Me frustra estar enferma.

Andulka
PUT YOUR BEARD IN MY MOUTH
occasionally subtle
DEAR READER

#extradirty

pixel skylines

tannertan36
No title available

Product Placement

shark vs the universe
Jules of Nature
h
Three Goblin Art
Misplaced Lens Cap
will byers stan first human second

Kiana Khansmith

No title available

⁂
Lint Roller? I Barely Know Her
Keni

seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from Italy
seen from United States

seen from Malaysia
seen from Romania
seen from France

seen from Germany
seen from United States
seen from Brazil

seen from United States
seen from Malaysia

seen from Russia
seen from Netherlands
@neilaru
Me frustra estar enferma.
Extraño a mi bot Ratalina y sus predicciones. 🧿🔮✨
¿Dónde te perdiste, Alien?
Sigo aquí. 🤪
(In)completo
Me encantaría leer tu mente.
Saber qué aqueja tu alma y qué te pesa,
cuántas veces al día piensas en tus problemas
y si soy uno de ellos.
No me gusta lo lineal.
Siempre he sido demasiado voluble,
pero eso ya lo sabes.
Dime algo incómodo.
Dime algo torpe, honesto, un poco indebido.
Me intriga tu manera de estar,
y entiendo, a medias, tu silencio.
Pero no quiero entenderte desde lejos.
Quisiera encarnarte y no solo ponerme en tus zapatos.
Eso sería vulgar.
Prefiero lo frágil, lo incompleto,
lo que no sabes acomodar en palabras.
Pero no me dejes fuera,
no decidas por mí qué puedo cargar
y qué no.
Déjame conocer todas tus penas,
y cuánto duele cada una de ellas.
Hablemos de tus deudas
y de cuánto te aburres en el trabajo,
de lo que te preocupa cuando no duermes
y de lo que no dices para no preocuparme.
Pero háblame.
No me quieras a medias,
no me quieras solo en lo fácil.
No me cuides de una versión tuya que
también me pertenece.
24 candles.
Hambre lúcida.
«Pensarte no siempre es un castigo»
Hay días en los que se convierte en un deleite silencioso; algo así como sentir un latido ajeno en mi propio centro, uno que no me pertenece pero que igual me gobierna con una autoridad que ni discutí—porque, admitámoslo, tampoco quise hacerlo.
Es una llamada instintiva, que no sabe de modales ni de prudencia, en la que yo soy la presa provocadora: la que se ofrece con desafío disfrazado, la que se deja ver en el claro del bosque como si estuviera rogando que la descifres, que la alcances, que demuestres de qué estás hecho mientras yo finjo que no estoy pidiendo exactamente eso.
Y cada vez que te pienso, algo profundo se enciende —demasiado humano para nombrarlo, demasiado descarado para negarlo— un estremecimiento que asciende con una intención que no se puede disimular. Una intención que muerde, que retuerce, que invita a perder la compostura con la cortesía de quien sabe que va a lograrlo.
No hay inocencia en lo que me provocas; ni yo pretendo fingirla, ni tú deberías creerla. Porque si te soy honesta, mis silencios hablan mucho peor que mis palabras. Tienen la mala costumbre de inclinarse hacia ti, de abrir ventanas que nadie pidió abrir, de dejar pistas que un ciego encontraría y que tú —si quisieras— podrías seguir con los ojos cerrados.
Hay un filo en mi curiosidad que no se explica con prudencia ni espiritualidad; es un filo que se inclina hacia tu sombra como si quisiera probarla con la punta de la lengua solo para ver si quema. Y aunque mantengo la compostura, mi mente juega su propio juego: te invoca en retazos, te imagina en líneas torcidas, te convoca sin permiso a escenarios donde la razón no suele entrar.
No lo digo, porque sería indecoroso, pero mi deseo por ti late con una claridad que ninguna metáfora ha logrado domesticar. Si supieras escucharlo, si tu intuición tuviera la mala idea de responder, sabrías que no te llamo por capricho… sino porque hay una parte de mí —la más honesta, la más hambrienta— que te quiere cerca. Muy cerca. Demasiado.
