“Epupi”
Arcillas y formulación de esmalte.
2026
Martín Russo
Geografía de una materia en transformación.
Esta pieza surge durante el proceso de escritura del ensayo /Contrahegemónico el que lee/, como una extensión material de las preguntas que allí se despliegan en torno a la teoría queer, los feminismos, la identidad y las posibilidades críticas del arte contemporáneo. Más que ilustrar conceptos, la obra acompaña un recorrido de autoconocimiento y reflexión, donde la práctica cerámica se convierte en una forma de pensamiento sensible y situado.
La obra se configura como un paisaje cerámico que remite a formaciones volcánicas, cavidades geológicas y procesos de sedimentación. A través de una estructura escultórica de apariencia rocosa y una base que sugiere una cuenca o territorio contenido, se construye un espacio donde la materia parece encontrarse en permanente estado de cambio.
Las superficies oscuras, de textura irregular y brillante, evocan roca fundida, erosión y acumulación mineral. Sobre ellas, los esmaltes verdes y turquesas descienden como flujos que recuerdan el recorrido del agua, los depósitos cristalinos o las huellas dejadas por fenómenos naturales a lo largo del tiempo. El contraste entre la densidad del negro y la luminosidad de los tonos acuosos genera una tensión visual entre lo sólido y lo líquido, entre aquello que permanece y aquello que transforma.
La abertura presente en el cuerpo principal introduce la noción de interioridad, invitando a imaginar recorridos, refugios o espacios ocultos dentro de la estructura. Esta relación entre exterior e interior amplía la lectura de la pieza más allá de la representación del paisaje, acercándola a una reflexión sobre los ciclos naturales, la memoria de la materia y las transformaciones que modelan tanto los territorios como las experiencias humanas.
En diálogo con el ensayo, la pieza puede entenderse como una metáfora de aquellas estructuras que organizan y condicionan la vida social. La montaña oscura, aparentemente sólida, contiene grietas, pasajes y derrames que ponen en evidencia su inestabilidad. Del mismo modo, las categorías que pretenden presentarse como naturales o permanentes revelan fisuras cuando son atravesadas por experiencias disidentes, identidades múltiples y procesos de resistencia.
La cerámica ocupa aquí un lugar fundamental. No aparece solamente como soporte técnico, sino como una práctica vinculada al tiempo, al trabajo manual y a la posibilidad de construir sentido desde la materialidad. Modelar, erosionar, esmaltar y transformar la arcilla se convierte en una forma de interrogar el mundo, de habitar la incertidumbre y de producir conocimiento desde la experiencia. En este sentido, la obra comparte con el ensayo una misma búsqueda: comprender cómo los cuerpos, los territorios y las identidades son moldeados por fuerzas históricas y culturales, pero también cómo pueden reinventarse.
Más que representar un lugar específico, la pieza propone una geografía imaginaria donde confluyen permanencia y cambio, contención y desborde, opresión y transformación. Como aparece en el propio proceso de escritura, aquello que se intenta nombrar nunca termina de fijarse; es líquido, se desplaza, se filtra y vuelve a emerger bajo nuevas formas. La obra se sitúa precisamente en ese umbral: el espacio donde la materia, el pensamiento y la experiencia permanecen abiertos a la posibilidad de devenir otra cosa.









