Sobre la serie “Chernobyl”, la manipulación antisoviética de la historia y la energía nuclear
La serie de HBO y Sky “Chernobyl” ha sido todo un éxito de crítica y audiencia. La co-producción británica y estadounidense se ha situado como una de la series mejor valoradas de la historia en diversos sitios especializados. Su estupenda factura cinematográfica y gran atención por los detalles de época ha resultado en una muy positiva respuesta de la crítica: la recreación de la ciudad de Pripyat, la ropa, las marcas de alimentos o los vehículos y sus matrículas, son realistas y acertados en su reproducción histórica. Obviamente es una serie y como tal contiene licencias y eventos dramatizados, pero según sus propios autores es una aproximación muy cuidada y veraz de los eventos del accidente de Chernóbil y por ende, de la época soviética en la que se enmarca.
Es lógico que una serie, aunque basada en hechos reales, pueda contener elementos “dramatizados”: personajes secundarios que no existieron en realidad o historias suplementarias basadas en testimonios sin base histórica real que completen el arco narrativo de la serie, entiendo, sin tergiversar la veracidad del trasfondo histórico de los hechos en los que se basa. En este aspecto el problema de “Chernobyl”, opino, es que mientras acierta y cuida muchos detalles, tiene grandes manipulaciones que subyacen con un peso fundamental en la historia de la serie, siempre con el resultado, buscado o no, de mostrar a la URSS como la más burda propaganda anticomunista de la Guerra Fría: ese mundo dictatorial y gris donde todo el mundo actuaba por coacción y amenaza en un sistema irremediablemente ineficiente. Ante esa representación tan extrema, pero que tan comúnmente se nos muestra, nunca entenderé cómo se puede ignorar la obvia contradicción de que ese sistema ineficiente fuera la primera o segunda economía del mundo en casi todo, pionera en multitud de logros científicos y sociales de la humanidad, con la población más formada de la historia, donde los derechos sociales y laborales superaban y presionaban a los países capitalistas o que recibiera el apoyo del 76% de sus ciudadanos para su mantenimiento en referéndum en los peores momentos de la orquestada contra-revolución, culminada con un golpe de estado.
Comprendo la opinión de las personas que no detectan crítica al sistema socialista en la serie o lo hacen de forma muy leve: gran parte de las piezas que han construido la imagen general que hoy tenemos del que era nuestro “archienemigo” están en la serie. Décadas de auténticas mentiras por una de las partes, sin poder escuchar nunca la voz de la otra. En fin, todo es opinable, y sin entrar en si es “mucho o poco”, este artículo pretende aportar datos y argumentos para visibilizar las manipulaciones que sí existen y subyacen o están en primer plano en la serie de HBO y ejercen una carga negativa propagandística evidente. También considero este texto necesario pues muchas personas, tras tres décadas del golpe de estado que derribó la Unión Soviética, están conociendo y recibiendo por primera vez una imagen negativa y alterada del socialismo y la ideología comunista, sin una respuesta argumentada que les permita generar sus conclusiones. Las negligencias, el accidente y graves fallos que ocurrieron no hace falta aderezarlos para ser contados. No es propósito de este artículo exculpar de los errores que obviamente se cometieron: si no, no hubiera ocurrido el accidente.
En mi opinión “Chernobyl”, como obra cultural, ha supuesto una oportunidad perdida para reabrir un debate que creo que sigue pendiente en la sociedad sobre la seguridad tecnológica y la producción energética. Y es que, aunque se pueda poner en duda la escala de Kardashov, hasta el momento la realidad que sustenta es inexorable: el progreso tecnológico de una civilización requiere un consumo creciente de energía. Por ello, para que la humanidad progrese (y no solo los países “del primer mundo”), necesita más y mejores fuentes de energía. Y dentro del elenco realista de posibilidades, la fisión nuclear tiene mucho que decir: comparada con las fuentes existentes (también las renovables) es productiva, localizada y (casi) independiente del lugar o el tiempo. Y sí, muy poco contaminante y con residuos relativamente controlables. Con el grandísimo “pero” que todos conocemos: siempre y cuando no ocurran accidentes. Si explota una planta de carbón, los daños son concretos y bastante localizados en espacio y en tiempo. En una planta nuclear, no. Y, aunque después hablaré algo más del asunto, tampoco considero fiable ese mantra de la industria nuclear de “es imposible que pase otro Chernóbil”, porque en 2011 pasó Fukushima y no fue solo por el tsunami.
Ahí está el debate para toda la humanidad: ¿Qué hacemos? ¿Podemos controlarlo? ¿De qué otra forma si no, mantenemos el progreso -y para todos- en ámbitos como la salud, comunicaciones, agricultura... sin destruir el planeta? ¿Seguimos generando entonces ingentes cantidades de CO2 que podrían ser evitadas? En este debate, que va más allá de nuclear sí o no, también existen defensores del llamado decrecimiento, incluso de una especie de vía anti-tecnología que nos propone volver a una forma de vivir de siglos atrás. Creo que sí hay elementos comunes en la vida de algunos países que no se van a poder sostener: el transporte privado debe ser reducido, la distancia de los centros de producción, distancias de transporte de alimentos y mercancías, optimizar consumos eléctricos, reforestar grandes zonas, etc. Pero hasta ahora, también con algunas mejoras tecnológicas orientadas a optimizar y consumir menos energía, seguimos aumentando las necesidades y consumo energético. Aunque esta disyuntiva opino que hubiera sido un enfoque y trasfondo factible e interesante para la serie, “Chernobyl” de HBO se centra en demasiados casos en la crítica exclusivamente política y se desvía de estas realidades y riesgos que subyacen en el accidente de una planta nuclear, en ese nudo gordiano que es la energía y la tecnología en una sociedad moderna, con su punto crítico en el manejo de las mismas por el ser humano.
