De lo que ella nunca nunca se enterará es que en más de una ocasión la acariciaba mientras dormía. Nunca sabrá que jugaba con su pelo aun sabiendo que no le gustaba que se lo toque. En aquellas noches hubo razones que me hicieron amarla con una pasión y ternura ilimitadas. Sabía que el tiempo se extenuaba para ambos, y fue entonces cuando le escribía canciones y se las cantaba para hacerla dormir. Acompañando con una melodía en guitarra daba voz a aquellas líneas mientras la miraba a los ojos y ella sonreía. A veces le cantaba también por teléfono y escucharla reír se convertía en un placer insuperable, yo sabía que se sonrojaba y era cuando más levantaba la voz. Me gustaba tomarla por detrás a la altura de su cintura y besarla en el cuello mientras ella leía o miraba a través de la ventana al cielo. Es que cuando pasas tantas cosas bonitas con alguien es imposible no extrañarle si ya se ha ido. El olor de su pelo está presente. Su mirada bonita sigue conmigo y Dios sabe qué más manías tenía cuando lo pasaba con ella. La extraño. Nunca conoceré a nadie que me sepa acariciar mejor que ella, ni alguien que pueda ejercer el rol de musa e inspirarme a crear mis mejores versos. Ella nunca sabrá que le sigo escribiendo, y que cuando solía mirarme hacía que sintiera el corazón como una bomba de tiempo. Aquella chica era un tesoro que no podía compararse. Ahora entiendo que el tiempo también se encarga de marchitar las cosas. Y si hay algo que nunca me podrá quitar es su recuerdo.
Sentimientos indelebles | Heber Snc Nur (via somosletras)
















