...nuestras sensaciones, en ellas buscamos abrigo, y las exploramos como a grandes países desconocidos.
El libro del desasosiego, Fernando Pessoa
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@recordatorio-
...nuestras sensaciones, en ellas buscamos abrigo, y las exploramos como a grandes países desconocidos.
El libro del desasosiego, Fernando Pessoa
-- Uno intenta crearse vínculos, ya me entiende... Sí, claro que lo entendía. En esa vida que, a veces, nos parece como un gran solar sin postes indicadores, en medio de todas las líneas de fuga y de los horizontes perdidos, nos gustaría dar con puntos de referencia, hacer algo así como un catastro para no tener ya esa impresión de navegar a la aventura.
En el café de la juventud perdida, Patrick Modiano
Fin de año 2015, con mi primo el que odia las fotos pero le gusta el francés.
Practicando...
By the sea (2015)
Trabajar en un periódico
¿Son nuestras emociones más fuertes ahora que les damos rienda suelta?
Anais Nin. Henry y June (Diarios)
Ni pasado, ni porvenir. Sólo un presente frágil, que devorábamos y saboreábamos juntos. Hacíamos acopio de pequeñas alegrías, de imágenes, de reflejos que, lo sabíamos, nos durarían toda la vida.
El tren. Georges Simenon
El tiempo parecía irreal a fuerza de ser espléndido
El tren. Georges Simenon
Pero aún estaba más hambriento de Anna, y por primera vez en mi vida no me avergonzaban mis deseos sexuales. ¡Al contrario! Con ella se convertía en un juego que se me antojaba muy puro. Hablábamos de eso con alegría, con candor...
El tren. Georges Simenon
Yo jamás pensaba en ello, no sólo porque me negaba a hacerlo, sino porque no se me ocurría: nuestra vida en común no tenía futuro. Ignoraba lo que iba a ocurrir. Nadie podía preverlo. Vivíamos en un entreacto, fuera del espacio, y yo devoraba aquellos días y aquellas noches con glotonerí
El tren. Georges Simenon
Un cuerpo de mujer, tenso, vibrante, se apretó contra el mío, y una mano se deslizó para levantar el vestido negro y para deslizar las bragas hasta los pies, que se desprendieron de ellas con un movimiento gracioso. Seguíamos sin abrazarnos. Era Anna quien me atraía y me hacía rodar sobre mí mismo, mientras permanecíamos en silencio como serpientes.
El tren, Georges Simenon
Pero como cada beso humano, es también una respuesta —a su manera distorsionada y tierna— a una pregunta que no se puede formular con palabras
El último encuentro, Sándor Márai
Solo quiero que amanezca. Oscar Marcano