Mi opinión, que ni considero muy importante ni muy formada, pero parece que comparten muchas personas, es que nuestro destino son las renovables. Pero por el camino nos toca combinar y respaldar con más fuentes como la nuclear, pues la producción de energías renovables sigue siendo cara, dependiente de varios factores y no tan productiva. También su seguridad e impacto en la naturaleza tiene pegas: en muchos casos provoca residuos, muertes e impacto al medio ambiente en su implantación y obtención de materiales. Puede llevarse por delante a 171.000 personas y generar 11 millones de desplazados o tenemos el ejemplo de la biomasa, la renovable actualmente más utilizada, que es muy contaminante porque vierte sus residuos directamente a la atmósfera, por lo que el debate se mantiene. De los combustibles fósiles, la fuente claramente mayoritaria hoy día, poco hay que decir. La cantidad de muertes y daños a la salud que significa su explotación y residuos o el daño al medio ambiente que provocan no tiene parangón en las fuentes energéticas, además por supuesto de ser finita. Tenemos esperanzas en la energía nuclear de fusión, con proyectos como el hoy internacional pero soviético de nacimiento, ITER, aunque de momento solo podemos soñar con su viabilidad. Por tanto aquí está la cuestión. ¿Es inevitable la nuclear? ¿Cómo la gestionamos? ¿La industria nuclear privada es viable y debe recibir tantos emolumentos o hay otra posibilidad de gestión? Por citar los accidentes más graves: Chernóbil, en un sistema socialista. Décadas después Fukushima, en un sistema capitalista (y en mucha menor medida el accidente de Three Mile Island en 1979 en EEUU). Y nosotros, los seres humanos, que necesitamos energía para ya, pues el propio cambio de paradigma energético, a su vez, necesitará grandes cantidades de energía para llevarse a cabo.
Antes de continuar, quiero recomendar este artículo de 2010 de La Pizarra de Yuri “Mitos de Chernóbil”, que considero bastante ecuánime y claro en las explicaciones sobre preguntas, dudas y mitos típicos del accidente de Chernóbil.
El protagonista: Valeri Legásov
Sin duda las manipulaciones más importantes que muestra la serie giran en torno a la figura del científico Valeri Legásov. La serie comienza con un Legásov espiado y ocultando unas grabaciones en un cubo de basura bajo presión del KGB, para después, suicidarse. La persecución de los servicios de seguridad que muestra la serie son una manipulación histórica total. Sí, Legásov dejó sus “apuntes” -así los definió él mismo- grabados en cintas como se muestra en la serie, pero ni de lejos a escondidas o perseguido por los servicios secretos: estaban en su despacho. Unas memorias críticas con la gestión de la industria nuclear soviética y un testimonio directo del accidente y, según él mismo, las correctas medidas tomadas en los días posteriores al mismo.
Ni su fallecimiento ni sus notas fueron ocultadas: el principal periódico de la URSS (que ni mucho menos el único, algo que se tiende a pensar erróneamente), Pravda, publicó extensos extractos de sus memorias en su edición del 20 de mayo de 1988, días después de su suicidio. Se que a muchos les costará aceptarlo, pero sí, ahí están las críticas al diseño del RBMK, a la gestión de la seguridad y la relación entre institutos científicos de la URSS.
Artículo en Pravda con el título "Es mi deber contarlo"
El propio periodista que publicó las notas, Vladimir Gubarev, relata que días antes había hablado con Legásov, con quien dice que trabó una buena amistad, y que las cintas, que fueron dejadas para él en su despacho, le fueron entregadas para la publicación del mencionado artículo. Según él mismo, no detectó indicios de que Legásov fuera a suicidarse y sostiene que no fue por Chernóbil. En todo caso, los motivos de su suicidio -segundo intento, pues ya intentó suicidarse un año antes- no pasan de la mera especulación, pero tampoco los testimonios de sus familiares mencionan ninguna persecución que lo desencadenara. Su estado de salud era malo como consecuencia de la exposición prolongada a la radiación. Tampoco era la primera vez que Legásov publicaba sus consideraciones, en años y meses previos también fueron publicados artículos y tuvo presencia en los medios, como veremos más adelante.
La transcripción completa y las grabaciones se pueden encontrar en la red. En sus grabaciones tampoco menciona ninguna persecución por parte del KGB ni del Estado, como muestra la serie en varias escenas. Muy al contrario, las referencias que hace al KGB en sus memorias son para valorar muy positivamente su organización y trabajo en la contención de las consecuencias inmediatas del accidente (y criticando, por contra, el trabajo de las organizaciones de defensa civil). Resulta bastante absurdo pensar que si te vas a suicidar, dejando grabado un extenso y crítico testimonio, no denuncies la cruda persecución del KGB que muestra la serie. Sí relata las fuertes discrepancias que tuvo con la comunidad científica soviética (por ejemplo habla del conflicto que tuvo con el importante académico Anatoli Aleksándrov, uno de los diseñadores del RBMK), que probablemente le supusieron el rechazo como miembro del Consejo Científico y Técnico de la Academia de Ciencias (100 votos a favor, 129 en contra) y, en dos ocasiones, no ser galardonado como Héroe del Trabajo Socialista, medalla para la que fue propuesto (ya había sido galardonado con el Premio Lenin y el Premio Estatal de la Unión Soviética). Insisto, no voy a especular con los motivos de su suicidio, no es el propósito de este texto.
