Día 6 Parte I: La Gran capital polaca, la inmensidad
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Mi despedida de la ciudad gótica donde nació mi tocayo Nicolás Copérnico comienza algo mal. En la mochila siempre llevo mi móvil, una libreta, algo de comer y beber, monedas, tarjetas y por supuesto el pasaporte y la guía, pero también mi revista National Geographics, gracias a esta estoy aquí, con ella comencé a descubrir que el mundo eran historias, eran lugares y personas, pero sobretodo, imágenes.
Pues bien, con mis dos mochilas a cuestas salgo del Hostal, en pleno centro de Torun, pero noto que me falta algo, abandonando las calles de la histórica ciudad me doy cuenta de que es la revista, anoche le estuve echando un ojo y la dejé en la mesita sin guardarla y esta mañana con las prisas allí se ha quedado. Menos mal que la ciudad es pequeña y puedo volver a por ella aun estando ya a las afueras de la misma, si, tan importante es para mí que me juego el llegar bien a mi tren. La cojo con mucha prisa y la meto en mi valiosa mochila, vuelta a la estación que, recuerdo, está en mitad de un bosque tras pasar el Vistula a unos cuantos kilómetros de la ciudad. Cuando llego a la estación el problema al pronunciar el polaco comienza a dar sus frutos, si me quedaban menos de 15 para buscar el tren, la mitad los iba a gastar en la taquilla intentando decirle a la señora que voy hacia Warsawa, Warsaw, Varsaw, Varsamo, Warasawa, y finalmente, The Capital of Poland en un chapurrero inglés, en definitiva, ¿destino? La gran capital polaca, Varsovia.
La inmensidad ante mí, acostumbrado a recorrer ciudades no muy grandes y con un encanto histórico increíble, me veo de pronto en una megápolis, con cientos de pasillos que recorren la misma por debajo, llevo 10 minutos y aún no he salido a la superficie. Es un caos, me veo algo superado, hay muchísima gente pasando a mi lado como si fueran con el piloto automático y yo aún no sé por dónde salir del metro, pero finalmente veo la boca, y salgo, ya por fin puedo ver cielo abierto arañado por grandes rascacielos, y sentir como mi vista se va al apreciar las largas y rectas avenidas de la ciudad, es una ciudad histórica en los libros, pero no en la apariencia. Edificios iguales, grandes bloques, con servicios cercanos, parques, restaurantes, una ciudad perfectamente planificada, una ciudad moderna sobre un esqueleto destrozado.
Me fascina, la verdad, a mí la arquitectura y el urbanismo en general me encanta, la mezcla que hay en este lugar es impresionante, cómo se puede ver que aquí han vivido dos sociedades diferentes, el comunismo consiguió sacar la ciudad de las cenizas, el capitalismo está haciendo de esta una megápolis.
A los pies del edificio Stalin, o como se llama ahora, el Palacio de la Cultura y la Ciencia, saco mi mapa para ver donde leches estoy y hacia dónde voy, grandes preguntas de la humanidad pero en este caso mucho más mundanas, estaba aquí y tenía que llegar allí, fácil, línea recta, no creo que tarde mucho andando.
Ando, ando, ando, ando, sigo andando, demasiado estoy andando ya, una hora, estoy muerto, el descanso del día anterior al traste, pero bueno si estaba cerca, esto no es normal, saco el plano y claro, me doy con la realidad, sí, estoy al lado, ahora, tras recorrer 5 kilómetros, vi una línea recta y me dije, no debe ser mucho, pues si, en las grandes ciudades una línea recta puede ser mucho.
Total, a lo tonto en una mañana me he hecho 10 kilómetros casi sin quererlo, pero bueno, siempre viene bien andar, y el choque siempre está bien, si a la mañana temprano andaba por mitad del campo sin mucha presencia humana, ahora lo hago en una gran avenida bajo la sobra de los edificios y sorteando a cada persona, que no se diga que el humano no se adapta bien el medio.
