Alguna vez hace no muchos años le dije a mi madre que antes de casarme quería viajar mucho con mi pareja para ver si funcionábamos juntos. Viajar acompañado siempre es una experiencia interesante, pues llegas a estar sometido a situaciones de mucho estrés, se tienen que tomar decisiones, y a veces, las diferencias de prioridades pueden llevar a discusiones. Y por lo mismo, hacer la prueba de viajar con tu pareja sin estar casados me parece incluso más importante que vivir con ella antes.
El año pasado viaje por primera vez con mi pareja. El viaje salió de manera muy curiosa, pues simplemente un día me dio “el boleto a Londres está a 10 mil redondos, ¿vamos?”. Y pues fuimos.
Y antes de cualquier cosa quiero aclarar que no significa que esté pensando en casarme aún, porque no, gracias.
Después de planear el viaje, reservar dónde nos quedaríamos a dormir (Airbnb es lo mejor de lo mejor) y algunos detalles de transporte. (En realidad él hizo casi todo, hasta me sentí un poco mal por eso, pero traté de ayudar lo juro). Y de hacer la maleta pensando en llevar ropa linda, pero a la vez que va a hacer tanto frío que de cualquier modo no podrás lucirla (¿por qué no tengo ropa interior linda?¿debería invertir en lencería?). Por fin el viaje.
Inglaterra es mi país favorito, y aunque ya había ido hace muchos años, el volver me hacía una ilusión tremenda. Pero además, esta vez conocería muchos lugares nuevos.
Londres
El viaje de ida: sin ningún problema (aunque nos quitaron los asientos que habíamos reservados y nos mandaron a otro lado), bastante tranquilo, todo a tiempo. Cenamos subways y dormimos casi todo el camino en el avión.
La llegada: A él se le olvidó su chamarra en su casa, así que nuestra primera escala fue ir a comprar una nueva para que no se me muriera del frío (aunque a veces pienso que tiene un poder sobrenatural porque casi nunca tiene frío, mientras que yo me congelo todo el tiempo). No recuerdo si la última vez que vine pasé por Picadilly Circus, pero lo que sí recuerdo es que mi juego favorito de Play Station había un nivel ahí (el mini juego de golf de Los 101 dálmatas). Aún faltaba un mes para Navidad pero ya estaba todo decorado de luces y adornos de la temporada. Adoro el olor a frío.
El hospedaje: el lugar es la casa de una pareja mayor, su casa está llena de libros, lo cual me hace sentir que llegamos al lugar correcto. Las casas de inglaterra son muy curiosas porque son estrechas y de varios pisos. Salimos a cenar, encontramos un Nando´s que es un lugar de pollo del cual habíamos oído cosas buenas. Está delicioso, comimos como 6 o 7 veces en Nando´s diferentes en el viaje (y esque a parte estaba barato).
El primer día: Ya los dos conocíamos Londres, así que decidimos dedicar el primer día a repasar los puntos turísticos. Empezamos por Saint Paul, pasando por el Puente de Londres y la Torre de Londres, a Wenminster y claro el Big Ben. Teníamos la mañana únicamente, pues en la tarde tomaríamos nuestro tren a Edimburgo (Edimbra, lo pronuncian).
Qué maravilloso lugar. Es a la vez una pequeña ciudad medieval y un pueblito pintoresco.
El hospedaje: una casa súper céntrica. Nuestro anfitrión es hiper amable, y creo que me veo corta. El cuarto muy agradable. Lo único malo: está preparando pan con ajo (ese olor me causa repulsión). Después de una agradable plática con él salimos a recorrer la ciudad.
Esa tarde: La calle principal es la Milla Real (Royal Mile) y decidimos recorrerla hacia arriba, hasta el Castillo de Edimburgo, que es como eran los castillos, no sólo una construcción, sino que es la fortaleza y ahí dentro hay varias construcciones: la iglesia, el palacio, las caballerizas, etc. Llueve ligeramente y hace un viento terrible, pero todo es hermoso y no podría importarme menos.
El dolor: Pero entonces, llegó el dolor. Tengo problemas de que todo mi esqueleto está chueco, y me empezó a doler todo el cuerpo de una manera horrible. Me dolía el cuello, la espalda, la cadera, las rodillas, los pies, y por lo tanto, la cabeza también. Me dolía tanto que en lo único que podía pensar era en volver y poder dormir o por lo menos recostarme. Hay que darle un premio a mi novio, que me aguantó en el terrible mal humor que me causó tal malestar.
El día siguiente: Como habíamos perdido casi todo el día (o la tarde) anterior por mi dolor, decidí que ese día teníamos que hacer muchas muchas cosas. Tenía el itinerario bien planeado. Pero en mi afán de meter muchos lugares, se me olvidó algo fundamental: el desayuno. Nos dieron las 11 y no habíamos comido nada y yo me puse de pésimo humor. Dénle otro premio más, por favor, casi me lo como vivo (y no en el sentido erótico de la palabra). Pero ese día tuvimos el desayuno más delicioso de todos: english breakfast (huevo frito, salchichas, frijoles dulces, puddin, jamón, champiñones, jitomate y pan). Aunque comimos muchas veces ese desayuno, sin duda el de ese día fue el mejor. Ya desayunados mi humor mejoró y disfrutamos del resto del día conociendo lo más posible del precioso Edimburgo sin ningún altercado. Y ya no volvió a pasarnos eso en el viaje, pues nos asegurabamos de mantenernos bien alimentados a tiempo.
