Un pequeño adelanto del fanfic Ichibya:
Byakuya se giró hacia él. Ichigo quedó mudo. En las pupilas del capitán bullía una tormenta de emociones: gratitud, respeto, y una que lo hizo estremecer de pies a cabeza: un cariño tan profundo y devoto que parecía irreal. Era la mirada de alguien que ha encontrado algo largamente perdido.
—Porque —dijo Byakuya, su voz apenas un susurro cargado de intención— para mí, tú eres tan importante como este santuario, Ichigo.
El shock paralizó al joven Shinigami. El hombre que una vez lo despreció por su origen, que estuvo dispuesto a dejar morir a su propia hermana por seguir la ley, ahora le confesaba una devoción que rozaba lo sagrado.
Antes de que Ichigo pudiera procesarlo, Byakuya se puso en pie y, con una parsimonia aristocrática, comenzó a despojarse de su ropa. El kenseikan cayó sobre el césped, seguido por el blanco haori de capitán y el uniforme negro. Ichigo, abrumado y con el rostro encendido en un rojo violento, se dio la vuelta rápidamente, cubriéndose los ojos.
Byakuya soltó una carcajada divertida, un sonido lleno de vida.
—Eres sorprendentemente modesto para alguien que ha enfrentado a dioses, Kurosaki.
Terminó de desvestirse, dejando sus prendas pulcramente dobladas. Se acercó a la orilla, su piel pálida brillando bajo la luna como la seda. Antes de sumergirse, se detuvo.
—¿Quieres bañarte conmigo? —preguntó con suavidad.