Un Chino, una pareja de Rusia, unos italianos, tres de América… mi habitación parece la ONU, dejo las cosas, descanso y miro que puedo ver por aquí, aunque si, cuando hay una torre en una ciudad lo primero que hago a modo vigía es subir a ella y apreciar hasta dónde llegan las fronteras de aquel territorio, así, además, me hago a la idea de dónde está cada cosa, así que de vuelta a donde estaba hace una hora que voy.
Sin la gran mochila todo es más llevadero, llego a la gran torre, El Palacio de la Cultura y la Ciencia, uno de los edificios más altos de la Europa de hoy, regalo de Iósif Stalin a Polonia por los daños causados durante la IIGM y un claro símbolo del control soviético en este país.
Si el Palacio parece grande desde fuera lo es mucho más al entrar, uno allí se pierde, de verdad, que contraste con lo que había visto hasta ahora, pero bueno, busco cómo subir y mi sorpresa es que para mí es gratis, ser joven tiene sus ventajas, me subo al ascensor con un grupo y allí nos cuentan pues eso, que mide 237 Metros, el edificio más alto de Polonia y durante un tiempo el más alto de Europa, que fue un regalo de la URSS, que en 1980 entró a formar parte del Patrimonio de la Humanidad…. Y ya estoy arriba, se ven consistentes estos muros, no hay problema, algo de vértigo sí, pero las vistas, sin duda, merecen la pena…
Es gracioso porque yo iba con la intención de subir solo a la torre, pero claro el edificio es inmenso por cada una de sus cuatro caras iguales, “Posee más de 3000 habitaciones que, entre otras cosas, dan sede a empresas e instituciones, y también a la Academia de Ciencias Polaca. Además, el palacio da cabida a una oficina de correos, un cine, varios museo, dos universidades privadas, además de a varios teatros.”
Cuando vuelvo a poner los pies en el suelo me doy una vuelta por los alrededores, justo al lado del edificio emblema de la Unión Soviética fuera de territorio Ruso se alzan nuevos rascacielos modernos, privados, capitalistas, un claro ejemplo de cómo si antes fueron los rusos, ahora son los americanos, y pronto será otra potencia, parece que la cuestión es ser absorbidos cómo cultura por el pez gordo del momento.
Eso sí, como buen amante de la arquitectura, algunos de estos edificios son muy chulos, y solo uno supera por muy poco al antiguo edificio Stalin.
El contraste entre los distintos rascacielos es impresionante.
A la tarde veo un lugar muy poco conocido, muy pequeño, muy perdido… pero fascinante si te gusta la fotografía, el cine… los orígenes de estas artes, hablo del Fotoplastikon Warszawski, ya con ese nombre es raro, para encontrarlo es complicado, un par de vueltas a un lado, media vuelta, girar una esquina, rodear el edificio… pronto descubro que está dentro del patio de edificio, no por fuera, pero lo encuentro, en la guía pone que cuesta 4 euros, pero al entrar como no había nadie pues me han pedido entrada y listo, me he colado, que no me alardeo por ello, ¡yo iba dispuesto a pagar!
Bueno que es eso de Fotoplastikon, pues es una técnica fotográfica en la cual te superponen dos imágenes para hacerlas tridimensionales, estamos hablando de finales del siglo XX.
En concreto, el Fotoplastikon de Varsovia es importante, bueno el más importante de Europa más bien, simplemente porque es el único que queda, y en él te muestran fotografías de distintas ciudades europeas de aquél tiempo, en concreto, este lleva desde 1905 abierto, y ahí sigue.
Estoy solo en este pedacito de historia, hay una paz inmensa aquí, ha merecido la pena encontrar este lugar, como si de un tesoro se tratase, no obstante ha sobrevivido a diversas culturas, unas cuantas guerras…. Se ha ganado el apelativo de tesoro.
Llego de nuevo al Hostal, a casa si de alguna manera se puede decir, creo que a la tarde iré al centro, o al gueto, o a ver los museos sobre a IIGM, bueno ya veré, vaya donde vaya seguro acierto, pero ahora, a descansar leyendo mi revista.
