La paciencia es uno de los frutos del Espíritu Santo, y aun así suele ser uno de los más difíciles de practicar. Esperar no nos viene de manera natural—especialmente cuando estamos aferrados a una promesa de Dios o buscando dirección para nuestras vidas. Aun así, somos llamados a confiar y a esperar. Estamos destinados a llevar este fruto, incluso en tiempos de incertidumbre.Muchos de nosotros estamos esperando algo que Dios ha prometido o buscando claridad sobre qué hacer después. Mi oración es que este próximo poema te anime a estar quieto, a esperar con fe y a aferrarte fuertemente a Él.
Estoy tan perdida ahora, sin saber qué hacer
Pero aun en esta oscuridad, sé que me estás llamando hacia Ti.
No sé a dónde voy ni dónde debo estar
Pero Tú sigues siendo el Alfarero, y mi vida está en Tus manos.
Sé que debo cumplir la gran comisión
Pero ¿cómo llevo a cabo esta misión?
Abro la Palabra, pero solo veo páginas vacías
En vez de Ti, me visitan demonios en estas fases silenciosas
Aun así clamo: ¡Espíritu Santo, habla! Que Tu fuego caiga otra vez
Porque toda voz de oscuridad huye con solo una palabra de Tu ser.
Me siento como Abraham, enviada a una tierra desconocida
Como Israel en el desierto, sin dirección, sin mapa en mano.
¿Fue necedad dejar Egipto? ¿O fue Tu voluntad?
Esta espera prueba mi paciencia y los límites de mi pensar.
Canto entre las lágrimas que derramo, sigo marchando en estos círculos
Pero Jericó se burla de mí a pesar de mi adoración fiel.
Pero los muros no caen por esfuerzo — se derrumban cuando Tú das la orden
Así que esperaré con temblorosa esperanza hasta que muevas Tu mano.
Tu silencio es un horno donde mi corazón inquieto se aquieta
Pero aun en la espera, me estás moldeando para rendirme.
Aquí estoy rendida, aunque tiemblo ante Tu voluntad
Revelame Tu propósito, Señor, mientras permanezco quieta.