Sueño con el silencio eterno entre nosotros dos, en la constante de no tenerte que hablar, ni la necesidad que mi mente reclama, como enervante droga, de saberte presente. Aunque sea de lejos, aunque seas de otro.
Sueño con que algún día me des igual, que mi existencia se sobreponga a saber sobre la tuya. Que el aroma de tu perfume no recurra a los recuerdos cuando vuela en el aire tras el paso de alguien que no eres tú.
Procuro no soñar contigo, marcar como pesadillas todos los sueños en los que tengas algo que ver. No descargar la furia de mil tornados con una seña de mi dedo medio cuando veo tu nombre escrito, aunque no sea el tuyo, en cualquier lado e, insolente, muera de ganas de quemar cada una de tus letras al instante.
En pocas palabras, cariño, trato a diario de olvidarte, de no evocar nunca jamás los recuerdos que tengo de tu sonrisa, de tus ojos, de tu voz replicando mi nombre en complicidad con la oscuridad, eterna aliada en esas noches de amorosa tregua.