Polonia, Día 5 (II): Recordando mis primeros 5 días
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Mientras me dirijo a mi albergue, cruzando un largo puente que comunica orilla y orilla del Río Vistula, no paro de acordarme de todo lo que ya he vivido, y eso que no hace ni una semana que estoy aquí.
Empecé en Breslavia, pero apenas me dio tiempo a verla por el autobús que me dirigía a la estación para coger el tren que me llevaría hasta Poznan.
Esta ciudad no me acogería mucho, pero la disfruté, viendo su plaza y su fantástico mercado medieval que en esos días se situaba allí.
Tras Poznan volví a coger otro tren que me llevaría a Gdansk, la ciudad donde más días pasaría, y ciudad que más cosas vi.
Aprecié su encanto de ciudad medieval, con su gran calle Dluga, la cual estaba decorada con preciosas casas de colores y su imponente ayuntamiento, su paseo por el muelle con la Grúa de Madera, la más grande del mundo que servía para cargar los barcos que llegaban a tan importante ciudad del siglo XII, una de las principales en la Liga Hanseática.
También vi Westerplatte, lugar de inicio de la Segunda Guerra Mundial, al cual tuve que ir en barco ya que se encuentra en el golfo de Gdansk, en pleno Mar Báltico.
Por último visité los imponentes astilleros de Gdansk, en donde se fundó en Sindicato Solidaridad, con Lech Wałęsa a la cabeza.
Por supuesto recuerdo de donde acabo de venir, Malbork, con su imponente castillo de ladrillo rojo, el más grande del mundo con estas características.
Con esto ya he atravesado todo el puente, no me he cruzado con nadie, se nota que esta ciudad es tranquila, que no está en el mapa de mucho viajeros, pero bueno, a ver que me encuentro.
Llego a mi albergue, que está en mitad de la plaza central, muy bonita, con muchas palomas y esculturas de bronce que las bordean en cada entrada a la misma.
Estoy cansado, mañana el día será tranquilo, visitar museos y dar relajantes vueltas.
Si tu ambición en este mundo es hacer cine, te felicitamos, has elegido, probablemente, la profesión más bonita del mundo. Sin embargo, es evidente que algo de formación necesitarás. Nadie nace sabiendo, ni siquiera John Ford, bueno igual John Ford sí. ¿Qué te parecería recibir consejos de los más grandes de Hollywood, gente como Martin …
No Solo Fotografía vuelve con la moral por las nubes, y no porque haya niebla y estén a ras del cielo, ni mucho menos, sino porque sé que cada cosa que se sube aquí es leída por ti, y eso es lo que cuenta.
Pues sí, me complace anunciarte que sí, mi proyecto anterior fracasó por un motivo, hace ya tiempo, en un lugar… ¡Pero la despedida de nsfoto.es ya sabías que no era definitiva!, Te gustaba No Solo Fotografía, no todo, pero sí te entretenían… algunas cosas, y es que, esa era la intención cuando inicié esto, entretenerte, compartir contigo todo aquello que yo iba viendo del mundo, el único problema fue que era demasiado joven, me llamaban otras cosas, no le dedicaba todo el tiempo que debería, me aburría de ver, bueno, de no verte, si, así es, me frustraba pensar que esto lo estaba haciendo en vano, no me conformo con la autocomplacencia de saber que es algo para mí, ni hablar, tengo que saber que tú, sí tú, estás leyendo esto, que te está gustando o no, y eso solo lo sé si dejas un comentario, si compartes aquello que te guste… o bueno vale, si te veo por la calle después de mucho tiempo y me dices que sigues No Solo Fotografía también me puede valer, ¡Pero no esperemos a encontrarnos! Es más, te animo desde ya a salir fuera, hacer fotos, buscar cosas curiosas, vivir aventuras y poder contarlas… ¿Dónde? Pues aquí podría ser un buen lugar, en nsfoto.es, sino, pues no te preocupes, que ya se irán subiendo artículos a No Solo Fotografía que seguro te interesarán.
