Hasta que les toca tener un poco de inteligencia emocional y responsabilidad afectiva.
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@netoben1
Hasta que les toca tener un poco de inteligencia emocional y responsabilidad afectiva.
Una GOTA de ORACIÓN, puede cambiar un OCÉANO de ANSIEDAD
—Sobre paz
«El SERVICIO A LOS DEMÁS es el ALQUILER que pagas por tu HABITACIÓN aquí en la TIERRA»
—Sobre compasión
«Todos vamos a morir algún día, pero... DA LA PELEA… podemos vivir con cáncer, NO MORIR DE ÉL»
—Sobre victoria
«Habla MUCHO de Jesús, POCO de ti y NADA de los demás»
—Sobre prudencia
La tristeza se siente más algunos días, no sabes porque, pero solo quieres llorar. La tristeza puede acabar con una vida, hasta el punto del vacío. Es difícil, no hay que reprimir esa emoción, hay que sentirla, abrázala y trata de seguir adelante. Solo tenemos una vida, no olvides eso…
Robies
Hay que perder, para aprender a valorar, que ironía de la vida.
Robies
A veces no hace falta predicar con palabras. 🌿 A veces, el amor que das, la paciencia con la que respondes o la manera en que perdonas, son sermones más poderosos que cualquier discurso.
Quizás no lo notas, pero alguien te observa. Alguien ve cómo enfrentas las pruebas, cómo eliges la fe cuando todo parece perdido, cómo sigues creyendo cuando el camino se vuelve oscuro. ✨
Tu forma de comportarte también habla. El respeto con el que tratas, la humildad con la que reconoces tus errores, la calma con la que respondes cuando te provocan, y la coherencia entre lo que dices y haces… todo eso deja huella. 💭
Tu vida puede ser ese reflejo que inspire a otro a creer nuevamente, esa chispa que despierte esperanza en un corazón cansado. No se trata de ser perfecto, sino de permitir que Dios brille incluso a través de tus grietas. 💫
Cada acto de bondad, cada palabra con ternura, cada decisión guiada por el amor… es una página más de ese Evangelio que tú escribes día a día con tu forma de vivir. 📖
¿Estás viviendo, hablando y comportándote de tal manera que si alguien te “lee”, pueda ver a Dios en ti? 🤔
A veces olvidamos lo mucho que ya hemos superado 🌧️. Olvidamos las noches en que pensábamos que no podríamos más, los días en que todo se veía oscuro y aun así seguimos aquí. No fue casualidad. Fue Dios quien te sostuvo cuando tus fuerzas se agotaban, quien te levantó sin que entendieras cómo, quien puso calma cuando todo era tormenta 🌊.
Y es que Él no solo estuvo contigo en el pasado; sigue aquí, en lo que hoy estás viviendo. Aun cuando no lo sientas, sigue sosteniéndote. Porque el mismo Dios que te sostuvo ayer, te sostendrá hoy y mañana 🌅.
Su fidelidad no depende de lo que sientas, ni de lo que entiendas. Depende de quién es Él, constante, inmutable, lleno de amor y misericordia. Cuando el miedo te susurre que no podrás, recuerda que ya has estado en lugares difíciles… y no caíste, porque alguien te sostuvo.
Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos (Hebreos 13:8). Eso significa que el Dios que te rescató cuando creías que todo estaba perdido, es el mismo que hoy te acompaña y será el mismo que mañana te levantará cuando te falten fuerzas 🤍.
Así que no te rindas. Aunque hoy el camino parezca más largo, aunque no veas salida, Él sigue ahí, obrando en silencio, preparando lo que tus ojos aún no pueden ver.
¿Y si esta vez en lugar de preocuparte tanto por el mañana eliges confiar en quien ya te ha demostrado que no te suelta?
A veces le pedimos a Dios que quite los problemas, que nos abra un camino donde no lo hay, que nos rescate de lo que duele. Pero hay momentos en los que Él no lo hace así… porque quiere enseñarnos algo más grande, a mantenernos firmes aun cuando todo parece hundirse.
Caminar sobre las aguas no significa no tener miedo, significa confiar en medio del miedo. Es cuando las olas son altas y el viento es fuerte, pero aún así decides creer. Dios no siempre calma la tormenta de inmediato, muchas veces quiere mostrarte que, con fe, puedes atravesarla sin hundirte.
Quizás no se trata de que se abran nuevas puertas, sino de aprender a caminar con fe sobre aquello que antes te hacía temblar. Porque mientras confíes, no habrá agua profunda que te hunda, ni viento fuerte que te derribe.
¿Y si esta vez Dios no quiere abrirte un camino, sino enseñarte a caminar sobre lo imposible?
A veces la vida parece un laberinto lleno de curvas, desvíos y caminos que no esperábamos recorrer. Creemos que nos hemos perdido, que tomamos la decisión equivocada o que ya no hay vuelta atrás. Pero cuando es Dios quien guía tus pasos, incluso los desvíos tienen propósito.
Nada se sale de Su plan, aunque parezca que estás caminando en círculos. Cada experiencia, cada caída, cada puerta que se cerró, te está preparando para llegar justo donde Él quiere que estés.
