Para mí misma,
Hoy elijo recordarme quién soy, más allá de cualquier escenario, de cualquier reunión familiar o de las dinámicas ajenas que solo buscan apagar lo que no entienden.
He decidido mirar las cosas con los ojos bien abiertos, sin hacerme ciega a la falsedad, pero también sin permitir que la amargura de otros toque mi paz. Cuando me acerqué a dar un abrazo, cuando abrí las puertas de mi casa o cuando compartí desde el cariño, lo hice con un corazón limpio y genuino. Mi intención nunca ha sido competir ni entrar en juegos de caretas; mi única intención ha sido ser fiel a mí misma y caminar con bondad.
Si a su alrededor se incomodan, si miran con recelo, si lanzan comentarios al aire o si prefieren el refugio de sus propias contradicciones, ese es un peso que a mí no me corresponde cargar. No voy a disculparme por madurar, por ver la realidad con claridad ni por protegerme poniendo distancia sana.
En mi interior no hay envidia, no hay maldad y no hay espacio para la mezquindad con la que a veces se mueven. Mis manos están limpias y mi alma está tranquila.
Que la vida continúe su curso. Yo sigo avanzando firme en mi camino, enfocada en lo mío, en mis estudios y en construir mis propios espacios de paz. Y pase lo que pase, quieran o no, seguirán viendo cómo Dios sostiene mis pasos y bendice mi vida de formas en que la oscuridad jamás podrá alcanzar.
Nadie tiene el poder de apagar la luz que Dios puso en mí. Me quedo con lo que soy, con lo que doy y con la certeza absoluta de que estoy protegida.




