Como verás la estética ha cambiado, ya no hay cositas a los lados ni nada de eso, ahora hay texto, fotografías y lo verdaderamente importante, lo que se sube, además de haber facilitado los botones y algún detalle más. ¿Te has fijado en el logo? No es una maravilla lo sé, por cierto, puedes empezar a seguir a No Solo Fotografía en Twitter con el Nick de @nsfoto y poco más que contarte, que si te ha gustado nsfoto.es durante estos años, te va a gustar más durante los siguientes.
Pasen y VLean señoras y señores, ha recomenzado No Solo Fotografía :D
Si le preguntamos a un fotoperiodista profesional o un fotógrafo documental cuál es el consejo que le daría a un amateur que quiere ser profesional, entre muchos otros seguro que encontramos uno esencial: viajar. Viajar enriquece la vista y el alma, nos ayuda a ser más humanos porque nos acerca a gente con perspectivas diferentes sobre la vida. Para un fotógrafo, viajar también enriquece y excita constantemente al ojo enseñándole rostros, vestimentas y paisajes que no ha visto nunca. A muchos de nosotros nos encantaría realizar un viaje a algún lugar remoto como India, Indochina o África para vivir en primera persona el contraste de cultura y poder fotografiar esa maravillosa experiencia.
Me voy a adelantar unos días en el Atlas del Viajero ya que, como habrás visto, hoy se cumplen 70 años de que los soldados de la URSS liberaran el campo de concentración y exterminio de Austhwitz.
Me levanto, hoy es un día duro, me estuve pensando si ir o no ir, si iba a ser demasiado para mí, si me iba a veneficiar en algo hacer esa visita, lo debatí y al final me decidí, tengo que visitarlo, es historia, de la más tristes de la humanidad si, pero historia y como tal no puedo, no podemos dejar que se olvida en el pasado, aquí hubo un millón y medio de personas, personas para mí y para todos los humanos ya que, para mí, aquellos seres que decían que no eran personas no merecen nombrarlos como seres de nuestra misma raza.
El campo de concentración se encuentra a una media hora de Cracovia, vamos en bus, hemos salido temprano y conforme más nos acercamos peor cuerpo tengo.
Una vez llegamos no hay mucha gente, entramos directamente, allí, hasta las 10 de la mañana, la entrada es gratuita, este lugar no es un museo, un parque de atracciones o un castillo, es una cárcel, pero una cárcel en la cual las personas entraban como ganado para no volver a salir.
Primero se entra a Auschwitz I, el campo de concentración original que servía de centro administrativo para todo el complejo. En este campo murieron cerca de 70000 personas, intelectuales polacos y prisioneros de guerra soviéticos en su mayoría.
La entrada de Auschwitz I tenía las palabras Arbeit macht frei, «el trabajo hace libre».
Se empezó a construir en mayo de 1940, a partir de barracas de ladrillo del ejército polaco.
El campo albergaba generalmente entre 13000 y 16000 prisioneros, cifra que llegó a 20000 en 1942.
El bloque 11 de Auschwitz I era «la prisión dentro de la prisión»; allí se aplicaban los castigos. Algunos de ellos consistían en encierro por varios días en una celda demasiado pequeña para sentarse, existen 4 celdas de un metro cuadrado las cuales llegaban a ser ocupadas hasta por cinco prisioneros a la vez. Otros eran ejecutados, colgados o dejados morir de hambre.
En septiembre de 1941, las SS realizaron en el bloque 11 las pruebas del gas Zyklon B en las que murieron 850 prisioneros polacos y rusos.
Las pruebas fueron consideradas exitosas y en consecuencia se construyeron una cámara de gas y un crematorio.
Entre abril de 1943 y mayo de 1944 se llevaron a cabo experimentos de esterilización sobre mujeres judías en el bloque 10 de Auschwitz I. El objetivo era desarrollar un método sencillo que funcionara con una simple inyección para ser utilizado con la población esclava. El Dr. Josef Mengele experimentó con gemelos en este mismo complejo. Cuando un prisionero no se recobraba rápidamente, solía ser ejecutado aplicándole una inyección letal de fenol.
