Aunque lejanas parecían aquellas tierras hoy están más cerca que tú de mi, y ese extraño día de volvernos a encontrar. La ciudad ha crecido demasiado y justo hoy ese árbol el cual nunca creí volver a ver se cruzó en mi camino. No pude contener el sobre salto, y es que con sólo ver su sombra pude recordar y asegurar que se trataba de aquel mismo árbol que fue testigo del día en que por alguna razón nos conocimos.
Decidimos caminar un poco para conocer el lugar, los jardines eran hermosos, parecían sacados de un cuento de hadas, a lo lejos se alcanzaba a ver la orilla de un lago , una orilla sumamente brillante como la hoja de una navaja para afeitar .Los rayos del sol le daban una magia al lugar, rayos estratégicamente dirigidos a las grandes flores, tocando sus pétalos brillantes, como pinceladas aparecían de entre las nubes, para el lado que voltearas todo parecía perfectamente trazado como un lienzo recién pintado, solo existía una palabra para describir ese lugar: Asombroso.
Encontramos un camino hecho por grandes árboles, sus copas se entrelazaban formando un gran túnel, un gran camino brillante te invitaba a pasar por debajo de ellos, estaba adornado por grandes hojas de colores, café, marrón, algunas amarillas, algunas con los colores mezclados, todas ellas, testigos del tiempo y recuerdos de lo que alguna vez fue parte del frondoso árbol , ahora estas hojas te invitaban a caminar sobre de ellas, a mirarlas por última vez antes de que el tiempo terminara de marchitarlas y hacer que estas se perdieran entre el, pasto, entre la tierra.
El olor a hojas secas, que en ocasiones las ventiscas hacían que fuera más fuerte, te invitaba a cerrar los ojos por un momento, te invitaban a sentir el tiempo, o a olvidarte de el por un momento, dando pequeños pasos avanzamos por este gran camino, el cual parecía ser un lugar místico, algunos reflejos del sol se colaban entre los árboles, no se escuchaba ningún ruido de animales, tan solo los pasos, la respiración , y el viento que hacia murmullar a los árboles, el extraño crujido de sus ramas, despidiéndose de las hojas olvidadas en el suelo que también crujían al caminar sobre ellas, lenguajes que solo la naturaleza puede traducir.
Al avanzar la luz se iba haciendo más escasa, y las hojas en el suelo dejaban de brillar, su crujido ahora solo era eso , solo el ruido que hace una hoja al ser pisada, no transmitía nada como metros atrás al comunicarse con las viejas ramas, las cuales ahora también crujían pero al crujir se caían, cayendo secas, vacías, olvidadas.
Teníamos tiempo sin hablar, pues disfrutábamos con atención de los sonidos de la naturaleza, quizá comunicándonos a nuestra manera con ella, o al menos eso era lo que pensábamos, al ir no solo callados, de alguna forma estábamos conectados o tratando de estarlo con aquel lugar.
Comenzamos a murmurar sobre esta nueva etapa del camino, de cómo el tiempo al parecer había pasado de una forma extraña en ese lugar, porque aunque los árboles se vieran grandes y fuertes, sus ramas ahora eran menos frondosas, y sus hojas eran cada vez más escasas entre ellos, cada vez se extinguían más los colores , un gran escalofrió nos recorrió el cuerpo , nos volteamos a ver de inmediato sabiendo que teníamos que regresar, que teníamos que dejar ese lugar , comenzamos a caminar de manera más apresurada, cuando una gran ventisca hizo que las hojas secas del camino se levantaran y formaran un gran remolino, nos rodearon como si fuera una gran parvada de pájaros, nos cubríamos los ojos y gritábamos frecuentemente para ubicar que estuviéramos todos ahí, preguntándonos que era lo que ocurría, de pronto como si alguien hubiera apagado el interruptor que activaba ese remolino, las hojas cayeron, todas al mismo tiempo y a gran velocidad, como si estas pesaran por lo menos más de medio kilo, ya que al caer formaron una gran nube de polvo, asombrados por lo que acababa de pasar nos volteamos a ver y sin nada que decir, comenzamos a correr para salir lo más rápido de ahí, rápidamente vi como mis cinco amigos se alejaban de mí, yo por más que levantaba las piernas no lograba avanzar, era como si corriera sobre una banda eléctrica, me quede inmóvil, ellos ni siquiera se dieron cuenta de que no iba junto a ellos, cuando el último de ellos desapareció de mi vista, mi cuerpo agotado cayó al suelo, me hundí un poco entre las hojas las cuales ahora estaban recubiertas por lodo, aquel camino ahora era húmedo, y frio, trate de levantarme y vi como de entre las hojas salían, escarabajos , gusanos, arañas, cucarachas, comenzaron a salir polillas y a volar sobre de mí, una dulce voz susurro mi nombre y me hizo voltear, al hacerlo me encontré con una niña con la mirada más tierna e inocente que jamás había visto, amablemente me ayudo a levantar , y con una risa un poco burlona me decía lo sucio que era mi aspecto en esos momentos.
