Me han sexualizado más veces de las que me han amado.
Es una verdad incómoda, casi vergonzosa de admitir, porque obliga a mirar hacia atrás y reconocer cuántas veces fui vista como cuerpo antes que como persona, como deseo antes que como alma, como una fantasía pasajera antes que como alguien que también necesitaba ternura, cuidado y permanencia.
Es extraño cómo una termina acostumbrándose a eso.
A que la atención llegue primero por la piel.
A que el interés siempre tenga hambre, pero nunca profundidad.
A que te deseen con intensidad, pero sin la mínima intención de conocerte de verdad.
Durante mucho tiempo confundí ambas cosas. Pensé que ser deseada era una forma de amor, que si alguien me miraba con suficiente deseo quizá eso significaba que había algo más profundo detrás. Como si la intensidad de una mirada pudiera reemplazar la tranquilidad de sentirse elegida.
Muchas veces solo era apetito.
Solo la emoción breve de conquistar algo nuevo.
No se queda cuando las luces cambian.
No sostiene cuando la vida se vuelve pesada.
No acaricia las partes rotas.
Y una empieza a preguntarse si ese es su lugar.
Ser suficiente para el deseo, pero no para el amor.
Ser alguien que se toca, pero no alguien que se elige.
Eso deja una marca silenciosa. Porque poco a poco comienzas a medir tu valor en atención momentánea, en miradas, en intensidad, en cuánto puedes provocar… y no en cuánto realmente mereces ser cuidada.
También duele reconocer la parte propia en todo esto. Las veces que acepté menos de lo que quería porque parecía mejor que no recibir nada. Las veces que llamé conexión a algo que apenas era deseo con buena iluminación. Las veces que me quedé en lugares donde mi cuerpo era bienvenido, pero mi corazón resultaba demasiado incómodo.
Tal vez porque ser deseada se siente más inmediato.
ser amada requiere paciencia, presencia, profundidad.
Requiere quedarse cuando ya no hay novedad.
Requiere mirar más allá de la superficie.
No quiero seguir siendo el recuerdo bonito en cuerpos ajenos.
No quiero ser una historia breve que alguien menciona con deseo pero sin verdadero afecto.
Quiero esa clase de amor que no se reduce a la atracción ni desaparece cuando pasa el impulso.
Quiero que alguien me mire y no piense solo en cómo tocarme, sino en cómo cuidarme.
Porque ser deseada puede alimentar el ego por un momento,
ser amada es lo único que realmente hace sentir que perteneces.
Y estoy cansada de ser deseo cuando lo que siempre quise fue ser hogar.