En todo caso hay que aclarar que Legásov era una figura importante y conocida, no solo en el ámbito científico soviético, si no en todo el mundo, sobretodo por las positivas reacciones a su “conferencia de Viena” (INSAG-1) sobre las causas del accidente. Miembro de la Academia de las Ciencias de la Unión Soviética (logro nada sencillo) y director científico del importante Instituto Kurchatov de Energía Atómica, apareció en medios de la Unión Soviética y de forma internacional con participaciones en TV y prensa de todo el mundo. En sus memorias no relata presiones para “mentir” en el informe presentado en la conferencia de Viena -que confeccionó con la ayuda de otros científicos y del que se sentía orgulloso, según dice en sus memorias- como relata la serie y los registros de sus apariciones en medios son abundantes.
Algunas teorías dicen que se suicidó por la negativa a ser publicado en medios o ser ignorado y acallado. Incluso al final de la serie un texto reza: “Las cintas con las memorias de Legásov circularon entre la comunidad científica soviética. Su suicidio impidió que las ignoraran”. No, el debate que relata en las grabaciones ya existía antes de su muerte. Anteriormente a su suicidio presentó su propuesta para cambiar la organización de las instituciones científicas soviéticas, que fue rechazada en votación por la Academia de Ciencias y, obviamente, no era necesario “hacer circular” algo que ya era conocido e incluso en parte publicado años antes y sus propias memorias, impresas en uno de los periódicos más importantes de la época.
Artículo de Legasov en Pravda en octubre de 1987 sobre tecnología y energía. Muchas de estas opiniones forman también parte de las memorias antes referenciadas.
Entrevista por el accidente de Chernóbil en canal norteamericano NBC en 1986
Fragmentos para la TV soviética
Programa de debate de TV norteamericana de 1986 sobre accidentes nucleares en el que participó Legásov
Entrevista en un programa de TV soviética en 1983
Entrevista en "Moscow Times" (periódico soviético publicado en inglés) en 1982 sobre seguridad nuclear. Interesante leer su visión en 1982. Fuente.
Tampoco estuvo en el juicio de 1988 a Diátlov, Fomin y Briujánov, por lo que esas escenas de la serie también son “dramatizadas”. En sus memorias menciona específicamente el primer día del accidente y el viaje en avión a Kiev junto con Shcherbina y no hay rastro de esa absurda amenaza de la serie de que le “tiraría del avión” o las amenazas al piloto del helicóptero. Sí cuenta cómo le explicó el funcionamiento de una central nuclear a Shcherbina y le habló del accidente de Three Mile Island, por lo que de la misma forma que con la supuesta persecución del KGB, resulta incomprensible que en sus memorias ni siquiera mencionara un evento tan impactante como las amenazas de muerte a su persona. Es radicalmente absurdo que un miembro del Comité Central como Shcherbina se dirigiera a él en esos términos en ningún caso. Tampoco hay rastro de las “grandilocuentes” frases sobre “la verdad” en su anotaciones.
Todas las escenas que comparte con el personaje de Uliana Khomiuk son ficticias, pues es un personaje inventado como indican específicamente en los textos finales del último capítulo de la serie, creado con el propósito de representar al gran número de científicos y a la comunidad científica soviética de la época, que ayudó en la contingencia del accidente.
El informe “con páginas arrancadas” y ocultado por la KGB
La segunda mitad de la serie se asienta fundamentalmente en la trama que nos muestra cómo el estado soviético, siendo conocedor del peligro del reactor RMBK, lo ocultaba a sabiendas. La historia real de esta negligencia, falseada en la serie, la obtenemos en los informes INSAG-1, INSAG-7 y las grabaciones de Legásov.
El informe en el que se basa la serie existió, pero no se ocultó. En la Central de Ignalina (en funcionamiento hasta 2009 y muy similar a la de Chernóbil, tanto que es la localización dónde se ha filmado gran parte de la serie) en 1983, se produjo un incidente en uno de los nuevos reactores RBMK-1500 en el que se descubrió un fallo con el sistema de apagado de emergencia (el problema con las barras de control que explica la serie). Se informó de ello a todas las centrales con reactores RBMK y al instituto Kurchatov que diseñó el reactor y se propusieron medidas para corregir el problema que se aplazaron en el tiempo, pues no se las consideró prioritarias debido a que las condiciones para que ocurriera ese incremento de potencia eran prácticamente remotas, principalmente porque la operación del reactor por debajo del 20% de potencia estaba prohibida y existían sistemas automáticos -si no desactivaban conscientemente por un operador- para evitar que el reactor llegara a esa situación.
The SCSSINP Commission (Annex I, Section I-3.8) reports that, after discovery of the positive scram effect at Ignalina in 1983, the chief engineering organization informed other organizations and all nuclear power plants with RBMK reactors that it intended to impose restrictions on the complete withdrawal of control and safety rods from the core. Such restrictions were never imposed and apparently the matter was forgotten. Fuente.
La serie mezcla ese informe con el de un incidente anterior en 1975 en la Central Leningrado, que sigue en funcionamiento y la primera con un reactor RBMK, el cual no tenía relación con las barras de control y en el que se comprobó la problemática del coeficiente de reactividad en vacío. Tras ese accidente se mejoraron sistemas de seguridad en los RBMK: más mecanismos automatizados de seguridad controlados por el sistema operativo SKALA y normas en los reglamentos de seguridad, como mantener un mínimo de 30 barras de control dentro del núcleo. El día del accidente, Diátlov, en contra la opinión de sus operarios Akimov y Toptunov, desactivó el sistema automático de seguridad que impedía subir más barras de control y apagaba el reactor en caso de emergencia y dejó únicamente 6 barras de control dentro del núcleo. El hecho de que estos sistemas de apagado automático pudieran ser desactivados por los operadores era uno de los errores de diseño más importantes del reactor según Legásov. El alto coeficiente de reactividad en vacío no se ocultó tras el accidente, durante la “Conferencia de Viena” en 1987 (INSAG-1) ya fue profusamente explicado e informado. Desde 1987, comenzando por las centrales de Leningrado e Ignalina, se empezaron a implantar medidas concretas en todos los RBMK para solventar los defectos de las barras de control, mejorar procedimientos y bloqueos en su operación y reducir el coeficiente de reactividad en vacío.
