El Fer Que fue enterrado.(propia)
Entre el piso cuatro y el piso cinco: Era un oficinista, un tipo que odiaba su trabajo, como cualquier persona que aún conserva recuerdos de su amistad con la vida. Odiaba cada centÃmetro de piso que lo llevaba ahÃ, y cada centÃmetro que le tomaba ir hasta su casa.Un dÃa armó una revuelta, nadie le prestó atención.Otro dÃa escribió una nota en internet, le prestaron atención algunos energúmenos que no hacen nada de su vida, comentaristas.Hizo una pintura que nadie quiso, de un lugar que no existÃa.Entonces de muchos intentos, de asaltos por las noches, de comidas forzadas para irse a dormir, y lo mismo con desayunos antes de trabajar, un dÃa se miró al espejo.No quiso más nada que mirarse al espejo.HabÃa encontrado algo, se sucedÃa, a sà mismo. Cerraba los ojos y veÃa imágenes, incomprensibles, inconexas. Las personas estaban tan entretenidas que ya no se las podÃa controlar, el gobierno, la sociedad, logro una masa amarillista de quietud sin dirección. Él lo sabÃa. HabÃan tantas imágenes vivas de el mismo en las calles, y sin embargo todas fatigadas, ojerosas y mediocres. Esto es común en un artista, cualquiera lo sabe. Lo siguiente que se le presento a sus ojeras propias fue la locura más cuerda que se conoce, el aislamiento, la imperceptible presencia en un edificio, encerrado, loco, pero suyo, como dice el tema. Asà cantaba Fer, dejando que las olas de placeres industriales le pasaran a sus costados, como rocas, sabiendo que lo desgastaban, también, como una corriente a cualquier cosa.Fue descubriendo rituales, descubrió las magias antiguas, los dioses, que el ahora sabia, eran arquetipos, las lÃneas de la moral, sabia de donde venÃan, a donde iban, ahora sabÃa que también eran látigos de moral. Descubrió los dioses de la guerra, las diosas mujeres, las emperatrices de la noche, la malacostumbrada desdicha de despertarse en la madrugada. Fue sacando sus cosas de su cuarto, primero el computador, luego los cajones y la ropa, los papeles de sus estudios, todo a la basura, sus platos, vasos, tasas, comida podrida, pinturas, todo lo que no necesitaba. Todo. Solo quedo el en el cuarto. Pasaron las horas, un dÃa, y al llegar la noche sintió frÃo, asà que se tapó con las maderas de su piso, asà fue como se enterró, entre el piso cuatro y el piso cinco. Eso decÃa su historia, la dejo en su pecho en este papel, murió de forma extraña, totalmente natural, sin embargo tan joven... a veces me hace pensar mi trabajo, el saqueo de lo que los demás no necesitan. Él ya no necesita esta historia.