Jardín (in)fértil.
«... con razón va a llover»
A veces pienso que mi existencia es una broma del universo. Estudié la mente humana, sus recovecos, sus heridas, y sin embargo la mía sigue tropezando todos los días.
Sé lo que debería hacer.
Sé que levantarme ayuda, que comer es necesario, que el autocuidado no es un lujo sino una base.
«Debes ser funcional»
Pero saberlo no hace que sea más fácil.
A veces, solo abrir los ojos ya me cuesta toda la teoría.
Hay días en los que cosas tan simples como levantarme de la cama o bañarme parecen un proyecto a largo plazo; y cocinar, un acto heroico.
No es pereza, es una especie de peso invisible que se sienta sobre mí y me susurra que no vale la pena moverse.
Mi cabeza, tan racional, ordena cosas absurdas:
“mejor no comer si implica cocinar”,
“mejor quedarte quieta si moverte duele”.
Y obedezco, como quien sigue instrucciones de un manual que nunca quiso leer.
Lo irónico es que entiendo lo que me pasa, puedo explicarlo, ponerle nombre, hasta describir su curva emocional. Pero no puedo apagarlo.
Saber no siempre salva; a veces solo te hace consciente del incendio mientras intentas no arder.
Ya perdí la cuenta de cuántas veces intenté ser funcional mientras ardía deseando sobrevivir. Así que me felicito por lo mínimo: una ducha, un plato lavado, un día más.
Y aunque no ejerza, aunque el título esté guardado, sé que cada pequeño logro también es una forma de terapia.
Una que no se enseña, pero se sobrevive.
Estación muerta.
He intentado escribir despedidas para quienes alguna vez quise, cartas que estampen un —hasta aquí— como una sentencia.
Pero contigo ni eso pude. Ni el cierre dignísimo que se le da a lo que, al menos, tuvo forma. Porque lo nuestro ni siquiera alcanzó a ser ruina: fue un terreno baldío que tú dejaste así desde el inicio.
Cuando fuimos juntas a terapia, una parte tonta y pequeña de mí creyó que tal vez, con ayuda, podrías asomarte a algo parecido al vínculo. Me esforcé por mirarte como un ser humano y no como la figura hueca que siempre fuiste.
Y aun así, ni con un profesional sosteniéndote la mano lograste acercarte. No estabas ahí para entenderme: estabas intentando colarme gente en la vida, como si eso compensara que tú nunca ocupaste tu lugar.
Ridículo. Ni siquiera te habías ganado estar invitada.
Los pocos recuerdos que hubo se pudrieron bajo tu negligencia. Te odié, sí. Pero con el tiempo entendí que hasta ese odio era un privilegio que no merecías. Era regalarte un espacio que debió ser mío. Aprendí a barrerte, a sacarte como se saca polvo viejo que uno no recuerda haber dejado entrar.
Han pasado más de dos décadas y sigues señalando culpables con la convicción de quien jamás se mira. A estas alturas, tu ceguera ya no sorprende: es un hábito. Te escudas en el “me hicieron”, como si no fueras tú quien cavó la fosa entre nosotras con tu abandono deliberado.
Lo grotesco es que todavía te atreves a hacerte la mártir. A decir que te arrebataron algo.
Cuando la verdad es sencilla, cruda, y no necesita adornos: te fuiste mucho antes de que alguien pudiera quitarte nada.
Soy insoportable.
Lo sé, no lo niego.
Tan insoportable como el dolor que implica seguir viviendo en el pasado.
Insoportable, viviendo con el arrepentimiento de no haber intentado más, entregado más, esperado más.
Insoportable con esa cara de no romper ni un plato.
Insoportable como la soledad cuando te azota el invierno.
Insoportable como esa quemadura que te dejó el sol en el verano.
Insoportable como aquello que de forma incómoda te recuerda que aún vives.
Soy insoportable; apenas tolerable, sí.
¿Pero qué eres tú?
3:00 AM
Quiero huir.
Ya no quiero sentir.
Quiero perderme
y que me olvides.
Borrar lo que escribí.
Borrar lo que fui.
Hoy es una de esas noches
en las que escribo sin sentido,
lloro,