Esas características como tal no significan que esas centrales fueran bombas a punto de explotar: los operadores y responsables de la central llevaron al reactor a una situación anormal y totalmente crítica saltándose cientos de procedimientos, por lo que, sin restar ni mucho menos importancia a todos los demás elementos, son causas coadyuvantes secundarias a los principales elementos de toda una línea de eventos que causaron el accidente. De hecho, los RMBK siguieron y siguen funcionando a día de hoy sin mayores problemas. A día de hoy generan el 31% del total de la energía eléctrica producida por Rusia. Incluso el resto de los reactores de la Central de Chernóbil, contiguos al nº4 y tras un accidente de esa magnitud, siguieron funcionando durante años.
Había numerosos equipos orientados a prevenirlas [las operaciones prohibidas] integrados en la instalación y, muy específicamente, sistemas computerizados que debían cerrar automáticamente el núcleo si se detectaba uno de estos regímenes de operación de baja potencia. En el transcurso de las acciones insensatas que condujeron a la explosión del reactor número 4, los directivos al mando de la unidad cometieron más de doscientas violaciones de estos manuales y reglamentos e impidieron por dos veces al menos que el ordenador cerrara automáticamente la instalación como tenía programado para casos semejantes. Fuente.
Creo que es una irresponsabilidad y una falta de seguridad muy grave no poner todas las medidas posibles para evitar que se produzca accidente en alguno de sus puntos críticos que se suceden durante el mismo y obviamente estos eventos muestran claras negligencias: mala gestión y procedimientos y formación muy mejorables, errores de seguridad y de comunicación entre institutos y agencias, pero no, no existe esa trama que muestra la serie de la KGB arrancando páginas del informe, despidiendo gente por comunicar incidentes y ocultándolo a todo el mundo. Y creo que hay una diferencia sustancial entre la negligencia y una clarísima culpabilidad y maldad.
Tampoco estas negligencias es o eran algo exclusivo de la industria nuclear soviética. Ahora se vuelve a poner el foco en Chernóbil, pero si observamos los accidentes tecnológicos y nucleares, este tipo de negligencias, fallos y errores ocurren en otros lugares y tipos de tecnología. Por ejemplo en el accidente de Three Mile Island de 1979 también se observaron errores en las decisiones de los operadores o Fukushima-Daiichi (como detallaré más adelante) tenía problemas en el diseño de los generadores eléctricos de emergencia. Y esto tampoco significa que fueran “bombas a punto de explotar”. Por abundar, también el muy popular y extendido reactor soviético de agua presurizada VVER, que produjo y produce energía en un gran número de países, está en funcionamiento sin ningún tipo de problema, y “siendo soviético” no es ningún peligro evidente. O también tenemos el ejemplo de la serie de reactores reproductores rápidos BN, de los pocos de este tipo de tamaño operacional y en funcionamiento, cuyo tipo de tecnología será importante en la nueva generación de reactores nucleares para el futuro.
También:
[El RBMK] No es el único reactor con esta característica [alto coeficiente de reactividad en vacío]: los tan populares y seguros CANDU de fabricación canadiense (e incluso algunas versiones de los BWR) también tienen un coeficiente positivo de reactividad en vacío (o equivalente a efectos prácticos); aunque, desde luego, no tan alto. Fuente.
La “babushka” ucraniana y el “holodomor”
Uno de los momentos más llamativos en mi opinión de propaganda antisoviética de la serie está al comienzo del cuarto capítulo. La escena muestra la evacuación de la Zona de Exclusión, cómo no, a punta de pistola... Una babuskha ordeña una vaca y comienza un diálogo con un buen catálogo de mitos anticomunistas. Equipara a “los rusos” con los nazis (ahorro comentarios) y se refiere al “holodomor de Stalin”. Es absolutamente absurdo y fuera de lugar, y una manipulación consciente, que una abuela ucraniana se refiera al “holodomor” en 1986. La primera constancia escrita del término en la Unión Soviética se tiene en 1988 y de forma totalmente minoritaria, dentro del contexto del fomento intencionado de los nacionalismos y el enfrentamiento como herramienta para ayudar a derribar la Unión Soviética. En todo caso el “speech” de la babushka es inverosímil. No es mi propósito entrar en este artículo en el fondo de la hambruna, que sí existió y era perfectamente conocida por los habitantes de la URSS, pero “holodomor” como ese mito que se basa en que “los rusos” intencionadamente provocaron una hambruna para exterminar a millones de ucranianos, es algo que, además de mentira, es simplemente inverosímil que se muestre en ese contexto.
Siempre ha sido un mito utilizado por los anticomunistas. Tiene su nacimiento en la Alemania nazi, como arma de propaganda, posteriormente recuperada por Estados Unidos y el anticomunismo y el fascismo en general. La realidad es que, como demuestran los datos de archivo, la versión soviética era cierta: fue provocada por los kulaks (terratenientes) y no fue por la colectivización ni un plan orquestado por el gobierno soviético, que al contrario, trató de mitigar sus efectos. En todo caso, la colectivización, sin sabotajes, fue tremendamente efectiva como se demostró posteriormente al convertir al país en el mayor productor agrícola del planeta. Siendo esta serie capaz de mostrar correctamente detalles como marcas de tabaco de la época, el único propósito de la escena es la difusión de propaganda anticomunista y antirusa.
