Satanic Warmaster - Black Metal Kommando
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Satanic Warmaster - Black Metal Kommando
Letter from Dead
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Falta uno
Que sensación tan extraña… parece que ya la he vivido, en mi temprana edad.
Recuerdo muy bien la falta de nervios y la falta de ansiedad en los días previos. No siento nada. Hasta que estoy allí, en ese cuarto frío con olor a desinfectante. Acostado, sintiendo escalofríos por todo el cuerpo. A penas puedo ver los ojos de aquellas personas, dándome instrucciones, tratando de calmarme y hacerme reír con chistes patéticos.
Sin previo aviso, la música comienza a sonar; música que no me agrada en lo absoluto, pero no puedo hacer nada… estaré inconsciente la próxima hora y media.
Es raro recordar las sensaciones de forma tan clara. Como el sedante pasando por mis venas y entorpeciendo mi cuerpo. No pasaron más de diez segundos y yo, ya tenía la vista nublada y mi sentido auditivo ya estaba débil; casi no podía escuchar nada de lo que se decía en aquel cuarto.
Instantáneamente me había adormitado. A veces abría los ojos para ver que todo estuviera bien; como si pudiera hacer algo al respecto fuera de combate.
Me acuerdo de esta sensación intermitente, este dolor intenso en el brazo derecho, como si me lo arrancaran. Ni siquiera el sedante podía dominar ese dolor.
No sé cuánto tiempo paso exactamente, pero recuerdo vagamente como levantaron mi cuerpo y lo pasaron a alguna camilla. Aún siento el movimiento de esa cama, siendo empujada por un par de personas. Recuerdo ver, como las puertas de ese viejo elevador se cerraban, la sensación de subida, y al final, nuevamente el levantamiento de mi cuerpo arrojado a una nueva cama.
Desperté adolorido, confundido y sin una parte de mí. Mi mamá estaba en aquel cuarto esperándome, tenía una notable cara de preocupación mezclada con cansancio, pero al mismo tiempo su sonrisa me hacia saber que todo estaba bien.
Experiencia de mi operación de vesícula.
Repercusiones
Me desperté sin saber que día era, mis ojos estaban aún pegados y dispuestos a seguir cerrados, mi cuerpo pedía a gritos volver a la comodidad de la cama. Para ese momento debí pensar inconscientemente que era la mejor cama y las mejores almohadas; tan frescas, tan suaves.
Pasé alrededor de 15 minutos intentando dar significado a mis primeros pensamientos del día, y sin darme cuenta estaba metido en la regadera, aún con los ojos cerrados y el rostro enfrentado a las gotas disparejas de agua. El pensamiento de todo lo que tenía que hacer en el día ya nublaba mi voluntad de salir. A menudo se cruzaban pensamientos enfrentados y la indecisión de mis futuras acciones se hacía visible, crecía con paralelismo a una frustración que invadía mi ser.
Sin saber como nuevamente, me encontré de pie frente a la puerta de siempre, viendo fijamente la mirilla, con la mente viajada a ningún sitio. No supe cuánto tiempo estuve de pie frente a la puerta, y como un cerillo que enciende, recordé que tenía que llamar.
Pase 6 horas sentado, haciendo mis actividades de una forma casi robótica, aún con la mente en ningún lugar, a veces solía tener momentos de consciencia en los que cuestionaba todas mis acciones y pensamientos. Cerca de las 6 de la tarde, mis pensamientos ya eran densos, un poco turbios, la pesadez de mis ojos potenciaban por mil mi estado de animo y de la nada llegaba un placebo a mi cerebro, recordaba que pronto iría a casa.
Ya estaba en casa, sin saber cómo había llegado, otra vez, nunca existía el trayecto o mi mente lo omitía de manera defensiva para no cargar con un recuerdo innecesario.
El mejor momento había llegado; el ritual para dormir. Lavarse los dientes, enjuagar la cara, ponerse la pijama cómoda, sacudir la cama con cuidado obsesivo, encender el aire acondicionado y apagar las luces, simplemente el mejor momento.
20 minutes into church burning and chill and he gives you this look