Hoy en día, cada uno de estos barracones se conservan tal y como eran, y en cada uno de ellos hay exposiciones de distintas índoles sobre el holocausto, el campo en sí y la procedencia de los prisioneros en Austhwitz, siendo el barracón de los Judíos Húngaros el más impactante (Recuerdo que cerca de 438000 húngaros murieron en Austhwitz entre 1940 y 1945).
Uno de ellos está dedicado a todas la personas que fallecieron, con la última fotografía que se hicieron, la de prisionero. Otro solo mostraba pelo, prótesis, maletas y otros accesorios personales que eran requisados cuando llegaban al campo los prisioneros.
Otro explicaba la vida día a día de los prisioneros, los cuales no solían vivir más de 9 meses.
Tras esto, y con una sensación de tristeza, agobio y furia, viajamos al campo de concentración Austhwitz II – Birkenau, con su tristemente famosa puerta de entrada. Está a unos 3 km del anterior.
En el autobús la gente está seria, algún murmullo, pero poco más, la losa de todas las personas que aquí murieron es demasiado grande como para esbozar una pequeña sonrisa.
Este campo se construyó en 1941 como extensión al anterior, ya en el marco de la solución final planeada por los Nazis hacia los Judios, Gitanos, Homosexuales, Comunistas, y toda aquella persona que no consideraran como tal.
El campo tenía una extensión de 2,5 km por 2 km y estaba dividido en varias secciones, cada una de ellas separada en campos.
Los campos, al igual que el complejo entero, estaban cercados y rodeados de alambre de púas y cercas electrificadas (algunos prisioneros utilizaron las cercas electrificadas para suicidarse).
El campo albergó hasta 100.000 prisioneros en un momento dado.
El objetivo principal del campo no era el mantener prisioneros como fuerza laboral (como era el caso de Auschwitz I y III), sino su exterminio. Para cumplir con este objetivo, se equipó el campo con 4 crematorios con cámaras de gas. Cada cámara de gas podía recibir hasta 2500 prisioneros por turno. El exterminio a gran escala comenzó en la primavera de 1942 como resultado de la aceleración de la solución final tratada en la Conferencia de Wannsee.
La mayoría de los prisioneros llegaba al campo en tren, con frecuencia después de un terrible viaje en vagones de carga que duraba varios días, durante el que no se les facilitaba comida ni agua. A partir de 1944 se extendió la vía del tren para que entrara directamente al campo. Algunas veces, al llegar el tren, los prisioneros eran pasados directamente a las cámaras de gas.
En otras ocasiones, los nazis seleccionaban prisioneros, frecuentemente bajo la supervisión del SS Hauptsturmführer Dr. Josef Mengele, para ser enviados a campos de trabajo o para realizar experimentación médica. En general los niños, los ancianos y los enfermos eran enviados directamente a las cámaras de gas, las cuales eran coordinadas por el SS Hauptscharführer Otto Moll.
Aquí hay dos tipos de barracones, los de ladrillo y los de madera, que en realidad eran establos para caballos.
Cada barracón disponía de dos pequeñas habitaciones (una para el decano, otra servía para almacenar el pan) y 60 paredes divisorias, entre las que se encontraban literas compuestas por tres camastros respectivamente con un total de 180 plazas. Cuando había muchos presos dormían 45 presos en vez de 15 en cada una de las literas. En los barracones de ladrillo los camastros estaban cubiertos con una fina capa de paja. En los barracones de madera había sacos para dormir; eran de papel y estaban rellenos de paja y viruta. Además a los presos también se les entregaban mantas.
Las denigrantes condiciones en las que vivian estas personas llegaban al punto de tener un barracón destinado a que los presos hiciesen sus necesidades, sin que estas fueran limpiadas durante semanas, las condiciones sanitarias del lugar acababan con la vida de muchísimas personas.
Hoy día no se pueden ver los crematorios o las cámaras de gas, los Nazis, al ver que perdían la guerra, detonaron estos espacios para crear el bulo del negacionismo que, muy tristemente, algunos hoy día siguen creyendo.
Toda la mañana aquí me hace reflexionar, ¿que habría pasado si hubiera nacido un par de generaciones antes?