Falsedades sobre los liquidadores
Los liquidadores fueron héroes. La serie nos deja escenas espectaculares que lo muestran, como la limpieza de los tejados de la central o la movilización de los mineros, pero casi siempre acompañadas por otras en las que su determinación viene acompañada por amenazas o coacciones. También percibo en ocasiones que la serie desliza que no sabían “a lo que iban”, que iban obligados “a punta de pistola” o cierta ignorancia e ineptitud en algunos de los liquidadores, cuando realmente eran profesionales formados y voluntarios. Precisaré algunas informaciones falsas sobre los liquidadores difundidas por la serie.
No, no hubo reclutamientos forzosos. Los “liquidadores” eran especialistas, ingenieros y militares y es un insulto a su memoria decir que los actos que realizaron fueron sin saber las consecuencias o por obligación.
“Los equipos de liquidadores estaban compuestos, sobre todo, por bomberos, obreros, científicos y especialistas de la industria nuclear; y tropas terrestres y aéreas preparadas para la guerra atómica; e ingenieros de minas, geólogos y mineros del uranio, debido a su experiencia en la manipulación de sustancias radiactivas. Cabe resaltar que para todo el personal no militar el trabajo era voluntario”. Fuente.
En una serie de mensajes en pantalla al final del último capítulo se dice sobre los tres liquidadores que bajaron a abrir las esclusas que “Se difundió que los tres buzos que drenaron las piscinas murieron como resultado de su heroico servicio”. Falso. Su historia fue difundida en medios (soviéticos y extranjeros) y se les concedió la Orden de la Bandera Roja del Trabajo. Por ejemplo, esta misma nota de AP del 15 de mayo de 1986 publica la historia basándose en la información de la agencia, por aquel entonces soviética, TASS y se recogen los testimonios de los buzos, bastante “raro” si hubieran muerto. Un ejemplo dentro de la URSS: Su historia se publicó en el periódico “Труд” (Trabajo) con un artículo extenso el día 16 de mayo de 1986 y de nuevo se volvió a contar el 21. Este periódico era gestionado por el Consejo Central de Sindicatos de la URSS y uno de los más leídos de la época. En ningún punto se dice que murieran, recogen sus testimonios y, por cierto, ellos mismos dicen que no lo hicieron obligados ni por dinero, si no por convicción y por el deber moral de realizar la tarea por su conocimiento de las instalaciones. Como curiosidad, Legásov menciona en sus memorias que se dio una recompensa de mil rublos (más de cinco veces el salario medio mensual de la época) y explica que vio a uno de ellos rechazando el paquete, pues su incentivo para la gesta no era material y menos atendiendo al sacrificio de sus compañeros.
Como se puede ver de nuevo, esta historia no fue ocultada ni manipulada por los soviéticos. Que no la conozcamos en “occidente” no significa que en Ucrania, Rusia o Bielorrusia no sea perfectamente conocida. De hecho hace pocos años, el propio ex-presidente ucraniano Petro Poroshenko, condecoró en un acto en memoria del accidente a dos de los buzos (el tercero murió en 2005 por un ataque al corazón).
Otro artículo de 1986 sobre los "tres buzos" en la revista soviética "Sovetskaia Kul'tura". Fuente.
Continúan los mensajes en pantalla del final de la serie con: “Se reclutaron a unas 600.000 personas para servir en la zona de exclusión. A pesar de las incontables enfermedades y muertes como consecuencia de la radiación, el gobierno soviético no registró oficialmente cómo acabaron”. Otra mentira histórica: que la URSS “se olvidó” o “abandonó” a los liquidadores. Falso. Y bastante absurdo acusar de abandono al gobierno soviético, teniendo en cuenta que pasaron sólo cuatro años hasta que comenzó la desintegración de la URSS. Todos los liquidadores fueron registrados y recibieron compensaciones, seguimiento y tratamiento médico. Todos recibieron la famosa condecoración de “liquidador” y muchos medallas de Héroe de la Unión Soviética, con sus correspondientes recompensas materiales y económicas, siendo aclamados de forma unánime por la sociedad soviética. También la población evacuada de la zona recibió correctas compensaciones y supervisión regulada. Por cuestiones de extensión, enlazo este artículo (en ruso) donde se concretan las compensaciones a liquidadores y ciudadanos.
“Un equipo de médicos estadounidenses se unió [observando la respuesta médica] a los médicos soviéticos para tratar a los bomberos heridos y operadores de planta en el Hospital No. 6 en Moscú. Los estadounidenses quedaron impresionados por lo buenos que eran los médicos soviéticos al estimar la dosis de radiación al estudiar los signos vitales de un paciente, y comentaron sobre la impresionante variedad de tratamientos soviéticos para el envenenamiento por radiación que eran desconocidos en Occidente. De los 19 pacientes que se sometieron a trasplantes peligrosos de médula ósea o hígado, recomendados por el equipo estadounidense, solo uno sobrevivió. La mayor parte de los pacientes que recibieron dosis potencialmente fatales sobrevivieron con los tratamientos de los médicos soviéticos”. Fuente.