-Acompáñame, salgamos de este camino, no tarda en llover, vayamos a aquella cabaña, ahí podrás refugiarte mientras pasa la tormenta, beber un poco de agua, asearte y esperar a tus amigos, quienes tienen que estar preocupados por ti-
Señalo con su pequeño índice hacia una cabaña, la cual exhalaba humo de su chimenea, no parecía ser muy vieja, ya que podía distinguirse con facilidad el color blanco brillante con el cual estaba pintada, las tejas del techo conservaban su color rojo, y el pasto que la rodeaba se encontraba aparentemente recién cortado.
Caminamos y la niña sonreía cada que me volteaba a ver. Su cabello corto parecía recién cortado, una cadena colgaba de su cuello, y en ella un redondo y antiguo camafeo, sus ojos extrañamente oscuros reflejaban el brillo de la luna, la cual al buscarla en el cielo no logre encontrar.
-Avisare a mi padre que estas aquí, debe de estar emocionado de conocerte, espera aquí por favor, aun no vayas a entrar-
¿Emocionado de conocerme? Me preguntaba ¿cuándo habrá sido la última vez que llego una visita a esa casa?, me asome un poco para ver el interior y todo estaba perfectamente acomodado, no se veía ni rastro de polvo, el lugar estaba inmaculadamente ordenado y limpio, el aroma a madera era como estar en una fábrica de muebles, todo parecía nuevo recién cortado, recién hecho, recién pintado.
Intente acercarme un poco no obedeciendo lo que me habían indicado anteriormente de esperar un poco, cuando uno de mis pies intento pasar la puerta de la casa, una extraña fuerza me jalo para atrás, y todo aquello hermoso que antes vi, ahora era viejo sucio, aquel olor a madera nueva, a pintura, ya no existía más, ahora el olor era fétido, nauseabundo, como si una coladera hubiera estado tapada por muchos años, y de un solo golpe saltara su tapa y vaciara en esa casa todo el olor que guardo durante tanto tiempo, enseguida quise vomitar cuando apareció de nuevo la niña, la apariencia angelical que antes tenía también había cambiado, sus ropas ahora eran sucias, rotas, desgastadas por el tiempo, su cabello conservaba el mismo corte, sin embargo se le veía sucio, su piel tenía un color extraño, un color pálido como de alguien que tiene mucho tiempo en un lugar frio, se marcaban sus venas era como si su piel fuera transparente y te dejara ver como corría la sangre atravesó de ella, , sus zapatos negros de charol, ya no los tenía puestos , ahora sus piel al descubierto pisaban aquel piso sucio , aquello lleno de lodo, , como si nada pasara fue por mí, y me dijo que podía pasar.
Comencé a caminar detrás de ella, y delante de ella, una cabra vieja le guiaba el camino, nos guio a un gran cuarto, al momento de que la cabra ingreso, la niña volteo, me sonrió, sus dientes blancos ahora estaban podridos, y tenía muy pocos, era más encía lo que la niña me dejo ver en ese intento de sonrisa, que más que sonrisa solo simulaba una mueca.
Al ingresar a habitación lo primero que note fue una pequeña mesa redonda con dos sillas, la mesa era vieja como todo lo que estaba en ese lugar, una jarra de vino sobre la mesa, unos cigarros y un cenicero, de las dos sillas una era más grande que la otra y contaba con un respaldo casi tan alto como yo, y no con esto digo que soy alto, solo que para un respaldo de silla era demasiado elevado, o quizá yo nunca había visto uno así.
Un gran armario de madera se encontraba al fondo, de la habitación, o al menos era lo que aparentaba ser, aquel animal extraño que había ingresado segundos antes que yo no se veía por ningún lado.
De pronto se escuchó un gran crujido, más bien un gran rechinido, como si algo se estuviera abriendo, y fue en eso que note que aquel viejo armario de madera, era más bien una puerta, la cual se abría lentamente hacia mí, el silencio lleno la habitación, la perta seguía abriéndose, más ningún ruido se escuchaba ahora, la puerta se abrió en su totalidad y solo lograba distinguir una silueta.
