Una reflexión sobre trauma identidad y sistema de recompensa en función de proyecciones de vida
“Quien tiene un para qué puede soportar casi cualquier cómo”
La frase de un alemán a la que un judío responde 60 años mas tarde
Nietzsche desde su ironía reta en esta frase al lector con un “eres capaz de crear un “para qué” que transforme casi cualquier "cómo" en tolerable? que haga que tu historia valga la pena?” Post Holocausto el judío Viktor Frankl acuña la misma frase con un sentido de resiliencia. Siendo prueba viva de que este “para qué” puede crearse incluso en contextos de vulneración extrema. Dando cuenta con esto de los aspectos de resiliencia y neuroplasticidad en la reescritura del trauma, como un eje narrativo fortalecido y flexible.
Si hemos recibido en consulta a pacientes que verbalizan este “para qué” sin lograr encontrar sentido a sus vidas, que pareciera ser para ellos el absurdo de la piedra de Sísifo. En el momento de escucharles, no parecieran ser sólo palabras, sino que se siente casi palpable. Un “para qué” que se siente físico o impreso a nivel cuerpo. Y que tiene relación con fenómenos biológicos a la base posiblemente enraizados durante la exposición a eventos traumatizantes y que tomaron curso persistentemente en rutas neurales; alterando los procesos de memoria y por ende el acabado necesariamente fino de nuestra narrativa, historia y proyección. (sobre las temáticas comúnmente expuestas, asociadas a depresión no haré referencia en este texto).
Este “para qué” a modo de bandera de lucha invertida, tiene mucho sentido desde distintos ángulos, si ponemos atención las dos palabras se refieren a tiempo presente y futuro, la capacidad de entender por qué estamos aquí y los motivos para continuar y proyectarnos. Este fenómeno no solo ocurre narrativamente sino que es parte de un complejo sistema de memoria. Endel Tulving estonio-canadiense en los años 80s descifró lo que llamó conciencia autonoética, un yo fenoménico que es actor y testigo de la experiencia recordada o imaginada (Memjavad, 2025), es decir desentrañó la posibilidad de viajar en el tiempo de nuestra propia historia reconstruyendo al yo actual en base a evidencias pasadas y proyectarlo hacia un futuro (generándonos un porqué que enlaza pasado a presente y por consecuencia un para qué futuro). Según el autor, este sería un sustrato de la memoria episódica que nos permite recordar dónde, cuándo y cómo experimentamos la propia vida. Cuando la recopilación en la memoria de experiencias es saludable o medianamente saludable el armado de la trama vital sostiene su coherencia fácilmente formando una identidad estable, permitiéndonos proyectarnos con planes futuros que aseguren nuestra integridad y posible descendencia (implicandose en esto resguardo, afectividad, vínculos u otros). Es decir un “para qué” armónico o saludable.
Para clarificar: la memoria se subdivide en distintos tipos, procesando diversas partes de la experiencia a modo de canales paralelos de grabado, que dan coherencia a la narrativa personal, tal como el ensamblado o superposición de los componentes de una película, desde todos los sentidos y significados atribuidos a la experiencia a la par y/o posterior de que esta ocurra, mientras se retroalimenta de emociones que connotan la misma experiencia para que podamos recordarla de tal o cual forma, armandonos una idea de nuestra historia e identidad y por ende de las expectativas que podemos tener de nuestra propia vida, de alguna forma esto nos permite “recordar nuestro futuro”.
Por otra parte sobre las consecuencias del estrés en la memoria, está comprobado que las experiencias de estrés moderado a leve facilitarían la formación de recuerdos y de significado emocional, mientras que el estrés crónico y/o severo perjudicaría el procesamiento de los mismos estímulos de experiencia, impidiendoles ser adecuadamente integrados en la memoria por el bloqueo generado ante el exceso de cortisol en el hipocampo, fragmentando la posibilidad de una narrativa lineal, lo que termina por estropear el recuerdo que podría haberse constituido en su momento como un todo, dejándolo como estímulos sensoriales inconexos. Estos fragmentos inconexos a nivel bioquímico que no facilitan la integración de una narrativa personal continua dificultan como a golpes de hacha el desarrollo coherente identitario (cortes o vacíos en la historia, perdida o bloqueo de memoria, reacciones exaltadas a estímulos en los que “no me reconozco”) El sentido de un “para qué” se sienta sobre las bases de una historia solida.
