Ojo: Instagram no es Dios, pero tu camarero sí.
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Cuando un negocio cualquiera consigue que decenas de personas hagan fila ante su puerta, aunque haga frio, o calor, aunque las manecillas del reloj se muevan lento, los viandantes se sienten intrigados y los empresarios cabreados y curiosos a un tiempo: ¿qué c**o estarán haciendo para atraer al público así, como moscas a la miel? En Madrid esto le pasa a Doña Manolita, FootDistrict y a Zenith Brunch & Cocktails, estos dos últimos en la calle Valverde (que parece tener cierto magnetismo para las colas, por si alguien quiere alquilar uno de los pocos locales vacíos en la calle).
Atraída por la curiosidad, decido entrar un día, y long story short, DESASTRE. Me sirven un zumo “natural” hecho del día anterior, de lo que me percato porque llega a la mesa en 3 segundos pese a llevar varios ingredientes; un huevo frio y avinagrado, un aguacate negro y un pan de molde (medio, de hecho) sin nada untado que sirve más de plato que de ingrediente integrado - perdón por el trabalenguas.
Dudo si comentarlo o no, pero pensando ya en este post, que acababa de nacer y tomar una dirección distinta a la esperada y en aras de ayudar al negocio, decido dar feedback constructivo. ¿La respuesta?
1. El huevo está avinagrado porque hay que echarle vinagre al agua de cocción. Sí, lo sabemos, pero a) no es obligatorio, y b) ahí reside el talento presupuesto al chef, de usar los trucos de modo que no se noten.
2. El aguacate es el único que nos quedaba y llevaba varios días abierto. Guau, hubiera preferido no saberlo, y no se si agradecerles la honestidad o directamente levantarme e irme.
3. Los zumos los hacemos una vez al día. ¿En serio, y los cobrais como frescos?
Me ofrecen un café gratis para compensar, y ahí me queda claro:











