¿Por Qué La Vida Es Así? Una película de todos los mexicanos. from Convoy Network on Vimeo.
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¿Por Qué La Vida Es Así? Una película de todos los mexicanos. from Convoy Network on Vimeo.
Una ciudad sin héroes - Si Dios quiere + Giovanni Legrenzi / Nina Simone
La Luna
Mientras Baltazar III daba sus primeros pasos en la superficie lunar:
¡Todos deberíamos poder disfrutar de esta vista, una vez en la vida! Tener un referente nuevo sobre nuestro hogar; ver, aunque sea una sola vez, la tierra bajo nuestros pies como un cuerpo suspendido sobre nuestra cabeza. Sentir la emoción y el miedo de estar en medio de tanto vacío. Por supuesto que esto está muy lejos de ser como cuando tu amigo o amiga mamadores se van de retiro espiritual un fin de semana y regresan todos “cambiados” o como cuando tus amigos jipis se van al desierto a echarse un viaje peyotari y regresan siendo unas nuevas y mejores personas, iluminadas, elevadas.
No, esto es diferente.
La única diferencia entre viajar a la luna e ir al mar o subir la montaña o adentrarse en el bosque, solo radica en la distancia y el esfuerzo que implica llegar, además de las personas que intervienen en el viaje. Todos deberíamos poder disfrutar esa vista, por lo menos una vez en la vida. Contemplar la belleza de la transformación, del cambio, del flujo de los fenómenos en el universo. Uno fácilmente podría perder la cordura si observa con atención lo despiadado y fugaz de la existencia. Todo cambia y se transforma. La primera vez que conocí el mar me quedé horas sentado en la playa solo observando el ir y venir de las olas. No podía evitar sentirme pequeño ante la inmensidad de ese cuerpo de agua que lo abarcaba todo. En este momento puedo poner mi mano a una cuarta de mi casco y cubrir todo el mar y los continentes del planeta. Igual me siento diminuto, pero en esta ocasión es ante la inmensidad del silencio. Me pregunto si algún día existirá una mano capaz de cubrirlo.
Un día, dentro de varios miles de millones de años, esa estrella a la que llamamos sol morirá… explotará en una super nova y la tierra definitivamente será víctima de esa transformación.
Hacer un pronóstico hoy, sobre la situación de la raza humana cuando eso ocurra, es muy aventurado. Hemos puesto el primer pie fuera del planeta, pero para poder completar el paso dentro del vecindario espacial falta mucho por hacer y mucho por descubrir.
Uno, además, no puede evitar sentirse engañado, como dijera el escritor Suizo Friedrich Dürrenmatt (quien sin duda fue un espectador de todo el fenómeno que fue la llegada del hombre a la luna en el apolo 11):
"El 20 de julio de 1969 no inició una nueva época sino el intento de marcharse a hurtadillas del no superado siglo al cielo. No se confirmó la razón humana, sino su impotencia. Es más fácil viajar a la Luna que cohabitar en paz con otras razas, más fácil que una democracia y un socialismo auténtico, más fácil que vencer el hambre y la ignorancia, más fácil que evitar la guerra en medio oriente o terminarla, más fácil que encontrar al verdadero asesino de un presidente, más fácil que hacer la paz entre árabes y judíos o entre los rusos y los chinos, más fácil que irrigar el Sáhara, más fácil que entender las diferencias entre hombres y mujeres y lograr que tengan las mismas oportunidades, más fácil que volver a fertilizar aquella llanura que había sido antaño Mesopotamia entre el Tigris y el Éufrates. El vuelo a la Luna no es lo peor, no es otra cosa que una de aquellas aventuras técnicas que, gracias a la aplicación de las ciencias, siempre volverá a ser posible. Lo malo es la ilusión que despertó".
Houston: misión cumplida, me preparo para volver a casa.
by Baltazar III
Una Ciudad Sin héroes / Extracto del Episodio No. 4: "La Luna"
Perfumes
Un hombre entra a un bar en el centro de la ciudad, adentro, las personas cantan, se abrazan y beben en lo que parece un desfile interminable de camaradería y bebidas para todos los gustos y bolsillos. Es la celebración de año nuevo, son los primeros momentos de un año que acaba de ver la luz. No es un lugar lleno, pero cada espacio vacío es ocupado por el sonido de carcajadas, vasos que chocan y la música de una banda que toca en un escenario donde apenas caben los 4 integrantes. Después de una pequeña pausa al atravesar el umbral, el hombre se hace camino hacia la barra pasando entre cuerpos que, a veces, es imposible no tocar.
La sensación de contacto con un cuerpo ajeno le parece poco grata, incómoda, pero, por otro lado, el aroma que se desprende de la ropa y la piel de los individuos a su alrededor le resulta placentero. Casi un fetiche.
- India Pale Ale, por favor – solicita con seriedad al sujeto detrás de la barra, que con agilidad animal toma un tarro y lo sirve hasta el tope. Dejándolo reposar sutilmente en un posavasos puesto delante del hombre.
