Balance 2018: Discos nacionales, segunda parte
En esta segunda parte de nuestro Top 10 Nacional 2018, elegimos los cinco mejores discos del año. No fue tarea simple llegar a este punto, pero tenemos la certeza de que este balance anual servirá para poder capturar por completo el panorama actual de la música argentina. Compartimos con ustedes los primeros cinco puestos del ranking de Trastornados.
5: “Prender Un Fuego”, Marilina Bertoldi
La siempre ecléctica y audaz Marilina Bertoldi lo sabe: sucesor de Sexo Con Modelos (2016) se hizo esperar, pero terminó siendo una de las más grandes satisfacciones musicales del pasado 2018. Es cierto que Prender Un Fuego no tiene la misma esencia industrial y guitarrera que su antecesor, pero es igual de acertado decir que logra sostener aquel poderío de la mano de una estructura sonora mucho más voluminosa, experimental y compleja.
Quienes hayan conectado de lleno con el disco anterior de Marilina Bertoldi, sin dudas que –a pesar de los evidentes cambios– no van a tener ningún problema con Prender Un Fuego. La línea evolutiva realizada por la artísticamente inquieta Marilina puede trazarse con facilidad entre ambos trabajos, quedando sobre el cierre dos incógnitas: ¿Cómo madurarán estas mismas canciones? ¿Cómo logrará seguir manteniéndose lejos de la repetición y la fórmula en su próximo trabajo? Por lo pronto, la oscuridad y las dudas existenciales que dominaban a Sexo Con Modelos han sido solucionadas, resultando todo en un conjunto de canciones más luminosas y –si es posible– aún más desafiantes.
El amago de oscuridad y peso presente en “O No?”, donde la protagonista afirma haber superado el enojo y estar lista para la lucha, se consume velozmente gracias a una base desde la guitarra que alterna entre el blues originario y la psicodelia. De aquí en adelante, el funk (entre tradicional y futurista) y los tintes electrónicos pasan a ser los dos factores dominantes del disco, destacándose el rock/pop progresivo de “Fumar De Día”, el guiño góspel presente en “La Casa De A”, el trance 3.0 de “China”, la conexión con la black music a lo Janis Joplin de “Tito Volvé” y la psicodelia house de la –valga la redundancia– incendiaria “Prender Un Fuego”.
La irrupción refrescante de 1915 fue algo tan novedoso como intrigante, ya que los oriundos de Zona Norte se encontraban intentando romper la membrana que recubre la escena emergente hace poco más de dos años. Poco a poco, comenzaron a ganarse un lugar dentro del indie nacional, aprovechando al máximo el momento de esplendor y dominancia que vive ese movimiento musical en los tiempos que corren.
Bandera es un trabajo en el que el funk también se encuentra muy presente, pero su ejecución es llevada adelante con una conciencia mucho menos clásica que en el caso de Marilina Bertoldi. Ya desde el vamos, esta joven banda sorprende con una fiesta funkydélica absoluta en “Policía”, sin por ello abandonar su gusto por el pop y el techno, ni perdiendo de vista el poder de lo analógico: el bajo es simplemente delicioso, marcando el ritmo con sensualidad en grandes dosis. No es tarea simple sonar como una big band de los ochenta, pero por momentos –con el empuje de los vientos– lo consiguen de la mano de “El Enemigo”. Los climas y las emociones se intensifican durante “Canción Del Bolsillo”, una perfecta representación de una nave espacial ascendiendo hacia el infinito, haciendo lugar para un poco de sentimentalismo con ese híbrido funk-pop llamado “Prisma”. Para sorpresa del oyente, la presencia de Morbo y Mambo no es explotada de manera habitual: con el suave trazo de sus metales, 1915 construye “Olas”, la pieza más relajada del disco debido a su capacidad para conjugar lo mejor de la bossa nova y el reggae roots. Ya pisando los minutos finales, “Dame Una Bandera” e “Invencible” son la conexión latina perfecta, preludio más que correcto para terminar con el delirio daftpunkiano de “Ya No Sé Qué Hacer 2.0”.
3: “Fiesta Nacional (MTV Unplugged)”; Los Auténticos Decadentes
¿Qué se puede decir de Los Auténticos Decadentes que ya no se haya dicho? Desde sus comienzos en el lejano y glorioso 1986, la banda liderada por Cucho Parisi se ha consolidado como una máquina de crear hits eternos e inoxidables. Ni hablar del hecho de ser uno de los nombres más importantes de nuestra historia musical, manteniendo hasta el día de hoy la capacidad de convertir cualquier recinto en una verdadera fiesta nacional y popular.
Es justamente por todo lo enunciado en el párrafo anterior que Fiesta Nacional (MTV Unplugged), debut en este formato para los argentinos, es uno de los grandes discos del año pasado. No son muchos los conjuntos que aprovecharon por completo la invitación de la cadena norteamericana, ya que la mayoría de estos “desenchufados” son apenas un set acústico sin grandes cambios en la estructura de las canciones. El caso de Los Auténticos Decadentes tiene que ser listado dentro de quienes forman parte de la excepción, pues se animaron –sin prejuicios ni tapujos– a reinventarse en un solo giro y sin tener la más absoluta necesidad de hacerlo.
