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@milyta-blog2
Safada sabe que está sendo observada 🤤🤤🤤
Del exhibicionismo a la entrega total
Tengo muchas fantasías, y de a poco estoy convenciendo a mi mujer unirse a ellas. Cuando conocí a Pilar me encontré con una joven reprimida, producto de una formación anticuada y estricta. Se había casado muy joven, embarazada, y como ocurre casi siempre derivó en un fracaso matrimonial que la había marcado profundamente. Una vida sexual monótona y rutinaria, con normas rígidas, que fue apagando su deseo juvenil. Con el tiempo intenté que se fuera relajando, quise ayudarla conociendo sus carencias, y gradualmente logré que perdiera la vergüenza hasta revelarme sus necesidades sexuales. Entendí que su decepción era no alcanzar a satisfacer su erotismo contenido, que sus parejas anteriores tampoco habían logrado apagar ese fuego, y que se masturbaba después del sexo porque no conseguía llegar al orgasmo. De a poco conseguí hacerla a mi medida, con amor e infinita paciencia logré que se fuera soltando y convertirla entonces en un huracán que le apasiona el sexo, sentirse admirada, que la codicien y deseen. Fue un trabajo de años lograr que no se reprochara su lujuria ni sintiera vergüenza por su propio comportamiento. Encajamos muy bien, pues nos revelamos como voyeur y exhibicionista. Adoro verla usando ropas provocativas en lugares comunes y tradicionales, y a su vez, a ella le entusiasma comprobar como este tipo de atuendos llama la atención de otros hombres. Siempre vamos a Shoppings, bares, locales nocturnos, restaurantes o cines, y procura, sin llegar a parecer ordinaria, calzarse polleras muy cortas, lucir transparencias, escotes generosos (rara vez usa sostén) y tacos altos, los que la hacen extremadamente sensual. Este es un preámbulo… mi esposa actualmente tiene 35 y yo 10 años más. Realmente se trata de una mujer espectacular, refiriéndome a lo físico es rubia, 1,75, pelo largo con ondas en las puntas, sumamente armónica, piernas y pantorrillas bien definidas, una cintura de avispa que acentúa su culo hermoso, bien parado, y los pechos de tamaño medio a grande (gracias a las siliconas, que la dejaron hecha una diosa). Por si hiciese falta realzar aún más todo ello, está siempre bronceada, con marcas de las tangas hilo dental que acostumbra usar, lo que la hace más sexy todavía. Es un bomboncito con cara aniñada y labios carnosos, que en realidad esconde una fogosa hembra dispuesta a placeres que, hasta el momento, ni una sola de las mujeres que conocí han sido capaces de proporcionarme. La historia es que hace unos días me telefonea a la oficina, diciendo que su hija estaba llorando porque no podía ir al cumpleaños de 15 de una compañera de clase. Pamela vive con nosotros, es fruto de su primer matrimonio, y al parecer sus amigos no la podían acompañar, por lo que se negaba a ir sola. Me propuso llevarla juntos, y sinceramente me pareció de lo más injusto. Cuando había salido de casa en la mañana nadie me había dicho de este cambio de planes. Siendo viernes, acostumbro tomar unas cervezas con amigos (es mi “noche de soltero”) y me negaba a renunciar a mi salida semanal. Ella insistió, insistió, siguió insistiendo tanto que tuve la idea del chantaje… Le propuse que la llevaríamos, solamente si esa noche mi mujercita hacía todo, literalmente todo lo que pudiera pedirle. Cuando estoy tan caliente hasta la idea más descabellada empieza a cobrar sentido, y en aquel momento tenía una en mente… La línea quedó en silencio, y seguidamente preguntó si estaba hablando de mis “fantasías”. Intentó articular un tímido reproche, pero fui terminante: -“Se hace así, o no vamos”. Terminó aceptando, pero en su voz se adivinaba la desconfianza por lo que pudiera pedirle… Le dije que, en primer lugar, tenía la ventaja que fuera un día extrañamente frío para noviembre, que debería esperarme vestida con un abrigo casi nuevo que había comprado el año pasado, y sólo utilizó una vez. Ella dijo: -“sólo que… ” La interrumpí: -“sandalias negras, esas enlazadas en los tobillos, con la punta cerrada y de taco bien alto”. - “¿Y debajo?”, preguntó. -“Con el vestuario de abajo quiero que me sorprendas…” Repentinamente, protestó: -“¡debes estar loco! mirá si vas a ordenar qué ponerme”, y colgó el teléfono. Como ya he explicado, con el tiempo se transformó en una mujer muy fogosa, e incentivada por mis indicaciones nunca tuvo el más mínimo reparo en practicar cualquier variante sexual, desde el sexo oral hasta la penetración convencional, pasando por temporadas en las que le apetecía más a menudo que se la metiera por el culo. Otra de las aficiones que descubrí en Pilar fue el morbo que le suponía el ser observada e incluso el de hacer ella misma de voyeur. Desde los primeros