Antes del primer trago, se toma su tiempo y con total parsimonia disfruta el perfume de maltas tostadas que vuela y baila sobre la espuma.
Eso es lo que se dice “un verdadero amante de la cerveza” – pronuncia una profunda voz femenina a su izquierda. Podría gastar todos calificativos describiendo a la dueña de esas palabras, pero basta decir que era morena y que de su piel apiñonada se desprendía un poderoso olor a pachuli mezclado con miel y naranja.
Esa mezcla de aromas acarició la nariz del hombre, produciéndole un cosquilleo intenso que le recorrió toda la piel.
Me gusta tu perfume – continuó diciendo la mujer. Los ojos de plato colgados en el rostro del hombre delataban su asombro, eran la combinación precisa de palabras que él estaba a punto de decirle. Ambos cerraron los ojos y entregaron el momento al olfato.
De repente, un sonido fuerte terminó de manera violenta el trance en el que estaban, la estridencia de un vaso que se convertía en múltiples fragmentos cerca de sus pies los devolvió al lugar. En una mesa contigua comenzaba una riña que, como leche al fuego, hacía desbordar rápidamente los ánimos a los involucrados. Antes de que continuaran volando vasos, platos, sillas y bancos, ambos cruzaron por encima de la barra para ponerse a salvo.
La cerveza derramada en la barra escurrió hasta caer en cascada sobre el par de cuerpos guarecidos del otro lado, el líquido se impregnó de inmediato en las ropas, inundando el pequeño espacio que compartían con un intenso olor a cebada, bosque de pinos y notas de chabacano y naranja.
Volvieron a cerrar los ojos, como continuando el ritual suspendido anteriormente y alejados de todo, cada nariz fue acercándose con pasión hacia el otro cuerpo.
de Baltazar III
Hay una ciudad del otro lado de mi ventana, de vez en cuando suspendo todo lo que estoy haciendo, me levanto de la silla y la contemplo. No
¡Ya nació el bebé!
Todo el puto día
Me pregunto quién eres y porqué me provocas tantas cosas. Me lo pregunto ahora y todas las noches cuando más me urges. La cama me exige una respuesta a cambio de la tregua que me devolvería la paz del sueño.
¿Qué ocultan tus silencios? ¿A donde vas cuando te ausentas? ¿Por qué entre más me acerco me pareces más lejana? Como un arcoíris.
Que no te agobien tantas preguntas. Me doy cuenta del exceso de ansiedad, de que estás en mi cabeza todo el tiempo y de que no hago otra cosa que pensar en nuestro próximo encuentro. No sé de donde viene todo esto, no sé por qué no encuentro calma, por qué no puedo estar tranquilo. Supongo que sólo es este momento particular de mi vida en donde pocas veces me siento dueño de mi mismo.
+Deleuze
Qué idea más triste del amor la de convertirlo en una relación entre dos personas, a la que si hace falta se añaden otras para vencer la monotonía. Y cuando para abandonar el dominio de las personas se reduce la sexualidad a la construcción de pequeñas máquinas perversas o sádicas que encierran la sexualidad en un teatro de fantasmas, la cosa no cambia nada: algo sucio o mohoso se desprende de todo eso, algo excesivamente sentimental en verdad, demasiado narcisista, como cuando un flujo se pone a girar sobre sí mismo y se estanca.
Clandestinos
De noche, al abrigo de la oscuridad
nos descubrimos clandestinos
mi corazón desbocado
discriminaba el discurso que pronunciaba su boca
Y con ganas de arrebatarle la palabra
anhelaba discurrir de otra manera,
inventar un nuevo idioma.
La penumbra nos envolvía con un aroma de hierba y dulces
Y dejaba sentir un alboroto que trepidaba ágil en el viento.
Se acercó a mí
y supuse que había descubierto la ausencia dibujada en mi rostro
ojos iluminados por la luz delicada de una luna inmensa
que nos sonreía sabiéndose nuestra única cómplice.
Rió y reí
ella de alegría
yo de nervios.
Hipnotizado seguía fielmente cada movimiento de sus labios,
Como quien ve por primera vez un bailarín
y al presenciar el virtuosismo siente como algo dentro, muy dentro
se quiebra, le conmueve.
Y en realidad eso hacían sus labios, danzar.
La distancia se contrajo aún más,
mi corazón sincopado reventaba en mi pecho.
se suspendió el tiempo, la noche, el cielo con todas sus estrellas.
Ocurrió en un parpadeo, un segundo eterno.
Mis labios se unieron a la danza y supieron la suavidad de los suyos.
¡Que calidez la de sus labios!
No quería irme de su boca
Ahí, en la penumbra
deseaba quedarme
ser el habitante eterno de esa tierra tersa y dulce.
Bailar para siempre.
Pero había que marcharse, emprender la huida.
Porque, después de todo,
¿Acaso no es ese el destino ineludible de lo clandestino?
