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“Levien es precioso como pocos”. —anónimo.
Elevó ambas cejas con desdén, mirando al hombre a los ojos, acto contrario a lo que hacía este. Se mantuvo así, creyendo que por primera vez en toda su estadía hablaba con alguien competente. —No creo que sea así, pero bueno.— soltó, no era tan terca como para no aceptar opiniones contrarias. —Simplemente pasaba. No tengo demasiado interés en el arte, creí que había sido clara.— replicó, dejando un suspiro cansino escaparse.
Tras fracasar en contener la leve sonrisa que ahora adornaba sus labios, Levien dejó que su mirada se encontrase de una vez con la ajena para simplemente volver a alejar la misma poco después, como si no valiese, sus pasos comenzando a separarlo paulatinamente de la morena. —Si no crees en hechos eres más estúpida de lo que creí —soltó sin filtros, preocupándose poco y nada por tratar de aquella manera a una mujer. —Y hacía referencia al campamento, por lo que no te avergüences más a ti misma intentando sonar superada.
La educación si se demuestra, no por pura diversión. —Suspiró profundamente, terminando de situar la última prenda de ropa en la cesta adecuada, levantándose de la silla donde estaba sentada para comenzar a mover una de las pesadas cestas en dirección a la enorme lavadora, sin dirigirle una sola mirada.— La gente puede llamarme como prefiera, otra cosa es que yo conteste ante tal nombre. —Respondió, apartando algunos mechones rubios de su rostro para, entonces, mirarle.— Pero si después de esta educada presentación prefieres no mantener palabra conmigo, no seré yo la que juzgue. Ha sido un placer, pues.
—Poco importa si respondes a aquel nombre si así es como las personas llegan a describirte —pronunció sin inmutarse ante sus palabras, evaluando cada pequeño rincón de la fachada con un brillo de desdén grabado en su mirada. —¿Te largas ya? Puedes hablar para dar aviso y así poder girar.
Levien= Evil -en
Exageras, pero aprecio tu imaginación y el haber gastado segundos de tu valioso tiempo.
Arqueó una ceja al escucharle, retomando su mirada hacia la ajena, tratando de comprender a qué venía tal comentario. ¿Los Cillessen eran todos así de crueles? Trató de tomar paciencia y no saltar a la mínima.— Sería un poco aburrido si te limitas a hablar tú solo. Para eso mejor ahorrarse presentaciones, ¿no crees?
La sonrisa antes perdida no tardó en cincelar nuevamente los labios del holandés, terminando por deslizar sus orbes fuera de la figura femenina para entonces comenzar a recorrer algo más la lavandería. —La educación suele ser esencial, ¿no lo crees? Además, llego a dudar que poseas el gusto de ser llamada rubia; más aún rubia corta... ¿O prefieres inocente? —una de sus manos alzándose lo suficiente tras pasar por detrás de la joven para llegar a rozar apenas su espalda.
Volvió la atención a sus tareas, tratando de hacerlo lo más rápido que sus manos le permitían, no dejando ninguna prenda olvidada. Aguantó la respiración, con una visible mueca de desagrado. No pudo evitar mostrar una sonrisa divertida al escuchar al moreno.— Eso me pasa por quedarme dormida en plena clase. —Encogió sus hombros para restarle importancia al asunto y lanzó una camisa a una de las cestas.— Maxine. ¿Y tú…? —Fue entonces cuando se atrevió a mirarle, observando su figura de arriba a abajo, después regresó a lo poco que le quedaba por colocar.
Debido a la reacción de la muchacha a sus palabras, parecía resultar claro el que las propias no habían logrado ser descifradas, algo que llevó a que su sonrisa menguara al tiempo en que sus orbes se perdían por un momento en las curvas del cuerpo femenino. —Levien Cillessen, un placer... si no pronuncias palabra.
No reconoció la figura masculina, supuso que nunca habría coincidido con él, así que prefirió mantener silencio. Desconfianza palpable y falta de valentía para responder a sus comentarios en un primer momento. Un suspiro delató su nerviosismo.— Luego me lavaré bien las manos. —Respondió, sin llegar a saber si él estaba siendo empático con ella o, en cambio, se burlaba de su castigo. Quiso creer lo primero.
La sonrisa en sus labios no hizo más que volverse ladina ante las palabras pronunciadas por la joven, decidiendo llevar por un momento su mirada a las prendas que ella parecía encontrar profundamente desagradables. —Intenta pensar en lo que conllevan tus tareas la próxima vez, de esa manera tal vez no tendrías que pasar por estoo. Es un buen ejercicio, ya sabes... —sus palabras sonando aparentemente joviales. Luego, su mirada volviendo a la rubia para repasar así los rasgos femeninos con inusitada rapidez. — ¿Cuál es tu nombre?
En un movimiento fugaz, ladeó su cabeza como si considerara las palabras del muchacho, sin inmutarse demasiado por el carácter que éste parecía poseer— Mi trabajo es, por ejemplo, saber que te quedas en la cabaña 008, el momento en que la ocuparás no es de mi incumbencia —estiró sus brazos hacia atrás, estirando los músculos de éstos y su espalda a la misma vez.— Comprendo. Al parecer el asunto de la tecnología en los campamentos no es algo de lo que se salven ni siquiera aquellos que han crecido acampando —comentó casi al pasar, y por casualidad su mirada se encontró con un reloj de pared que había pasado desapercibido hasta ese momento, el mismo indicando que eran las seis de la tarde. — Tres menos diez, ¿no? Voy a suponer que tienes ánimos de molestar y no que… no logras llevarte bien con los relojes —porque aquel fue el mejor modo que se le ocurrió para decirlo.
