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@mrmirbeau
Forever Blue, My Blue.
Tú, emisario de los afectos,
que creces en los ojos del amante;
¡Tú que nutres al puro pensamiento
cual penumbra a una llama que agoniza!
-P.B Shelley
El cómo y el por qué sobre el arte de las manos de una mujer nadie lo sabe a ciencia cierta.
Todos te aman, pocos lo sienten, algunos se quedan.
"Dicen que la ternura conquistaría al mundo, pero este terminó seducido por la lujuria."
Leslie Howard in The Animal Kingdom, 1932
Leslie Howard in “The First of the Few” (“Spitfire”)
Un tren se aproxima a la Gare du Nord procedente de un largo viaje. Allí se le ve, en el vagón de primera clase. Sumido en poesía, algunos conocidos le saludaban al pasar para desconcentrarlo. Cansado y melancólico, Alphonse Mirbeau se reunía junto a los otros pasajeros para recoger su equipaje una vez que el ensordecedor ruido de las ruedas al frenar irrumpió en la estación. El vapor, la gente, las maletas y la cotidianidad de quienes esperaban.
París. Diciembre 3, 1948
“Hay algo, en el día de hoy, que me lleva a sentirme indefenso.
A la vez, tremendamente poderoso, enérgico, y no puedo atribuirlo a nada.
Quizás, a los sueños, al trabajo y al alcohol. Hoy soy un desconocido que imita sus propias sombras. De un momento a otro, desperté sin dolor alguno, pero no por ello sin amor, al contrario, hoy deseo más que nunca sumarme a la causa de los jóvenes.”
Este era el pensamiento recurrente en su cabeza. “La causa de los jóvenes”, que amaban liberalmente y que no había podido encontrar en nadie hasta la fecha siendo que desde siempre los amantes sobran. El mundo dicta muchas veces los tiempos en los que se debe amar y de qué maneras. Más, este hombre no compartía sus pensamientos con nadie, considerándolo una traición a la memoria de su adorada mujer. De repente, alguien suavemente tocó su hombro. Su chofer le llevaría a casa, con su querido perro y sus sirvientes. Se despedía entonces, de sus sensibilidades e inquietudes para no voltear otra vez.
Han transcurrido los meses. Hay nostalgia en el rostro de la gente que transita por una convaleciente Paris. Pese a todo, la humanidad queda, reflejada en las tabernas y sus parroquianos. Los artistas que plagan las calles, los niños que nacen, crecen y caminan inocentes. Los parques y sus fuentes. Las luces que se apagan y se encienden. La música de la ciudad pese al invierno que ya llegó y tiñe las narices de color como señal. Pese a todo, hay espíritu.
Polaroids by Andrei Tarkovsky
— Una verdadera locura… — Observó. Se miraron a los ojos. -¿Tiene miedo?-
— ¿Miedo?- la palabra se derritió lentamente en sus labios. — Quizá tenga un poco…¿Quién no le tiene miedo a morir a manos de un desconocido? ¿Si la muerte no tiene rostro, los campos de batalla y las calles son tumbas seguras sin identidad? Sobretodo si nuestros agresores son anónimos sin alma… — Concluyó y se relamió — Usted?
Esto sin embargo no era un diálogo sobre el reclutamiento para alguna guerra. Esta conversación se desarrollaba en la fila de un banco entre dos personas un día normal. ¿Quién pregunta? No se sabe. ¿Quién responde?, Alphonse Mirbeau. Impecablemente vestido de blanco, parecía tan seguro de sí mismo que su respuesta generó una mueca en su interlocutor. Sí, tenía miedo, al igual que el resto de quienes viven pendientes del mundo y su constante tragedia. Era de los que cuyo pie se agitaba frenéticamente con tan solo sentarse, de los que cuando en cuando volteaba a ver si le seguían, pero aún así, olvidaba la cuchara en la taza del café de cada mañana al momento de beberlo.
Ahora, ¿Por qué? Tendríamos que mirarlo más de cerca, quizás más allá de sus trámites bancarios concernientes a su textilera en Ontario. Puede que hallemos la razón al verlo distendido, en uno de sus famosos bailes de caridad. Allí le vemos relajado, paseando entre sus invitados, conversando con sus inversionistas y saludando a sus bellas esposas. Puede que la suya se encuentre entre ellas, pero no. Alphonse Mirbeau enviudó hace cinco años, y aún el fantasma de su amada mujer le sigue donde vaya. El miedo, entonces, ese miedo, no le ha dejado en paz desde entonces en cada uno de sus sueños.