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Me muero de sueño
— Pues hoy parece que no duermes solo. —dibujó una débil sonrisa sobre los labios y comprobó la hora. El último tren acababa de pasar y tardaría horas en llegar al piso desde aquel lugar.—
-Eso suena demasiado bien para ser verdad-le sonrió él apoyándose contra un muro. -Has perdido el tren, veo. ¿No tienes otra forma de llegar a tu casa?
Joder, joder.
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Joder, joder.
Estas calles son peligrosas y si no tienes las armas necesarias, te vapulean. Supongo que tú lo habrás vivido -escucha el chiste del chico y se queda mirándolo fijamente-. No lo he entendido -el sentido del humor lo ha perdido hace mucho tiempo. De nuevo, rueda los ojos cuando dice aquello. Está harta de que primero acepte, luego se eche para atrás y luego se reafirme. A ella tampoco le hace mucha gracia, pero simplemente quiere acabar con esto para así no deberle nada-. ¿Acaso te tengo que pedir que me folles con voz suplicante? -dice mirándolo fijamente a los ojos para después agarrarle las manos y besarlo intensamente.
Joder, joder.
Claro, una nunca sabe lo que le pueden hacer, pero procuro no traerla a la universidad. Demasiado peligroso -rueda los ojos-. Qué dramático. Es mi cara usual, puedes ir contándome algo gracioso para que la ponga o darme motivos para ser más agradable -dice para después quitarse sin muchos tapujos la camiseta y los zapatos-. Nada por aquí…
Jack soltó una carcajada y le tocó con delicadeza la cadera cuando se deshizo de la camiseta. -Me ha hecho gracia que consideres peligroso el hecho de llevar una pistola a la universidad y no el hecho de tenerla en si-comentó él-. Pues esto es una mujer que le pregunta a su marido si tiene la mujer grande. El marido le dice que la tiene común-sonríe Jack, haciendo una pausa y acariciando su abdomen con el pulgar-. Común tucán-terminó, riendo por lo baco, y pasando los dedos por la tira de su pantalón y desabrochándole el botón. -¿Seguro que estás conforme con esto?-preguntó una última vez el chico, que pasaba de poner una sola pega más a poder aprovechar aquella oportunidad.
Joder, joder.
-Niega con la cabeza algo exasperada. Cuanto antes cumpliera, antes podría irse a terminar el maldito trabajo-. No tengo ninguna de esas dos cosas, y mi pistola está en mi apartamento, así que estás fuera de peligro -se apoya contra una de las mesas-. Mira, tú pediste algo a cambio y es lo único que te puedo ofrecer. Tómalo ahora u olvídate para siempre.
-Joder, tienes pistola, que guay-sonrió él acercándose-. Bueno, qué tal si descubrimos si de verdad no tienes nada si te vas quitando la ropa. No quiero que esto parezca una violación, al fin y al cabo lo has ofrecido tú, así que alegra esa cara-le pidió Jack con una sonrisa felina.
#001
¿Estás dudando de mi novio? —arqueó una ceja manteniendo la seriedad en sus palabras— claro que me llamó, todos los días y hasta tuvimos charlas de hora y media. Yo hablaba, él escuchaba —aseguró mordiendo su labio para no soltar una carcajada—.
Jack enarcó una ceja mientras la escuchaba y negó con la cabeza cuando intuyó que tenía ganas de reír. -Si la estatua de la libertad no fuera una mujer... te hubiera quedado bien.
Joder, joder.
¿Sexo gratuito? Creía que este era el pago por haberme abierto la puerta ilegalmente -se echa el pelo oscuro hacia atrás y suspira con fuerza-. Oh, aquí está -coge el libro, que pesa lo suyo, y regresa donde está el chico-. De acuerdo, has cumplido tu parte del trato. Ahora me toca a mí -dice sin darle mucha importancia tras dejar tanto su bolso como el libro en una mesa cercana-. Tienes media hora, después sí que te cobraré de verdad.
-Lo que sea-murmuró él encogiéndose de hombros con las manos en los bolsillos. La observó coger el libro con el ceño fruncido, y aún más extrañado por la situación vio como ella repetía por si sola que cumpliría su parte. Le parecía irreal que le estuviera ofreciendo aquello de verdad. Vale que las personas actuaran por interés, pero la balanza estaba bastante descompensada en aquella situación. Desconfiaba. Se acercó a ella con cautela, mirándola a los ojos. -¿Seguro que no vas a sacar un spray de pimienta o una navaja?-murmuró, sin apartar sus ojos de los de ella.
