“Lo que más duele de una relación que es « para siempre» es que también termina, porque una promesa no te da la tranquilidad de que mañana despertaremos y seguiremos siendo dos. Y en el fondo menos mal, porque no hay peor preso que el que está condenado a cumplir una promesa que ya no siente. Porque todos sabemos que las cosas, y los sentimientos cambian, y nadie es culpable de esto. Pero sí de muchas otras cosas. Por ejemplo, eres culpable de todas las veces que te he echado de menos cuando aún estaba a mi lado, de ver cómo poco a poco te estabas alejando y no poder hacer nada por evitarlo porque parece que ni siquiera te estabas dando cuenta de ello, y si lo hacías…tampoco te importaba mucho que cada vez durmiésemos en camas más separadas. Lo que más me duele de todo esto es tener razón, por todas las veces que te dije que estabas cambiando, que ya no me cuidabas como antes, que sentía que hablarte era molestarte, que las cosas no estaban bien. Y tu, que no, que eran cosas mías, que todo está genial, que te quiero, que me quieres, que nos queremos. Me pregunto las veces que mentiste cuando negaste que algo estaba pasando, porque no me creo que un cambio tan drástico se tome de la noche a la mañana, lo que no entiendo es por qué me seguías haciendo ilusiones si yo ya estaba viendo como nos rompíamos. Maldita montaña rusa, malditas las veces que creí tus palabras y no tus actos que me estaban diciendo que ya no encajaba en tu vida. Te puse mil excusas para no tirar la toalla, que si hoy estará cansado, que si mañana tiene planes mejores, que si la próxima semana tiene algo mejor que hacer, que si soy yo, que soy una histérica, que soy una insegura de mierda, que si me quiere, que si él es sincero conmigo y si me diría algo si realmente sobro en su vida. Porque sí, llegué a plantearme si me necesitabas o ya solo era un lastre en tus nuevos planes. Y es triste, es jodidamente triste, porque todos mis planes de futuro eran para dos, todas las cosas que quería hacer, todos los sitios donde quería viajar, siempre había dos billetes de ida y ojala ninguno de vuelta. Pero me tocó volver a la realidad. Y la realidad es que o me has mentido ahora o me llevas mintiendo todo este tiempo, porque nadie olvida a nadie en dos días. Nadie es capaz de sonreír cómo si nada cuando quien ha sido la persona más importante de su vida está en la mierda, y no, no quiero que estés mal por mi, quiero que sientas que me has perdido, que me necesitas, que echas de menos mis buenas noches, mis buenos días, y mis no puedo dormir y me ha dado por imaginarme un futuro contigo. Pero estás jodidamente bien, con tus idas y venidas, con tus movidas, con tu realidad paralela, y no es por rencor, pero ojala cuando vuelvas a tu mundo te des cuenta de todo lo que has perdido. Ojala cuando no tengas a quien daba tanto la vida por ti que al final la mataste eches de menos a alguien que te quiera de verdad. Con todos tus peros, con todas tus manías, y que sea capaz de plantarle cara a todos tus miedos te des cuenta que no puedes descuidar algo que tienes, porque pronto se convertirá en algo que tenías. Llegas tarde para ser sincero, ni tanto me querías ni tan bien estás ahora. Porque prefiero pensar que estás jodido a pensar que te importé tan poco que ahora no tienes tiempo ni para pensar en un nosotros. Felicidades, porque o sabes fingir muy bien sentimientos, o el olvido te sienta muy bien, o hay algo que se me escapa de las manos. En todo caso, ahora ya no importa. Ojala algún día te des cuenta que has perdido a quien no se iba a ir nunca. Y es una lástima tener que echarte de menos cuando eras tú quien decía que siempre nos querríamos de más. Pero claro…, ¿Tú cómo vas a echarme de menos? Si hacía mucho que ya no estabas. Por mucho que te empeñases en negarlo.”