suspiro.
Me gusta la atención,
pero casi nunca me mira nadie.
3:00 AM,
otra lágrima moja la almohada.
No quiero dormir,
no quiero soñarte.
Tu imagen se disuelve,
como tinta en agua.
Vete.
Una mancha cubre tu rostro,
comienzo a olvidarte.
Adiós.
No queda nada.
Cierro los ojos.
Me dormí.
Te perdono.
Y entonces,
la otra voz despierta:
Eres tonta,
dice.
Confías demasiado.
Si él te amara,
te escribiría.
Pero no lo hace.
Te busca cuando se aburre,
y tú, siempre estás.
Ni siquiera pidió
que fueras suya.
Patética,
susurra el espejo.
Deja de soñar.
No habrá anillo.
Solo promesas que se caen,
como ropa.
Tu compañía no vale nada
a menos que estés desnuda.
Silencio.
Respiras.
Y aún así...
sigues viva.
She doesn't just stare... she uncovers your soul, piece by piece.
Yo solo sé escribir desde las lágrimas.
¿Qué se puede esperar de alguien que llora por lo menos una vez al día?
Nada más que la verdad cruda, la que incomoda, la que no se disfraza con buenos modales.
¿Y qué esconde el llanto?
¿Dolor, miedo, amor?
Para mí, no esconde nada.
El llanto no salva, no redime, no cambia.
Es solo un lujo que me permito, un acto egoísta de autocompasión que nadie me puede quitar.
Y si alguien esperaba que escondiera algo, que se joda.
Tienes razón, morirás de hambre siendo escritora.
Me gusta cuando me dan la razón.
Sería buen material para mí autobiografía ¿No cree?
Lástima que no me dedico a escribir, aunque tampoco estoy segura de que vivir sin hacerlo no sea otra forma de morir...
Cualquiera que sea el caso, tampoco estoy haciendo nada con mi título universitario.
El hambre y yo tendremos una relación estable, usted puede quedarse tranquilo.
Cualquiera que le guste lo que escribo, carece de buen juicio.
Fantasma
Hay días en los que me sorprendo persiguiendo al fantasma de los «y si hubiera...»
Ese que se supone debería atormentarme con todo lo que perdí por cobarde.
Cuando logro atraparlo, lo lleno de preguntas e intento convencerle para que me deje siquiera imaginar un rato que no todo lo perdí,
y otras, simplemente empiezo a delirar.
Pierdo la cordura cada tanto soñando con ser parte de tu mundo y compartir algunos minutos de mi existencia contigo.
Mis galletas son mejores,
pero aún me sorprendo pidiéndole al fantasma que me deje probar las de tu madrastra,
para saber por qué te gustan tanto.
A veces pregunto también quién fue la afortunada a quien le llevabas rosas y tulipanes.
Yo nunca recibí flores.
Y detesto darte la razón,
pero quizá sí soy una niña amargada.
Siempre fui consciente de que aprendí demasiado pronto que el mundo no siempre cumple sus promesas.
El fantasma está enojado conmigo,
porque no lo suelto,
porque aún te escribo.
Tantas letras que son tuyas y no lo sabes.
No quiero causar problemas,
¿Pero qué se supone que haga si aún extraño al insolente?
Susurros de insomnio
En algún rincón del universo, hay un alma que no puede conciliar el sueño, y desesperada busca a la luna por un poco de consuelo.
Le cuenta que, hace diecisiete noches, soñó con un alma que la llama.
Desde entonces, el sueño la evita,
como si temiera volver a encontrarse con él.
Intenta dormir, pero las horas se estiran interminablemente.
Hay una idea que no la abandona: tengo que escribir.
Porque escribir es la única manera en que logra encontrar paz.
Es su forma de respirar cuando el aire no le alcanza,
de poner orden al caos que implica sentirlo cuando ni siquiera está cerca.
Escribir es el único camino que la conduce a él,
a saberse vista,
a saberse recordada,
a saberse viva.
Con quien extrañas hablar
No sé por qué Tumblr no me avisa cuando tengo preguntas nuevas.
No creo que tenga caso responder, pero a quien extraño le haría sentido esta respuesta (con todos los mensajes telepáticos que le envío sería el colmo que no lo intuya).
Saludos, metiche ✌🏻✨