Oh~ Pero mira nada más el saco de carne que se asomaba a su lado. Hervé le fue imposible ignorarlo, tenía el aura de aquellos que fracasan y están agotados…con algo de quiebra adicional. Lo supo porque de ser opuesto hubiera pedido cerveza y no agua.
—Hey, hey, aquí el agua es gratis – Le dijo, delatando que quizá no era de esta cantina o no la frecuentaba- tienes una cara horrible, forastero. Mira nada mas tus ojos…
Tsk, tsk, tsk, lamentable.
¿Gratis? ¿En verdad dijo gratis? ¿Cómo podía reprimir la felicidad que le causó escuchar una palabra tan sencilla pero salvadora como esa? Su semblante parecía la de un desdichado cuya suerte le sonrió desde el momento en que le dijeron que podía regresar esa última moneda en su bolsillo.
—D-Deme todo el agua que pueda darme –dos, tres, cuatro vasos… no importaba. Bebería hasta la última gota con tal de saciar su agonía. Y mientras esperaba impaciente por el servicio, se limitó a responder las preguntas de su curioso acompañante con un tono tan perturbado como su cara —. Sé lo que piensas: “Este pobre hombre no tiene nada, seguro se ha quedado sin un hogar ni un centavo, vive en todos lados y a la vez en ningún sitio. Debe alimentarse de conejos, pescado o cualquier cosa que se mueva. Seguro ha pasado días y noches bajo la lluvia esperando que un milagro lo salve de su desgracia porque no consiguió un solo indicio de civilización por un largo pero largo trayecto” –y sí, probablemente era esa clase de sujeto —. Pero soy feliz, ¿sabes? Incluso yo puedo sonreír… –lo contradictorio era ver que de hecho su expresión estaba siendo forzada por su desesperación inmediata.
—No, no, no, nada de eso. La verdad, también pensaba que necesitabas un baño- Le dijo poco después de terminar con aquel discurso - ¿De dónde has salido?. Oh, no ya sé. Has venido del desierto de Umury. ¿Atravesaste el desierto de Umury?…
Hervé parecía estar genuinamente sorprendido. Si este desgraciado forastero había cruzado el desierto y sobrevivido era algo admirable. En lo personal, a Hervé no le gustaban los desiertos, no eran su elemento, lo suyo eran las montañas y las grandes alturas. Nada que ver con la arena y la latitudes bajas.
—Ven, toma algo de agua y recuperate, tiene un rostro lamentable…- y olia a demonio.