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, los ciudadanos de alrededor de Austhwitz requisaron los ladrillos y maderas para poder construir sus propias casas, macabro, pero necesario.
Vuelvo a subir al bus, estamos algo apretados, es el último, le huelo el sudor a la persona de al lado, me rozo con cinco o seis personas más, por mi mente pasa la imagen de los trenes que llegaban aquí, las personas de estos iban mucho más apretadas si cabe, y lo peor, yo vuelvo a mi hotel, pero ellos iban para no volver.
Termino mi estancia en Austhwitz, no ha sido agradable, pero si muy gratificante poder venir aquí para que no se olvide la maldad a la que puede llegar la mente humana.
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Comienza un nuevo día, ya estoy en la mitad de mis estancia polaca solo, llegue a Breslavia pero empecé en Poznan, de allí fui a Gdansk y hoy me toca el día más movido, tengo que coger un tren que me lleve a un pequeño pueblo en donde se encuentra el mayor castillo de Europa, en Malbork.
Me levanto temprano, mis compañero ya se estaban yendo, algo inusual, estaba acostumbrado a que se levantaran tarde, desayuno y me voy, de pronto, la dependienta me llama la atención, me quiere cobrar no se qué de una llave, no la entiendo muy bien, me mosqueo un poco, “lo tengo todo pagado”, le digo, ella no dice nada, me despido y me voy sin esperar nada más a cambio, no tengo tiempo de discusiones, debo coger el tren a las 9:30 y son las 9, y la estación no se seguro donde está.
Tras tomar la iniciativa de ir recto, sin coger ningún desvío, y siguiendo mi instinto, llego a la preciosa estación de Gdansk en un cuarto de hora, me subo al tren y marcho dirección Malbork.
Me despido por la ventanilla de Gdansk, quien sabe cuando volveré. Ya salimos de la ciudad y pasamos muy cerca del estadio de fútbol en donde la selección española jugó sus partidos en los grupos de la Eurocopa de 2012.
El tren, pequeño, está lleno de turistas, es normal, frente a mí está un hombre con su perro, cada uno ocupando su sitio, es curioso, en España sería impensable, pero una vez me acostumbro, si el animal está bien educado, claro está, me olvido de la mascota e incluso pienso que debería ser así en todos lados.
Hoy va a ser un día de trenes, pero tranquilo, bueno, en principio, ya que el que tengo que coger para ir a Torun aún no se muy bien cual es.
Cuando ya llegamos a la parada, anunciada a bombo y platillo, tras pasar por numerosos pueblo en los cuales nadie se bajaba y que, exceptuando Tczew, tampoco subía gente, bajo. Nada tiene que ver a Gdansk, empezando por la estación, que al estar en obras presentaba un aspecto algo tétrico.
Antes de partir andando hasta el castillo me veo en la tesitura de que hacer con la mochila, hasta ahora mi estrategia era ir hacia el hostal y allí dejarla, pero claro, en Malbork no tengo hostal. Voy a unas consignas con la esperanza de que no cuesten muy caras... pero si, cuestan caras, muy caras. Bueno a ver, depende de con lo que se compare, son 15 Plz, unos 3 euros y pico, que a mi ya me parece caro para seis horas, pero bueno, todo sea por mi espalda, que la pobre no sufra más.
Tras esto, ya con mi cámara y provisiones, comienzo a andar, veo en las indicaciones la figura del castillo y las sigo, es curioso, nadie va por donde yo, pero bueno, supongo que llegaré.
Efectivamente, llegué, pero tardé algo más que es el resto ya que las indicaciones que seguí no eran las de peatones, sino las de los coches, un pequeño fallo de apreciación.
El castillo es enorme, rojo, con un foso amplio y unas murallas y torretas muy curiosas.
Todo el mundo hace cola para sacar sus entradas, yo no tengo pensado entrar, aunque el interior siempre es curioso, paso de pagar unos 20 euros por la visita, además, para ser cierto, lo mejor está por fuera.