Al día siguiente temprano nos fuimos a Garmelow. Si no has escuchado de ese lugar, no te preocupes. Y esque no es un lugar turístico, ni mucho menos, en realidad es un pueblito pequeñito (de unos 30 habitantes a lo mucho) en el centro de Inglaterra en donde vive un amigo. Pero quiero dedicarle una entrada solamente a ese episodio del viaje, pues fue una experiencia muy distinta a cualquier otra.
Después de una semana, nos fuimos rumbo a Liverpool, pues ahí pasaríamos la noche para al día siguiente tomar el ferry a Dublín. Conocer ese lugar me daba mucha curiosidad pues es conocido principalmente por ser donde vivían Los Beatles. Aunque no soy tan fan de ellos (me gustan sus canciones, pero no me considero “fan”) y a él ni siquiera le gustan, he de decir que Liverpool es muchísimo más que la cuna del famoso grupo. Es una ciudad portuaria con bastante historia y muchos edificios lindos. Soplaba un viento muy intenso que traía el olor del mar. Realmente no hicimos mucho, recorrer los lugares “importantes”. Lo que hay más a resaltar es la Catedral de Liverpool que es una iglesia GIGANTEZCA.
El viaje de ida: Por sugerencia de Tony (el amigo que vive en Garmelow) nos fuimos en ferry. Gran error. Para poder tomar el ferry necesitábamos llegar a Holyhead. Así que nos despertamos extra temprano y caminamos muchísimo (porque era tan temprano que no había camiones) a la estación de trenes. De ahí nos fuimos a otro lugar y de ahí a Holyhead. Hacía mucho frío, estábamos cansados y con mucho sueño y además estresados porque no podíamos permitirnos perdernos el ferry. Cuando por fin estuvimos en el ferry pudimos relajarnos. Se supone que la recomendación es porque el paisaje vale la pena, no es cierto, no es nada especial. Hicimos 4 horas para atravesar en las cuales leí un libro muy bueno (Vicious de V.E. Schwab). El problema fue que cuando llegamos no fue a dónde pensábamos, y nos encontramos en medio de una zona industrial, donde sólo pasaba un camión a 1 km de donde estábamos, cada media hora. Caminamos y caminamos hasta la parada y luego a esperar y a esperar. Llegó el camión y resulta que no tenía cambio, ni nosotros, pero fue muy amable y nos dejó subir. Hicimos como 1 hora para llegar a donde necesitábamos. Pero una vez ahí lo primero que hicimos fue ir a comer en lo que hacíamos tiempo para que nos pudiera recibir nuestro anfitrión.
El hospedaje: No lo podemos ni creer. Nos tocó quedarnos en un lugar precioso, justo a la orilla del río, con una vista increíble. Tenemos baño en la habitación (la expectativa de poder bañarnos juntos nos hace increíblemente felices) y podemos usar la cocina. Lo mejor de todo fue que en realidad, nuestro anfitrión (que era un brasileño súper amable y bastante guapo) nunca estuvo, entonces fue como tener el departamento para nosotros. Y bien barato.
El clima: Eso sí, nos tocó el peor clima del viaje. El problema no era el frío, sino la lluvia, que no dejó de caer y entonces, nos calaba los huesos. Pero aún así, se portó bastante decente.
Una primera vuelta: Algo que no mencioné del hospedaje, fue que además, estaba muy bien ubicado. A unas cuadras estaba la zona teníamos muchos lugares turísticos. Christ Church Catedral es una iglesia medieval preciosa, no podía dejar de pensar que parecía una parte de Hogwarts. Luego descubrí muchos edificios e iglesias así, ahí. Caminamos también por Temple Bar, que es una zona de pubs muy famosa. Había partido de futbol de Bulgaria contra no sé quién, y había un grupo de bulgaros bastante grande celebrando y paseandose por ahí.
Irish Stew: Mi comida favorita de todo el viaje. Es un caldo de carne y verduras con puré de papa arriba. He de decir, el caldo más delicioso que he probado. En la noche nos fuimos al bar más antiguo de Irlanda (según): The Brazen Head. Ahí probamos el irish stew y una pinta de Guiness recien salida del barril.
El segundo día: Una deliciosa mezcla de las cosas que yo quería hacer y las cosas que yo quería hacer. Nos dividimos el día. La mañana fue para mi: Christ Church Cathedral por dentro, Saint Patrick, el castillo de Dublín, y claro, el Trinity College, que es donde está el Libro de Kells (un libro antiquísimo de los evangelios decorado bellamente, si no lo conoces, recomiendo que busques imágenes). La tarde fue para él y fuimos a la fábrica de Guiness. Yo iba sin muchas ganas, en realidad, pero vale la pena, muchísimo. Ese día decidimos cenar en casa (en donde nos quedamos), y preparamos una pasta increíble.
El viaje se terminó volviendo a Londres, este par de días extras los usamos para conocer lugares nuevos: Burough Market (donde comimos una pasta artesanal deliciosa), el barrio de Covent Garden (donde fuimos a cenar a Five Guys por nuestro aniversario), y a Camden Market (que estaba a nada de donde nos quedamos esta vez y descubrimos por accidente el último día).
También fuimos una mañana lluviosa a Kensington Gardens, que es donde está la estatua de Peter Pan <3
Y con eso acabó nuestro viaje. Que la verdad fue mucho mejor de lo que me esperaba. Y aunque sí hubo uno que otro momento de tensión (principalmente generados por mi hambre), fue todo “miel sobre hojuelas”.