- La partitura del pánico -
Escuchas el crujido suave de las hojas caídas arrastrándose por el suelo. Cada paso se vuelve más pesado. El rugido de los coches se acerca desde todas direcciones. El aire es cada vez más denso. Oyes, cada vez más fuerte, varias conversaciones simultáneas a tu alrededor. Las palabras te ahogan al querer salir por tu garganta. Comienzan los sudores fríos. Todo el mundo avanza veloz, pero cada movimiento tuyo se siente lento y pausado. Tu mente persigue distintas velocidades sin poder adaptarse a ninguna.
Silbidos, risas, llantos, voces, un gran escándalo. Todo empieza a inundar tu cabeza. Instintivamente, tus ojos recorren toda la zona siguiendo cada sonido, buscando un hueco, un lugar de paz, un refugio donde acallar ese ensordecedor ruido que se mezcla, anunciando a tu mente el gran final.
El temblor recorre tus manos, avanzando por tus brazos, erizando todo tu cuerpo. Tratas de buscar una distracción que te evada de ello: el movimiento de unas monedas en tu mano, el roce de tus dedos por una pulsera, el giro de un anillo alrededor del dedo, el leve arañazo de tus uñas sobre la piel...
Buscas algo que te haga sentir que estás aquí, que sigues de pie, inmune. Saber que te mantienes ante la ola de miedos, preocupaciones e inseguridades que insisten incansablemente en arrollar tu mente a cada segundo.
Las lágrimas empiezan a bañar tus ojos lentamente. Ojos incesantes, buscando una salida que cada vez se siente más nublada. Dejas de ver más allá de lo que tienes frente a ti; todo lo demás se convierte en pinceladas de un lienzo, borrones de colores, notas triviales de una partitura que empiezan a volar a tu alrededor.
Aprietas los puños fuertemente, cierras los ojos y consigues silenciar todo a tu alrededor convirtiéndolo en una oscuridad serena por un momento… Esa lágrima que recorría tus ojos cae dócilmente por tu mejilla, libre, portando el único instante de alivio efímero que había dentro de ti y, como el golpe de una batuta sobre el atril, vuelves a escuchar el inicio de la canción: el crujido suave de las hojas caídas arrastrándose por el suelo…
















