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@missmiaulove
Estoy realmente muy enamorada de ese weon
Mijito rico
Capítulo 2 “Llegamos” parte 4
Se fueron caminando una al lado de la otra en silencio. Estaban muy cansadas, haciendo las piernas como si estuvieran pateando piedras.
Isabel mira el cielo. Negro profundo, no se veía ninguna estrella con todas las luces de esa gran cuidad y da un suspiro hondo. Entrelaza sus brazos bajo sus pechos, sentía frío y quizás un poco de vacío, no sabía diferenciar si tenía hambre o solo estaba complicada por él.
- Hace frío para ser verano, no? - dice Eli al llegar a Manquehue, mirando a todos lados si ve algún taxi desocupado.
- Estaba justo pensando lo mismo weona. No quiero que empiece el frío, lo odio. - responde frotándose los brazos con las manos, sin mirar a Elisa.
- Aquí, aquí, aquí! Nosotras! - Grita Elisa levantando el brazo, haciendo señas. Sabiendo perfectamente que el taxista no la escucha.
Se subieron. Primero dejo a Elisa en su casa y luego a Isabel.
Le dio un beso en la frente a su madre con un “llegue mamita” y XXX respondió con un somnoliento “menos mal hija”.
Isabel se fue de puntitas a su habitación. Se tiro como peso muerto a su cama, mirando el techo con los brazos y piernas abiertas. Pensó en nada por unos 2 minutos y recordó los besos de Javier. Sacudió la cabeza, como si tuviera una araña en el pelo. Se levanto y conecto su celular al parlante. Puso su canción favorita del momento que la hacía sentir depresiva, apunto del colapso del llanto pero a la vez con ganas de bailar como cuando nadie te esta viendo. “Dance to this” de Troye Sivan con Ariana Grande. La puso en modo repetir una y otra vez.
Mientras caminaba hacia la cama, se sacaba la ropa y la dejaba a su paso en el suelo. Se acostó totalmente desnuda y se puso en posición fetal, encontró que era la mejor manera de dormir esa peculiar noche.
Tenía muchas cosas en su cabeza. Por alguna razón quería gritar muy muy fuerte. Estaba feliz pero triste. No entendía como pudo llegar a ese punto de inflexión, el punto que un solo hecho cambia todo en toda tu vida.
Francamente esta canción la he escuchado unas 69 veces.
ctm! la amo! Me hace sentir sexy-melancólica-con ganas de bailar; todo eso al mismo tiempo.
Me hace extrañarlo. Porque básicamente le dice que “podemos bailar esto y empujar mi cuerpo”, se refiere a las ganas locas de hacérselo.
Que ganas de besarlo y sentirlo, oler su aroma a enfermo.
Miss Miau
Eres mi pensamiento a las 3 am
Capítulo 2 “Llegamos” parte 2
Eli le sonrió de oreja a oreja. Isabel realmente no entendía nada pero confiaba en su mejor amiga a ojos cerrados.
Elisa se dio vuelta y se dirigió segura y confiada a un grupo de 5 hombres, que estaban al lado de un parlante. Isa se hizo 3 preguntas al observar esa escena: 1. “¿como pueden estar conversando al lado de la música? ¿escuchan algo?” 2. “ Ese enorme parlante...¿será de la casa? ¿alguien podría ser dueño de un parlante de ese tamaño, tipo para un concierto?” 3. ¿que mierda esta haciendo Eli?
Isabel se quedo ahí en esa pista de baile improvisada entre medio de todo ese gentío. Se balanceaba y movía los hombros, haciendo como si estuviera aún entusiasmada bailando pero la verdad que estaba atenta a los planes de Eli, básicamente se meneaba para no quedar como pava. Observo que Elisa se acercaba casi a un milímetro de distancia entre su cara y la de un chico con polera verde que coincidentemente al parecer también tenía los ojos verdes. Al igual que Elisa y eso la mataba, amaba a los hombres con ojos de colores claros. El sujeto, le sonreía coquetamente e Isa supo inmediatamente que Elisa había logrado su objetivo. No era de extrañarse tampoco. Eli era una niña muy linda con un gran carácter y eso hacía que los hombres cayeran fácilmente a sus encantos.
Elisa se ausento aproximadamente una canción y media. Volvió a la multitud, abriéndose paso con 2 vasos en la mano y cara de mala que la hacía ver más atractiva de lo normal.
- “Mira que tengo aquí” - grita Eli.
- “¡Weona estas completamente loca! ¿Como lo lograste?” - dice Isabel, casi chillando.
- “Amiga tu cachai... tómatelo de una. Estoy muerta de sed” - contesta Elisa mirando a los ojos a Isa, mientras le pone el vaso a la fuerza.
Isabel lo bebe casi completo cuando al fin se da cuenta que es piscola y más encima, es un pisco de los más baratos. Estaba muy fuerte, muy “cabezón” y realmente sabe horrible. Carraspea para sacarse ese mal sabor, luego de un minuto logra aclarar un poco la garganta.
- “Weona no seas así... a caballo regalado no se le miran los dientes” - le dice Elisa al ver la cara de desaprobación de Isa.