años de nuestra relación, nos hicimos asiduos a algunos chats de cibersexo donde mi esposa no tenia reparo alguno en exhibir sus encantos por la cámara, o demostrar a los ocasionales espectadores que era una experta en mamadas. Pasamos noches enteras manoseándonos ante la cámara, o viendo como otras parejas lo hacían. También entablamos amistad con algunos hombres, que se pajean viendo como Pilar se desnuda para ellos antes de que yo le hiciese una buena lamida de coño, o ella me deleitara con una deliciosa fellatio. Después de unos veinte minutos se comunicó de vuelta, pero en esta ocasión su voz sonaba sumisa. -“¿A que hora nos pasás a buscar?” Arreglamos que estaría recogiéndolas alrededor de las 20 horas. La ansiedad que sentí en ese tiempo de espera, nunca la había experimentado en mi vida! Ya no podía trabajar más. Desde que terminamos la llamada, mi verga palpitaba como presagiando el futuro. Entré a Internet, leí algunas historias de exhibicionismo, y una vez que se hizo la hora señalada me encaminé a nuestra casa. Me recibió en la puerta vestida con el abrigo que le pedí, montada sobre las sandalias, y de su fino cuello pendía un collar enchapado en oro. Como estaba algo oscuro no pude terminar de repasarla completa, Pamela bajó al instante, las saludé dándoles los besos tradicionales, y nos metimos en el coche rumbo a la fiesta. Quedé algo alterado, porque no había terminado de adivinar si tenía más ropa debajo. Esa noche lucía hermosa como nunca, tan deslumbrante y deseable que se lo hice saber. Una diosa excitante y provocadora, con el cabello brillante, un tenue maquillaje que realzaba sus rasgos femeninos, y de todo su ser emanaba el perfume que le había obsequiado para nuestro aniversario: una fragancia francesa que la hace más sexy todavía. Comenzamos a andar, y de pronto noto que acomodada junto a mí se abre el tapado y enseña descaradamente el comienzo de sus piernas enfundadas en medias negras. Instintivamente, o por acto reflejo, mi verga comenzó a dar señales de vida y ganar volumen. No intercambiábamos palabras ni apartábamos la vista del tránsito. Como si nada ocurriera me toma la mano para que Pamela, sentada a sus espaldas, no se diera cuenta de los juegos sexuales de su madre y me la dirige cada vez más arriba, para enseñarme que no llevaba ropa interior: sólo las medias del tipo bucaneras, sujetas por un delicioso portaligas. Adivinando mis pensamientos, abrió completamente el abrigo sin importarle que los autos de los lados o la gente de los buses la vieran. Mi mano ansiosa siguió trepando y fue directo a su coño que me esperaba completamente afeitado. ¡Casi me infarto! Nunca se lo había depilado “completo”. Avancé con mi dedo medio y sentí al instante la creciente humedad en su rajita…ella no podía decir nada, se limitó a emitir un apagado gemido de placer y contonear con sutiles movimientos de vaivén su capullo rosado, listo para gozar. Lo morboso de la situación hacía más excitante la exploración. Su hija sentada en la parte trasera que podía descubrir el manoseo, los vehículos que pasaban a nuestro lado, y mi mujer con el abrigo ya completamente abierto entregada a mis caricias… Arriba se había puesto sostén, también negro de encaje, pero la muy puta me sorprendió con un modelito de esos que no hacen más que levantarle los pechos, dejando su generosa delantera que tanto admiro completamente expuesta, con sus senos redondos y empinados. Resultaba todo un sacrificio reprimir la tentación de arrojarme sobre ella y succionarle los pezones, que se me ofrecían rosados y erectos. Mi pija, a esa altura, ya formaba en el pantalón un bulto imposible de disimular. Echándome una lasciva mirada, al tomar conciencia del espectáculo que me estaba brindando, sonreía maliciosamente y entreabría la boca pasándose la lengua por los labios, como promesa de todo lo que vendría después. Al cabo llegamos donde tendría lugar la fiesta y Pamela bajó del coche, dejándonos por fin solos. Reanudamos la marcha, en dirección a un centro comercial. Para entonces Pilar ya se había despojado de toda inhibición, y resultaba un espectáculo verla recostada sobre el asiento, el abrigo totalmente abierto, con sus manos jugando inquietas: mientras la derecha frotaba enérgicamente su entrepierna, con la izquierda había liberado mi verga tiesa, tan larga y ancha como es, enrojecida y surcada de venas que asomaba del pantalón y parecía un periscopio. La agitaba con maestría, masajeándola con movimientos lentos de arriba hacia abajo. De vez en cuando se detenía para lubricarse las manos con saliva, para enseguida retomar la masturbación simultánea con todo el morbo y la calentura de ese momento. Me practicaba una paja magistral, el miembro estaba totalmente rígido, notándose la cabeza dilatada