¿Solo los escritores escriben?
Creo que puedo contar con los dedos de una mano, el número de ocasiones que un profesor me solicitó realizar algún escrito de autoría propia. Sin afán de parecer clasista, trato de justificarlo con el hecho de que mi escolaridad fue pública. Habría que preguntar a los que han llevado educación privada. Pero independientemente de ello, me parece un poco triste pensar que a la mayoría de mis profesores no se les ocurrió que en algún momento de mi vida tuviera que sentarme a plasmar mis ideas y conocimientos, a través de cualquier género literario. ¿De verdad?
Al momento llevo publicadas dos tesis, una tesina y un artículo de blog; y en proyecto, otra tesis y artículos. En cada uno de estos procesos de escritura, el comienzo es lo más tortuoso ya que no tengo idea por donde comenzar.
En plena era del internet, lo primero que hago es descargar material bibliográfico, sin embargo, apenas si leo los primeros párrafos de cada lectura. Entonces, en el mejor de los casos, me doy cuenta que no es lo que busco, pero en el peor, algo, una palabra, un procedimiento, un tema, llaman mi atención. Inocentemente, abro una pestaña extra en mi navegador para indagar y satisfacer la curiosidad. Y así, entro en un círculo vicioso, pues una decena de pestañas después me encuentro confundida respecto a lo que buscaba. Más aún, algo me dice que no voy a encontrarlo tal como lo busco. Eso abre una posibilidad interesante que incide directamente sobre el ego científico: ¿Será que no existe lo que busco? ¿Será que yo puedo investigar al respecto para demostrarlo? ¿Será? ¿Será? ¿Será? Al final del día uno termina con la sensación de saber un poquito de todo y mucho de nada.
Recientemente, de palabras del profesor Victoriano Garza entendí que esto es parte de la temida procrastinación. ¡Sí! Aunque no lo parezca, distraernos en “Eso que no estábamos buscando pero que se nos ocurrió en el camino”, es postergar. Y entonces uno piensa: ¡De haberlo sabido antes! Pues ese es justo el problema. Generalmente es hasta el nivel superior de educación en donde se nos conmina a escribir, más no se nos plantea un proceso para hacerlo. No se nos explica que la literatura como parte de las artes, conlleva una labor técnica y una artística. La primera de éstas puede ser abordada por diferentes metodologías, llámense free writing, fast writing, etcétera, que aunque no nos las enseñen podemos encontrarlas a través de diferentes recursos. Sin embargo, la parte artística es más compleja pues se ve influenciada por la experiencia, el estado de ánimo, los gustos personales, las limitaciones profesionales, por mencionar algunos factores. Créanme cuando les digo que escribir en estas épocas puede llegar a ser muy desgastante si no se comprende la totalidad del proceso.
Ahora, no vamos a mentirnos diciendo que escribir es para todos. Confieso que yo debo hacerlo como parte de mi formación, pero es más agradable cuando no tengo que hacerlo, sino que decido hacerlo. Comunicar mis experiencias académicas y las que no lo son, justo como lo hago en este blog, me parece que me provee más beneficios a mí, y a los que se encuentran en una situación similar. Yo no vengo dar recetas de cómo escribir, solo pienso que si alguien tiene esa necesidad es mejor no pensar en reglas o formatos, plasmar lo que uno tiene que compartir, disfrutar de lo que se aprende en el camino y repetir.