Confiar en Su dirección es aprender a soltar el control, a creer que aunque no entiendas el camino, el final sigue en Sus manos. A veces lo que parece un retraso, es simplemente Dios alineando todo para tu bien.
¿Y si ese desvío que tanto te frustró era justo el camino que necesitabas para encontrarte con tu verdadero destino?
A veces el miedo al futuro no viene de lo que está por pasar sino de lo que imaginamos que podría salir mal. Pensamos en escenarios que aún no existen y sin darnos cuenta entregamos nuestra paz a lo incierto. Pero hay algo que nunca cambia, Dios sigue teniendo el control.
Cada día que despiertas Él ya estuvo allí antes que tú, preparando el terreno, abriendo puertas que aún no ves y cerrando otras para protegerte. No hay error en su plan aunque el proceso duela. El futuro no es una amenaza cuando sabes quién lo sostiene.
Respira, suelta el miedo y confía. Nada se ha salido de las manos que formaron el universo.
No temas al futuro, ya está en las manos correctas.
¿Y si hoy decides dejar de temer y comienzas a confiar plenamente en lo que Dios está construyendo contigo?
Hay días en los que despertar ya es un logro, en los que el peso de las responsabilidades, los miedos o las dudas hace que todo parezca más difícil de lo normal. Tal vez te has sentido así últimamente, como si avanzar fuera demasiado pedir. Pero permíteme recordarte algo importante, Dios nunca te ha exigido correr, solo te invita a dar el paso que hoy sí puedes dar.
A veces pensamos que un paso pequeño no tiene valor, que no cambia nada, que no cuenta. Pero para Dios, los movimientos más sencillos pueden convertirse en milagros disfrazados. Él tiene la capacidad de tomar lo poco y convertirlo en algo inmenso. Si hoy solo puedes dar un paso pequeño, hazlo; Dios puede hacer mucho con poco.
La Biblia lo confirma cuando Jesús dijo que si tu fe es tan pequeña como un grano de mostaza, aun así podrás mover montañas Mateo 17:20. Dios no mira el tamaño de tu avance, sino la disposición de tu corazón. Él puede tomar esa semilla mínima, ese intento tímido, ese paso limitado y transformarlo en algo poderoso.
Así que no te desanimes por lo que no lograste. Agradece lo que sí pudiste hacer. No te compares con quienes parecen ir más rápido. Valora tu ritmo, porque Dios también está en lo pequeño, lo lento y lo cotidiano.
Hoy quizá no veas grandes resultados, pero el cielo sí vio tu esfuerzo. Y eso basta para que Dios comience a multiplicar lo que colocaste en sus manos.
¿Será que ese paso tan pequeño que tienes miedo de dar es justamente el que Dios quiere usar para cambiar el rumbo de tu vida?
A veces la fe no se nota en palabras, sino en la calma de quien ya decidió confiar. Y quizá hoy necesitas recordar eso, porque has cargado más de lo que tus manos pueden sostener. Has intentado mostrar fuerza incluso cuando por dentro estabas cansado, y te has exigido respuestas en momentos donde solo había silencio. Pero la fe no siempre se expresa hablando, muchas veces se expresa respirando, soltando, permitiendo que la vida deje de sentirse como una batalla constante.
No necesitas explicarle al mundo que estás confiando. La verdadera confianza se refleja en tu manera de avanzar, en la serenidad con la que empiezas a aceptar lo que no entiendes. En ese instante en el que decides entregarle a Dios lo que ya no te pertenece controlar. Soltar cuesta, y tú lo sabes. Pero es ahí, justo en ese acto de rendirte en sus manos, donde empieza la paz que tanto anhelas.
Permítete descansar sin sentir culpa. Deja que Dios lleve lo que tus fuerzas ya no pueden mover. Hay batallas que no te correspondían y puertas que solo Él puede abrir. Y aunque ahora todo parezca lento o confuso, muchas veces la tardanza es protección y el silencio es dirección.
Hoy date permiso de confiar un poco más. Deja de pelear con tus pensamientos, deja de exigirte claridad inmediata. Respira. Dios está obrando incluso en lo que tú llamas ausencia. Lo que hoy te inquieta Él ya lo tiene resuelto desde antes que lo pidieras.
La calma no es conformidad, es fe madura. Es creer que lo que viene será mejor, no porque tú tengas el control, sino porque Dios lo tiene. Confía. Camina. Y cuando mires atrás, entenderás que esta calma que ahora intentas sostener fue la evidencia de que ya habías decidido confiar de verdad.
A veces creemos que el gozo viene cuando todo está en orden, cuando no hay problemas, cuando nada se complica. Pero te digo algo desde el corazón, el gozo real no nace de un buen día, nace de una buena fuente. Y esa fuente es Dios.
Cuando Él llena tu vida, aun en medio del cansancio encuentras paz, aun en medio del dolor encuentras esperanza, aun en medio del caos encuentras sentido.
No esperes a que la vida se acomode para sentirte mejor. Permite que Dios acomode tu interior y notarás cómo, poco a poco, incluso los días difíciles empiezan a pesar menos.
El gozo no es ausencia de lucha, es la presencia de Aquel que te sostiene.
Whitepaper Luis Valdivia ☕.