Me siento bajo un par de paneles, en uno está la fotografía del castillo en 1997, año de su inscripción en el Patrimonio de la Humanidad, en la otra, como se quedó en 1945 tras los bombardeos de la segunda guerra mundial, y eso que no quedó muy dañado, según pone en mi guía, fue uno de los puntos emblemáticos que menos sufrió de Polonia.
Me levanto, le doy una vuelta, relajado, disfruto del paisaje mientras leo la historia del castillo.
El castillo de Malbork está situado en el margen derecho del río Nogat, afluente del Vístula, en Polonia. Fue fundado por la Orden de los Caballeros Teutónicos en 1274 con el nombre de su patrona, la Virgen María, siendo la fortaleza gótica más grande de Europa.
La favorable posición del castillo junto al río Nogat y el terreno relativamente llano que le rodea favorecieron el acceso fácil de barcazas y buques de carga. Durante el gobierno de Prusia, la Orden Teutónica cobraba peajes a los barcos que pasaban, al igual que otros castillos a lo largo del río, imponiendo un monopolio en el comercio de ámbar.
En 1772, el Castillo de Malbork se utilizó como una de las residencias de los Reyes de Polonia. Como parte de Prusia, pasó a tener un uso militar.
Malbork está formado por tres secciones diferentes: el castillo alto, medio y bajo, separados por fosos y torres. El castillo llegó a albergar 3000 soldados. Las murallas exteriores del castillo rodean una superficie de 210.000 m², cuatro veces más que el castillo de Windsor.
Atravieso el rio por un largo puente de madera, las vistas desde aquí son impresionantes, se ve todo el castillo, si ningún vestigio moderno, te transporta a la edad media, es increíble, pero tengo que volver, tengo que coger un tren hacia... no se, supongo que en la estación me lo dirán.
La calle principal de Malbork, junto al castillo, está decorada con puestos medievales en los que venden espadas de madera y demás objetos de la época.
No tardo en llegar a la estación, esta vez el camino que he cogido si es el bueno. Mi mochila está justo donde la dejé, voy a la ventanilla y le pregunto como ir a Torun, ella no me entiende y le tengo que escribir el nombre de mi siguiente destino en un papel, lo lee, me mira, y dice “tɔruɲ”, yo, suponiendo que me está diciendo Torun, le digo que si. Me da un billete, andén 2 coche 4 dirección Ilawa.
Me doy varias vueltas por la pequeña y tétrica estación, pero no encuentro donde me ha dicho, veo a una persona y le pregunto, pero ella tampoco lo sabe, entonces decido volver, pero en ese momento veo un tren, encima pone un 2, está al otro lado pero... ¿Cómo se llega al otro lado?
Me empiezo a poner nervioso, el tren sale a las 16:15, y son las 16:13, me doy prisa, bajo unas escaleras, paso por unos pasillos casi a oscuras, subo otras escaleras y... no, he cambiado de lado, pero no era hacia ese lado, entonces vuelvo a bajar las escaleras, me meto por otro pasillo, subo y esta vez si, llego a mi tren, un minuto antes de que salgo, empiezo a correr, entonces un hombre vestido de revisor me mira y me hace un gesto como de, “tranquilo, si aún no salimos”, pero ya son las 16:15, así que yo corro para coger el tren.
Ya sentado en mi asiento se oye por los megáfonos unas palabras que no entiendo, acto seguido miro las caras de la demás gente y comprendo que algo raro pasa, caras de mosqueo.
Me lo pienso mucho, pero decido bajarme del tren y coger otro. Cuando estoy mirando cual me puede venir bien llega un tren, lo veo, Gdansk pone, no me da tiempo a mirar si este me vale, no se que hacer, se abren las puertas y la gente sale y entra, el revisor mira a un lado y a otro, yo me decido entre subir y jugármela o quedarme y esperar.
Suena el timbre, la última llamada, el final, aquí elijo, y en un acto de valentía, cojo mi mochila y me meto en el tren casi pegando un salto, me quedo en la puerta, el tren va muy lleno, estas se cierran y comienza a andar.
Ahora tengo que replantear mi ruta, llega a Gdansk, peo para en un pueblo, Tczew, en el cual puedo hacer transbordo para llegar a Torun.