Por tanto el eje narrativo de la identidad se encontraría fragmentado en datos sensoriales no integrados, los que en un esfuerzo del proceso de memoria intentarían incorporarse continuamente a la trama sin lograr resultado, es esto a lo que llamamos disociaciones, tales informaciones del evento contaminado por altas cargas de cortisol el que impide su correcta integración a nivel neural, implicaría esta tendencia a re-emerger a modo de desagradables flashbacks ante cualquier estímulo que despierte su semejanza, pareciera que el estímulo externo le recuerda que debe trabajar en reintegrar las partes del evento traumático incorporándolo al todo, como tarea pendiente (un problema de procesamiento). Lo que levanta reacciones somáticas de ansiedad, pánico u otras respuestas no equivalentes a la experiencia actual ya que en palabras de Hernandez, M., (2020) “las partes no tienen constancia del paso del tiempo y por tanto, reacciona del mismo modo en que lo hizo entonces sin valorar la actualidad” Pareciera que la narrativa se detiene en ciertos aspectos reiterando este intento de integrar la escena y todas sus partes. Asimismo autores comentan que estas partes fragmentadas contarían con su propia emoción como respuesta.
Dividir para conquistar estrategias del arte de la guerra puestas en marcha en el organismo
-un sistema fragmentado/pasado que se repite no logrando ser integrado
-un sistema de recompensa secuestrado
En paralelo a esta fragmentación podemos explicarnos el secuestro de un sistema de recompensa como consecuencia del trauma, que explicaría la dificultad de avance y la sobre atención hacia una alarma ya obsoleta. El eje de nuestra historia no es sólo narrativo sino que es equiparable a una serie de procesos biológicos que permiten el sentido de una existencia plena Nikbakhtzadeh et al., (2023) señala que “Existe un "cross-talk" o comunicación cruzada donde el sistema de recompensa puede inhibir la actividad del eje Hipotalámico-Pituitario-Adrenal relacionado con el aprendizaje y el sistema de recompensa. Ambos procesos también relacionados con la persecución de objetivos en distintas complejidades y motivaciones vitales alterando la motivación natural” Recordemos que el sistema de recompensa implicado en aprendizaje está ligado a toda experiencia vital, en todo organismo vivo, así como que todo es aprendizaje dirigido a evolución, crecimiento e involucramiento con la vida.
La explicación a cómo es que este sistema dañino de alerta se sostiene crónicamente en el tiempo aun en ausencia de la amenaza pasada está en que en situaciones de incertidumbre con consecuencia de estrés crónico (traumatizante) entraría en juego el Nucleo Estríal Terminal (BNST), actuando a modo de relevo permitiendole al cuerpo sostener una alerta continua por medio de su conexión directa con el eje HPA, haciéndole creer que la amenaza persiste en el tiempo; lo que permitiría un aumento de glucosa en la sangre para mayor disponibilidad en uso corporal y cognitivo, hiper alerta por tiempo sostenido ante posible amenaza, rápido recupero ante daño físico, todos recursos que generarían alto desgaste de presentarse sostenidamente.
Luego de este complejo y entrañado desajuste biológico no es extraña la presencia de síntomas como anhedonia, conductas compulsivas, evasivas o impulsivas.
Finalizando, a pesar de este pesimismo muchas veces adherido a nuestros pacientes nos corresponde no olvidar la multitud de casos existentes que dan cuenta de esta excepcional capacidad humana y no individual de sobreponerse e incluso demostrar sobre desarrollo en aspectos regenerativos; complejización en cableado neural y empatía, tras vivencias traumatizantes.
Esto es a lo que Frankl responde: Sí es posible encontrar sentido aún en la mayor adversidad y que este mismo movilice neurogenesis
Para quien esté interesado recuerde incluir en su búsqueda neurogénesis/ neuroplasticidad/ plasticidad mielínica. Cornejo, P. (2026).
Incluiré parte de la bibliografía posteriormente