Al contrario de lo que se intenta transmitir con este mito bastante común, justamente fue con la entrada del capitalismo cuando se abandonó la atención y cuidado mantenido por el gobierno soviético de los liquidadores y pobladores evacuados de la zona. El mismo artículo referenciado detalla los recortes concretos y existen múltiples testimonios de los propios liquidadores de esto mismo:
"La URSS nos cuidaba, ahora los gobiernos se han olvidado. Queremos más ayudas, y no sólo homenajes" - Liquidador veterano en La Vanguardia, abril 2011
“En 1999, doscientos mineros de Tula [que participaron en las labores de contención del accidente] realizaron una huelga de hambre, exigiendo la destitución del Ministro de Trabajo ruso, Sergey Kalashnikov, que recortó los beneficios del gobierno para los mineros. En ese momento, el presidente regional de la asociación de la ciudad de "Tula-Chernobyl", Vladimir Pavlov, dijo: "No nos importa si nos morimos de hambre ahora o más tarde". Dejaron sus Medallas de liquidador a los pies del monumento al general Georgy Zhukov en la Plaza Roja. Los legisladores aprobaron leyes para reducir el impacto de algunos de estos cambios”. Fuente.
En este punto también quiero mencionar la enorme solidaridad del pueblo cubano con la población afectada por el accidente de Chernóbil. Como hemos comentado, tras la caída del bloque soviético, la ayuda y soporte a los afectados de esos países que ahora abrazaban el capitalismo fue muy cuestionable. Cuba ofreció tratamiento, estudio y ayuda a más de 26.000 personas afectadas por el accidente entre 1990 y 2016, la gran mayoría niños, siendo el único país que organizó un programa integral de salud, masivo y gratuito a tal efecto. También con mucho esfuerzo, pues Cuba pasó por dificultades en los 90 por la caída de sus socios del Bloque del Este, pero mantuvieron dichos programas sin escatimar recursos, que además consiguieron grandes resultados en investigación y tratamientos oncológicos y hematológicos.
El Ministro de Carbón y el zapatero inculto
En otra escena, un joven Ministro del Carbón acude a una mina junto con dos soldados armados con AK-47 para “reclutar” (de nuevo a punta de pistola) a los mineros y estos acaban mofándose del ministro. Además de mostrar supuestas coacciones, es una de las escenas que muestran esa figura del burócrata enchufado apparátchik en cargos de gran responsabilidad. Algo muy común en la representación anticomunista instaurada en el imaginario colectivo desde la guerra fría. Muy contrariamente a esta mentira, los cargos en la URSS eran trabajadores/as destacados y experimentados, científicos e ingenieros en la mayor parte de los casos. Recurrente en varios momentos de la serie, todos los cargos se muestran como unos advenedizos ineptos que se aupaban en el poder gracias al injusto y desastroso sistema “comunista”. Por cierto, esta crítica no es por la juventud del personaje en cuestión, si no por el desarrollo y la falsedad de la escena. De hecho, en 1984 el 22% de los diputados del Soviet supremo de la URSS eran menores de 30 años. Hoy en España solo en 4% de los diputados tiene menos de 30 años, a nivel mundial, un 2%.
En realidad, el Ministro del Carbón en 1986 era Mikhail Ivanovich Shchadov, que en aquel momento tenía 58 años. Fue minero, científico e ingeniero de minas: él mismo trabajó en minas de la región de Irkutsk durante años como ingeniero y jefe minas y fue un político respetado. De hecho, era el ministro al cargo cuando ocurrieron las huelgas mineras de 1989, causadas por las reformas de la Perestroika. Esta imagen adulterada se suma a la general intención de vilipendiar y manipular de forma gratuíta. En esta foto podéis ver “fiel” que ha sido su representación.
Otro ejemplo es la escena del segundo capítulo con el vicesecretario del Partido Comunista de Bielorrusia, en la que se mofa del personaje ficticio de Uliana Khomiuk, diciendo con sorna que no es científico, si no un simple “zapatero”, pero que él ahora “manda”. Qué potente mensaje: en la URSS los vicesecretarios eran incultos y soberbios trabajadores que se mofaban de los formados científicos. ¡Cuidado con que los trabajadores “manden”! ¿Verdad? El propio Legásov explica en sus memorias que todas las decisiones para la contención del accidente se tomaron teniendo en cuenta los criterios y decisiones de los expertos y científicos. En todo caso, y nunca mejor dicho, la escena del zapatero soberbio tiene otra falsificación: antes de su ejercicio político el vicesecretario Gennady G. Bartoshevich no era zapatero, si no ingeniero técnico que trabajó en fábricas de maquinaria. Pero la verdad no tenía lugar en la representación antisocialista de la serie, que necesitaba mostrar al zapatero soberbio.
Por contra, tendremos que pensar que es casual la imagen que muestra la serie de Gorbachov. El dirigente peor valorado por los rusos, junto con Yeltsin, sí recibe una imagen de político ecuánime y lógico, rodeado de ineptos burócratas. Casualmente, son los rusos quienes lo rechazan ampliamente por ser responsable de las reformas que causaron la caída de la Unión Soviética, pero en occidente es visto como un héroe y un gran estadista liberador.
Otras incorrecciones de la serie
En el primer capítulo, durante la reunión en Pripyat aparece un “viejo burócrata” golpeando un bastón y dice que aíslen totalmente la ciudad de Pripyat y se corten todas las comunicaciones. El personaje es ficticio y la escena es falsa: Pripyat no sé “bloqueó” como muestra la serie, de hecho Legásov se queja en sus memorias que en los primeros momentos del accidente, ante el desconocimiento de lo ocurrido, sí se dieron permisos de salida de la población que así lo solicitaba con sus vehículos privados, antes de la evacuación general y la composición de la Zona de Exclusión. No se cortó ninguna comunicación.
La escena del “Puente de la muerte” es una leyenda urbana. Esto ha sido mencionado en múltiples artículos. Esta pequeña historia procede de muchos autores ciertamente anti-comunistas y anti-rusos, entiendo que para tratar de "embellecer" sus relatos, pero no existen pruebas ni testimonios directos que lo confirmen.
También se ha comentado bastante la escena de la caída del helicóptero: ocurrió meses después del accidente, en octubre de 1986.