y cubierta de flujos. -“Pero mirá que grande se te puso!”, dijo admirada, ¿Podré hacer algo para aliviarte?” Se inclinó sobre mi sexo y metió la poronga en su boca. Como siempre, la chupaba muy bien, alternando mamadas y masajes en los huevos. La metía y sacaba con destreza y la saboreaba con ganas. Pasaba su lengua a todo lo largo del pene, y luego besaba y succionaba el glande, dándole ligeros mordisquitos. Había que ver como mi esposa, hasta hace un instante tan pulcra y decente, estaba cómodamente recostada en el auto, completamente desnuda y con las piernas abiertas mamándole la verga a su marido. Toda una puta. Su lengua hacía círculos en mis testículos inflamados, subiendo por la polla y lamiéndola con suavidad hasta llegar a la punta. Empecé a dar unos resoplidos enormes, señal inequívoca de que esta vez era ella quien dominaba la situación. Mientras se tragaba el miembro, notaba la saliva brotando por la comisura de los labios. Sus manos continuaban el masaje de los huevos, los apretaba con mayor o menor presión, en un juego que le excitaba. Sabía sacarle partido a esta situación, y se sentía cómoda. La verdad es que duró muy poco su autoridad, pues mi excitación se hizo insostenible, y comencé a follarle la boca con frenesí. Una de mis manos agarró su cabeza y la tomé del cabello para imprimir el ritmo que quería, mientras con la otra mano llevaba el volante. Estaba a punto de venirme, volábamos de calentura contenida porque todo ese jueguito nos había puesto a mil; en ese estado ingresamos al estacionamiento del Shopping, dispuestos a continuar mi fantasía… Estacioné el coche, guardé como pude el miembro inflamado, y mientras nos acomodábamos las prendas esgrimió un último intento de defensa: -“¡Wow, me siento desnuda!, la gente se dará cuenta que estoy sin ropa interior, todos me van a mirar”, dijo pícaramente. Le recordé la condición de la obediencia prometida y bajamos con paso decidido. Cuando llegamos a la puerta del centro comercial le expliqué que ahora iba a caminar sola, con tres botones de la parte inferior de su abrigo abierto, dejando sus largas piernas demasiado expuestas. Mientras, yo me retrasaría un poco para observar la reacción de la gente. Mostrarla así me produjo una mezcla de sensaciones, por un lado se veía como una puta, pero por otra parte el hecho me excitaba y divertía. Recién allí comprobé el particular interés que estimulaba su paso. Cada hombre o grupo de ellos que la cruzaba, se volteaban para verla. Me pone loco verificar la agitación que despierta, y mi cuerpo vibra de solo imaginarla así. Por eso resolví ponerle más leña al fuego y la llamé al celular para pedirle que se detuviera a mirar las vidrieras, especialmente las de ropa interior. Ella sonrió y movió la cabeza como si no pudiera creer lo que le pedía, pero no protestó. Un policía pasó dos veces. Pilar se abre el tapado un poco más. El policía fingió no verla, y al cabo de 10 minutos vuelve a pasar, pero esta vez con un compañero. Le pido que desabroche el abrigo aún más, llegando casi hasta el pubis, para que la próxima vez que los guardianes del orden pasen, tengan una mejor vista. Regresaron para instalarse cerca suyo, y disimuladamente aprovechaban para observarla de reojo. Me preocupó pensar que le llamarían la atención, pero pronto me di cuenta que su aspecto no revelaba desaprobación. En su lugar, estaban muy emocionados y apenas podían disimular el volumen que se les había formado debajo del pantalón. Mi mujercita también se dio cuenta de la situación, acomodó su cuerpo de manera que pudieran ver mejor, y tuvo una idea loca: con toda premeditación se agacha lentamente para recoger algo del suelo, y al levantase el gabán les brindó una hermosa vista del fin de sus medias, las tiras del portaligas y el comienzo de su hermoso culo. Mi corazón dio un salto, se aceleró el pulso y sentí una oleada de calor que me invadía. Nunca se había expuesto así, tan vulgarmente. Alcancé a ver el desconcierto de esos hombres con el deseo inflamado y me volteé para que la observen a su antojo. Quedé con la adrenalina a mil imaginando lo que habían visto, mi tensión que parecía estar al límite se duplicó. Es probable que aquellos machos nunca olvidaran esa escena, pues mi mujer es realmente atractiva, y que hiciera parecer la exhibición como un hecho accidental es lo que incentivaba a fantasear con cualquier cosa. Ya era evidente su gusto por provocarme, y naturalmente que todos la vieran paseando así. Estaba espléndida, aunque creo no era totalmente conciente de la lujuria que estaba despertando, porque sus pasos significaban que de vez en cuando, a través de la abertura, se pudiera ver sus medias con liguero y el coño desnudo. Una chica con cara dulce e inocente vestida como si quisiese que la follen