-¿Por qué no te sientas ahí? Me dijo una voz grave, elegante, segura al hablar, no podría haber distinguido alguna edad en aquella, voz, lo que si pude distinguir es que no era la primera vez que la escuchaba.
-Sírvete un poco de vino, enciende un cigarro si gustas, te ofrecería algo de comer, pero como puedes ver, no vengo mucho a este lugar- Aquella voz cada vez se acercaba a mí, mas no lograba ver quien era solo una silueta, al sentir esa presencia más cerca de mí, todo el cuarto se puso oscuro, como si lo hubieran pintado de negro, y justo ahí en medio de la nada me encontrara yo sentado en una vieja mesa a punto de convertirse en nada junto con la habitación.
De pronto escuche un susurro detrás de mí, aunque a decir verdad, creo que fue una voz dentro de mi cabeza.
-¿Sabes quién soy?- me pregunto esa voz que no era si no la misma que me había invitado a sentarme y a servirme un poco de vino.
-Sí, si se quién eres- conteste con la voz un poco temblorosa más sin duda sabia con quién estaba en ese momento.
-¿y no te da miedo saber quién soy? Ahora la voz se escuchaba de nuevo frente a mí pero más cerca.
-Me da más miedo el saber porque yo y que quieres de mi- Conteste con mi voz ahora un poco más segura, ya había encendido aquel cigarro, cuyo tabaco tenía un sabor exquisito, y el vino no se diga, sin duda el mejor que había probado hasta ese momento.
Una mano vieja se acercó a la mesa y tomo la otra copa, la mano estaba cubierta de pelo, las uñas eran largas y sucias, y una gran edad reflejaban las arrugas en la mano, cogió firme la copa, y con la otra mano de las mismas características de la que sujetaba la copa se sirvió un poco de vino.
-No suelo beber, mas esta es una ocasión especial, ahora dime quien soy, quiero estar seguro que no te confundas – dejo la jarra en la mesa y se llevó la copa a la boca, o al menos eso pensé ya que no podía ver su rostro, incluso teniéndolo frente a mí, solo podía ver el brillo de sus ojos, un brillo que me indicaba el tamaño de sus ojos, sin duda oscuros y grandes como los de un caballo.
-Eres el diablo- le conteste mientras daba una gran bocanada al cigarrillo que parecía no consumirse. Mis manos temblaban temerosas, mi corazón latía a mil revoluciones, de haber querido correr no hubiera podido ya que mis piernas no me habrían reaccionado, de cierta forma estaba pegado, clavado a esa silla, y sabía que no me haría de ahí hasta que él lo decidiera, si es que me dejaba salir de ahí.
-El diablo… si, así me dicen muchos, mas sin embargo mi nombre es Lucifer, que a diferencia de este lugar significa portador de luz-
- Este lugar no siempre estuvo así, algún día fue bello, tal como cuando lo viste, pero los tiempos cambian, no todo es eterno, ni siquiera yo… Ni siquiera el.
Un gran suspiro salió de él, incluso note un poco de tristeza en ese suspiro, fue un momento en el que el silencio y la nostalgia se apropiaron de la habitación, incluso la melancolía, más que algún sufrimiento.
Se escuchó un gran trueno, la tormenta estaba por comenzar, y la luz de un rayo ilumino la habitación, aquella pequeña ventana fue suficiente para que se colara la luz y de esa forma ver el rostro de aquel ser que me había invitado de extraña manera a compartir la mesa con él.
Un rostro afilado, delgado por el cual habían pasado ya los años, ojos grandes como lo había imaginado, negros como la misma noche, pero que con el rayo se iluminaron y un contorno rojo pude alcanzar a ver, su cabello era largo, aquel bigote se unía con una gran barba, la cual colgaba de una manera elegante, incluso con su mal aspecto y su suciedad, podía uno darse cuenta que decía la verdad cuando dijo que no siempre fue así. Al lado de el aquella cabra vieja, con unos cuernos grandes y retorcidos, su pelaje sucio, y mal oliente, la misma mirada penetrante y fría que su amo, una cabra también con una gran barba, el ver a esa extraña pareja, me hizo sentir tanto miedo como no había sentido nunca, la mire fijamente y emitió un gran balido, el cual me hizo estremecerme hasta casi caer de la silla.