«Tómame» una palabra tan sencilla y que le había explotado la mente en éxtasis con tanta facilidad. Porque sí, no había nada que él desease más que tomarlo y escucharle casi ordenarlo, entre los más maravillosos gemidos, era más de lo que cualquier persona podía soportar sin volverse loco. Sungjae estaba muy lejos de la realidad en ese momento, para colmo. Había entrado en un bucle donde todo era Taewon, su piel, su olor, su cuerpo pegado al suyo, su maldita erección en la mano y el sonido de sus labios al besarle por cada lugar a su paso. El menor tenía el poder de hacerle estremecer de pies a cabeza con el más simple y efímero roce, y eso sólo confería más fuerza a la idea que no le abandonaba la cabeza: tenía que ser suyo bajo cualquier circunstancia, debía serlo. “Aah” un quejido suave fue abandonado de sus labios cuando sintió los dientes mordiendo en su cuello. Sus ojos se cerraron, ceño fruncido por el extraño gozo al saberse marcado, y su mano se apretó muy ligeramente contra la punta del miembro ajeno en un acto reflejo. “Joderjoderjoder…” gimoteó contra su boca, prácticamente en medio de un beso que se tornaba sucio por su necesidad, al sentir liberado su miembro de la ropa. La más absoluta vergüenza le recorrió por completo, su rostro ardiendo al intuir lo que estaba por venir y al pensar en que el gimnasta iba a verle sin nada. Nunca nadie le había visto sin ropa, ni siquiera en las duchas de la secundaria, y no podía evitar el nerviosismo paralizante que sentía. Se dejó mover, demasiado inquieto para oponer alguna resistencia y con demasiado deseo para querer ponerla. Pero ¿y si no le gustaba? ¿Y si lo comparaba con otros mejores? ¿Y si ese nerviosismo era en realidad lo que le dejaba en evidencia? O peor, ¿y si se corría demasiado rápido? Porque mientras le miraba agacharse, mientras veía su rostro tan cerca de su miembro, no podía dejar de pensar en que esa imagen ya era lo bastante caliente como para hacerle terminar. Sin embargo, las caricias y el leve toque de su lengua fueron los que dispersaron cualquier duda. Su mente se nubló ante la abrumadora sensación de la cálida y húmeda puntita de la lengua, su mano temblaba cuando la llevó hacia su propia boca para ahogar el gemido que le rompía la garganta. Cubrió su sonrojo también, que era demasiado a esas alturas. La otra mano paró inevitablemente sobre la cabeza del menor, enredando sus dedos entre los mechones de pelo oscuro. Sus caderas se movieron contra su boca inevitablemente, no podía controlar los espasmos de su cuerpo ni la desesperación por obtener más de ese placer. Quería esos labios cereza alrededor, quería sentir toda su lengua recorrerlo. “Taewon–“ suplicó con la voz ahogada, todavía estaba cubriendo su rostro con vergüenza. “Por favor, bebé”.
Taewon no era de los que cuestionaba la experiencia de sus amantes, no era su asunto saber quién había estado antes que él y además, sabía que después de que posara sus manos sobre el cuerpo ajeno, sólo existiría él en sus memorias. Pero era claro que Sungjae no tenía experiencia como él, en cada una de sus reacciones y movimientos la prueba, pero decidió no decir nada al respecto. En cierta forma, le calentaba saber que podría ser uno de los primeros en desflorar al muchacho, y le incentivaba a utilizar todos sus trucos aprendidos con anterioridad. Ver y escuchar sus reacciones, como se tapaba el rostro y la boca con tan solo el primer contacto de su lengua, provocaba que su propia erección pulsara. Pero ese momento era pura y exclusivamente del mayor, le entregaría todo lo que tenía. Abrió sus labios, posando la punta de su miembro dentro y ofreciéndole la mejor vista, ojos buscando los ajenos con desesperación. Cerró su boca alrededor, dedicándole una larga chupada, mientras su mano se movía a lo largo del falo lentamente. Gimió ante el sabor, cerrando sus ojos con placer de poder finalmente sentir su peso sobre su lengua. Sintió la mano ajena enredarse en su cabello y no pudo evitar atrapar más de su miembro dentro de su boca como respuesta. Si había algo que le gustaba era que le sujetaran del cabello mientras le cojían la boca, y no podía esperar hasta que el mayor tomara las riendas y lo hiciera. Volvió a alzar su mirada a la ajena con aquel pedido, temblando ante el apodo y dedicándole parpadeos dulces mientras sus labios estaban alrededor suyo. Su respuesta fue continuar bajando por lo largo de su miembro hasta que tocó su garganta, nariz pegada al abdomen ajeno. Taewon no tenía reflejo en la garganta, algo que descubrió un día y ahora Sungjae tenía el privilegio de disfrutar. Respirando por su nariz, se mantuvo allí por unos segundos antes de liberarlo. Su mano volvió a ocupar el lugar alrededor de su miembro, subiendo y bajando, utilizando su saliva como lubricante. “Hyung~” Su voz, algo quebrada, lo llamó. “Déjame ver tu rostro.” Pidió, rogó al mayor, mientras con su pulgar masajeaba su glande.