ahí mismo. Yo estaba muy caliente! me dí cuenta que un grupo de muchachos, que cuchicheaban a cierta distancia de mi mujer, comenzaron a acompañarla babeando de deseo. Parecía increíble, pero caminaba moviéndoles el culo en una actitud de provocación alevosa. Cada tanto daba vuelta la cara y los miraba con una expresión lasciva que hubiera enloquecido a cualquiera. Cuando se detuvo delante de una tienda de ropa interior, de ese grupo de jóvenes (el mayor no debería llegar a los 20 años) se adelantó el más descarado para regocijarse de cerca con su escote y la vista del nacimiento de sus pechos. Pilar miró hacia atrás y lo contuvo con una mirada con aire de censura. Claro que tras ese falso enojo les ofreció una sensual vuelta sobre si misma, en la que el abrigo se le abrió por unos instantes, y los muchachos pudieron deleitarse viendo en directo las apetecibles curvas de mi esposa. No midió las consecuencias, el inesperado espectáculo que les había ofrecido los terminó de alborotar, y ahora ella buscaba mi auxilio con desesperación. Un escalofrío intenso me recorrió la espalda y decidí intervenir. Entonces me acerqué, la saludé como un amigo que la encontraba casualmente, intercambiamos unas palabras para disimular y nos alejamos del grupo dejándolos completamente excitados con la fugaz visión de sus redondeces. Seguramente esa misma noche, antes de dormir, recordarían la rubia del Shopping y se clavarían una formidable paja en su honor. Terminamos saliendo del centro comercial, y elegimos continuar la recorrida en un local nocturno. Nos instalamos en una mesa, Pilar quería cerrar algunos pocos botones, pero no se lo permití. Mi polla parecía que iba a estallar. ¿Quién sería el vecino afortunado que la vería cruzar sus maravillosas piernas, para descubrir que estaba sin bragas? Argumentó que cualquiera podía percibir su desnudez, pero le dije que no pasaría nada si yo estaba a su lado. Se tranquilizó y tomamos una botella de vino blanco helado que se terminó rápidamente. La conversación era cada vez más relajada, el alcohol hacía su efecto y los miedos iban cediendo. Pedí una segunda botella y continuamos bebiendo, como para que mi mujercita estuviera suficientemente alegre. Cuando consideré que ya no podía negarse a nada, le propuse dirigirnos a la pista y bailar una canción lenta. Estábamos entre todas las parejas totalmente pegados, empezamos rozando las mejillas y nos besamos dulcemente, para luego dar paso a largos, profundos y lujuriosos besos que hicieron que la temperatura subiera varios grados. Mis manos se fueron deslizando por su espalda hasta encontrar la curva de su saliente trasero que agarré con fuerza. Hizo el intento de zafarse pero la atraje contra mi humanidad y me apreté un poco más, tratando de tocar su vagina con mi pene, aunque el abrigo no lo permitía. Fue cuando tuve la idea de abrir un poco más botones de su tapado. -“Sabés que estás loco? cualquiera podría verme desnuda y calentarse con tu mujercita” Es tan chanchita que mientras hablaba abrió dos botones, dejando sólo el último abrochado. La temperatura continuaba subiendo, entonces me puse sobre ella, con las solapas del abrigo para cubrirnos -aunque sea parcialmente- a los lados, y empecé a frotar mi polla en su coño desnudo, que sentía como se iba mojando. Bajé con la boca hasta su cuello, me entretuve dándole ligeros mordiscos que la hicieron estremecer y le formaron piel de gallina. Luego descendí hasta los pechos, no tuve necesidad de apartar el sostén porque la lencería no hacía más que exponerlos, hundí ansioso mi cabeza y el embriagador perfume me terminó de decidir. Desentendido por completo del lugar y la situación los chupé desesperado, primero uno y después el otro, llenando de saliva sus pezones erectos, dibujando movimientos circulares con la lengua, lo que hizo que mi poronga se endureciese totalmente Me come la boca con desesperación, sin decir palabra la continúo besando mientras mi mano se interna en la entrepierna para posarse en su vagina. La acaricio primero delicadamente, recorriendo cada pliegue de su vulva desnuda, y al tocarle el clítoris con un dedo no pudo contener un audible gemido de placer. Temí que fuera escuchado por otras personas, por lo cual la hice callar sellándole los labios con un apasionado beso, a lo cual me respondió con igual ardor. Introduje un dedo en su húmeda cueva, y cuando me facilitó la tarea abriendo más las piernas comencé a masturbarla metiendo dos dedos en su rajita depilada y chupando con frecuencia la mano untada. -“¿Te gusta, mi amor?” me susurra con voz melosa. -“Estás exquisita” le respondí. Considerando que estábamos rodeados de tanta gente, no se atrevió al principio a tocar mi chota, pero interrumpí por un segundo las caricias en la vagina y tomándole