Si me dieran a elegir, me quedo.

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Si me dieran a elegir, me quedo.
No quiero cenar, no puedo dormir, dame más opciones; ven y sécame la cara, quítame estos nubarrones, que ya sé que los domingos no se toman decisiones...
...pero suele ser buen día para escribirte canciones.
Ojalá pudiéramos hacer fotografías con nuestros ojos y poder imprimirlas; porque hay miradas, momentos y vistas que ninguna cámara podrá fotografiar como lo pueden hacer nuestros ojos.
Si volvemos a conocernos, quiero repetir el momento y aprendérmelo de memoria para volver cuando yo quiera.
Y en ese momento, juro que éramos infinitos.
Aquella noche, hasta la Luna Llena tuvo celos porque brillaban más que ella.
Aquella noche, en la penumbra, las gotas de sudor recorrían cada poro de su piel mientras se contaban todos los lunares de sus cuerpos.
Aquella noche dejaron de dormir, dejaron de soñar... porque no querían perder ni un minuto de estar juntos.
Aquella noche solo se escuchaba su respiración, sus besos y los latidos de dos corazones que latían a una.
Aquella noche, hubo ojos que brillaron más que las estrellas, y sonrisas que decían más que las palabras.
Aquella noche, no hicieron falta las sábanas, porque había manos que acariciaban sentimientos.
Aquella noche, hasta la Luna Llena tuvo celos. Y se coló por la ventana entreabierta, y los pilló abrazados, en la cama, pero no durmiendo; porque aquella noche estaba destinada a ser eterna.
Aquella noche hasta la Luna Llena tuvo celos, y se coló por la ventana entreabierta. Y fue partícipe del secreto que escondieron aquellas cuatro paredes, en aquella noche de Otoño que seguía oliendo a Verano.
Si cada vez que sus miradas coincidieron timidamente hubiera saltado un chispazo, habrian fundido las luces de toda Sevilla.
Como aquella tarde, donde el apagón llegó como en las películas: iluminándolo todo.
“Perdona” la llamó al salir corriendo tras ella mientras ni siquiera se había cerrado la puerta aun. Ella se volvió, sonriente y nerviosa al mismo tiempo; nada comparado con los nervios de él, que aun no podía articular palabra.
Y fue ahí, en la escalera, sin querer, donde empezaron a dejar de ser dos extraños.
Le pregunté por ti a la otra cara de la Luna. Al final me dio la espalda. Como tú.
-Mónica Carrillo-
Y de entre todas las personas de la sala, ella lo miró a él, y él la miró a ella; y sus ojos se chocaron por un instante.
Como una Bomba Nuclear.
Quizás no estés tan enamorado como dices de alguien que no es capaz de inspirarte ni una sola palabra.
En mi defensa diré que te quise y confié en ti como en nadie; y que tú me rompiste el corazón, la confianza y otras cosas que no vienen a cuento.
Diré que fui valiente y arriesgué, que hice cosas que nunca haría, que cambié mis planes...
He de decir, Señoría, que cometí errores y delitos por él. Que me juzgaron sin piedad y me condenaron. Y cumplí mi condena. Y me salió muy caro el precio a pagar.
En mi defensa diré que me convertí en otra persona, completamente diferente a quien era antes; que cambié mis valores y mi forma de pensar.
Ahora, Señoría, júzgueme usted; que yo me declaro culpable. Me declaro culpable de haber intentado ser feliz en este mundo de tormentas. Que cometí delitos irremediables y que maté corazones disparando a bocajarro.
Júzgueme, Señoría, que yo me declaro culpable.
Y feliz...
No es porque digas la verdad, es porque nunca me has mentido.
Que bueno sería saber olvidarme de ti; que bueno sería que tú te acordaras de mí.
Antes de despedirme de mis 20 años solo voy a decir una cosa: volvería a repetir todos y cada uno de los días que he vivido este último año, porque no sé si habrán sido los mejores de mi vida, pero lo que sí sé es que han merecido muchísimo la pena y han cumplido con creces mis expectativas.
Lástima que haya cosas que no se puedan contar, porque os quedaríais maravillados.
Y rompió a llover. Porque hasta la tormenta más temible tiene sentimientos.
Desde lejos la miraba. Era el único que sabía por lo que estaba pasando. El que la veía fingir sonrisas y esconder lágrimas como antaño. Algo no iba bien y eso me daba miedo, y a ella también.
Aquella noche podrían haber cambiado las cosas con el simple hecho de que alguien le hubiera tendido la mano. Pero no fue así. Y cuando la noche vino a por ella, la pilló sola y desarmada. Y, harta de luchar, mi pequeña niña se rindió ante los brazos de aquel gigante.
Desde lejos pude oír sus gritos de dolor. Y al acariciarla sentí aquel arañazo que la había marcado.
Otro más...
Al final resultó que nada fue para tanto, pero todo resultó un exceso.
Mónica Carrillo
“Cada vez estoy más cerca de estar más lejos de mí.”
Vía de Escape.
Hay un espejo que cuenta la cruel verdad a la cara. Hay una palabra muerta y una mirada vacía.