Crónica de una taza de té en el la Ciudad de México
por Javiera Barrientos G.
Debe haber pocos maridajes tan precisos como una taza de té caliente y un buen libro (aunque los partidarios del café estén, y con razón, en desacuerdo). Desde que descubrí hace algunos años en un viaje a Colombia que no en todos los países ni ciudades el consumo de té negro es tan frecuente como en Chile, ni su adquisición tan sencilla ni económica, suelo viajar con mi paquete de té de hoja y un infusor circular de taza en mi maleta. Así me evito, en caso de no tener suficiente tiempo, ir hasta el barrio chino en busca de una bolsa decente de té barato. Esta vez, sin embargo, en el ajetreo de los preparativos de un viaje que se vino encima antes de lo anticipado, olvidé mi té junto a la cama. Por suerte, y gracias a Rafa Mondragón, conocí a Marisol García, autora del blog Las rutas del té. Además de tener una pila insólitas de cosas en común, Marisol amaba el té. Es más, soltó una deliciosa carcajada larga y melódica cuando le pregunté si sabía dónde podía encontrar buenos tés en la ciudad. Ese fue, creo, el preciso momento en el que terminamos de hacernos amigas. Dejo aquí una colección de algunos de los lugares que me recomendó y otros que encontré por mi cuenta, vagando por las calles de una ciudad que se ha ganado un importante espacio en mi biblioteca, en mi paladar y en mi corazón.
Tomás, Casa Editora de té (Taumalipas 66, Cuauhtémoc)
Theodor (Temístoclés 24, Polanco)
Panadería (Colima 179, Roma Norte)
Casa de Marisol
Mi madre y hermano llegaron hace algunos días de un largo viaje a Estambul y, como es tradición en la familia, entraron a Chile con una gran variedad de té turco. Después de tomar mi primera taza me percato, con deleite, de que esta es una ruta interminable. Como los libros, el té está siempre acompañado de historias que contar.