una mano, la coloqué sobre el bulto prominente de mis pantalones. Ella gritó de pasión en ese instante: -“Ahhhh! Aaahhhh!!!” su respiración se hacía cada vez más agitada, la cara delataba el rubor de la excitación creciente, y fui por más: disimuladamente me bajé el cierre del pantalón, mi palo quedó liberado de su prisión y saltó como un resorte. Tenía el glande húmedo, estaba a punto para la penetración, pero aunque se acomodó entre sus piernas e inicié un sutil bombeo, en esa posición no podía entrar. Tan excitada como yo, mi esposa se estremeció como una perra en celo al sentir la presión, y comenzó a apretar las piernas sosteniendo mi polla entre ellas. Se acercó a mi oído y metió su lengua muy suavemente, para terminar de volarme la cabeza: -“Te pone al palo verme así de PUTA, ¿verdad, cariño?” Cerré los ojos y me dejé llevar, porque ella no paraba: -“Quiero todo eso dentro mío, cojeme bien, papito!”. Sabía que la penetración era imposible, pero se había transformado en una gata que disfrutaba del momento tanto o más que yo. Conozco a la perfección cuando se entrega totalmente, el jueguito la había terminado atrapando, y la sentía temblar aferrada a mi cuello, en pleno éxtasis. No pensábamos en otra cosa, el resto del mundo había desaparecido en ese mismo instante. Acompañamos el ritmo de la música con ese mete-saca cadencioso, mi poronga totalmente húmeda por sus jugos se desliza contra su entrepierna lentamente, procurando alargar el final. -“¿No tenés ganas que te la ensarte, putita?”. Pilar solo gemía y asentía con la cabeza, se colgó con las dos manos de mi cuello, las piernas dobladas por las rodillas abrazándome con los muslos, y mirándome fijamente a la cara tuvo su esperado orgasmo. -“¡¡¡Diossssssss!!!”, sonó desgarrador, su cuerpo no para de temblar mientras sus piernas pierden fuerzas. Nuestras bocas se devoran hambrientas. Su lengua carnosa, de una vitalidad exquisita, dibuja círculos en el aire y se encuentra con la mía que la aguarda ansiosa. La excitación es muy fuerte, ya no la puedo controlar. Había llegado mi turno, sin posibilidades de continuar resistiendo… -“Mirá que ya no aguanto” -“Dale, dame esa leche ahora” -“No me hables así, hija de puta” -“Siiiii! soy tu putita, para todo lo que quieras…” Por fin le daba rienda suelta al goce, mi cuerpo se estremecía y sentí que estallaba en un gran orgasmo. Le abracé fuertemente la cintura, aceleré el ritmo del bombeo, y mi verga empezó a escupir chorros de leche espesa. Una andanada viscosa y caliente se precipitó en su rajita, desplazándose por sus piernas. Nos miramos uno a otro y nos continuamos besando con avidez, sonriendo cómplices. Fueron minutos de evasión total, en los que no éramos conscientes que nos rodeaba gente que por nuestros movimientos y nuestros gemidos, algo tenían que haber visto… Terminado el momento del clímax comenzamos a recuperar los sentidos, y al abrir los ojos comprobamos que a nuestro alrededor varias parejas nos miraban como anestesiados. Una de las mujeres comenzó a aplaudir y a ésta se le sumaron otras…¡y otros!. Alguien gritó ¡Otra, bravo! Acompañado por silbidos. Estábamos totalmente avergonzados, nos habíamos comportado ni más ni menos que como adolescentes en celo. Rápidamente nos arreglamos las ropas, y como pudimos buscamos la salida. Una vez que emprendimos el regreso a casa nos invadió el placer por la experiencia vivida, supimos que sería una anécdota excitante que recordaríamos toda la vida, y el punto de partida para muchas historias más…
Rutina, mala consejera
Sinceramente no sé cuándo paso, ni cómo llegamos a la situación actual, Marta y yo somos una pareja joven que llevaba casada tres años, pero casi una vida de novios.
Nos conocimos en el instituto y desde ahí hasta la actualidad no nos separamos, lo aprendimos todo juntos, fuimos a la universidad juntos, nuestra relación era maravillosa, a la vista de nuestros amigos y vecinos perfecta, pero después de más de 15 años de noviazgo y 3 de casados, probablemente la rutina, el día a día se había apoderado de nosotros.
Poco a poco, nos fuimos separando, haciendo más independientes, lo que antes hacíamos juntos, ahora lo hacíamos de forma separada, cada uno tenía su propia vida dentro de nuestra vida matrimonial, todo en nuestra relación cambio, cuando antes estábamos en un constante ajetreo sexual, probando y buscando nuevas experiencias, ahora era una vez a la semana sin muchos preliminares, y a dormir.
Era evidente que nuestra relación se había deteriorado, y ambos lo veíamos.
En un intento por salvar nuestra relación decidimos volvernos al pueblo, lugar donde nos conocimos y tan buenos momentos pasamos juntos, mi trabajo me permitía trabajar desde casa y ella estaba de ama de casa ya que no encontraba nada de lo suyo.
