Hábitos perdidos que debemos restaurar en la familia:
– Tiempo de juego familiar. Todos, papá, mamá, hijos, abuelos si viven en la casa, juntos en la sala de estar (o donde sea que haya espacio), y juntos disfrutan del tiempo recreativo en familia.
– Hora de comer en familia. Todos nuevamente, sentados en la mesa, teléfonos celulares y dispositivos electrónicos fuera, comer es un acto sagrado. El padre ora mientras todos agarrados de la mano, y luego, con gratitud en el corazón, se disfruta de una comida abundante mientras se charla sobre lo que se venga a la mente.
– Tiempo devocional familiar. Una vez más, todos juntos, la madre puede abrir en oración, y luego el padre trae una pequeña reflexión sobre un pasaje de la Biblia, haciendo preguntas a los niños para ayudar a la familia a analizar críticamente y pensar profundamente sobre la Escritura.
– Tiempo de lectura familiar. Cada uno elige un libro: nada de cómics ni revistas sensacionalistas. Libros reales, gruesos con páginas llenas de escritura, rica literatura. Tal vez un poco de música clásica en el fondo, y durante 20-30 minutos, se lee en familia. Si se desea, se pueden tener discusiones después de las sesiones de lectura. Uno solo puede imaginarse las interesantes conversaciones que pueden producirse.
– Tiempo de picnic familiar. Al menos una vez al mes, salir al lago, a la ladera de la montaña o algún parque agradable, se trae unos deliciosos sándwiches caseros (o tacos al pastor, lo que sea), se disfruta el sol y la serenidad de la naturaleza juntos en familia.
Esto comienza con nosotros los padres, así que no culpemos a los niños y a las tendencias perversas de nuestra cultura que nos rodea. Nosotros dirigimos la familia, ellos siguen.