#001
Después de unas merecidas vacaciones en mi país, de regreso al extranjero. Seguro la estatua de la libertad me extrañó más que Sloane. Ni una triste llamada.
-Seguro que la estatua de la libertad tampoco te llamó-comentó el chico riendo.
[...]
Lo miró curiosa y al comprender lo que hacía se sorprendió. — No puedes dormir en la calle, es peligroso, además, puede llover y te mojarás. — dijo algo preocupada. — Al menos duerme en algún sitio con techo o cubierto.
-Si pudiera lo haría, pelirroja-le dijo él con un suspiro, rodando los ojos-. Pero no tengo casa. No tengo muchas ganas de buscar nada más cubierto hoy, no creo que llueva. Te hablo desde la experiencia.
Joder, joder.
Mis estudios dependen de una beca que a su vez dependen de mis notas. No puedo permitirme entregar un trabajo mediocre mañana -explica mientras empieza a caminar buscando la sección de ciencias-. ¿Haces esto muy a menudo?
-¿Entrar en bibliotecas sin permiso para acompañar a una ex-prostituta a cambio de sexo gratuito? No, no suelo-sonrió Jack.
Me muero de sueño
Murmuró mientras se dejaba caer en uno de los bancos de la estación de metro. Llevaba un día agotador y en cuanto pudo descansar las piernas, los párpados se le cerraron.— Mierda. —sacudió la cabeza después de media hora. Se había quedado completamente dormida y el tren acababa de pasar.
-Me has quitado la cama-comentó Jack sonriendo por detrás de ella, fumándose un cigarrillo.
Joder, joder.
También es cierto -señala ella. No se puede creer cuando ve la puerta abierta, pasando como él le está indicando. La biblioteca está oscura, vacía, perfecta para cometer el “robo” (o más bien tomar prestado). Se gira al escuchar su pregunta y asiente-. Tuve un cliente que era bibliotecario y le tocaba hacer el turno de noche -responde sin pensar.
Jack sonrió y negó con la cabeza, hacía la pregunta para burlarse de ella y al final resultaba que sí. Había conocido a un par de prostitutas anteriormente, de casualidad, no contratadas, así que estaba curado de espanto. -Si que tiene que ser importante el libro para que aceptaras esto...-comentó el chico haciendo una mueca y encendiendo las luces del fondo, para que no se vieran de fuera.
Joder, joder.
-Ha visto anteriormente “artefactos” como los del chico, por lo que simplemente se coloca de manera que sea difícil observar lo que va a hacer a continuación-. ¿Qué prueba necesitas entonces?
-No tengo tiempo para pruebas, cualquiera podría pasar por aquí y darse cuenta de lo que estamos haciendo-dijo él simplemente, abriendo la puerta con un clic y dejándola pasar haciéndole un gesto. -¿Te has prostituido en una biblioteca alguna vez?
Joder, joder.
He dicho que no has aceptado inmediatamente después, supongo que te estás replanteando mi amable oferta -dice con un cierto deje de ironía. Cierra los ojos y suspira lenta y pesadamente. No le apetece seguir con aquella charla filosófica-. ¿Entonces qué valor piensas darme?
-Eso depende-le dijo Jack mirando a los lados de la calle y sacando un alambre del bolsillo. Se acercó a la puerta y manipuló la cerradura mirando a la chica-. Tomaré esto como favor por favor. Si de verdad te atreves, yo abro esta puerta-señaló con la cabeza, con las manos aún en la cerradora-y te valoraré como una persona honrada y extremadamente agradecida, aunque ya sabes que de todas maneras cuentas con mi admiración.
Joder, joder.
-Deja escapar una sonrisa socarrona-. ¿Me admiras? ¿Debería decir yo lo mismo de ti al ver que no has aceptado inmediatamente después? Las personas somos malvadas y crueles, nos movemos por nuestros intereses. Cuando algo ha sido utilizado tantas veces llegando al límite de deteriorarse, pierde valor. Lo mismo sucede con las personas.
-¿Y cuándo me he negado?-sonrió el chico pasándose la lengua por los labios-. Me sorprende escuchar eso de otra persona, normalmente es lo que diría yo. Pero no me gusta oír que aún con ello nuestra identidad pierde valor. Que seas una chica que ofrece su cuerpo es digno de mi admiración, y en cierto modo cuenta con el valor que yo le doy. Aunque supongo que tú, siendo tú misma y no un extraño, no ves ofrecer tu propio cuerpo como algo digno de valorar.