Decidimos comprar un caserío e ir reformándolo para convertirlo en una casa rural.
En un principio la cosa parecía recuperar la vitalidad de antaño, pero solo fue un espejismo, yo no tarde mucho en centrarme en el trabajo, ya que comenzamos a tener más trabajo del que podíamos atender, y mi mujer si en la ciudad estaba aburrida sin nada que hacer, os podéis imaginar en un pueblo.
Al cabo de un tiempo decidimos comenzar a rehabilitar el caserío, y contratamos a una pequeña empresa de la zona para que nos preparasen un presupuesto sobre los arreglos que habría que hacer.
Reconozco que el hombre que vino a ver la casa y nos pasó presupuesto era un apuesto joven, bastante musculoso, que al ver a mi mujer se la comía con la mirada de manera descarada, esa situación me incomodo un poco y no me gustó nada su particular forma de mirar a mi esposa, su arrogancia e incluso su chulería.
Mi mujer lejos de incomodarse o molestarse, parecía gustarle que un chaval joven babeara por sus huesos.
E incluso me pareció que lo provocaba de manera sutil, en ese momento sentí una punzada de celos y apunto estuve de decirle al chaval que se marchase, pero me contuve e hice como que no me daba cuenta, y realmente el precio que nos paso era mucho más económico que cualquier otro.
A los pocos días el chaval apareció con una cuadrilla de cuatro o cinco chavales de más o menos su misma edad y comenzaron a restaurar el caserío.
Empezaron por el tejado del granero, durante varios días pude ver como varios chavales jóvenes atractivos y fuertes lucían palmito frente a mi casa, la verdad es que esa situación me incomodaba, pero en mi mujer parecía provocarle el efecto contrario, ya que no dejaba de mirar por la ventana y deleitarse mirando esos cuerpos sudorosos, se la veía alegre y risueña y para mi gusto demasiado atenta con ellos, no sé si lo hacía por darme celos o porque le gustaban esos chavales, pero el caso es que yo me sentía incómodo y algo celoso.
Reconozco que, aunque no estoy mal y me cuido no podía competir con la juventud insultante de alguno de ellos y con esos cuerpos tan musculados y morenos fruto de las horas que pasaban en los tejados.
Uno de los días en los que yo más trabajo tenía, mi mujer se fue a correr, vi su atuendo y la verdad es que estaba preciosa, aunque para mi gusto demasiado descocada, aunque no me atreví a decirle nada por miedo a que lo considerase un comentario machista o soez, después de poco más de una hora la vi llegar a casa completamente sudorosa, con sus pezones marcándose en su sudada camiseta.
Me fije como todos los trabajadores dejaron de trabajar para recrearse en el hermoso cuerpo de mi mujer, que para colmo se puso hacer algunos estiramientos frente a la puerta, dándoles un bonito espectáculo a los chavales, esta al entrar en casa vino hasta la cocina, justo donde estaba yo, cogió la jarra de agua y bebió con deleite, cayéndole sobre su camiseta sudada y fruto del frio provocando que sus pezones se marcasen de manera más que evidente.
Marta: “Cariño, no veas lo incomoda que me he sentido con todos esos hombres ahí fuera observándome mientras realizaba mis estiramientos”
Yo: “Bueno igual si te hubieses puesto sujetador, a lo mejor no te hubiesen incomodado tanto”
Marta:” ¿Me estás diciendo que es culpa mía?”
Sentí como a Marta le había herido mi comentario, pero sinceramente me había molestado bastante que se pavonease así con esa vestimenta delante de esos críos.
Aunque no quería reconocerlo y opte por la peor de las decisiones, atacarla.
Marta: “Que sepas que yo me visto así para ti. Para gustarte”
Yo: “Cariño, no hay nada nuevo que no haya visto ya. No hace falta que te vistas así para mi”
Eso ya fue la gota que colmó el vaso.
Marta se fue muy dolida, era evidente que la había conseguido cabrear y Marta cabreada era capaz de todo.
Pero mi ego me impedía pedirle perdón, por mi cabeza pasaba el subir tras ella, pedirle perdón y hacerle el amor con pasión, pero por orgullo y no darle la razón no lo hice y lógicamente acabaría pagando las consecuencias.
Cuando Marta llego a la habitación, vio la ventana de par en par, y como quien no quiere se comenzó a desnudar para darse una merecida ducha, solo que esta vez se recreó mientras se quitaba la ropa, sabedora que estaba siendo observada por los trabajadores.
Y siendo observada se metió en la ducha dejando que los chavales se recreasen mientras ella se enjabonaba a conciencia su hermoso cuerpo.
Lo que no pensaba con sus acciones es lo que pasaría después.
Ya que los chavales animados por el espectáculo que les estaba ofreciendo mi esposa, decidieron tomar cartas en el asunto.