Las veintiuna canciones que conforman el cuerpo del directo son un recorrido por la extensa carrera de esta –ya podemos llamarlos así– orquesta popular itinerante. Apoyándose en la memoria emotiva de quienes los siguen desde el principio, los Decadentes entregan excelentes y audaces reversiones que mantienen (y en algunos casos amplifican) su esencia original. Es imposible no rendirse ante las versiones en tono murga de “Somos” y “Vení Raquel”, ni evitar que se erice la piel al escuchar “Cómo Me Voy A Olvidar” convertida en una hermosa chacarera junto al Chaqueño Palavecino y la transformación total y revolucionaria de un tema simple como “La Guitarra” en un crisol de sonidos latinos. También hay lugar para la cumbia colombiana (“Amor” con Mon Laferte), el tango más puro (“Los Piratas”), el mariachi (“La Bebida, El Juego y Las Mujeres”) y la desnudez de fogón (“Loco, Tu Forma De Ser”), siendo imposible el mirar hacia el otro lado ante semejante muestra de oficio y valor.
2: “Discutible”, Babasónicos
El nuevo trabajo de estudio de Babasónicos sin dudas merece mucho más que dos o tres párrafos a la hora de ser analizado. Desde la salida de su primer single, “La Pregunta”, quedó en claro que la banda de Adrián Dárgelos estaba dispuesta a realizar una nueva micro-revolución en la escena musical argentina, siendo la versatilidad, la voluntad experimental y la curiosidad artística las tres principales características que siempre acompañaron el camino de los bonaerenses.
En tiempos de singles y algoritmos, Babasónicos eligió un formato bastante corto, buscando dialogar de forma directa –sin entregarse a ninguna moda– con los sonidos que dominan el presente. Acostumbrados a canciones que ganan en complejidad, esta vez eligieron una fórmula mucho más clásica: “decir más con menos”. Esto no quiere decir que los entramados no sean sinuosos y amplios, ya que el diablo esta vez se esconde justamente en la compresión del concepto principal. Utilizando los principios del pop, Dárgelos y compañía lograron llevar hasta el máximo la maleabilidad de la canción, mostrándose siempre un paso adelante respecto de una generación que eligió (conscientemente) morir con el rock tradicional.
Buscando cuestionar todo –hasta el propio lugar, el propio privilegio– Babasónicos da el primer paso con la oscuridad industrial y electrónica de “La Pregunta”, para luego desdoblar el camino de la mano de la cruza entre funk disco de “Ingrediente” y la cadencia por completo robótica de “Bestia Pequeña”. En “Trans-Algo” se animan a poner sobre la mesa al rock, el pop y al glam, encontrando puntos de contacto con sus primeros discos, sin por ello sonar nostálgicos. Esta especie de remezcla se intensifica al ritmo del synth-pop en “Partícula”, da unos pasos atrás en la más básica “Adiós En Pompeya” y se corona merced de la guerra digital presente en la muy (auto)crítica “Teóricos”. Para el final queda el verdadero cuestionamiento a la obra, un metatexto claro y contundente, reflejado en las más distorsivas “Cretino” (donde el narrador omnisciente abarca la totalidad del trabajo) y “Orfeo” y el golpe maestro personificado en la futurística “Un Pálpito”.
1: “Forestal Tape”, Las Luces Primeras
Es claro que para muchos puede ser tan sorpresiva como polémica la decisión de colocar a Forestal Tape de Las Luces Primeras como el mejor disco nacional del año pasado. Pero quien le haya prestado un poco de atención al segundo disco de estudio de los mendocinos, sabrá que se trata de un notable laboratorio sonoro rodeado por cuatro paredes transparentes. Tanto en vivo como en directo, la banda liderada por Mariano Peccinetti es dueña de una capacidad única para crear ritmos y ambientes, encontrando en la experimentación pura, en la ruptura de los límites género/estilísticos, su verdadero hogar.
Si hay algo que destaca a Forestal Tape como unidad maleable es la única presencia de Juan Attorri como colaborador en la batería. Armado con un arsenal de sintetizadores, samplers, guitarra y bajo, Peccinetti carga sobre sus espaldas –tal cual en su primer disco, Sensualista (2016)– con toda la estructura sonora y artística. Invitando a los escuchas a un vertiginoso viaje plagado de atmósferas, turbulencias y sueños líquidos, Las Luces Primeras se consolida como uno de los nombres más importantes del país, exhibiendo al mismo tiempo mucha facilidad para encontrar un sonido internacional.
El recorrido, tan claro como calculado (algo digno de un detallista extremo como Peccinetti), inicia con “Caballo Con Alas”, una seductora canción hija del western tradicional y el pop electrónico que sorprende por sus textura retro-futurística. En medio de un mar de rayos laser, la transición hacia los sonidos del altiplano de “Nubes En Saturnia” es impecable, haciendo base en el pop de los años noventa y apostando por un coqueteo con el glam y la psicodelia. De la mano de “Paisajes En Mi Mente”, Las Luces Primeras desciende al rock/pop más terrenal, ganando varios casilleros en cuanto a la reflexión y la calidez.
El dueto “Dragón De La Montaña” y “La Fruta Que Derrite” sirve como quiebre, distorsionando mientras avanzan a paso firme hacia la autopista digital. Es imposible no sumergirse en el clima burbujeante y festivo que crean ambas canciones, proyectando sobre el lienzo una fiesta en la playa con el sol cayendo en el horizonte. El trance presente en “Cuenco Forestal” es tan breve como eficaz, trampolín perfecto para “Actriz”, pieza en la que –poco a poco, con mucha delicadeza– el envoltorio más despojado va siendo abierto para descubrir un caramelo techno en su interior.
“Mozart Jr” plantea una descomposición molecular de la canción, galopando entre el house y el foxtrot, consiguiendo la transformación definitiva. Sin perder la ambigua pátina de oscuridad que recubre todo el disco, “Abre Tu Portal” da con el tono de los filmes de aventura de los ’80, allanando el camino para que con “Agua De Las Avispas” el círculo cierre a la perfección merced de un poderoso duelo electrónico en un Lejano Oeste post-apocalíptico.
Por Rodrigo López Vázquez