En uno de los textos que cierran la serie, refiriéndose a los científicos soviéticos, dicen “Algunos contradijeron la versión oficial de las acontecimientos y fueron denunciados, arrestados y encarcelados”. No he encontrado referencia alguna a esta afirmación. Ninguna, ningún nombre.
A la audiencia rusa le ha llamado la atención la forma que tienen para nombrarse entre sí los personajes de la serie (y algunos otros detalles "culturales" como el cuadro en el politburó).
Y por último, el texto de Gorbachov que dice “En 2006 escribió: ‘Puede que el desastre nuclear de Chernóbil fuera la auténtica causa de la caída de la Unión Soviética’”. Resulta casi humorístico que el responsable de la introducción de medidas netamente liberales en un sistema, con sus imperfecciones, pero socialista, diga esto. No, señor Gorbachov, la auténtica causa de la caída de la URSS fue la gestión y la política que se fue sembrando décadas antes y que tú y tu camarilla realizasteis, con la ayuda inestimable de altos cargos de la seguridad del estado y de potencias extranjeras. Medidas que fueron para el sistema como meter un palo en los radios de la rueda de una bicicleta en movimiento. Era de esperar el resultado. Pero supongo que quedaba muy bien como corolario de la serie…
En realidad, la respuesta soviética al desastre fue impresionante. Los soviéticos son comúnmente criticados por esperar tres días para informar al público del accidente; ocultarlo significaba que las personas de las naciones vecinas, como Polonia, recibían yodo profiláctico protector más tarde de lo que es recomendable. Sin embargo, los líderes soviéticos actuaron para proteger a sus propios ciudadanos. A las 36 horas, habían reubicado a 50,000 residentes de la ciudad de Pripyat y estaban haciendo planes para evacuar un gran territorio alrededor de la central. (Los líderes japoneses esperaron dos meses completos antes de admitir que tres reactores en la central nuclear de Fukushima-Daiichi se habían derretido en marzo de 2011). Kate Brown, profesor del MIT. Fuente.
¿El culpable fue del socialismo?
La serie muestra al espectador cómo, supuestamente, el sistema soviético escondía informes vitales, perseguía científicos y era inhumano con las personas. La conclusión parece obvia: una enmienda a la totalidad, la culpa es el del socialismo. En parte al menos eso parece querer enseñarnos la serie, cuando, curiosamente, son los ciudadanos rusos quienes hoy opinan lo contrario. Por desgracia, tenemos un ejemplo muy reciente en uno de los países más representativos del capitalismo: Japón. El accidente de Fukushima en 2011 dejó claro que los accidentes, que ya habían ocurrido en todo tipo países y durante décadas pero con menos gravedad que Chernóbil, pueden ser muy graves incluso con procedimientos y tecnologías más modernas y avanzadas que las existentes en 1986 y ocurrir en los “intachables” países capitalistas.
Al igual que el desencadenante de Chernóbil fue una insensata consecución de garrafales decisiones durante el control de una prueba de seguridad, en Fukushima fue el tsunami subsiguiente a un gran terremoto. Pero a pesar de que en la opinión pública no se ha difundido de forma tan expresa, probablemente por los devastadores efectos del tsunami, en Fukushima, como en Chernóbil, hay más. Para empezar hay que exponer que el historial de accidentes y eventos problemáticos de Tepco, empresa privada propietaria y gestora de la Central de Fukushima-Daiichi, está plagado de accidentes e irregularidades en connivencia con el gobierno japonés desde los años 80. Durante décadas falsearon informes de seguridad y mintieron en los controles de calidad. Incluso en el año 2002 se vieron obligados a parar 17 reactores ante las dudas generadas por sus prácticas negligentes. La corrupción manifiesta se ve además reflejada en las habituales puertas giratorias, connivencias y conflictos de interés entre el gobierno y Tepco.
Tras el accidente de 2011 se elaboraron varios informes (2012 o 2015) que mostraban claramente las responsabilidades de Tepco y el gobierno japonés en el accidente por sus negligencias: no tener medidas oportunas antisísmicas en una zona claramente afectada de forma habitual por grandes seísmos o no tomar medidas concretas, como elevar los generadores eléctricos de emergencia, que estaban en los sótanos y quedaron inutilizados por el tsunami, siendo causa destacada en la cadena de eventos del accidente. Debían haber estado a salvo en lugares elevados para evitar ser dañados ante una previsible ola de esas características, como se recomendaba. Pero su traslado costaba 91 millones de euros y no se acometió. Y para terminar: Tepco ignoró informes que avisaban claramente de estos riesgos años antes del accidente, incluso desde 2002.
El informe añade: “Creemos que las causas fundamentales son los sistemas de organización y regulación que se basan en una lógica defectuosa en sus decisiones y acciones, y no un problema de un individuo en particular”. Termina acusando a “la connivencia entre el Gobierno, los reguladores y la empresa eléctrica Tepco, así como a su falta de diligencia”. Fuente
La culpabilidad y connivencia entre Tepco y el estado japonés fue sentenciada por la justicia nipona en 2017: culpables por graves negligencias. No solo por lo comentado anteriormente, la sentencia también se basa en una cuestión obvia: la ubicación de la propia central en una zona con alto riesgo de terremotos y tsunamis sin disponer de medidas preventivas acordes, siendo la respuesta oficial que “el tamaño y el poder destructivo del terremoto y el tsunami fueron imposibles de prever”, cuando claramente eso no es cierto: también se alertó un informe en 2002. A día de hoy existen 23 centrales con 74 reactores localizadas en zonas potencialmente peligrosas con los mismos riesgos en el este y sureste de Asia.