- “No, tranqui. Ya me voy acostumbrar” - contesta Isabel mirando hacia arriba, tratando de ver más allá de la muchedumbre.
- “Podría adivinar a quien andas buscando, sin ni que me dijeras ni una palabra”- le dice Elisa.
Isabel se sonríe pero baja la cabeza y ahora esa sonrisa se transformo en una cara triste. Tratando de no pensar en él, tratando de no recordar la última noche que estuvieron juntos.
Capítulo 2 “Llegamos” parte 1
Llegaron a las 10.43 a la fiesta.
Elisa era la mejor amiga de Isabel desde que había llegado a esa enorme cuidad. No conocía nada ni a nadie de la capital. Aún era una niña muy pura y tímida, cuando entro por la puerta de esa aula de clases hacia ya 1 año. Desde ese período había fiesteado como nunca, se emborracho hasta vomitar y fumo marihuana varias veces, ella había cambiado tanto pero aún mantenía esa inocencia que la caracterizaba.
Llegaron a las 10.43 a la fiesta.
Entraron a la casa y las luces estaban apagadas, había una ampolleta giratoria de colores que daba la impresión como si estuvieran en una disco de mala muerte. La gente estaba repartida por toda la casa; algunos estaban apoyados en las murallas con un vaso de alcohol en sus manos hablando euforicamente con otra persona; otros estaban en el patio trasero fumando unos cigarrillos y un grupo grande al lado de un árbol, estaban en un circulo perfecto, pasándose entre cada piteada un porro bien gordo pero corto de longitud; y la gran mayoría estaba en el living-comedor bailando al ritmo de una canción de reggeaton.
Hecho un vistazo a la rápida, de 180 grados e Isabel no conocía a nadie. Habían uno que otros compañeros de colegio, pero eran de otros cursos, casi todos de cuarto medio. Isa se sintió un tanto intimidada, por un segundo quiso haberse quedado en casa, acostadita, calentita y sin tener que darse el aburrimiento de sociabilizar con gente que no le interesaba.
Elisa que era una chica más bajo perfil en cuanto la forma de vestir. Lo que tenía la Isa de transgresora, sexy y atrevida en ropa, Elisa lo tenía en viveza, alegría y en extrovertida personalidad. Eran una excelente combinación, algo así como el Yin y el Yang.
Elisa iba caminando adelante, sintió como Isabel se hacía para atrás, de inmediato le tomo la mano y fue corriendo a la multitud que estaba bailando. Ahí se pusieron una al frente de la otra, empezaron a mover las caderas y a tocarse sensualmente entre ellas al compás de Daddy Yankee. A Isabel le encantaba cerrar los ojos cuando le gustaba mucho una canción, movía explosivamente el pelo de un lado al otro, se ondeaba entera pasando sus manos por su cuerpo, ponía boca de pato y cada cierto tiempo sacaba su lengua para pasarla por encima de su labio superior. Se creía totalmente el cuento en cuanto a baile se trata.
Estuvieron ahí perreando, poniéndose la cola una a la otra por unos 30 minutos. Ya se sentían medias sedientas, estaban brillosas de sudor. Elisa se acerca a la oreja de Isa y le susurra algo que no logra escuchar por la bulla, pero por inercia asiente con la cabeza.
Capítulo 1 “Nada del Todo” parte 2
El día transcurrió como cualquier día normal. Isabel tomo su desayuno acostada junto a su madre, luego subió a su cuarto a mirar su closet, escuchar música a todo volumen y a bailar frente del espejo, con movimientos y caras sexonas. Al final de lanzar ropa por allá y por acá por toda la pieza. Se quedo con lo primero que había pensado, sus jeans rotos con tachas, a la cadera, la hacían ver culona y eso le encantaba; aparte que escondían un secreto especial. Su padre se los había comprado hace un tiempo, en la primera y única vez que habían ido al mall juntos, de hecho nunca habían ido a ninguna otra parte en el mismo auto. Los acompaño con una polera blanca cortita y apretadita, el escote hacía ver sus pechos pronunciados.
Cuando al fin salió de su trance, bajo rápidamente ayudar a su madre con el almuerzo. Casi estaba todo listo, se sintió culpable pero nada muy serio.
- ¿donde has estado toda la mañana?-- Le pregunto su madre, mientras cortaba un tomate en rodajas muy finas.
- bueno, por ahí y por allá. -- rió con sutileza -- En realidad estaba ocupada viendo que ponerme hoy día... tengo una fiesta cerca a la noche, puedo?
- ¿con quien irás?
- con la Elisa. Tu me vas a dejar a su casa y ahí nos lleva el papá al carrete... suena bien, no?
- yaaaa yaaa, esta bien... pero recuerda la hora de llegada.
- obviooooo mi comandate.
Esa “hora de llegada” era a las 3 am, bastante tarde para cualquier padre común pero la madre de Isabel era fuera de lo común. Era relajada, dejaba ser a sus hijas, confiaba en ellas y ellas en ella.