Yo no me había enterado de nada, pero los chavales extasiados por lo que acababan de ver, lo interpretaron como una invitación.
Así que cuando yo me marchaba al pueblo para comprar provisiones, un par de chavales me abordaron en la puerta para pedirme una botella de agua, la verdad es que el calor apretaba, y yo como otros días les deje la casa abierta para que ellos mismos se sirviesen, y vaya si lo hicieron, ya que aprovecharon cuando yo me fui, para avisar a los otros e ir directos a nuestra habitación, donde aún seguía mi esposa duchándose, con la ventana abierta pensando que los chavales la estarían observando, por lo que se estaba enjabonando a conciencia y tranquila.
Cuando salió del baño tan solo llevaba una toalla anudada al torso, miro por la ventana de forma curiosa, pero con mucho cuidado, ya que no quería ser descubierta, cuando vio que no había nadie en el tejado, se asomó de forma más descarada, pero lo que no se esperaba es que cuando se volvió, comprobó que tanto el jefe de la empresa como sus cuatro ayudantes la estaban esperando en su habitación.
Mi mujer al verlos se sorprendió, ya que no se esperaba que estuviesen allí.
Mujer: “Hola chicos, que susto me habéis dado, ¿Se puede saber que hacéis aquí?”
Pero los chavales no dijeron nada, simplemente se la estaban comiendo con la mirada, esperaban el momento que su patrón les diese la orden.
Ahí estaba mi mujer inmóvil ante 5 hombres expectantes y con sus miradas clavadas en mi mujer.
Esta al verlos y mirarlos a los ojos debió intuir sus intenciones ya que su cara mudó a una expresión de miedo e intento meterse nuevamente en el baño, sin mucho éxito ya que uno de los chavales rápidamente se interpuso entre la puerta y mi madre, empujándola hacia el centro de la habitación.
Jefe: “No pensarías que después del espectáculo que nos has dado, nos íbamos a quedar quietos”
Mujer: “No, no sé de qué me hablas”
Todos rieron, ya que las palabras de mi mujer sonaron muy falsas, e incluso tartamudeo al decirlas, fruto del miedo.
Jefe: “No te preocupes cariño, vamos a darte todo lo que el subnormal de tu marido no parece querer darte. Te va a gustar”
Y después de esto, el jefe se abalanzo a por mi mujer, empujándola violentamente para que cayese sobre la cama y al mismo tiempo quitándole la única prenda que cubría su escultural cuerpo.
Mi mujer ante la reacción del jefe dio un chillo, estaba aterrada, inmóvil una cosa era calentarlos y otra muy diferente lo que estaba a punto de pasar.
El jefe se abalanzó sobre mi mujer, inmovilizándola con su peso, una de sus potentes manos se aferró a su cuello, mientras con la otra de manera diestra se bajo los pantalones y después se cogió su polla y la oriento hacia la entrada de la vagina de mi esposa.
Esta temerosa de que le hiciesen daño, le suplico.
Esposa: “Por favor, vale, hare lo que me pidáis, pero despacio por favor, no estoy lubricada”
Todos reían, al parecer la situación les hacía gracia, que ahora suplicara los excitaba a todos todavía más.
Pero el jefe no hizo ningún caso, ya que una vez tuvo su inhiesta polla dirigida a la entrada de su vagina se dejó caer para introducirle toda esa barra de carne en sus entrañas.
Mi mujer dio un alarido que nadie a parte de sus violadores pudo oír.
El jefe empujaba con todas sus fuerzas, era como si quisiera demostrarles a sus trabajadores quien era el que mandaba.
Al cabo de un rato su cuerpo se tensó y se corrió en el interior de mi esposa, para dejarse caer sobre ella.
Tras un rato inmóvil, se levantó de la cama, dejando a mi mujer en un ovillo sobre su propio cuerpo.
Jefe: “Bueno chicos toda vuestra disfrutarla y darle la caña que se merece a esta exhibicionista”
Estas palabras fueron suficiente para que cuatro hombres ansiosos de hembra se abalanzasen sobre mi esposa, que al oír lo que había dicho el jefe intento nuevamente sin mucho éxito escapar de allí.
Uno de ellos le cogió de un tobillo y la arrastro hasta el centro de la cama, abortando su escapada, mi esposa chillaba y se aferraba a la cama, sin mucho éxito, ya que entre los cuatro rápidamente la colocaron en el centro de la cama, boca arriba y abrieron sus piernas para que se fueran turnando uno a uno y la violasen.
Mi esposa poco a poco fue cejando en su empeño de escaparse, vio que no iba a ser posible, por lo que poco a poco comenzó a relajarse con la esperanza de que terminasen rápido, y no la lastimasen.
Sin embargo, sin saber porque poco a poco sintió como se iba humedeciendo, como el dolor inicial por no estar lubricada pasaba a un gusanillo a un cierto placer, hasta que al cabo de un rato sintió como un intenso orgasmo la hacía desfallecer, perder el conocimiento.
