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@noterayestia
Ahora duermo asĂ
El tĂo que me enseñó a follar, Vol II
Estoy en el coche, con la calefacciĂłn en veintidĂłs, parada pero con la radio en aleatorio.
Llevo un rato en silencio en el sitio de Madrid donde más Ă salvo me siento: el interior de mi Ibiza. Sin querer, he sido testigo de un beso de adolescentes en el primer puente del curso escolar. Estaban en la puerta de la casa de la chica y antes de despedirse por penĂşltima vez he visto cĂłmo ella se daba la vuelta y le robaba otro beso. Estoy lejos, te lo prometo, y no creas que estoy siendo indiscreta pero he seguido la escena; Ăşltimamente intento hacer mĂo cada rasguño de amor romántico que descubro entre extraños. La chica ha demostrado valentĂa, timidez y delicadeza. Él no debĂa esperárselo pero, al cabo de unos segundos, ha pegado la palma de su mano en el hueco de la mandĂbula de ella, hundiĂ©ndola hasta detrás de su corillina. Desde mi asiento en el coche, veĂa cĂłmo jugaba con los rizos de ella, con la urgencia de no desperdiciar ese nuevo beso, haciĂ©ndolo más largo en el tiempo y más intenso.
Antes de estar aquĂ aparcada espiando a unos adolescentes, te he pensado. Estaba dándole vueltas a cuál de mis rollos habĂa conducido el coche y me acordĂ© que hace unos dos o tres años, mientras yo estaba de viaje por trabajo, tĂş lo tuviste dos semanas. Hace poco más de un año, yo aparcarĂa en este mismo hueco tu CitroĂ«n azul.
Mi madre vio un coche con interiores rectos y una evidente estĂ©tica masculina y con el morro torcido, porque ya sabĂa la respuesta, me preguntĂł que de quien era. "MĂłntate y vamos a comprar, me han dejado el coche hasta la tarde, ¡verás cĂłmo corre!" y arranquĂ©, porque mi madre sabĂa que me iba a estrellar, en todo el sentido figurado posible.
Te echo de menos. Me da rabia tener que hacerle creer a mi cerebro que no existes, que no volveré a tocarte el pecho rasurado al tres, que jamás volveré a tirar de ese mechón indomable de la frente que hace que te conviertas en Clark Kent. Me da pena tener que hacerme creer que ya no existes, hasta el punto de creerte muerto. No me taches de macabra: es más fácil sabiendo que tu cuerpo ya no está del cielo pabajo.
Cada dĂa que pasa siento que es la mejor decisiĂłn que he tomado, pero tengo el corazĂłn tan roto y la entrepierna tan desaprovechada que ojalá no fueras el egoĂsta que más mal nos ha querido.
Hace unas semanas empecĂ© un viaje, pero hacia adentro. TodavĂa no tengo ninguna respuesta, pero creo que me voy acercando a las preguntas adecuadas.
ÂżSabes?
Me siento como un combatiente en la guerra mirando la foto de su amor, aquel del que solo guarda recuerdos y su imagen en el bolsillo del pantalĂłn.
Pero todo menos lĂşgubre, yo no estoy en la trinchera pero si disfrutando de otra ciudad y tu foto la tengo en un mĂłvil cargado de pesares.
Nuestro timing no es el correcto pero sé que no has aparecido por casualidad.
Nos volveremos a encontrar y no, no es una amenaza, es una realidad pájaro pinto.
2021 no te conozco pero ya te quiero
La cuenta, por favor:
Hace 70 dĂas que dice la agenda que no nos vemos.
70 dĂas en los que me he comprado un bolso, un abrigo, un vestido y un jersey de lentejuelas.
En esos 70 dĂas he ido a unas 9 fiestas y he acabado durmiendo con chicos que no eras tĂş en 2 de ellas.
Me has pasado el recibo de Netflix 2 veces y ahora soy 10 euros más rica y 4 paquetes de pañuelos más pobre.
No en cada 1, pero si en alguna que otra de esas 24 horas de cada uno de los 70 dĂas te he pensado y desenredado con amor y odio.
Mañana habrán pasado 71 y pasado 72 y asĂ hasta que lleguen 1000 de esos dĂas en los que espero haberte, por fin, olvidado.
