Anatomía de un golpe de propaganda
Nunca antes en la historia de la humanidad habíamos estado expuestos a tanta información: radio, televisión, periódicos, redes sociales, etc. La cantidad de “ruido” es tal, que a menudo nos es imposible distinguir el oro de la paja.
En medio de la confusión, las grandes corporaciones mediáticas suelen utilizar la propaganda para manipular la opinión pública.
La propaganda es una herramienta de comunicación que disemina información sesgada, casi siempre con el ánimo de desprestigiar instituciones, causas, o personas.
Quienes deseen conocer a profundidad los mecanismos de la manipulación, harán bien en estudiar la vida y obra del publicista, periodista e inventor de la teoría de las relaciones públicas, Edward Bernays, considerado hoy en día como el padre de la propaganda moderna. En 1927, quien fuera sobrino de Sigmund Freud, escribió un libro donde describe detalladamente sus métodos:
Propaganda, por Edward Bernays
Quien pega primero, pega dos veces
En el siglo XXI, el éxito de la propaganda depende en gran medida de qué tan rápido comience a dar resultados. Para que un golpe de propaganda sea efectivo, éste deberá causar la mayor cantidad de daño en el menor tiempo posible.
En el primer capítulo de su libro, Propaganda Blitz , los autores David Edwards y David Cromwell, nos dicen cuales son las seis claves para llevar a cabo una operación de propaganda relámpago:
Gira en torno a dramáticas acusaciones basadas en nuevas “evidencias”
Contiene alta carga emocional e indignación
Aparenta formar parte de un consenso entre medios, academia y “expertos”
Viene acompañada de duras críticas a todo aquel que cuestione el “consenso”
Coincide con varios eventos “fortuitos”, generando un sentido de la urgencia
Se caracteriza por su disonancia moral de tono casi tragicómico
El propagandista experimentado aprovecha nuestra limitada capacidad de atención y la constante necesidad que tenemos de consumir noticias frescas, para publicar ráfagas de información escandalosa que provoquen reacciones inmediatas. De esta manera, se evita que la gente alcance a digerir los datos. El bombardeo constante de la mente nos impide razonar. Al no tener tiempo para la reflexión, nos dejamos llevar por los sentimientos.
La provocación es otro aspecto vital de la propaganda. Para propiciar nuestra ira, el comunicador ha de mostrarse sumamente indignado. A nivel subconsciente, nos será difícil no creer en su palabra. Normalmente nos decimos: “alguien con dudas no argumenta de manera tan apasionada.” Por como funciona el cerebro, nuestro primer instinto será pensar que quien así defiende su punto, lo hace convencido de que dice la verdad.
Para generar mayor impacto, la propaganda deberá llegarnos de varias fuentes al mismo tiempo. El “consenso” de los medios dará la impresión de que “todo el mundo” sabe que las acusaciones son ciertas. Puntos extra si a la avalancha de señalamientos le sumamos la opinión “crítica” e “imparcial” de “expertos” y “académicos” “respetables”.
Todo aquel que se atreva a cuestionar el golpe de propaganda se convertirá inmediatamente en blanco del mismo. Los disidentes serán calificados de “insensibles”, “tontos útiles”, “apologistas”, “negacionistas”, etc... Si bien la “indignación” de los propagandistas puede no ser cierta, el daño causado a la reputación de quienes les contradicen es real. Las consecuencias pueden ser bastante serias.
Es curioso que la “evidencia” que alimenta a este tipo de operaciones propagandísticas, casi siempre surge en el peor momento para quienes son blanco del ataque. Por qué será que el “Enemigo Designado” siempre hace justo aquello que da pie a que lo invadan, lo expongan, o lo desacrediten, precisamente en el momento menos indicado y cuando todos los reflectores apuntan hacia él. Eso no importa en un mundo de propaganda donde sólo existen buenos y malos. Como en una película de Austin Powers, la arrogancia y estupidez del “Malo” siempre lo llevarán a cometer errores fatales que serán aprovechados por el “Bueno” para ganarle la partida. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
Lo que te choca, te checa
Sorprende que muchos de los “pecados” que se le achacan al Enemigo Designado sean juzgados con tanta dureza por quienes se erigen en faros de moralidad, cuando son ellos los primeros que deberían ser puestos en el patíbulo para responder por crímenes de igual o peor calaña.
El fin justifica los medios
En todo caso, la finalidad aquí no es pasar a la historia como ejemplo de dignidad y ética. El objetivo es torpedear de manera rápida y eficaz la linea de flotación del oponente. Propinar un buen golpe en los aparejos sin ser detectado.
En palabras de Maquiavelo:
«La experiencia de nuestros tiempos nos enseña que aquellos príncipes que han hecho grandes cosas, las han hecho sin preocuparse demasiado por la buena fe, y han utilizado su astucia para confundir las mentes.»
En la misma linea de pensamiento, Edwards y Cromwell concluyen:
«La verdad siempre se le oculta al público. Lo que importa es aparentar que se cuenta con “evidencias” dramáticas y recientes que parezcan ser “confirmadas” por personas que se dicen “honestas” y “éticas”. Una vez “pacificada” la población, los poderosos harán lo que quieran.»
A esto último yo agregaría:
“Soldado advertido no muere en la guerra.”
Texto y foto: H. Castillo
Para saber más: www.medialens.org