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La sonrisa antes perdida no tardó en cincelar nuevamente los labios del holandés, terminando por deslizar sus orbes fuera de la figura femenina para entonces comenzar a recorrer algo más la lavandería. —La educación suele ser esencial, ¿no lo crees? Además, llego a dudar que poseas el gusto de ser llamada rubia; más aún rubia corta… ¿O prefieres inocente? —una de sus manos alzándose lo suficiente tras pasar por detrás de la joven para llegar a rozar apenas su espalda.
La educación si se demuestra, no por pura diversión. ---Suspiró profundamente, terminando de situar la última prenda de ropa en la cesta adecuada, levantándose de la silla donde estaba sentada para comenzar a mover una de las pesadas cestas en dirección a la enorme lavadora, sin dirigirle una sola mirada.--- La gente puede llamarme como prefiera, otra cosa es que yo conteste ante tal nombre. ---Respondió, apartando algunos mechones rubios de su rostro para, entonces, mirarle.--- Pero si después de esta educada presentación prefieres no mantener palabra conmigo, no seré yo la que juzgue. Ha sido un placer, pues.
Debido a la reacción de la muchacha a sus palabras, parecía resultar claro el que las propias no habían logrado ser descifradas, algo que llevó a que su sonrisa menguara al tiempo en que sus orbes se perdían por un momento en las curvas del cuerpo femenino. —Levien Cillessen, un placer… si no pronuncias palabra.
Arqueó una ceja al escucharle, retomando su mirada hacia la ajena, tratando de comprender a qué venía tal comentario. ¿Los Cillessen eran todos así de crueles? Trató de tomar paciencia y no saltar a la mínima.--- Sería un poco aburrido si te limitas a hablar tú solo. Para eso mejor ahorrarse presentaciones, ¿no crees?
Maxine Brown moodboard {3 - ? }
La sonrisa en sus labios no hizo más que volverse ladina ante las palabras pronunciadas por la joven, decidiendo llevar por un momento su mirada a las prendas que ella parecía encontrar profundamente desagradables. —Intenta pensar en lo que conllevan tus tareas la próxima vez, de esa manera tal vez no tendrías que pasar por estoo. Es un buen ejercicio, ya sabes… —sus palabras sonando aparentemente joviales. Luego, su mirada volviendo a la rubia para repasar así los rasgos femeninos con inusitada rapidez. — ¿Cuál es tu nombre?
Volvió la atención a sus tareas, tratando de hacerlo lo más rápido que sus manos le permitían, no dejando ninguna prenda olvidada. Aguantó la respiración, con una visible mueca de desagrado. No pudo evitar mostrar una sonrisa divertida al escuchar al moreno.--- Eso me pasa por quedarme dormida en plena clase. ---Encogió sus hombros para restarle importancia al asunto y lanzó una camisa a una de las cestas.--- Maxine. ¿Y tú...? ---Fue entonces cuando se atrevió a mirarle, observando su figura de arriba a abajo, después regresó a lo poco que le quedaba por colocar.
Las actividades en aquella jornada habían implicado más esfuerzo físico de lo normal, pues el sueco se había encargado de coordinar una serie de actividades deportivas que había drenado cada gota de energía de su cuerpo. Tal vez fue a causa de ello que, tras haber tomado la decisión de “descansar la vista”, el coordinador se había quedado profundamente dormido en un horario fuera de lo común. Despertándose un tanto confundido, buscó encontrarse con alguna persona cercana a su posición, para al hacerlo interrogar:— Hey, ¿tienes idea de qué día es? —inquirió, sin tardar en corregirse:— Hora, quiero decir… —frunció el ceño, pues dudaba que ya se encontrara viviendo el día siguiente.
Normalmente no solía hacer ese tipo de cosas. Es decir... Se limitaba a pedir permiso a alguien antes de proceder a capturar su imagen con una fotografía. Pero era una imagen tan natural, realista y bella, que no pudo hacer otra cosa que tomar su cámara fotográfica y acercarse con paso lento, sigiloso, cautelosa de que el rubio no despertara y pudiera tomar aquella imagen para su propio álbum; quizá después le comentaría a Eiden lo que había hecho y se lo perdonaría... o no, pero su subconsciente le pedía a gritos hacerlo. ¿Por qué no? Colocó el zoom, preparó la panorámica, presionó el botón y... “Click”. El flash (maldito fuera, se le olvidó por completo quitarlo) destelleó en el rostro masculino, haciendo que éste despertara al instante, confundido y algo descolocado. Maxine apartó la máquina de su rostro, aún sujeta entre ss manos, colgada del cuello por una correa. Esperó a que él se despertara un poco más antes de proceder a la explicación. Una sonrisa inocente (o un intento de ello) atravesó sus comisuras.--- Son las siete... Lo siento, no pretendía despertarte y... ---Mordisqueó su labio inferior tratando de parecer seria, pero una pequeña risa rompió cualquier gesto impasible.--- Disculpa, estabas tan mono que tenía que hacerlo...