Irguiéndose apenas ante la réplica obtenida, el muchacho abandonó cualquier máscara de falsa sonrisa para en cambio apenas dedicar una mirada efímera al rubio, volviendo a desbloquear su teléfono celular en un gesto que algunos podrían considerar grosero. —Excusas de coordinadores mediocres con poca creatividad... Pero bien, qué podría esperarse de este lugar —soltó sin más, pues para él existían infinitas causas que indicaban que las palabras del hombre no eran más que señales de falta de responsabilidad. —Vuelvo a repetir: ¿Qué puede esperarse de este lugar? —y esta vez una sonrisa volvía aparecer en sus labios, pues cada pequeña acción tomada en el campamento por parte de sus directivos parecía una estupidez, incluso la toma de personal. —Y yo supondré que debes tener trabajo para hacer y sabes llevarlo eficazmente a cabo.
Sus párpados se cerraron ante el encuentro con la luz del sol, provocando que volviese a abrirlos con una lentitud que demostraba su necesidad por regresar a dormir.— Uh… Demonios —arrugó el ceño, ¿en verdad había dormido menos de una hora? Su cuerpo entero parecía indicarle que llevaba todo el día allí.— ¿Qué haces tú aquí? ¿Acabas de llegar? —inquirió, en tanto comenzaba a tomar una postura erguida; reconocía al muchacho como uno de los integrantes de la familia que se hospedaba en el campamento, pero recordaba también que no lo había visto con anterioridad por los terrenos del mismo.
Ante las estúpidas preguntas que parecían no tener pausa por parte del coordinador, Levi no hizo más que dejar aflorar una sonrisa al tiempo en que bloqueaba la pantalla de su teléfono celular. — Dímelo tú, ¿no es tu trabajo el saberlo? —el gesto en sus labios incrementándose incluso más luego de aquello, como si sus palabras no fuesen más que alguna clase broma, la falsedad inundando su accionar al negar como si fuese a aclarar, pronunciando: — Buena señal y acceso al wifi. Y apenas han pasado unas horas desde mi llegada.
Las actividades en aquella jornada habían implicado más esfuerzo físico de lo normal, pues el sueco se había encargado de coordinar una serie de actividades deportivas que había drenado cada gota de energía de su cuerpo. Tal vez fue a causa de ello que, tras haber tomado la decisión de “descansar la vista”, el coordinador se había quedado profundamente dormido en un horario fuera de lo común. Despertándose un tanto confundido, buscó encontrarse con alguna persona cercana a su posición, para al hacerlo interrogar:— Hey, ¿tienes idea de qué día es? —inquirió, sin tardar en corregirse:— Hora, quiero decir… —frunció el ceño, pues dudaba que ya se encontrara viviendo el día siguiente.
Apenas había sido capaz de mantener su atención en el durmiente cuerpo de la persona que, identificaba por su aparente edad avanzada, resultaba ser un coordinador para el momento en que la voz desconocida logró capturar su atención, resultándole en una dificultad el despegar su mirada del móvil en su mano derecha para buscar identificar el lugar del cual había provenido aquella bobalicona pregunta. —Tres menos diez... de la tarde —agregó casi con sorna, decidiendo el lanzar un horario al azar al reparar en el empleado del campamento. Después de todo, ¿qué mejor que entorpecer el trabajo de sus competidores?
Recorría el campamento como todos los días, mas esta vez su humor era pésimo y sus ganas de estar allí eran aún peores. Al pasar por el área de trabajos manuales, no dudó en decir su opinión, a pesar de que a pocos le interesaba. —¿Cuál es el sentido de hacer cosas manuales aquí?— preguntó con aires quejosos mientras enarcaba una ceja. —Sí quieres hacer eso, te vas a tu casa y miras Art Attack. No en un campamento.— agregó, esta vez dirigiéndose a la persona al lado de ella.
Ante la repentina voz femenina, el cuello de Levien viró lo suficiente como para hacer frente a la joven de la cual hasta aquel momento no había sentido presencia, sus orbes perdiéndose de forma efímera en su piel. — Claro, porque no encuentras amantes del arte aquí. Y porque los menores de quince años no suelen asistir a campamentos y utilizar estos sectores, e incluso en sus hogares tienen todo lo que se administra en campamentos para incluso crear joyería... —no quiso evitar replicar, llevando luego una de sus manos a su sien en un gesto ausente, agregando:— A lo que no veo sentido es a tu persona en este lugar.
Parte del carácter de Maxine era ser ordenada con sus cosas. Pero lo que no vio venir es que, por quedarse dormida en una de las clases de manualidades, le tocaría un castigo tan… severo. Colocar toda la ropa sucia del campamento en color, blancos u oscuros, para poder lavarlas más tarde adecuadamente. Las muecas de Maxine denotaban perfectamente qué tan bien olían las prendas, preferentemente masculinas.— Ug, qué asco. ¿Cómo pueden ser tan guarros?
Ciertamente, la causa que había llegado al joven a aquel lugar no era más que la de comprobar cada pequeño rincón del campamento que resultaba su competidor, encontrándose poco impresionado con todo a su alrededor, incluyendo el comentario soltado por la joven rubio a corta distancia de su posición. — ¿Verdad? Pienso que necesitas guantes para semejante tarea. Tal vez contener la respiración... —pronunció sin contención alguna, una sonrisa en sus labios plantando la duda del significado en sus palabras.
@hbeckenbauer: No suelo hacer estas cosas, pero... ¿Alguien podría prestarme su cuenta de Netflix?
@levillessen: ¿Ya no encuentras quienes tengan deseos por pasar por tu cama?
Well, you’re right, It is one set of rules for her, And then another set for you. But that’s just the way it is, I suppose.