Pronto llego a Tczew, me bajo, como y espero la llegada de mi tren, ya he sacado el billete directo hasta Torun, el sol está en lo más alto, se agradece, aquí el sol no es igual que en Andalucía, pero no viene mal, mio tren llega y descansando voy a Torun, allí nació Nicolás Copérnico, además de ser mi tocayo fue uno de los astrónomos más importantes de la historia, formuló la teoría heliocéntrica del Sistema Solar, entre otras muchas cosas.
La estación de Torun está alejada de la ciudad, en la otra parte del rio Vistula, el más importante del país, para llegar tengo que atravesarlo, un largo puente con unas impresionantes vistas me dan la bienvenida a mi nuevo destino, Torun, la ciudad gótica de Polonia.
La fotografía nocturna quizá sea una de las disciplinas fotográficas más espectaculares. También, por otro lado, quizá sea una de las disciplinas que más distorsiona la realidad, en alguna de sus variantes, puesto que nos ofrece capturar escenas que el ojo humano es incapaz de ver. Me refiero a capturar la Vía Láctea en todo su esplendor (cosa que a simple vista no es fácil), a conseguir ver trazas de estrellas o incluso crear las irreales circumpolares, a conseguir paisajes "marcianos" en una atmósfera terrestre.
Ben Stiller nos trajo ya hace un año una película que gusta y disgusta a partes iguales. Es la típica que o te deja un buen sabor de boca o la odias, a mi, por ejemplo, me gustó, y mucho.
La historia es una adaptación modernizada del cuento “The Secret Life of Walter Mitty”, escrito por James Thurber y publicado en 1939. Ben Stiller ha sacado de una historia de un par de páginas una película de casi dos horas.
Walter Mitty es un empleado del departamento de negativos de la prestigiosa revista LIFE. Aunque no le conoce en persona, tiene muy buena relación con Sean O'Connell, uno de los fotógrafos más importantes. Un cambio de estructura en la empresa hace que este sea el último mes de la publicación en papel de la revista, y sus nuevos jefes le ordenan a Mitty que ponga el negativo que O'Connell ha indicado. El negativo no aparece y Walter Mitty cambia su forma de vida para encontrarlo.
Esta historia se basa en la realidad, ya que en 2007 TIME, quien gestiona la revista LIFE, decidió cerrar la versión impresa y dedicarse solo a internet.
Sabiendo ya de que va la película, me adentro a comentar un poco como es Walter Mitty, ya que si algo tiene este largometraje es, sin duda, la recurrente caracterización de los personajes.
Walter Mitty es el indiscutible protagonista. Es un hombre que, a sus cerca de cuarenta años se siente que no esta viviendo la vida, se imagina en otros lugares, en otras situaciones, no se decide a hacer algo y su mayo aspiración es conquistar a una nueva compañera de trabajo, Cheryl.
Aunque se podría decir que el 90% de la trama se basa en Walter Mitty, la aparición momentánea de Sean Penn o la de Adam Scott, que hace de jefe malo malísimo, le da a la película un aroma ligero a la hora contar la historia, ya que lo que más interesa de ella es, como se ha dicho, la “transformación” del señor Mitty.
En esta película quizá lo mejor sea la fotografía, y es normal, ya que trata, en un segundo plano, de la prestigiosa revista LIFE que tantas fotografiás históricas nos ha dado. Por ello, muy a menudo puedes parar la película y ver como el frame congelado puede ser impreso en grande y puesto en tu habitación como recuerdo, y no saber que se trata de esta película. Su director de fotografía, Stuart Dryburgh, estuvo nominado a los Óscar en la película El Piano, de 1993.
En la Vida Secreta de Waler Mitty encontrarás una historia que, si eres soñador, te dará ánimos a cumplir lo que te desees. En definitiva, te dará una sensación de estar mejor contigo mismo/misma y te servirá para asimilar, una vez más, una moraleja ya contada en muchas otras ocasiones.
Como bien dijo Cheryl, “En la vida hay que tener valor y afrontar lo desconocido”, ahora te dejo con el trailer.