Capítulo 5
—Él... ¿Es el hombre que voló el puente de Hogwarts? He escuchado la historia de la gran batalla como un millón de veces, pero sigue siendo una de mis favoritas...—dijo Gideon con cierta emoción en su voz, aunque todavía cauteloso de lo que Longbottom pudiera hacer o decir, pues seguramente seguía molesto por lo de las fotografías volando por toda la habitación—. No se han arruinado tus fotos ¿cierto? ¿Son... Son todas de tu familia?
Fabian lo había mirado mal los últimos segundos, pero una breve sonrisa apareció en sus labios. La historia de cómo su abuelo había sido tan valiente defendiendo a su colegio también era de sus favoritas. Compartir ese detalle con alguien como Gideon no lo hacía muy feliz, pero podía notar que el chico estaba esforzándose por disculparse. Fab había recibido desde pequeño una esmerada educación y no iba a mostrar malos modales por más que aún quisiera darle una paliza a Potter. “Solamente se dobló un poco esta fotografía. Es mi casa. Y ella es mi mamá. No sabía que estaba haciendo una foto o habría volteado. Ella es... La mejor mamá del mundo. ¡Oye cuidado, vas a aplastar a tu...!”.
Gideon miró unos segundos a la mujer de la que sólo se podía apreciar su largo cabello rubio. Sintió entonces una especie de escalofrío y se alejó unos pasos hacia su cama. Estuvo a punto pisar a su oso de peluche pero la advertencia de Fabian lo detuvo justo a tiempo. Se inclinó para levantarlo. —Watson... Su nombre es Watson —murmuró y una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro mientras fijaba la mirada unos segundos en su juguete—. Mi papá dice que fue un regalo de mi madre cuando yo era bebé...
Longbottom no supo que decir al respecto, pero su innata habilidad para conversar siempre lo ayudaba a salir de situaciones de ese tipo. Miró por la ventana intentando adivinar la hora por la posición del sol: “Vaya. ¿Faltará mucho para la hora de cenar? Daría cualquier cosa por un sándwich de tocino...”. Gideon elevó las cejas, sorprendido pues apenas escuchó esas palabras su estómago se movió exigiendo comida. —También son mis favoritos... Aunque en casa los como con... Con un poco de mermelada... —confesó timidamente. Levantó la mirada sólo para encontrarse con que Fabian lo miraba también, riéndose. “No hablas en serio. ¡Yo también! La mayoria de la gente piensa que es asqueroso. ¡Son unos ilusos! ¿No crees?”
—¡Ya lo creo! Mi papá es el único que me entiende, aunque él tampoco los come... —respondió Potter—. Él es como mi mejor amigo, me enseñó a jugar al Quidditch, a montar en bicicleta... ¿Y tú papá cómo es? ¿También juega al Quidditch contigo?. Fabian bajó la mirada y se encogió de hombros. “Bueno... La verdad es que no tengo uno. Quiero decir... Supongo que lo tuve, pero desde que tengo memoria sólo somos mamá y los abuelos y yo... Mamá nunca habla de él”
Ahora era Gideon quien se había quedado sin nada que decir. Él conocía de primera mano el tema de tener un sólo padre, mientras que la mayoría tenía un papá y una mamá. Aclaró levemente su garganta, buscando un tema más amable de conversación. —Y ¿qué edad tienes? ¿Entrarás al colegio este año? Ya sabes, a aprender magia... —cuestionó tratando de sonar animado. Fabian ya había levantado la mirada, agradeció internamente que el chico Potter no le hiciera más preguntas sobre su familia. “Cumplí once años el veintiuno de enero. Así que si, entraré a la Academia este año”. Gideon casi se atragantó con su propia saliva. Jamás había conocido a alguien con quien compartiera su fecha de cumpleaños. —¿Estas bromeando? ¡También nací el veintiuno de enero! Y cumplí once este año... Qué extraño... —exclamó todavía impresionado. Parpadeó y su mirada se perdió unos segundos en la ventana que ahora dejaba ver la puesta de sol—. Hey mira, casi anochece. Debe ser hora de cenar ¿vamos? —dijo rápidamente mientras se levantaba y se encaminaba a la puerta. Se detuvo justo en el umbral al ver que Fabian no lo seguía—. Oye ¿te pasa algo?
Fab lo observó por unos segundos con el ceño fruncido como hacía cada vez que se concentraba mucho en algo. “Gideon... ¿Cómo es tu mamá?” preguntó sin dejar de mirar al chico Potter. —Yo... Jamás la he visto. Mis padres se separaron cuando yo era un bebé... Pero... —dijo Gid levantando su dedo índice, para agregar un punto importante—. Se que es la mujer más hermosa del mundo. Mi papá tenía una fotografía de ella guardada en su escritorio y siempre me encontraba mirándola así que me la regaló... ¿No vienes? Creo que puedo oler la carne asada desde aquí...
Fabian golpeó su frente con su mano. “¿Quieres dejar la comida de lado por un minuto? Piénsalo, Gideon... Yo sólo tengo una mamá y tú sólo tienes un papá. Yo nunca he visto a mi papá y tú nunca viste a tu mamá. ¡Y los dos sólo tenemos una vieja fotografía de ellos! Pero supongo que al menos tú tendrás una fotografía decente... La mía es sólo una mitad arrugada...” El corto discurso de Longbottom se vio interrumpido por Gideon que corrió para buscar algo en su maleta. Cuando se dio la vuelta, Potter sostenía algo contra su pecho, escondido tras las palmas de sus manos. —Fabian, oye... Esta es la fotografía que tengo de mi mamá... Y esta partida por la mitad...
El hijo de Elizabeth Longbottom miró casi asustado al niño frente a él, pero sólo unos segundos después corrió a buscar su caja de fotografías de donde sacó una que también apretó contra su pecho. “Escucha esto... Todo es tan raro pero... Cuando diga tres mostramos nuestras fotografías ¿de acuerdo? Uno... Dos... ¡Tres!” Ambos chicos se acercaron uno al otro y con apenas un par de pasos de distancia, extendieron el brazo con el que sostenían cada uno su fotografía.
—Mi papá es ese... “Y esa es mi mamá...”