Con ejercicio, caminatas, una vida agitada y un bello perfume llamado transpiración. —Replicó con autosuficiencia desde su lugar, como si la peculiar fragancia que brindaban las telas sucias fuera algo digno de orgullo, sólo para joderla. Una sonrisa ladina decoró su semblante poco después, entre tanto, dejaba la bolsa con las prendas grasientas de sus compañeros de habitación (y las de él) junto con el otro montón al lado de la blonda. La observó por un segundo, picardía danzando en sus oscuras orbes— Mira, más perfume para ti, stalker. —Bromeó ladeando su cabeza en dirección a la bolsa que recién había dejado en su indicado lugar (o algo así, porque no tenía ni la más mínima idea de dónde iba la ropa sucia, tampoco le importaba mucho).
Por poco no se tira de los cabellos al escuchar aquella peculiar voz que lograba irritarle aunque fuera con una estúpida broma pasajera. ¿Qué poder tenía Leó para lograr ponerle de los nervios? Era el único, o de las pocas personas en el campamento, que sacaba ese lado oscuro de la australiana a relucir. Tiró la prenda que tenía en sus manos con fuerza excesiva a la cesta, declarando de forma discreta el mal humor que había nacido en su interior, solo con la presencia masculina. Un mohín pintó su rostro al ver cómo tiraba un montón de ropa aún más maloliente de la que allí descansaba anteriormente. Llevó una mano a sus fosas nasales, tratando de ocultar aquel nauseabundo olor que llegó con fuerza.--- Lárgate. ---Sabía que él disfrutaba con todo aquello, así que trató de mantener la calma o mejor que pudo. No había mayor desprecio que no hacer aprecio. Para molestarle, no le dirigió ni una sola mirada y comenzó a pasar las nueva bolsa de ropa que traía, colocándolo por colores.
No hay que meter a todos en la misma bolsa. –comentó en un tono de voz plano, se encontraba ahí en plena búsqueda de una camiseta que, según le informaron, tranquilamente podría encontrarse en lavandería, si tenía suerte la encontraría– Pero sí, gran parte de ellos desconoce de las reglas básicas. –usó un tono algo bromista, su mirada perdida entre canastos y prendas de desconocidos– ¿Haces esto por ser buena samaritana o se trata de un castigo?–cuestionó, prestando atención a la blonda.
No dijo nada al respecto, tan solo siguió con la mirada el recorrido de la rubia hasta que se acercó a un montón de ropa, buscando algo... ¿Qué sería? --- Un castigo. --- Admitió, encogiendo los hombros, mientras continuaba separando prendas de ropa.--- ¿Buscas algo?
A Savannah se le ocurrió que sería buena idea pasarse a dejar su ropa sucia, como lo hacía semanalmente, ya que había juntado demasiada esa semana. Era el precio que pagaba por andar explorando por ahí. Dejó su ropa en una de las canastillas cuando escuchó a la chica rubia quejarse. Había pensado que trabaja ahí, pero reconoció que era una simple campista. —¿Qué haces aquí?— le preguntó curiosa, mientras se colocaba a su altura —¿haces trabajo de medio tiempo?— supuso divertida, con una sonrisa, que se volvió una mueca de disgusto al sentir el olor de aquellas prendas.
Podía reconocer esa voz a kilómetros de distancia. Era Savannah, una de sus compañeras de cabaña. Sonrió al verla allí, suspirando exageradamente.--- Castigo, más bien. Te recomiendo no te duermas en una clase de manualidades, los profesores tienen mal humor... ¿Cómo estás? ---Por suerte con la castaña podía ser ella, sin miedos, dado a que compartían mucho tiempo juntas al compartir cabaña.
—Lo son —dibujó una amplia sonrisa sobre su rostro.— Pero yo no soy fanática de los mangas en sí, sólo de los chibis. He dibujado algunos sobre gente del campamento —llevó una de sus manos hacia su propio cuaderno para pasar algunas hojas en busca de los dibujos mencionados, con una pequeña sonrisa en su rostro al encontrarse con unos pocos.— ¿Conoces a Raisie? Luce más o menos así —bromeó, señalándole uno de los dibujos que caricaturizaban la imagen de la rusa. Asintió ante lo que le decía la rubia, aunque no comprendiese mucho de fotografía, aquello era algo que incluso la persona más desentendida podía comprender— Normalmente porque promocionan algo, ¿no? Ropa, cosméticos, y demás… Es diferente cuando una fotografía es tomada con intenciones de transmitir alguna emoción. Y ese es el tipo de fotografía que se disfruta, opino. ¿No tienes algunas de tus fotos contigo? —
¿Enserio? Quiero verlos. --- Sus ojos brillaron extrañamente emocionada, quizá por la idea de que hubiera alguien un poco nerd más allá de ella e Iván con el que compartir momentos como aquel. No pudo evitar tomar asiento junto a ella, observando fijamente el dibujo que le mostraba. Sí, conocía a Raisie, había visto a la morena en alguna ocasión, más no tenía una estrecha relación con la rusa.--- ¿Es ella? ---Señaló el dibujó con el dedo índice, soltado una carcajada después.--- Se le parece. ¿A quién más has dibujado? Me encantaría verme en uno de esos chibis. ---Confesó, encogiendo los hombros.--- Exactamente. Yo prefiero cosas así. Hm... Sí, tengo un álbum en mi cabaña, pero aquí... ---Se miró a sí misma y alzó las manos en señal de que no llevaba nada interesante consigo.--- Lo lamento. Pero podría enseñártelo si quieres.
