—Ríe al ver como soba su brazo.— Que no es de payaso, discúlpate ¡Ahora!. —Lo mira.— No me mandes a dormir…¿Quieres venir a comer helado conmigo?. —Sonrío.— ¿Por qué no?, no te sientas mal rulitos, —Le hace cariño en la cabeza.— Yo también quiero que tú estés bien.
No quiero, payasa. --Le saca la lengua.-- Era para que se te quitara el aburrimiento, pero si no quieres, entonces no... ¿No es muy tarde para eso? --Se encogió de hombros.-- Porque me acuerdo de ella, y la extraño más. --Ríe por lo bajo.-- Gracias, pero si pudieras traerla aquí estaría bien, lo que es imposible, así que tengo que acostumbrarme.