Aún que Isabel era una muy buena hija, la demencia nocturna la poseía y llegaba siempre más tarde de la hora acordada. Aveces a las 3.30 o incluso a las 4... todo dependía de lo tan buena que estaba la fiesta, si estaba muy borracha, si no quería parar de bailar o si había encontrado a alguien interesante. Y cuando llegaba a esas altas de la madrugada, entraba lentamente, tratando de no hacer ningún ruido, tapaba el reloj digital con luz de su madre y le decía de lejos “llegue mamita”, si la escuchaba bien, si no, bien también.
El día transcurrió como cualquier día normal.
Antes que cayera la noche, Isabel estaba bañándose para tener el tiempo para arreglarse tranquila. Se maquillo, se aliso el pelo que hacían ver sus ojos almendrados más grandes más felinos, se perfumo atrás de las orejas, cuello, pechos, abajo del ombligo y muñecas. Se sentía super atractiva, muy mina pero algo en sus ojos no brillaban, quizás era el hecho de que sabía que él no iba estar ahí... para variar. Ya casi no le importaba, ya casi iba a gritar afuera de su casa. No sabía como manejarlo. No sabía si podía seguir amando así.
Cuando vio la hora desde el computador, salto y dijo en voz alta: “ya son las 8.16 !!” Con Elisa habían quedado juntarse en su casa a las 8.30. Agarro su chaqueta de cuero negra, su cartera y bajo rápidamente las escaleras. Llego donde estaba su madre, medio viendo tele medio leyendo una revista.
- Vamos! estoy justa. -- Dijo Isabel media agitada.
- Siempre te digo que te alistes antes. -- Mientras su mamá, toma las llaves y los documentos e Isabel da vuelta los ojos con cara de desaprobación.
“Dijo que no me creía cuando le decía que le amaba. Y es irónico, porque aquí estoy amandole más que nunca, sin lograr olvidarle. Mientras está feliz de poder seguir sin mí.”
— Odalis Garcia C.
Capítulo 1 “Nada del Todo” parte 1
Isabel despertó muy temprano ese día sábado, a pesar de haber estado toda la noche despierta hablando con él.
Solo tenía 17 años y sentía que lo había vivido todo. Había reído hasta las lágrimas, lloro tanto que pensó que jamás volvería reír, se levanto mil veces, dijo mil veces esas típicas mentiras a su madre para que no la retara, tomo tanto alcohol esas noches de locuras con sus amigas, compartió besos diversos con diferentes personas, bailo hasta que sus pies ya no aguantaban... pero por sobre todo amo tanto, con locura, con maldad y aveces de la forma mas inocente que alguien podría amar.
Isabel era todo y nada. Mala y buena, negro y blanco, risas y llantos. Apasionada, espontanea, alocada, arrebatada... pero quien no es así a los 17?
Isabel tenía pelo castaño, ojos almendrados, labios anchos y perfilados, un cuerpo de mujer aunque era una “niña” de mente, podía dejar sin aliento.
Vivía con su madre, su hermana y su sobrina. Tenían una linda familia, un bonito hogar. Se llevaban bien entre ellas aunque todas eran muy distintas. Una típica casa de solo mujeres, muy exquisitamente decorada.
Isabel era una chica de provincia, hace un año había llegado a la gran capital porque su familia estaba harta del viejo dicho “pueblo chico, infierno grande”. Así que fue matriculada en un colegio muy cerca de la casa que su madre había comprado.
Isabel despertó muy temprano ese día sábado, a pesar de haber estado toda la noche despierta hablando con él.
Abrió los ojos, ya había salido el sol y sintió a su madre abajo haciendo ruido; seguramente todo el mundo ya estaba despierto. No quería levantarse de la cama porque simplemente no quería, amaba las noches , amaba los amaneceres pero odiaba tener que partir el día con los quehaceres y responsabilidades.
Puso los pies en el piso que era de alfombra gris, en ese mismo tapiz había manchones de alcohol y quemaduras de cigarros, de una que otra junta que había organizado con sus amigos del colegio.
Camino al baño (tenía el propio privado en su mismo cuarto), miro su cara de trasnochada, su pelo largo enredado que llegaba más allá de sus pechos... pensaba en como podía amarlo tanto, porque todo era tan difícil para los dos, porque seguía sintiéndose vacía, porque estaba feliz pero melancólica a la vez, porque sentía que nada la llenaba, porque sentía que todo estaba tan lejano.
Era una mañana de verano, hacía calor pero no tanto aún, como esos sofocantes 33º que alcanza aveces Santiago. Se dirigió a la cocina para hacerse tal vez un pan con queso y jamón, quizás no porque compraban poca comida, ya que eran 3 mujeres grandes, siempre con la fobia de perder sus figuras, engordar, ser viejas y morir en el olvido. Y efectivamente no había ni queso, ni jamón... así que bueno, a optar por el pan y los huevos revueltos. Mientras los revolvía pensaba en que a la noche había un carrete en la casa de un amigo que vivía muy cerca. ¿Que me voy a poner? ¿estoy lo suficientemente delgada para ponerme esos jeans? No tengo ropa. Nunca tengo nada que ponerme... las recurrentes preguntas sin respuestas de Isabel.
DEBES OLVIDAR
se han dado cuenta que la vida de soltero es más emocionante?