Estaba perdido. Había estado jugando al pool antes de que un grito lo incitara a moverse y a perderse en la casa, sin saber cómo volver al punto en el que se encontrbaa. Normalmente hubiera ignorado aquel sonido, pero la voz le había resultado familiar y fue suficiente incentivo para que inútilmente la siguiera. Con uno de los palos aún en la mano, recorrió los cuartos uno por uno con una ligera sensación de que caminaba en círculos. Se sentía un idiota por haberse dejado llevar. Dio la vuelta en uno de los pasillos cuando repentinamente una persona lo sorprendió, produciendo que un grito escape de sus labios. Sin meditarlo alzó el palo que traía, dispuesto a defenderse de lo que sea que la producción le haya preparado. Pero, sin embargo, la presencia de una muchacha hizo que se detenga— ¿¡Acaso todo el mundo está loco en este lugar?! —preguntó dos segundos después mientras bajaba el palo, con un evidente enojo— Por Dios. Podría haber muerto de un paro cardíaco. Y quién sabe cuantos tímpanos me habrás roto, graciosa.
—Unas carcajadas desprendierón de sus labios al escuchar el grito del castaño, sin poder retenerlas un segundo más en su boca. Como acto de reflejo, dio algunos pasios hacía atrás en cuanto él alzó su palo, sin embargo sus risas no cesarón.— No seas nenita, sólo fue un gritito. Además... ¿pensabas defenderte con ese palo de pool? —replicó con voz burlona, echandose a reír por tercera a vez, a pesar de que estaba segura que si las cosas hubierán sido al revés, los gritos de la rubia aún estarían resonando a lo largo de los pasillos.— Qué exagerado, ni siquiera grité tan fuerte, quejón.












