- Ya ya Philip, deja de arrancar los tulipanes.
- ¡Pero si hay docenas de ellos!
- Lo sé, pero eso no quiere decir que los puedas arrancar y llevártelos así.
-Queria uno para la abuela.
-Ya son de tu abuela Philip, dame la mano, hay que cenar.
Y despidiéndose mientras el viento los ondeaba, Philip los dejó atrás.
- ¿Por qué ha llorado Philip?
-Estaba arrancando tus tulipanes, le he dicho que aunque haya cientos de ellos no puede hacerlo.
- Oh, Maddie... tu padre era bueno enseñando de la ciencias pero no de la vida.
La vieja mujer llevó a su nieto afuera y cuando estaban frente al campo florecido le dijo:
- Tomalos todos ¡Hay docenas de ellos!
-Pero ya son tuyos y yo solo quería uno para ti.
- No importa, tráeme uno.
El niño arrancó un pequeño tulipán y lo puso entre las arrugadas manos de su abuela
- Gracias jovencito este es un tulipán especial.
- ¿Y que tiene de especial?
- Bueno, cada otoño el abuelo plantaba tulipanes pero nunca me decía cuantos, cuando florecían le gustaba decir "esa es la cantidad de veces que te has enojado conmigo en el año" o "esa es la cantidad de besos que me debes desde que teníamos 60" y a todo aquel que nos visitaba le contaba una historia distinta.
- Justo antes de plantar estos tulipanes que ves aquí me dijo "¿No es muy irónico que tengas tu propio campo de tulipanes cada primavera y nunca tomes por lo menos uno? " ¿Sabes que le respondí?
- Le dije " ¡Es que son docenas! ¿Cómo voy a escoger alguno?"
Y tu abuelo me dijo " Lila, yo no planto tulipanes para que los escojas sino para que los disfrutes, cuando florezcan te traeré uno" y subió las escaleras
-El abuelo murió en invierno ¿No?
- Así es, y acaba de cumplir su promesa.