La sonrisa divertida del surcoreano se borró apenas al escuchar su nombre en ese susurro, no porque no lo disfrutara, sino porque la pregunta cargaba un peso distinto, más serio. Era la clase de oportunidad en la que podía permitirse ser un poco más honesto, con la certeza de que Mimi no retrocedería, porque ella misma estaba dándole esa abertura. "No deberías estar dudándolo." respondió, su voz baja, la mirada fija en ella. "Honestamente, cualquier cosa que quieras de mí, puedes conseguirla. Sería capaz de eso… y de mucho más, por ti, Mimi." sonrió nuevamente pero ahora más suave, dejando de lado el juego para dejar paso a la sinceridad. Su voz acompañaba ese gesto, transmitiendo lo que sentía. Venía de una familia que poseía poder en abundancia, lo mismo que Mimi, pero en su caso estaba claro que aquellos que debían ser sus pilares jamás le prestarían las herramientas que ella podría usar a su favor. Han, en cambio, no dudaría ni un segundo: usaría todo lo que tuviera a su alcance, cada recurso, cada contacto, con tal de ponerlo en sus manos si ella lo pedía. No porque creyera que Mimi no fuera capaz de lograrlo por sí misma, sino porque ella le provocaba eso: un deseo incontenible de querer darle absolutamente todo. La escuchó en silencio, con una atención absoluta, como solo ella se merece. Asintió despacio, porque entendía mejor de lo que ella imaginaba, sabía cómo había vivido la inglesa, no sólo por lo que había alcanzado a notar en estos años de ella, sino también por lo que había hablado alguna vez con sus padres y por la información que Daehyun le compartía con tanta facilidad. "Mimi." la llamó, con una suavidad inusual en su voz. "Espero que de ahora en adelante te permitas ser más egoísta. Porque lo mereces. Has trabajado toda tu vida para merecerlo… ahora es momento de tomarlo." las palabras eran sinceras, pero no podía evitar que en ellas se filtrara un matiz oscuro, porque para Han, ese era el verdadero significado del poder: no esperar a que te lo concedan, sino reclamarlo. ¿Y qué si empezaba a imaginarla a su lado? Conocía mil y un formas de abrirle puertas, de darle poder sin límite, de empujarla hasta la cima para que nunca, jamás, se volviera a sentir en segundo lugar. Y si dependía de él, Mimi tendría todo aquello que alguna vez le negaron. Parpadeó sorprendido, el halago lo tomó completamente desprevenido. Por un instante, tuvo que apartar la mirada hacia un lado porque sentía el calor subirle al rostro de una manera que no podía ocultar, estaba sonrojado a más no poder. No importaba cuántas personas le dieran cumplidos, cuántos ojos lo buscaran o la atención que siempre recibía. Nada de eso se comparaba con esto, porque había pasado años deseando exactamente esas palabras, pero solo de ella. Cuando volvió a mirarla, lo hizo directo a sus ojos, con una intensidad que nacía de esa certeza. Desde aquella ida al pueblo, algo había cambiado entre ellos, como si finalmente existiera una conexión distinta, ya no lo evitaba, y ella le había sorprendido buscándolo primero. Por más que lo había soñado, jamás pensó que el momento real llegaría. "¿Sabes que llevo casi una década esperando a que me miraras así?" se atrevió a confesar, su voz volviendo a tornarse más contenta. Esas últimas palabras ¿qué significaban? ¿Seguían hablando sólo de la chaqueta? Porque su pregunta... Llevaba otro significado ¿será que la respuesta de ella también? Apretó sus labios en una sonrisa mientras que una de sus manos bajaba para buscar la ajena sus dedos acariciando los ajenos suavemente, tentativos, mientras que mantenía el contacto visual. "A mí me gustas más."