Solo ha hecho falta un confinamiento más, un hechizo de Yahoo answers (con vela roja y cartas quemadas de por medio), que me gaste el sueldo en Vinted y que @oh_manulito me haga este maravilloso logo para que vuelva a las redes.
Tampoco las he echado tanto de menos…
Ridin’ with my squad.
( The Witches’ Ride by Otto Goetze, 1924.)
Ayer, ya en ParĂs, el propietario de mi nuevo piso intentaba hablar de banalidades rellenando huecos insustanciales cuando paramos a comer. El hombre decidiĂł abrir la caja del amor y lo sentimental como el que habla del tiempo y yo, al pensarte en otro idioma, haciendo el esfuerzo porque mi cabeza tradujese lo que mi cerebro querĂa soltar, empecĂ© a llorar sin darme cuenta.
Supongo que en castellano, cuento nuestra historia como una gallina cacarea, pero si lo tengo que analizar dueles, aún no has cicatrizado. Y te maldigo por ello, patán, porque hasta en mi oasis si te explico te vuelves lagrimas.
Hoy hay luna llena y te he escrito una carta que jamás llegará a tus manos porque la he quemado en un macetero que se debió dejar el anterior inquilino.
He encendido una vela roja, he escupido en tinta todo lo que jamás te diré y ya solo quedan cenizas donde te despido.
Polvos echamos, polvo fuiste y en polvo te has convertido.
"Hasta siempre" se queda corto porque siempre no es nada.
"Hasta nunca" debĂ decirte al cerrar la puerta de tu coche sin mirarte a la cara.
No vuelvas nunca, por favor y por pesado. Mis amigas, el FBI y Google no aguantan más ni un minuto que te nombre.
Isabel
Maldito seas.
Lo malo de las modas es que, ahora, todos llevan barba y no paro de encontrarte y perderte en cada garito de Madrid.
Domingos.
¡Tronco va!
He oĂdo de su boca la misma historia contada con diferentes nombres. Yo la escuchaba sentada, sin apenas darme cuenta de que mis pantalones se manchaban por un agua estancada que parecĂa caer libre, con la misma fuerza que una gotera que va a empezar a romper. La vista se quejaba de borrosa. Me confesaba que entiende a la persona que no ha sido capaz de soltarme; que todo es por culpa de un ego que no puede controlar. Ella que cree en el amor por encima de todas las cosas, que su máxima es “no hacer para los demás lo que no le gustarĂa recibir”. Empiezo a ver con mayor claridad y aĂşn con la voz entrecortada le digo que, para mĂ, su felicidad es lo más importante pero que me eche un vistazo. A dĂa de hoy soy lo más parecido a un fantasma con cadena que hay. Como lastre llevo comparaciones atadas a un tobillo encangrenado.
Si bien, haciendo una breve interrupciĂłn, insisto en que le digas a tu Ego (al tuyo, no al de ella) que no deberĂa sentirse halagado por mĂ. Puedo explicarlo todo. Lo que me ha pasado, lo que me pasa, dice la ciencia que no es más que a nivel hormonal. ImagĂnate que has estado ciego y unas manos se posan sobre tus ojos y solo entonces descubres que existe el rosa, ¡y el amarillo! Y de nuevo, por entre el más intenso negro clarea el más brillante de los azules. He intentado explicarlo tantas veces que creo saber lo que siento. No se trata de amor, ya que es una palabra demasiado grande que, para tener sentido, debe vivirse igual en ambas partes. Yo prefiero referirme a ello como un enganche, pura quĂmica, plena confianza que malacostumbro a regalar.
Lleva un rato sin hablar, me mira fijamente sujetándome la mano con la suya, dándose cuenta de lo doloroso que resulta escuchar la cara B de la cinta. Hemos derribado todo muro y tengo al enemigo en frente. Ondea el pelo como bandera y sonrĂe echa pedazos. Me descubre tapando una herida que no desea para mĂ. Quiere venganza por parte de aquel que no supo parar de clavar el estoque. Se sincera y todo cobra sentido. Lo suyo, lo mĂo, lo tuyo y lo de Ă©l. AĂşn asĂ duele. Bendita sea por haberse dado cuenta de todo antes de dejar un mayor reguero de cadáveres alrededor de su falda.