Importa que haya dioses, como importa creer en ellos, para poner sobre sus altares el incienso, el vino y las mentiras
Ovidio
Redimido
Me libero de ti
Me libero de tu llegada intempestiva, de la compañía de la noche y de la pulcritud
Me libero de ti
Del canto de sirenas en la marea de tus cabellos y declaro la independencia en la patria indolente de mi cuerpo
Me libero de ti
Me libero de la imagen que tu sombra olvidó en la escalera, de tu ausencia, de tu lugar a mi lado en la banqueta
Me redimo de ti: soledad
Seudónimo
No sé de poesía
perdido en el valle profundo de tus manos
sumergido en los canales de las huellas de sus dedos
que protegen el árbol de la paz perenne
No sé de poesía
repitiendo al hartazgo tu nombre en la penumbra
siendo canto de lluvia golpeando el amanecer a medio año
compañero de grillos nocturnos susurrantes
No sé de poesía
si la luna oculta tu voz en su sonrisa
o en su mueca trágica tu ausencia me recuerda pertinaz
si la noche lo baña todo de tu esencia
No sé de poesía
escribiendo que escribo el desconsuelo
ahogando la página de pasión monstruosa y estridente
actuando que actúo ser poema.
Arena en los ojos
- Cuéntame un cuento para poder dormir.
- De qué hablas, es muy tarde.
- Anda, no puedo dormir, llevo horas sin poder cerrar los ojos.
- Pero tengo sueño. Y sabes que me ha dolido la cabeza toda la tarde.
- Por favor, si no fuera importante no te lo pediría.
- Está bien, pero me debes una ¡eh!... ¿Cuál quieres que te cuente?... ¡Ya sé! Voy a contarte el de La Cripta, de Lovecraft.
- No, no, no, ese no, me da miedo. No seas así.
- Jajajaja Mmm ¿Ya te conté el funeral de Tacho?
- Ese es muy triste y aburrido, cuéntame ese donde había una familia donde todos estaban locos ¿cómo se llamaba?... No, mejor cuéntame el de Los Piojitos, me da mucha ternura como lo cuentas.
- Jajajaja bueno, acomódate, aquí va entonces: Alvarito tenía muchos piojos. Tenía piojos en la gorra, pequeñitos y color de sangre; tenía piojos en la camisa y en la camiseta y en el calzoncillo, gordos y satisfechos y de color pardo. Los del calzoncillo, que eran guerreros, no se trataban con los de la camisa y la camiseta, que eran agricultores… no me estas poniendo atención.
- Si, si te estoy poniendo atención.
- ... Los del calzoncillo, que eran guerreros, no se trataban con los de la camisa y la camiseta...
- Tuve un sueño horrible, por eso no podía dormir.
- ¿Qué?
- Que tuve un mal sueño, por eso me desperté.
- ¿Una pesadilla?
- Ajá.
- ¿Qué soñaste?
- Había un desierto enorme. Por todos lados lo único que se podía ver era arena, arena hasta donde alcanzaban a ver los ojos. Tú estabas ahí, a mi lado, pero no decías nada, ni siquiera te movías, solo veías al horizonte. De alguna manera sabía que ambos esperábamos algo, un rescate, quizás. Yo sentía el calor abrazador del sol cayendo pesado por todo mi cuerpo y me resultaba insoportable, sabes que no me gusta el calor. Pero a ti parecía no incomodarte en lo más mínimo. Me desesperaba y comenzaba a gritarte, pero mi boca no emitía ningún sonido. Y por más que manoteaba para llamar tu atención, por más que intentaba que de mi voz escapara tu nombre, no conseguía hacerte volver la mirada hacia mí. Entonces, cuando la desesperación me tomaba completamente, cuando todo me resultaba de verdad insufrible. Hubo una sacudida bajo nuestros pies. El tiempo pareció suspenderse y comencé a sentir como poco apoco mis pies comenzaban a hundirse en la arena, como cada vez más y más granos minúsculos de arena ocultaban mis tobillos, mis rodillas, mis piernas, mi sexo. Jamás había sentido un miedo tan monstruoso como en ese momento. Y mientras yo me dirigía inevitablemente hacía abajo, tú parecías crecer ahí en tu inmovilidad, en tu quietud. Después de que estuvieron cubiertos mis brazos, con los ojos inundados en pánico por la desesperación, a punto de convertirme en una partícula más en ese desierto interminable, tú volteabas, al fin volteabas para verme una última vez... Eso fue lo peor…
- No llores, solo fue una pesadilla. ¿quieres que continúe con el cuento?
- Llorabas, pero no de tristeza… había maldad, odio… ¡Pero tenías mis ojos! ¡Eran mis ojos puestos en tu rostro! Me observabas con furia, con una violencia que me deshacía por completo de inmediato… de repente, nuestros lugares estaban cambiados. Y quedaba yo… en el desierto… mirando como mis ojos se sumergían y terminaban cubiertos por pequeños átomos de desierto.
- …
- …
- Ven, ya ha terminado, todo está bien... Y llora, llora todo lo que quieras.
- ¿Sabes qué es lo peor de tener sueño y no poder dormir? Los ojos parecen tener tierra.
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#247 Los pequeños universos hacen que pierda la cordura.
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