras le veía a los ojos; O eso trataba.
Sonrió y rodó levemente sus ojos, observando al chico. —No es por pena. Eres el primer amigo que tengo aquí y no voy a dejar que nadie le haga nada—. Le dedicó una sonrisa al mismo tiempo que llamaban al timbre. —Ahí está la pizza—. Anunció. Le dio un beso suave en la mejilla y se levantó. Tomó la cartera del abrigo y la pagó, cogiéndola después y cerrando la puerta. Olisqueó un poco y sonrió. —Que bien huele—. La dejó sobre la mesa y le miró. —¿Qué quieres beber?—.
- Se levantó del sofá de forma rápida, llegando hasta la mesa y sacando una silla para sentarse en ella y observar la pizza. - Yo agua, creo que con soda o algo parecido, es casi tóxico comer esto. - Sonrió mientras sacaba un pedazo y la mordía con voracidad. - Esta deliciosa. - Ni se molestó en lavarse las manos. - Te espero. - Mencionó y dejo su pieza de pizza en el cartón descubierto, a falta de un plato.
—Te lo estoy pidiendo, Marsh. No vas a arruinar nada. A mi tampoco me gusta estar solo y me gustaría tener a alguien aquí a quien poder saludar cuando llego a casa—. Le miró a los ojos unos instantes, ayudándole a limpiar las lágrimas de sus mejillas. —Nos ayudaremos el uno al otro ¿recuerdas?—. Le dedicó una sonrisa. —Yo patearé los traseros de esos idiotas por ti—.
Está bien, lo haré. - Dijo con seriedad mientras aún respiraba de forma fuerte, apretando la cintura del otro. Al escuchar lo de patear traseros, se conmocionó demasiado, le había gustado eso. Aunque no quería que alguien le hablara por pena a su historia. - Uno al otro. - Dijo y le tomo de la mano, entrelazando sus dedos y besando su mano cómo un gesto de cariño y un tanto romántico. - Si es por pena, mejor no. Es lo último que quiero. - Comentó, haciendo un único puchero. -
Le acarició el cuello con una de sus manos, lentamente, y le miró a los ojos. —Entonces no te tomes una semana para pensar y vente a vivir conmigo. No estarás solo para deprimirte y Hulk te dará besos cuando estés triste. Y yo, si me dejas—. Sonrió levemente y le dio un pequeño beso en la frente. —No dejes que te hagan bullying—.
No quiero arruinar tu espacio con mis cosas dramaticas, Asher. Tu eres feliz y no te quiero contagiar mis emociones cómo si fuese un idiota. - Comentó el chico, poniéndose a la defensiva. Aunque en su interior decía que sí, quería ir con él y abrazarle todos los días, que le cuidara lo necesario y que no dejara que le hagan nada. Aunque Marshall sabía que sería difícil deshacerse de las burlas de esos chicos. - Yo nunca les pedí que me hicieran bullying, me hace falta ese interior de macho para correrles. Yo nunca he tenido eso. Soy una niña en el cuerpo de un chico. - Dijo con seriedad, limpiándose las lagrimas. -
Apagó la televisión cuando él lo pidió y escuchó atento su historia. Se mordió el labio, porque era muy triste, y a ver que sus ojos se volvían llorosos abrió la boca levemente. —No llores, por favor—. Pidió, acariciando su mejilla lentamente. —Siento haber insistido en que me lo contases—. Susurró tirando de él para abrazarle, dejando un par de besos en su mejilla.
No te preocupes... - Dijo, pegándose al otro mientras sollozaba, dejando salir un par de lagrimas. ¡Diablos! ¡Tenía que llorar! Lo había echado a perder, seguro. - ... te llegarías a enterar tarde o temprano. Esos chicos de la uni que ni les conozco me bullean todo el tiempo con ese pretexto. - Comentó mientras se pegaba a él, sintiendo los besos y mejorando un poco la manera de sentir el tema de sus padres. - Desde ese entonces estoy solo, solo tengo a montones de ropa que vender y una casa vacía que me espera diario para deprimirme más al respecto.
Miró al chico y se atrevió a desviar la vista a la película. En aquel momento no pasaba nada del otro mundo, por lo que se quedó viendo, pero decidió que el muchacho seguía siendo mucho más interesante que la televisión. —¿Me contarás algún día algo sobre ti?—.
Está bien, lo haré. - Sujeto la mano del otro y comenzó a jugar con ella, acariciando sus dedos. - Pero apaga eso primero. - Se puso en un semblante serio y comenzó a hablar. - Nací en L.A. A corta edad mi papá engaño a mi madre y ella se suicidó. Cómo era nuestro sustento, tuvo que vender mi papá todo. Cuando dejó pocas cosas que pagar; Pero aún grandes, se suicidó en el patio de mi casa. Todo cayó en mi. Me quitaron, todo, todo. Por suerte, me vine de aventones hasta acá, donde comencé de nuevo. En una boutique. - Sus ojos comenzaron a tornarse un tanto llorosos, mientras trataba de retener el llanto. -
Se estremeció ante el contacto directo del chico con su piel y notó como todo su cuerpo se erizaba. Mordió su labio y le miró. —Si es para tanto. Acaba de rajarle la garganta ¿has visto la sangre?—. Murmuró, pero esta vez no miraba la película. Era más interesante ver al chico.
- El chico se acomodó en el regazo del otro, volteando hacia arriba, a la dirección donde se encontraba el otro. Sus ojos se enfocaron direcamente hacia el otro joven. - No lo sé. Dejé de ver eso cuando todo se puso oscuro, supe que algo malo venía. - Sonrió mordiéndose el labio inferior, con cariño. Observó a los alrededores y la ventana cerrada, todo un cine. -
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