Apoyándose en uno de los lavarropas proveídos por el campamento, la castaña soltó un suspiro cansino, señal de que su día había sido largo, y que no se encontraba de buen humor (a pesar de que nunca lo estaba) —¿A qué viene tu sorpresa, entonces?— preguntó como si estuviese hablando con un infante, tratándola de tonta. –Otra cosa, ¿por qué estás lavando todo esto? No es que me interese, solo me das lástima.— inquirió nuevamente, ladeando su cabeza a medida que elevaba una ceja.
Presionó sus labios con más fuerza, implicando mayor rapidez a la hora de hacer su tarea impuesta, queriendo finalizar cuanto antes para poder irse de allí y no soportar las burlas de la castaña, la cual estaba poniéndole de los nervios.--- Un castigo. ---Mordió su lengua para no soltar un sarcasmo abrupto, quizá no era hora, no tenía la suficiente familiaridad como para ello, pero poco le faltaba. ---Terminó de colocar la última prenda en el cesto adecuado y se levantó de la silla donde estaba sentada para meter cada cosa en una de las tres lavadoras enormes que allí había. Lo demás sería para otro, no ella. Ya cumplió su cometido.
Ciertamente, la causa que había llegado al joven a aquel lugar no era más que la de comprobar cada pequeño rincón del campamento que resultaba su competidor, encontrándose poco impresionado con todo a su alrededor, incluyendo el comentario soltado por la joven rubio a corta distancia de su posición. — ¿Verdad? Pienso que necesitas guantes para semejante tarea. Tal vez contener la respiración… —pronunció sin contención alguna, una sonrisa en sus labios plantando la duda del significado en sus palabras.
No reconoció la figura masculina, supuso que nunca habría coincidido con él, así que prefirió mantener silencio. Desconfianza palpable y falta de valentía para responder a sus comentarios en un primer momento. Un suspiro delató su nerviosismo.--- Luego me lavaré bien las manos. ---Respondió, sin llegar a saber si él estaba siendo empático con ella o, en cambio, se burlaba de su castigo. Quiso creer lo primero.
Al encontrarse con una remotamente familiar figura femenina encargándose de la tarea de separar distintas prendas de ropa, la holandesa se dedicó a escuchar con atención lo que la joven decía mientras realizaba su tarea, y sin la más mínima intención de opinar al respecto, se dedicó a simplemente comentar:— Creí que eras alguna especie de “paparazzi del campamento”. ¿En realidad eres la la encargada de lavar la ropa? —pronunció, aunque obviamente no lo pensaba.— Interesante —opinó, entrecerrando levemente sus ojos mientras observaba la ropa que acababa de separar la joven.
La voz femenina sacó de sus pensamientos a la australiana, quien mantuvo sus azulados ojos en la figura que acababa de irrumpir en la lavandería, dando su punto de vista a la situación. ¿Paparazzi del campamento? Sonaba raro pero viable, dado a que se pasaba el día con la cámara de un lado a otro. Su introversión a la hora de tratar con desconocidos ponía en un leve aprieto a Maxine, quien solía recurrir al silencio y palabras cortas hasta que tomara mayor confianza con la otra persona, como actualmente.--- No. ---Fue su única respuesta, y al darse cuenta que carecía de fundamento lógico, prosiguió la explicación.--- Es un castigo.
Agachó un poco su cabeza, moviéndola de lado a lado en forma de negación. La prenda manchada con aderezo era algo que no esperaba ver –Seguro pertenece a alguno del primer rango, aunque no son tan pequeños como para mancharse la ropa– comentó, acercándose a la rubia –¿Necesitas ayuda? No se ve muy divertido esto de lavar la ropa sola.
Puede ser... aunque esto no depende de la edad. ---Dejó la prenda en uno de los cestos, volviendo la mirada al joven, sonriente.--- Oh no te preocupes, ya estoy terminando. Pero un poco de conversación no me vendría mal. Ya sabes, para no aburrirme.
Una pequeña risa soltó sus labios. El argentino la veía tan delicada, acomodando la ropa por color y hacer diferentes muecas al ver las prendas y, por lo que ella dijo, también olerlas –No es que seamos guarros, sino que hace mucho calor. Además es ropa sucia. Siempre tienen olor a humano.
La voz masculina llegó a sus oídos, a lo que Maxine observó al recién llegado y no pudo ocultar una pequeña sonrisa, cauta.--- También este tipo de camisas... ---Alzó una de ellas, la cual estaba llena de, parecía ser, ketchup.--- Es de ser un poco... guarro. Admítelo. El olor a humano es desagradable pero entendible.