Lo que he aprendido.
Tengo como 2 o 3 días súper reflexiva, súper pensativa (en el buen sentido) sobre mi vida y cómo mi visión ha cambiado vertiginosamente en las últimas semanas.
Me gusta pensar que es porque ya voy a cumplir 30; antes me daba muchísimo miedo crecer, quizás por eso cometía errores de adolescente aún a mis 25-26. Me daba un infinito miedo pensar que ya no sería aquella joven llena de vitalidad, de enfiestar, de trabajar.
Me da tanto alivio pensar que ya puedo bajar mis revoluciones sin sentir que me pierdo algo, de disfrutar mejor la naturaleza, el obligado cafecito, mi familia, mis amigxs e incluso a mí misma, poder alzar la voz y expresarte sabiendo que tus años de autoconocimiento, perdón y compasión te respaldan no tiene precio. Y aunque mis 20′s fueron una chulada, una rueda de la fortuna, de alguna manera aquí estoy escribiendo esto escuchando una canción que me gustaba muchísimo cuando tenía unos 23 años. Porque al final de cuentas, uno no es, sino que va siendo siempre.
Y es que no hay manera de salir adelante sin muchísimos ejercicios de reflexión, introspección y amor propio. Mucho tiempo me pregunté pues, ¿qué es el amor propio? el amor propio para mí tiene muchas formas, así como el amor, el trabajo, el emprendimiento y cuanta cosa a unx se le ocurra. El caso es que el amor propio para mí es perdonarse, ser compasivo y humilde con nuestros propios procesos, tienen razón cuando dicen que nacemos aprendiendo y terminamos aprendiendo.
Perdonarse también te permite estar mucho más presente, perdonarse es fluir con los procesos de la vida, perdonarse también es un acto de bondad hacia uno mismx. Si al final de cuentas somos lo que tenemos y siempre nos tenemos a nosotrxs mismxs, vendría bien empezar a hacerlo con el fin de que la amistad 1-1 perdure para siempre.