Oía como los trabajadores, hacían comentarios y se habían dado cuenta de la situación, riéndose de ella y comentando lo puta que era y lo que le gustaba que la follasen varias pollas.
Momento que aprovechó el jefe para darles ciertas órdenes a sus compañeros, que acataron sin protestar y de forma hábil.
A los pocos segundos cuando comenzó a recobrar el sentido mi esposa, se dio cuenta que estaba boca abajo encima de la cama amarrada por todas sus extremidades por cada uno de los trabajadores.
Sintió como el jefe subía a la cama y se colocaba entre sus piernas.
Ella al intuir lo que iba a pasar comenzó a chillar, a intentar zafarse sin mucho éxito, estaba aterrada.
Esposa: “No por favor, no por ahí no, por favor, soy virgen”
Lejos de conseguir su objetivo, consiguió el objetivo contrario, ya que al oír que era virgen sirvió como estímulo para sus acosadores.
Jefe: “Genial, esto va ser un gustazo, voy a ser el primero que entre por aquí”
El jefe se hecho sobre su cuerpo y cogió los brazos de esta, a la vez que aprovechaba para hablar con uno de sus compañeros.
Jefe: “Vete a la cocina trae aceite”
El compañero salió disparado, y al segundo apareció con un bote de aceite, que le entrego a su jefe, y volvió a coger la extremidad de mi esposa nuevamente para inmovilizarla.
El jefe se dejó caer sobre el cuerpo de mi esposa, y acercando sus labios al oído de mi esposa le susurro algo.
Jefe: “¿Qué pasa putita? ¿Pensabas que podías calentarnos, provocarnos y que no iba a pasar nada? ¿Qué no iba a ver consecuencias???? Pues estas son las consecuencias, y espero que te relajes y seas capaz de poder disfrutarlo, por lo menos la mitad de lo que lo voy a disfrutar yo”
Entonces el jefe abrió la botella de aceite, hecho un buen chorretón sobre el culo de mi esposa, se embadurno toda la mano y comenzó a juguetear con su orificio trasero, hasta que comenzó a introducirle uno de sus dedos por el culo, momento que mi mujer se quedó inmóvil y comenzó a gemir y a suplicar que parase que le dolía.
El jefe lejos de hacerle caso, seguía jugando con su dedo en el culo de mi esposa, moviéndolo de manera circular, hasta que la sintió más relajada y le introdujo un segundo dedo.
Durante un buen rato estuvo jugando con sus dedos en el culo de mi esposa, hasta que sintió que se relajaba o simplemente se cansó de jugar con ellos y se los saco de golpe para cambiarlo por algo más grande y duro, se embadurno su polla de aceite y dejo caer un buen chorro en el deformado agujerito trasero, para cogerse su polla y orientarla a la entrada trasera de esta, no sin antes coger la almohada y colocársela en el bajo vientre a mi esposa para que el culo de esta quedase un poco más levantado y expuesto..
Mi esposa al sentir el glande apuntar a su entrada trasera comenzó a suplicarle que parase, pero eso no iba a pasar.
Y el jefe, suavemente, pero con evidente dificultad comenzó a perforar ese virginal culito, solo había entrado el glande con mucha dificultad y mi esposa respiraba de forma entrecortada y agitada, una lagrima corría por sus mejillas.
El jefe se quedó inmóvil, esperando a que se adaptara, a que se relajara.
Jefe.: “Chicos este culo es espectacular. Que maravilla”
Y diciendo esto le daba varias nalgadas, provocando que su culo se tornase a un rojizo intenso.
Cuando parecía que su culo empezaba a adaptarse a esa candente barra de carne, el jefe dio un par de golpes secos de riñones y acabo insertándosela totalmente en su orto.
Mi esposa chillaba y lloraba desconsolada, mientras el jefe salía y entraba suavemente, como un cuchillo cortando mantequilla, cada vez más fácil, cada vez más rápido.
Se le veía extasiado hasta que estallo en el interior de su culo.
Cuando saco su polla de las entrañas de mi esposa, el culo de mi mujer estaba completamente deformado, muy enrojecido e irritado e incluso salía borbotones de semen mezclado con un hilillo de sangre.
Y así uno a uno fueron turnándose para destrozarle de manera definitiva el culo a mi esposa.
Al cabo de dos o tres ya no se molestaban ni en sujetarla, no hacía falta mi mujer era un cuerpo inerte que no reaccionaba, estaba en estado de shock.
Fueron varias horas las que abusaron de ella sin compasión.
Cuando yo llegué a casa, los trabajadores habían reiniciado sus trabajos, como si no hubiese pasado nada, mi esposa se había duchado nuevamente y cambiado las sabanas, y se había quedado dormida en un profundo sueño.
Sin embargo, yo no supe nada de esto hasta pasado unos años en los que mi esposa me lo conto todo, pero eso ya es harina de otro costal.