Los demandantes, que incluían evacuados forzosos y "voluntarios", afirmaron que el gobierno y Tepco podrían haber predicho un tsunami de más de 10 metros de altura que algún día golpearía la planta. Basaron su reclamación en un informe de 2002 en el que los expertos del gobierno estimaron que había una posibilidad entre cinco de que se produjera un terremoto de magnitud 8 y provocara un poderoso tsunami en los próximos 30 años. Fuente
La contención del accidente tampoco estuvo exenta de polémica. Muchos voluntarios, auténticos héroes, ayudaron a combatir los efectos del accidente en los primeros meses, reviviendo el heroico valor de los liquidadores soviéticos. Sin embargo, en las tareas de limpieza y “liquidación”, el gobierno y Tepco explotó a personas pobres, chantajeadas por la Yakuza (mafia japonesa), malpagados, precarios, explotados y con falta de supervisión y seguridad.
El accidente de Fukushima-Daiichi es, junto con el de Chernóbil, los únicos de la historia con el nivel máximo en la Escala Internacional de Accidentes Nucleares: INES-7. Por su naturaleza, el accidente de Chernóbil fue más grave, sobretodo por la propagación de una mayor cantidad de material radioactivo debido al fuego en el reactor durante el accidente y un mayor número de afectados directos en los primeros acontecimientos. Sin embargo, la gravedad de Fukushima es innegable y no debe ser minusvalorada en el debate: se produjo el escape incontrolado de material radiactivo y más profusamente a las aguas del océano Pacífico y la fusión, no solo de uno, si no de varios reactores. A día de hoy, aún existe una gran cantidad de agua contaminada acumulada. Se calcula que las fugas radiactivas de Fukushima ya suponen el 40% del total del material radiactivo que se liberó en Chernóbil, que aunque de diferente naturaleza, su gravedad no puede ser obviada.
Durante décadas la industria nuclear y pro-nucleares aseguraban que era “imposible que se repitiera un accidente como el de Chernóbil”. Obviamente, si se refieren con literalidad a los elementos físicos que produjeron el accidente de Chernóbil, claro, de finales de los 80 en adelante ya no podían repetirse pues se tomaron medidas para ello. Pero creo que es obvio que cuando en el debate público nos referimos a Chernóbil, nos referimos a los accidentes en una central nuclear en sí.
La balanza entre la culpabilidad completa de los operarios (con las más de doscientas violaciones conscientes del procedimiento durante la prueba) y los defectos de diseño del reactor RBMK, para mí es importante en este asunto: Si la balanza se inclina casi completamente hacia el RBMK, la industria nuclear podía excusarse ante la opinión pública por la mala imagen de la energía nuclear resultante de Chernóbil. Culpando como causa completa a un sistema político concreto y desaparecido, en otro sistema político no podía ocurrir. ¿Entonces son nuestros métodos son infalibles? Fukushima, en mi opinión, hace saltar por los aires ese planteamiento. No es que quiera situarme falsariamente en una posición equidistante, pero mi opinión es que en esa balanza hay muchos puntos intermedios y las conclusiones del debate tienen muchas más aristas, sobretodo en la cadena de eventos que provocan accidentes de estas características. De la misma forma, entre la posición de “pro-nucleares” y “anti-nucleares” existen argumentos para una conclusión más lógica que negar las evidencias o peligros de unos y otros y que merecen ser analizadas científicamente con sus pros y contras, sobretodo con el realismo de las alternativas y riesgos existentes. Como reflexionaba en el inicio del artículo: ¿podemos sustituir toda la generación de energía que emite CO2 por renovable si que en ese proceso tengamos, de la misma forma, un impacto y una generación de residuos y problemas mayores? ¿Podemos progresar sin esa generación de energía? ¿Es coherente revetir avances tecnológicos y condiciones vitales que ya consideramos parte de nuestras sociedades para "necesitar" menos energía?.
El riesgo “cero” no existe y los accidentes pueden ocurrir y ocurrirán. Por ello, no debemos olvidar el legado que nos dejó Chernóbil, de la cultura de la seguridad, calidad y mejora constante en el control de nuestro uso de la tecnología, para poder emplearla con la mayor seguridad posible. Tal vez ciertos sectores ignoraron este legado y lo aprovecharon (y aprovechan) para usar el accidente como un arma política contra el sistema político enemigo.
Sin restar la enorme gravedad de estos accidentes, también podemos hacer el ejercicio de ponerlos en perspectiva: solo con las pruebas nucleares de los años 60, la emisión al medio ambiente de isótopos radioactivos que produjeron es abrumadoramente superior a los accidentes de Fukushima y Chernóbil juntos. Según un estudio del Congreso de Estados Unidos, la pruebas nucleares ha provocado 33.000 casos de cáncer en EEUU, 11.000 de ellos mortales, consecuencia de once años de pruebas nucleares entre 1951 y 1962. Además, se realizó (y realiza) una nefasta gestión de los residuos en las zonas afectadas que afecta a miles de personas.
Tenemos casos tristemente comunes en aviación, trenes, etc. Para ser ecuánimes, no podemos olvidar otros grandes accidentes tecnológicos como el de Bhopal en India, donde murieron 25.000 personas y más de 600.000 se vieron afectadas por el escape de gas tóxico de una industria química propiedad de una empresa privada norteamericana, que se fue de rositas e incumplió absolutamente todos los criterios de seguridad. Tal vez algún día, por su importancia, se realice una serie que también ponga el acento y debate público sobre este hecho olvidado como lo ha hecho HBO con Chernóbil y la URSS...
La lista es larga y el riesgo “cero” no existe. Sí existen la ciencia y la seguridad. Si somos seres cabales, podremos resolver este dilema.










